Iglesia de Inmigrantes

Pasar de programas a una cultura de discipulado en una iglesia de inmigrantes

Artículo
24.02.2021

Me gustan las listas de cosas por hacer. Brindan estructura y un sentido de logro. Pero también tienen sus limitaciones. Lo que está en la lista no es necesariamente un espejo de mi vida. No miden mis actitudes, mis motivaciones o la postura de mi corazón. Las listas de cosas por hacer son una herramienta útil, pero son un amo terrible.

Los programas de iglesia son como una especie de listas de cosas por hacer. Proporcionan a la iglesia tanto estructura como un sentido de logro. Completar una clase de la escuela dominical; terminar un currículum de discipulado; asistir a un ministerio semanalmente. Y si bien puede parecer que se ha logrado mucho en el exterior, es posible que no sea un indicativo de lo que sucede en el interior.

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De mi experiencia, las iglesias de inmigrantes tienden a inclinarse hacia un ministerio centrado en los programas. ¿Por qué? En las culturas orientales, la actitud a menudo pasa a un segundo plano ante cualquier tarea que se nos presente. En otras palabras, trabaja duro y no te quejes. Las culturas orientales también hacen énfasis en la jerarquía; se nos enseña a hacer lo que nos dicen quienes están en liderazgo con respecto a todo, desde nuestras actividades educativas hasta nuestras elecciones profesionales, nuestras metas financieras e incluso nuestras decisiones personales como salir y cortejar. Nuestro éxito se mide generalmente por nuestra conformidad con los deseos de nuestras autoridades.

Este aspecto de la cultura inmigrante aparece en muchas iglesias inmigrantes. Los pastores y los líderes de las iglesias arman programas para que los miembros de sus congregaciones los cumplan. Estos programas tienen grandes intenciones. Después de todo, los líderes piadosos anhelan el crecimiento espiritual de sus iglesias. Pero cuando los miembros de la iglesia no entienden la razón detrás de estos programas, pueden llegar a ser peligrosos. Es fácil para las personas hacer las cosas mecánicamente y cumplir su lista de tareas espirituales a expensas de amar a Cristo y su pueblo de corazón.

ALEJARSE DE LOS PROGRAMAS

Nuestra iglesia se ha alejado deliberadamente del ministerio programático. En lugar de ayudar a evangelizar a los miembros de la iglesia los sábados por la mañana, los animamos a desarrollar hábitos de evangelismo personal sanos. En lugar de hacer que los miembros de la iglesia completen currículums de discipulado prescritos, animamos a los miembros a ser sensibles hacia el crecimiento espiritual y las necesidades de los demás. Queremos que cultiven hábitos sanos de escudriñar las Escrituras juntos, o leer libros cristianos relevantes para su etapa de la vida.

El cambio fue difícil al comienzo, pero ha sido gratificante. Después de unos años, la atmósfera de nuestra iglesia cambió de un sentido de compromiso obediente a una carga llena de gozo (Gálatas 6:1-5). Ha sido refrescante ver cómo los miembros se apropian más de sus relaciones de discipulado entre ellos. Más miembros son intencionales en conectarse. Más miembros tienen conversaciones significativas. La iglesia está creciendo en su amor mutuo.

¿Qué cambios hicimos? Hicimos más que solo disminuir el ministerio programático. Tomamos unas cuantas decisiones deliberadas. Nombraré algunas.

  1. Incluir aplicaciones corporativas en el sermón.

Un cambio obvio ocurrió en el pulpito. Nuestros pastores tomaron la decisión consciente de hacer más que aplicaciones individuales. Empezamos a hacer aplicaciones corporativas, mostrando a partir del texto cómo el Señor quiere que su iglesia se ame y sirva mutuamente.

  1. Abordar la adoración corporativa como un organismo y no como una institución o producción.

Le recordamos a nuestra iglesia que somos un cuerpo vivo (1 Co. 12). Y como cualquier otro cuerpo vivo, necesitamos descansar apropiadamente y ejercitarnos para crecer y estar sanos. Este crecimiento toma tiempo, y también requiere que todos los miembros del cuerpo trabajen juntos para edificarse en Cristo (Ef. 2:11-22).

Para reforzar esto, hicimos varios cambios en el servicio de adoración. Primero, comenzamos pidiéndoles a los miembros que oren en la adoración corporativa. Hubo un tiempo en la historia de nuestra iglesia en el que solo los líderes participaban en los aspectos públicos de nuestras reuniones. Decidimos que esto comunicaba un profesionalismo e institucionalismo que no era saludable. Así que comenzamos a pedir a los miembros que hagan la oración de alabanza, agradecimiento y confesión. También abrimos la puerta para que los miembros hagan la lectura de la Escritura.

Segundo, le pedimos al ministerio de música que enfatizara el canto congregacional. Para una iglesia asiática, esto era difícil porque muchos miembros tocaban instrumentos y colaboraban con el ministerio de música. Pero el cambio era necesario para enseñar la importancia del canto congregacional. A medida que comenzamos a apropiarnos del canto, comenzamos a sentirnos como una reunión y familia de creyentes.

Tercero, comenzamos a terminar nuestras reuniones leyendo los pasajes de «unos a otros» y animando a los santos a ponerlos en práctica antes de irse. No queremos miembros pasajeros que aparecen para el servicio y luego se van. Queremos que nuestros miembros se amonesten, alienten, ayuden y oren entre sí, así que cerramos nuestras reuniones haciendo énfasis en estas cosas.

En pocas palabras, incorporar la participación congregacional en los servicios dominicales cambió nuestra iglesia. Los miembros entendieron que sus contribuciones en la iglesia local son más que una participación pasiva, son una edificación activa para los santos.

  1. Cambiamos nuestras reuniones de miembros.

Inicialmente, teníamos una reunión anual que era mayormente una reunión de negocios (es decir, elección de oficiales, presentación del presupuesto, entrega de informes). Con el paso de los años, hemos pasado de tener una reunión anual a reuniones trimestrales y reuniones bimensuales.

Pero lo que es más importante, cambiamos la naturaleza de estas reuniones. Pasamos menos tiempo en detalles presupuestarios e informes cargados de información, y más tiempo orando por los miembros y discutiendo formas de ayudar a los necesitados. Disminuimos las discusiones administrativas y las movimos hacia el final de la reunión. Compartimos testimonios alentadores, leemos la Escritura y cantamos himnos juntos.

Como una iglesia pequeña, actualmente con 59 miembros y 28 niños, también podemos ofrecer una breve descripción general del cuidado de miembros. Animamos a los miembros a que contacten a aquellos que asisten irregularmente, a que ayuden a los miembros con necesidades y a que se acerquen a los posibles y nuevos miembros. Al cambiar nuestro enfoque hacia el cuidado de los miembros, sucedió algo impresionante: nuestros miembros empezaron a cuidarse unos a otros.

CONTINÚA

Cada iglesia se encontrará en un lugar diferente; sus líderes tendrán que decidir lo que es mejor para su contexto. Pero en toda situación, el enfoque debe ser el mismo: alentar al cuerpo a apropiarse de su crecimiento espiritual. No deberíamos conformarnos con que nuestras iglesias simplemente hagan muchas cosas; en cambio, debemos procurar la salud y vitalidad del cuerpo.

Sé paciente. El cambio requiere tiempo. Una sola comida sana, una sola buena noche de descanso y una sola buena sesión en el gimnasio hará poca o ninguna diferencia. Pero la práctica constante de estos hábitos sanos lo transforma todo. Nuestra iglesia ha encontrado un ritmo sano y feliz. Hemos mejorado nuestra calidad de vida juntos y buscamos continuar haciéndolo. Estamos agradecidos de que Dios nos haya traído a este punto y confiamos en que él nos guiará.


Traducido por Nazareth Bello