Oración

La herramienta pastoral indispensable y la crisis del Covid-19

Artículo
01.08.2020

La meta bíblica del liderazgo cristiano es la gloria de Dios que irradia desde una iglesia local. Pero, ¿cuál es la mejor manera de lograr esto? ¿Qué herramientas tenemos a nuestra disposición?

Las «nueve marcas» son incuestionablemente importantes. Pero la herramienta esencial, de la cual no podemos prescindir, es generalmente asumida, y todos los poderes del mundo, la carne y el diablo se movilizan para destruirla. ¿Cuál es ésta?

El arma más potente que posee cada líder espiritual es la profundidad de su relación con Dios. Con el cierre de la iglesia y las reuniones sociales, ahora es un buen momento para reflexionar sobre nuestras disciplinas espirituales. Frecuentemente cometemos el error de asumir su presencia y vitalidad. Después de todo, ¿qué otra cosa sino el hambre de Dios motivaría a una persona a estar en el ministerio? Por tanto, responsabilizamos a los líderes cristianos por su matrimonio, su familia y su pureza sexual, pero rara vez por sus disciplinas espirituales».

Un pastor recientemente describió su vida devocional de esta manera. «Paso quince minutos leyendo la Biblia todas las mañanas».

Otro me dijo: «Sé que no es lo que debería ser. Me salí de lo habitual. Es necesario cambiar. Necesito ayuda».

«¿Cómo pasó esto?», pregunté.

«Demasiado ocupado. Demasiadas reuniones temprano en la mañana». Hizo una pausa y luego continuó: «Las presiones diarias del ministerio han sido abrumadoras. Me comprometí y puse mi tiempo con Dios en el armario. No tenía intención de esto. Simplemente sucedió».

«¿Cómo ha afectado esto tu relación con Dios?».

«No voy a mentir», dijo con frustración. «Ha sido un desierto. Dios parece distante. La oración llega a ser muy difícil. Mi alegría espiritual no es lo que solía ser antes».

INVENTARIO ESPIRITUAL

Piensa en tu tiempo a solas con Dios como tu inventario. Cuando un vendedor no tiene alimentos en los estantes, está fuera del negocio. Del mismo modo, la vitalidad de nuestra relación con Cristo es nuestro inventario. Es lo que alimentamos a nuestras congregaciones. Cuando nuestra relación con Cristo se agota, o peor, está ausente, como la tienda de comestibles, estamos fuera del negocio. Pero hay un problema: los líderes de las iglesias pueden correr con los vestigios de una relación pasada con Dios, a pesar de que sus estantes se encuentran actualmente vacíos.

Nuestra vida de oración pública es una función de nuestra relación con Dios. Las personas a las que servimos necesitan escucharnos y vernos orar. Necesitan vernos asaltar el cielo en su nombre, y no puede ser algo artificial. Esto implica relación. «Si permaneces en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queréis, y os será hecho» (Juan 15: 7). Permanecer es una palabra relacional. Robert Murray M’Cheyne declaró: «Lo que un hombre es a solas de rodillas ante Dios, es lo que es él, y nada más» [1].

Nuestra predicación es también una función de nuestra relación con Dios. Queremos predicar con lo que los puritanos llamaron «fervor en la sangre». Cuando eso sucede, nuestras palabras vienen con convicción. Tienen su peso. El puritano, Richard Baxter, llamó a este tipo de hombre «un predicador franco y apremiante, que hablaba con todo el corazón», como si «la muerte estuviera a sus espaldas…Como uno que nunca debería predicar otra vez, y como un hombre moribundo a los hombres moribundos» [2].

¿De dónde viene esta intensidad? ¡Relación! Es un subproducto de la intimidad que fluye de la unión vivencial con Cristo.

En resumen, es nuestro trabajo dar al pueblo de Dios a Cristo, no a nosotros mismos, para que sean un conducto a través del cual Cristo venga a ellos en el poder del Espíritu Santo, y esto es un subproducto del estudio personal de la Biblia, la oración en secreto y la meditación.

LLENANDO LOS ESTANTES

Las relaciones requieren tiempo. Si no pasas tiempo con tu cónyuge y te mantienes en una conversación sin prisas, tu amistad se debilitará. De la misma forma, no hay atajos para con Dios. Nuestra relación con él se alimenta de una comunicación sin prisas: Dios habla, nosotros escuchamos y luego respondemos con oración u obediencia. Este tipo de unión vivencial no sucederá sin un estudio bíblico, intercesión y adoración regular y consistente.

No quiero establecer un legalismo, pero por experiencia práctica, quince minutos no harán el trabajo. Además, quiero sugerir que la preparación de sermones no es un sustituto suficiente. Sí, la preparación del sermón debería ser de adoración, pero aquellos que alimentan a otros de Cristo, necesitan más tiempo. Necesitan tiempo sin prisas antes Dios estudiando la Biblia, para obtener una comprensión espiritual profunda y amplia. Cuando anhelar una unión vivencial más profunda con Cristo te motiva a pedir más tiempo, esto no es legalismo, es alegría.

RESISTENCIA

Como nuestra relación con Cristo es tan importante, el mundo, la carne y el diablo harán todo lo que esté en su poder para destruirlo o paralizarlo.

La mundanalidad, la lujuria por el «éxito» que significan grandes números, es una amante seductora. Conducirá a una vida de ocupación frenética y empujará el tiempo con Dios al margen. Pero Dios no mide el «éxito» por los números. Lo mide por lo fructífero (Juan 15: 1 y sig.). No compares el tamaño de tu trabajo con otros. Es mortal, es mundano, y te distraerá de lo que realmente importa.

La carne también resistirá el mejor momento para conectarse con Dios. Para la mayoría, es temprano en la mañana, antes de que otros se levanten. «levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, [Jesús] salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba» (Marcos 1:35). Sé que hay excepciones, pero la excepción solo prueba la regla. El levantarse temprano funciona mejor para la mayoría, y el levantarse temprano no sucede sin autocontrol, y el «autocontrol» es un fruto del Espíritu (Gálatas 5:23). Los que van a dormir temprano se levantan temprano.

La culpabilidad hacia aquellos a quienes servimos también nos distraerá. Aquellos a quienes servimos exigirán reuniones temprano en la mañana. A veces esto es inevitable, pero es crucial que no permitamos que se convierta en un hábito. Me ha resultado útil decir: «Lo siento. Ya tengo una cita a las 6 de la mañana». No estas mintiendo. Tienes una cita con el Dios vivo. Ciertamente entenderían si fuera el alcalde de la ciudad. ¡Cuánto más el Señor del Universo!

Por último, todas las huestes del infierno atacarán tus intentos de profundizar tu relación con Dios. Cuando fallas en levantarte a tiempo, Satanás te condenará. Él es el padre de las mentiras. Es un maestro manipulador. Cuando tus devociones se agoten, él susurrará: «Ves, Dios realmente no te ama».

Por otro lado, cuando tengas éxito, él murmurará: «¡Mira cuánto más espiritual eres que los demás!». O escucharás: «¿Por qué estás perdiendo el tiempo? Dios no oye la oración». O: «la Biblia no es verdad». O: «otros líderes no se levantan tan temprano, y Dios todavía los usa».

Por estas razones, necesitamos aliento que provenga del evangelio. Ninguno de nosotros pasa suficiente tiempo a solas con Dios. Ninguno de nosotros ora lo suficiente. Ninguno de nosotros lee la Biblia lo suficientemente bien. Ninguno de nosotros es inmune a la tentación. Ninguno de nosotros es lo suficientemente disciplinado o tiene una relación lo suficientemente profunda con Cristo. Todos nos quedamos cortos de la gloria de Dios (Romanos 3:23).

Por tanto, el evangelio es nuestra válvula de alivio de presión. Cuando no estamos a la altura, nos recordamos: «Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús» (Romanos 8: 1). Nos recordamos a nosotros mismos: «[Nada puede] separarnos del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 8:39). «Nada» incluye nuestra falta de autocontrol.

CONCLUSIÓN

Pastores: «por sobre todas las cosas cuida tu corazón, porque de él mana la vida» (Pr 4:23, NVI). ¿Cómo cuidamos nuestros corazones? Construyendo en forma persistente una relación con Dios el Padre, a través de su Hijo Jesucristo.

El fruto de «velar por nuestros corazones» es lo que Jesús tenía en mente cuando se puso de pie y gritó: «‘Si alguno tiene sed, venga a mí y beba. El que cree en mí, como dice la Escritura, de su interior (corazón) correrán ríos de agua viva’. Esto dijo del Espíritu, que habían de recibir los que creyesen en él» (Juan 7: 37-39).

Las personas a las que sirves necesitan esta «Agua Viva», y Dios la distribuye a través de siervos fieles que la prueban diariamente. Debido a la actual crisis de COVID-19, la mayoría de nosotros tenemos más tiempo previsto de lo habitual. Usémoslo para profundizar esta herramienta pastoral indispensable.


Traducido por Renso Bello.

* * * * *

[1] Citado por Carson, DA A Call to Spiritual Reformation, pg 16 (Grand Rapids, Baker, 1992).

[2] Citado por JI Packer, Quest For Godliness, (Wheaton: Crossway, 1990) pág. 288.