COVID-19

La iglesia y la desobediencia civil

Artículo
28.05.2020

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¿Cuándo deben las iglesias rechazar las directrices gubernamentales sobre la reunión y participar en la desobediencia civil?

A medida que las cuarentenas por el COVID-19 en casa se prolongan, la gente se pone cada vez más inquieta. Los gobiernos estatales piensan en caminos para abrirse. El mercado de valores salta un par de puntos porcentuales al menor susurro de una vacuna. Y los pastores han comenzado a preguntarse, «¿Cuándo pueden nuestras iglesias reunirse de nuevo?»

Sin embargo, a veces surge una pregunta aun más oscura: «Si el gobierno sigue diciendo que no podemos reunirnos, ¿cuándo nos involucramos como iglesias en la desobediencia civil reuniéndonos de todos modos?»

Esta semana escuché a pastores en tres conversaciones diferentes hacer esta pregunta.

POR QUÉ ESTO ES DIFÍCIL: SUPERPOSICIÓN JURISDICCIONAL

Por eso es un tema difícil desde una perspectiva bíblica: tanto el gobierno como nuestras iglesias tienen un reclamo bíblico legítimo en el territorio de las reuniones. Podríamos llamarlo superposición jurisdiccional.

Los gobiernos poseen autoridad, aunque no sea por otra razón, para preservar la vida humana (véase Génesis 9:5–6). Están obligados por Dios a hacerlo. Si la prohibición temporal de todas las reuniones de cierto tamaño logra ese fin, deberían hacerlo.

Al mismo tiempo, las iglesias poseen el derecho a reunirse, posiblemente como propiedad de un derecho natural a reunirse libremente, ciertamente como el derecho religioso a reunirse. Nuestra obligación vertical de adorar a Dios como iglesias crea ese derecho horizontal con respecto a otras personas y nuestros gobiernos.

Así que imagínense dos círculos superpuestos, uno representando la obligación jurisdiccional de la iglesia y el derecho a reunirse, el otro representando la obligación jurisdiccional del gobierno de proteger la vida. Nuestro momento pandémico nos coloca en el medio de donde estas jurisdicciones se superponen. Eso, como dije, es lo que hace que este momento sea difícil.

Si el gobierno tiene un argumento razonable para prohibir todo tipo de reunión con el propósito de proteger la vida de la comunidad, entonces las iglesias deben actuar como ciudadanos obedientes y acatar al llamado del gobierno. No deberían «seguir al gobierno en contra de su propia voluntad», como dijo un amigo mío. Deberían someterse de buena manera. Someterse a él es someterse a Dios (Rom. 13:1-2).

¿Por qué la autoridad del gobierno debe ser lo primero? Porque preservar la vida ahora permite la libertad de reunirse después. No puedes reunirte como iglesia si estás muerto. Por lo tanto, Pablo nos dice que oremos por los reyes, y que llevemos una vida pacífica y tranquila para que la gente pueda ser salvada (1 Tim. 2:1-4). Primero, paz y seguridad. Luego el trabajo de la iglesia. Al menos típicamente.

DOS RAZONES PARA LA DESOBEDIENCIA CIVIL

Sin embargo, si prestaste mucha atención, captaste mis dos calificaciones.

Primero, el gobierno tiene que tener un argumento razonable. Un estado totalitario que destierra completamente la libertad de reunión probablemente no tenga un argumento tan razonable. Un motivo para la desobediencia civil, entonces, sería cuando es abrumadoramente obvio para el sentido común y la razón que el gobierno no tiene una base legítima para prohibir las reuniones.

Para estar seguros, determinar lo que es un argumento razonable o una base legítima requiere de juicios caso por caso, y los cristianos podrían estar en desacuerdo. Prohibir las reuniones por causa de una pandemia que mata a más de 50.000 ciudadanos estadounidenses en un mes me parece bastante razonable.

En segundo lugar, el gobierno no puede discriminar a los grupos religiosos. Si permite que se realicen los eventos deportivos, conciertos y convenciones políticas, no debe prohibir que las iglesias se reúnan. Si el gobierno escoge de manera injusta sólo algunas iglesias que pueden reunirse, de nuevo, entonces la iglesia puede tener una orden bíblica para desobedecer.

EL JUICIO FINAL ES LA PRUEBA DEFINITIVA

Un pastor me preguntó, qué debía hacer si no estaba de acuerdo con la evaluación del gobierno sobre lo que es razonable. ¿Deberían reunirse de todos modos? En el análisis final, no hay una respuesta en blanco y negro cuando las jurisdicciones se superponen que podamos buscar en un libro de jurisprudencia. La definición de sumisión es aplazar el juicio de otro, en lugar del suyo propio. Aún así, toda autoridad en la tierra es relativa. Ninguna autoridad es absoluta, excepto la de Dios, lo que significa que nunca rendimos el juicio a otro humano por completo, y por lo tanto tenemos que pedirle a Dios sabiduría y confiar en él en estos casos difíciles de superposición de jurisdicciones.

Como tal, la prueba definitiva llega el Día del Juicio. Así que si usted está tentado a desobedecer, pregúntese, ¿cree que Dios vindicará su desobediencia diciéndole en el Último Día, «Sí, usted estaba en lo correcto, pastor, al guiar a una congregación a pasar por alto lo que dije en Romanos 13 porque el gobierno le estaba pidiendo que pecara»? Hay mucho en juego. Eso debería ponerle nervioso.

No es suficiente con que actúes de acuerdo a tu conciencia. Asumo que Arius actuó de acuerdo a su conciencia cuando negó que Jesús era totalmente Dios, para su eterna condenación. También es importante para nosotros hacer juicios correctos.

TESTIMONIO EVANGELÍSTICO

¿Mi juicio personal? No veo ninguna razón para pensar que el gobierno escoja a las iglesias que se puedan volver a reunir, y creo que tiene una razón de peso para prohibir todas las reuniones con el fin de cumplir su función básica de preservar la vida y la salud de la población. Así que las iglesias deben someterse a las restricciones del gobierno sobre las reuniones en el futuro inmediato. Además, los cristianos deben agotar todos los medios ordinarios de recurso legal antes de contemplar la desobediencia.

Y hay una razón más para obedecer la prohibición del gobierno de reunirse en este momento: Creo que ayuda a nuestro testimonio. Muestra el cuidado por la comunidad y el amor por nuestros vecinos. Demuestra que nos preocupamos por su bien, también, no sólo por el nuestro.


Traducido por Wilmando Hernández