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Credos, confesiones y documentos en la iglesia
Buenos días, buenas tardes, buenas noches. El Señor les bendiga. Les habla su servidor, Alejandro Molero y el hermano.
[Sugel Michelén]Sugel Michelén.
[Alejandro Molero]¿Desde República Dominicana o desde Washington D.C.? Aquí estamos desde Washington D.C. grabando otro episodio más de Entre Pastores. Esto es un pódcast traído a ustedes por 9Marks, y 9Marks existe para ayudar a los líderes a edificar sus iglesias saludables. Así que les invitamos a visitar, comentar y compartir nuestros contenidos en es.9marks.org. Y si usted ha sido bendecido por este ministerio, por favor ayúdenos a orar por nosotros y a servirles mejor cada vez más. Hoy traemos un episodio muy interesante. Es una conversación entre pastores acerca de documentos y confesiones. ¿Tú estás seguro que debemos hablar de esto, Sugel? Esto es una conversación que puede llegar a ser edificante para muchos.
[Sugel Michelén]Absolutamente. Si nosotros queremos edificar iglesias sanas, una de las cosas que tenemos que tener bien claro es qué es lo que nosotros creemos, qué es lo que nosotros predicamos. Y, por lo tanto, los credos y confesiones son unos recursos de enorme importancia para mantener la Iglesia en el tiempo, entendiendo de qué se trata el mensaje del evangelio que nosotros compartimos.
[Alejandro Molero]Claro, claro. Muy importante. Esperamos esto sea de bendición para todos ustedes. Así que déjeme, permítame introducir esta conversación, Sugel, preguntándote: ¿tú estarías de acuerdo o qué opinas tú de esta cita del doctor Carl Truman, que afirmó en su libro Credos y confesiones? Él dice que a pesar de lo que se dice, el mundo cristiano no se divide entre aquellos que tienen credos y confesiones y aquellos que solo tienen la Biblia. Realmente, el mundo cristiano está dividido entre aquellos que tienen credos y confesiones, las escriben y las hacen públicas, abiertas al escrutinio público y a la corrección, y por otro lado, aquellos que las tienen, pero no las escriben. ¿Qué tú opinas de esa cita?
[Sugel Michelén]Mira, es una cita excelente, como casi todo lo que escribió Truman. Todos nosotros tenemos una confesión, todos nosotros tenemos credos. La palabra credo en latín significa yo creo. Y todo el mundo dice: “Yo creo que Dios es todopoderoso, omnisciente, omnipotente. Yo creo que la salvación es por gracia, por medio de la fe”. O si fuera un católico romano, diría: “Bueno, no, yo creo que hay una mezcla de fe y de obras”. Entonces, todo el mundo tiene un credo, todo el mundo tiene una confesión. El problema es que si tú no pones eso por escrito, tu confesión de fe no es evaluable. Como dice Truman, nadie la puede evaluar. No es pública, nadie la puede evaluar y decir: “Eso no es bíblico”. O esa forma en que tú expresas esta doctrina es ambigua. Y como alguien dijo una vez: “El diablo está en las ambigüedades”. Mira, todas las herejías de la historia de la Iglesia han surgido por causa de ser ambiguos.
[Alejandro Molero]Sus sutilezas, sí.
[Sugel Michelén]En definiciones de doctrinas importantes.
[Alejandro Molero]Sí, ¿cuál tú piensas que es la diferencia entre un credo y una confesión? ¿Cómo, cómo pudiéramos saber qué es lo que es un credo y qué es lo que es una confesión?
[Sugel Michelén]Mira, el credo es más universal, la confesión es más denominacional. Un credo es lo que un creyente debe creer. No importa si es bautista, si es presbiteriano, si es metodista, si es un verdadero creyente. Hay ciertas verdades que según el Nuevo Testamento yo debo creer. Tú tomas el credo de los apóstoles, que no lo escribieron los apóstoles pero son 12 declaraciones en la que todo cristiano debería creer. Y fíjate algo importante de los credos, específicamente. Cuando los herejes comienzan a atacar la Iglesia en doctrinas que se daban por sentado, ahora de repente la Iglesia se da cuenta que tiene que definirlas. Te lo voy a ilustrar de esta manera. Tú compras un solar, un lote, no sé cómo le dicen ustedes un pedazo de tierra. Y resulta que en el barrio donde tú vives hay muy pocas casas, así que tú decides no ponerle verja a tu lote de tierra. Pero ¿qué pasa? Un vecino compra el lote de al lado. Y resulta que cuando él va a construir su verja, su cerca la mete en el terreno tuyo. Ahora tú vas a catastro y vas a tener que definir muy bien cuál es la tierra que te pertenece y poner los límites claros porque tienes una amenaza. Eso es lo que sucede o lo que sucedió en la Iglesia de los primeros siglos, que se vieron obligadas contra el arrianismo. Contra todas esas herejías, el docetismo. Definir qué creemos con respecto a Cristo, qué creemos con respecto a la salvación. Qué creemos con respecto a la misma Escritura. Es inspirada por Dios desde Génesis hasta Apocalipsis. O como decía Marción, un hereje de los primeros siglos que estos libros son muy judaicos. Y por lo tanto, no pertenecen al canon. Eso obliga a la Iglesia a definir lo que cree. Eso es un credo. Ahora, ya en la Reforma surgen confesiones de fe, que es lo que diferencia, por ejemplo, a una iglesia presbiteriana de una iglesia bautista. Por eso está la Confesión de Fe de Londres de 1689. Está la Confesión de Fe de Westminster, está la Confesión de Savoy o Saboya. Las confesiones son denominacionales.
[Alejandro Molero]Ya. Entonces, las confesiones dan forma a las denominaciones, son una forma de organizar la doctrina de esa confesión o de esa denominación particular. Los credos son más universales, más históricos, más renombrados, quizás más antiguos, y son fijos. Yo hasta ahora yo no he visto una modificación, una enmienda del Credo de Nicea o del Credo de los Apóstoles, nada de eso, del Credo de Constantinopla ni nada de eso.
[Sugel Michelén]El de Calcedonia es un credo sumamente importante para la cristología.
[Alejandro Molero]Sí, tiene desde el siglo quinto e incambiado. Pero las confesiones sí, se modifican a lo largo del tiempo. Y vemos que no es que hay gente que tiene o no tiene confesiones o credos. Todo el mundo tiene algo, pero como dice Truman, entonces no es que, no es que no la tienen, sino que no dicen cuál es su confesión. Ese es el peligro que yo veo.
[Sugel Michelén]O no la tienen por escrito.
[Alejandro Molero]Sí, no la tienen por escrito. O sea, no es algo consolidado, pero el peligro que se ve esto es que cuando hay un cambio de liderazgo, el nuevo liderazgo posiblemente no coincide con las doctrinas del antiguo liderazgo. Y hemos visto tristemente iglesias donde ha habido un relevo generacional o una transición de liderazgo y cambia totalmente la doctrina de la Iglesia. Y años después de la transición, pues la Iglesia viene a ser totalmente otra Iglesia. Esos son casos que no quisiéramos ver tan a menudo. ¿Algo más que decir de los credos y las confesiones para hablar de otros documentos?
[Sugel Michelén]Mira, volver otra vez a la confesión. Definen lo que nosotros creemos que la Biblia enseña acerca de las doctrinas más importantes. Y no deja de ser interesante que las tres grandes confesiones de fe que surgen inmediatamente después de la Reforma son muy similares. La Confesión de Fe de Westminster fue la primera. Luego vino la Confesión de Fe de Londres, que, bueno, primero la de Savoy, primero la de Westminster, luego la de Savoy, luego la de Londres. La Confesión de Fe de Savoy es muy parecida a la de Westminster, excepto en la eclesiología. Y luego la Confesión de Londres, que se escribió después de estas dos, toma de ambas, pero no fue un copia y pega en el sentido estricto.
[Alejandro Molero]Bueno, los presbiterianos nos acusan de copiar y pegar.
[Sugel Michelén]Los bautistas tuvieron que hacer su trabajo para ver cómo nosotros como bautistas, que no somos paidobautistas, no bautizamos infantes y la membresía de la Iglesia está definida de otra manera y la autonomía de la Iglesia está definida de otra manera. Entonces, los bautistas tuvieron que pensar en esto y orar por esto. Sin embargo, tenemos que entender que estas confesiones de fe no fue que un individuo de repente se inspiró y se puso a escribir una confesión de fe. La Confesión de Fe de Westminster sale de una serie de reuniones, estamos hablando de cuatro años.
[Alejandro Molero]Sí, es impresionante esa historia.
[Sugel Michelén]Que reúne a más de cien teólogos de Inglaterra, de Irlanda, de Escocia. Lo mejor que había en ese momento. Y Alejandro, yo tengo las minutas de la Confesión de Fe de Westminster. Y uno ve las discusiones que hubo en palabritas, porque una palabra puede cambiar una doctrina. Por ejemplo, en la justificación y la santificación, cuando tú lees lo que, cómo se define la justificación, dice: es un acto de Dios por medio del cual Dios, declara justo a un pecador, etcétera. Cuando se define la santificación progresiva, dice: es una obra. Porque es una obra en progreso. Ellos le dieron mente a cada palabrita. Entonces, no estamos hablando de un documento que se escribió a la ligera.
[Alejandro Molero]Mhm. No lo descargaron de Google en el siglo quinto.
[Sugel Michelén]No, no. Es algo muy bien pensado. Y como te digo, acerca de las doctrinas más importantes, porque la confesión de fe no habla de todo.
[Alejandro Molero]Claro. Sí, son las doctrinas fundamentales.
[Sugel Michelén]Pero a donde iba era de cómo estas confesiones se parecen, que a pesar de que los presbiterianos tienen su eclesiología, los congregacionalistas del siglo XVII, que son diferentes al congregacionalismo bautista que tenemos hoy. Y los bautistas le dieron al mundo tres confesiones de fe que muestran en qué podemos diferenciarnos, pero cómo estamos unidos en las cosas que son fundamentales. Y nuestros padres bautistas, en ese sentido, quisieron declarar: estamos de acuerdo y somos uno en lo que respecta al evangelio con nuestros hermanos presbiterianos, con nuestros hermanos congregacionalistas. Y yo creo que eso es un ejemplo que nosotros debemos seguir hasta el día de hoy. Es como decía Ryle con respecto a las confesiones y a las declaraciones de fe. Tú tienes que construir verjas doctrinales lo suficientemente buenas como para proteger a tu Iglesia de las falsas doctrinas. Pero no las levantes tan altas que no puedas darle la mano al hermano verdadero creyente que está del otro lado. Y que tal vez en aspectos de eclesiología no cree exactamente lo mismo que tú. Y yo creo que eso es sabio.
[Alejandro Molero]Ya, es muy sabio, muy sabio. Okey, y respecto al fundamento bíblico, tenemos en primera Timoteo seis, tres al cinco, donde dice: “Si alguno enseña otra cosa y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas, disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia”. Apártate de los tales, le dice Pablo a Timoteo. Entonces, pudiéramos usar este texto bíblico para afirmar que los credos y las confesiones protegen la doctrina de la Iglesia, de manera que la Iglesia no se vea tentada a inventar doctrinas nuevas. Porque hoy en día, hasta donde yo puedo ver, existe la tentación para los ministros jóvenes y un tanto los antiguos, de manera de ser relevantes o exclusivos, quieren inventar y ser novedosos, inventar interpretaciones que parezcan, muy elegantes, que parezcan muy agradables, que parezcan rebuscadas y que solamente yo pude llegar a ese entendimiento con una interpretación muy privada que Dios me dio a mí solamente. Entonces, pudiéramos usar este texto, primera de Timoteo seis tres cinco, para proteger a la Iglesia contra la innovación, aunque sea bien intencionada, con la innovación que produzcan doctrinas extrabíblicas.
[Sugel Michelén]Mira, la Iglesia no nació ayer. Nosotros tenemos dos mil años de historia y de quehacer teológico. Y no podemos desechar ese quehacer teológico de dos mil años, porque el Espíritu Santo estaba en la Iglesia cuando estas cosas fueron definidas. Mira, por ejemplo, cómo Pablo le dice a Timoteo en segunda Timoteo uno trece: Retén la norma de las sanas palabras que has oído de mí en la fe y el amor en Cristo Jesús. Guarda mediante el Espíritu Santo que habita en nosotros el tesoro que te ha sido encomendado. Pablo le está hablando a Timoteo de guardar las sanas palabras. Como yo te decía hace un momento, la ambigüedad es peligrosa, porque es de la ambigüedad que viene la herejía. Entonces, yo tengo que saber cómo definir con la mayor precisión de la que yo soy capaz, las grandes doctrinas de las Escrituras, el corazón del Evangelio. Pero ya esa labor ha sido hecha en el pasado. Yo no puedo desechar esa labor.
[Alejandro Molero]No hay que reinventar la rueda.
[Sugel Michelén]No hay que reinventar la rueda.
[Alejandro Molero]Ya. Algunos otros documentos, aparte de credos y confesiones que ustedes en su iglesia usen, ¿cuál sería unos documentos aconsejables que la Iglesia pudiera tener? Porque en la historia de la Iglesia hubo un movimiento que se llamó el movimiento de restauración, donde la gente afirmaba: «No, nosotros no tenemos más credo que la Biblia, solamente la Biblia. Olvídense de credo, nosotros no necesitamos documentos, no necesitamos confesiones, nosotros tenemos la Biblia». Pero seguramente ese movimiento, que por cierto, Owen Strachan hace una buena crítica en su artículo magistral para la Coalición por el Evangelio, ¿Qué otros documentos, aparte de los credos y las confesiones, debería tener la Iglesia?
[Sugel Michelén]Antes de responder tu pregunta, mientras hablaba, me acordaba de una cita que leí hace años donde una persona decía: «Nosotros solamente creemos la Biblia, no necesitamos nada más que la Biblia, bla, bla, bla, bla». Lo interesante es que esa cita está en Sea Dios Veraz de los Testigos de Jehová. Entonces, el decir yo creo la Biblia no me ayuda en nada, porque tú tienes que explicarme: sí, ¿pero qué tú crees que la Biblia enseña acerca de Dios? ¿Qué tú crees que la Biblia enseña acerca de Jesús? ¿Es un ser creado o es el Hijo eterno de Dios? ¿Qué tú crees que la Biblia enseña acerca de la Trinidad? ¿Qué tú crees que la Biblia enseña acerca de la salvación? Entonces, decir yo creo en la Biblia no basta, porque tú no me estás definiendo nada.
[Alejandro Molero]Sí, es muy ingenuo pensar así. Sí, porque todas las denominaciones y todas las corrientes cristianas van a decir: «Sí, nosotros predicamos la sana doctrina, la Biblia es nuestro fundamento». Pero divergen en ciertos puntos. O sea, volviendo a lo de los documentos, aparte de credos y confesiones ¿Qué otros documentos tienen en la Iglesia?
[Sugel Michelén]Mira, nosotros, por ejemplo, tenemos los estatutos, que es donde explicamos a cualquier persona que quiera unirse a nuestra Iglesia, qué es nuestra Iglesia, cómo funciona nuestra Iglesia, cómo se eligen pastores, cómo se eligen diáconos, cómo se reciben miembros, cuáles son los deberes que un miembro adquiere, qué es lo que se espera de un miembro de IBCJ, cuando se une a la membresía. Entonces, todo eso está allí en papel, en blanco y negro. De manera que para nadie es una sorpresa, porque cuando llega a la Iglesia y se hace miembro, ha leído este documento.
[Alejandro Molero]Claro. O sea, él sabe lo que se espera de él.
[Sugel Michelén]Y eso no solamente ayuda al miembro que se une a la Iglesia. Como tú decías hace un momento, las iglesias, con el paso del tiempo, se van desviando poco a poco. Cuando no hay un documento escrito, es difícil percibir cuando esos desvíos comienzan. Pero cuando tú te sentaste a poner en blanco y negro lo que tú crees, cualquiera puede decir, y no solamente lo que tú crees, sino tu visión ministerial, cómo se maneja la Iglesia. No, pero es que eso no es conforme a como nosotros manejamos la Iglesia. Obviamente, ni las confesiones, ni los credos, ni los estatutos son inspirados por Dios. La Biblia es inspirada por Dios. Y eso quiere decir que puede ser que en el futuro nosotros, junto con la Iglesia, hagamos enmiendas a esos estatutos, ya sea porque las circunstancias cambiaron, ya sea porque ahora entendemos mejor algunas cosas de las Escrituras. Pero no estamos hablando de doctrinas fundamentales, estamos hablando de detalles. Que pueden variar, exacto, formas que pueden variar en el tiempo. Se requiere un pacto de membresía. Cuando el miembro se une a la Iglesia debe haber un pacto, ya sea que esté incluido en los estatutos, que es el caso nuestro, o que tú lo tengas separado. Pero un miembro de la iglesia debe saber: «Okey, yo soy miembro de IBCJ, pero ¿qué es lo que se espera de mí?»
[Alejandro Molero]Sí, sí. O sea, ¿qué dice el pacto de membresía? ¿Qué documento es ese? ¿Qué debería de mínimamente decir un pacto de membresía?
[Sugel Michelén]Ahí tenemos que ir al Nuevo Testamento y comenzar a ver primero qué enseña la Biblia con respecto a los unos y los otros. Qué responsabilidades adquirimos con respecto a los otros hermanos de manera que podamos cuidarnos mutuamente. El hecho de que yo debo proteger la doctrina. El evangelio. Que yo debo estar en la iglesia. O sea, la Biblia dice: «No se dejen de congregar como algunos tienen por costumbre». Entonces, se espera de un miembro que a menos que tenga alguna causa que lo justifique, debería estar en la congregación el domingo. Se espera que un miembro ofrende regularmente conforme a como Dios lo ha prosperado y bendecido. Eso es, básicamente, el tipo de cosas. El tipo de conducta que se espera de un miembro. O sea, que ese pacto de membresía o esos estatutos protegen a la Iglesia de mundanalidad, de cuáles son las cosas que se disciplinan. Ahora, todo eso está basado en la Escritura. Cada uno de esos ítems, no sé cómo decirlo en español. Tiene ahí los textos bíblicos que enseñan que el Nuevo Testamento requiere eso de un miembro de la Iglesia. No es que tampoco nosotros nos estamos inventando eso.
[Alejandro Molero]Yo suelo decir que en el, en el documento que se llama constitución, nosotros los estatutos los llamamos constitución porque son tres C: credo, constitución y compromiso de membresía. Entonces, en la constitución suelo decir en la clase de membresía, la parte más importante de la constitución son las notas al pie de página, donde están los versículos, donde están fundamentados estos artículos de cómo funciona la Iglesia en la vida práctica. Y permíteme comentar un fracaso mío personal. Recuerdo una vez que estábamos pastoreando una iglesia, pero esta iglesia, éramos cinco ancianos, pero no tenía documentos firmes. Quisimos acordar ya después que la Iglesia estaba funcionando, y déjeme decirles que tratar de acordar credo y constitución y pacto de membresía después que la Iglesia ya tiene una cultura creada es un problema, por decirlo de manera educada. Es un problema, porque ya cuando el avión está volando es difícil hacer reparaciones. Entonces, es preferible que acordemos los documentos de la Iglesia, al menos estos tres mínimo: qué cree la Iglesia, cómo funciona la Iglesia y a qué se compromete un nuevo miembro. Es decir, qué creemos, el credo, la constitución o los estatutos, de cómo funciona la Iglesia por dentro, para que nadie esté sorprendido. Algo que se llame compromiso, pacto de membresía, que la persona tenga que firmar cuando se está comprometiendo a ser miembro de esta Iglesia. Esos son tres documentos mínimos que pudiéramos animar a las iglesias a tener en su vida de Iglesia. Por supuesto, siempre fundamentado y basado en la Escritura.
[Sugel Michelén]Mira, por ejemplo, lo que dice primera Corintios uno diez: «Les ruego, hermanos, por el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que todos se pongan de acuerdo y que no haya divisiones entre ustedes, sino que estén enteramente unidos en un mismo sentir y en un mismo parecer». Obviamente, Pablo no está esperando que nosotros opinemos lo mismo con respecto a todo. De lo que se está hablando allí son de esas cosas fundamentales en la que nosotros como creyentes tenemos que estar de acuerdo. O de lo contrario, no podemos andar juntos. Andar dos juntos si no están de acuerdo. O sea, ¿qué pasaría? Obviamente, yo sé que tú no eres un arriano.
[Alejandro Molero]No, no, Dios me libre.
[Sugel Michelén]Pero, claro. Espero que no, que nunca. Pero si tú eres un arriano, yo no puedo llamarte mi hermano. Entonces, ¿cómo yo sé quién es mi hermano y quién no lo es en doctrinas que son tan fundamentales? Si tú no crees que la Biblia es la palabra de Dios inspirada, inerrante, tú eres un hereje. Entonces, yo no puedo tener comunión contigo. Fíjate cómo en Apocalipsis dos, una de las cosas que Cristo alaba de la Iglesia de Éfeso es precisamente, dice: «Ustedes han probado a los que se dicen ser apóstoles y no lo son y los has hallado mentirosos». ¿Cómo los probaron? ¿Cómo yo puedo saber si una persona tiene una doctrina sana de otra que no tiene una doctrina sana? Bueno, dime cuál es tu confesión de fe y déjame verla.
[Alejandro Molero]Claro, claro. Y sabe, mucho de lo que la Iglesia cree, uno puede saberlo por lo que la Iglesia canta. O sea, no sé, no recuerdo quién fue que lo dijo, pero tenía razón al decir: «Yo puedo saber lo que la Iglesia cree al oír lo que la Iglesia canta». Y lo que la Iglesia canta es la doctrina de la Iglesia, porque es lo que están confesando con sus bocas. Y no es solamente el predicador, sino que la Iglesia está diciendo: «Creemos en esto». Así que hay que prestar mucha atención a lo que cantamos. Pero respecto a documentos, nosotros en nuestra Iglesia, por supuesto, no son inspirados, pero tenemos dos tipos de documentos. No sé cómo lo hacen ustedes, pero puedes comentar al respecto. Nosotros tenemos una categoría que llamamos documentos principales, esos tres documentos que empiezan por C: credo, constitución y compromiso de membresía. Y tenemos una categoría de documentos secundarios, que son dieciocho, que están listados en la página web de la Iglesia, y podemos compartirlo para el que quiera. Pero estos tres documentos, para ser miembro de la Iglesia, tú tienes que estar de acuerdo. Si tú no estás de acuerdo con algo de estos tres documentos, pues entonces nosotros te podemos recomendar otra Iglesia en la zona, pero exigimos que todos los miembros estén de acuerdo con esto. Esto no lo vamos a cambiar y tú tienes que firmar tu acuerdo con estos tres documentos. Los documentos secundarios, tú puedes tener un poquito de desacuerdo y puede no estar de acuerdo con algunos de ellos, que ya los voy a nombrar, pero queremos que sepas que a qué te vas a enfrentar si tú vienes a nuestra iglesia, qué es lo que vas a recibir. Por ejemplo, ahí están las políticas de membresía significativa, la política de disciplina restaurativa, está la teología y práctica del bautismo, la teología y práctica de la Santa Cena, qué creemos, aquí en Estados Unidos, acerca de los procesos inmigratorios. Tenemos un acuerdo para usar esta versión de la Biblia y ahí está la descripción. Tenemos un documento que dice cuál es la descripción de los roles en la iglesia, qué pueden hacer los hombres, qué pueden hacer las mujeres, etcétera. Tenemos una descripción de los cargos diaconales. Es decir, tenemos un montón de documentos que son secundarios, que no necesariamente tú tienes que estar de acuerdo porque son secundarios, pero los principales sí tienes que estar de acuerdo y por eso diferenciamos principales y secundarios. ¿Ustedes tienen esa cantidad de documentos diferentes o solamente tienen estos básicos y pueden normar los demás con relaciones?
[Sugel Michelén]Mira, yo no pudiera enumerarlos.
[Alejandro Molero]¿Cómo lo hacen?
[Sugel Michelén]Yo no pudiera enlistar como tú dieciocho documentos, pero sí, nosotros tenemos estos documentos primarios, que sería la confesión, en este caso, más que el credo, la confesión. Si tú quieres llamarle constitución, serían nuestros estatutos y el pacto de membresía que está dentro, incluido dentro de los estatutos. Pero sí nos hemos dado cuenta en el tiempo que es importante crear políticas con respecto a cosas. Por ejemplo, tenemos una política de boda. Qué tipo de boda nosotros podemos oficiar, qué se requiere para que dos creyentes que se quieren casar en IBCJ y que oficie un pastor de IBCJ, hay una serie de políticas que nosotros seguimos. Hemos hecho políticas aun hasta de qué sucede cuando los pastores no estamos de acuerdo en alguna decisión. Solución de conflictos, si quieres llamarle, pero es básicamente, yo puedo en un momento dado no estar de acuerdo con una decisión, pero no es algo de pecado. Y ahí está escrito, un pastor puede decir: “Mira, yo no lo hubiera hecho de esa forma, pero si la mayoría de los pastores están de acuerdo en que esa debe ser la forma, no hay problema”. Pero en esa política está establecido que si uno solo de los pastores dice: “Yo tengo un problema de conciencia con esa decisión que ustedes están tomando, porque creo que de hacerlo vamos a pecar y vamos a violentar la Biblia”. Entonces, en ese caso se detiene todo y nosotros seguimos orando, pensando, discutiendo y aun buscando consejo de otros pastores. Y eso es muy importante. O sea, un consejo de pastores debe tener claro dónde buscar ayuda. Y mira que nosotros somos varios pastores, pero aun así, no es inusual, ¿cómo se diría? No, no es inusual que nosotros busquemos ayuda en otros pastores. De hecho, este mismo año, nosotros le pedimos a un hermano muy querido que tiene cuarenta años de experiencia lidiando con asuntos matrimoniales y le dijimos: “Ven, hermano, predica ya porque vas a estar aquí, pero no te estamos invitando a predicar”. Te estamos invitando a una reunión con los pastores para lidiar con casos que estamos tratando ahora mismo que son complejos. Casos matrimoniales. Donde tú dices: ¿Aquí se permite un divorcio, no se permite? ¿Esto debe ir a disciplina, no debe ir a disciplina? Son casos complejos. Entonces, en ese sentido, todo eso son políticas que uno va haciendo con el tiempo. También hay varios manuales. Que como tú mencionabas, manuales diaconales. Manuales administrativos. Mira, decía Francis Bacon: “El escribir hace al hombre preciso”. Y nosotros estamos aquí lidiando con la casa de Dios, como decíamos en un, en un pódcast anterior. Es la casa de Dios. Y dice Pablo: “Hágase todo decentemente y con orden”. Cuando tú no tienes políticas escritas, es muy probable que al final la Iglesia termine en un desorden.
[Alejandro Molero]Sí, y indecente. Hubo un buen artículo, Sugel, ya para ir concluyendo, que tú escribiste para la Coalición por el Evangelio llamado Por qué necesitamos una confesión de fe. Creo que es un buen artículo que se puede recomendar. Y también el pastor austríaco Kai Soltau escribió un buen artículo al respecto de las confesiones. Y pudiéramos poner a la orden estos documentos de manera genérica para que iglesias y congregaciones a lo largo del mundo hispanohablante pudieran adecuarlo a sus situaciones particulares. Pudiéramos recomendarles el pacto de membresía, la constitución, los estatutos y mandarle un documento en blanco que ustedes puedan adecuar a sus iglesias particulares, pero siempre con la idea de que seamos todos buenos bereanos al decir: “Okey, esto lo necesito, recibo el documento y no quiero copiar y pegar, sino que debemos adaptarlo a nuestra realidad, siempre cumpliendo los principios bíblicos”.
[Sugel Michelén]Y algo importantísimo, yo sé que estamos acabando, Alejandro, pero todas las confesiones de fe históricas, todas, comienzan definiendo las Escrituras como la única, la única norma autoritativa de fe y práctica de un creyente. En otras palabras, las confesiones no compiten con la Biblia.
[Alejandro Molero]No.
[Sugel Michelén]De ninguna manera. Todo lo contrario. Precisamente definen que la palabra de Dios es la norma máxima del creyente. Ningún documento humano, la palabra de Dios.
[Alejandro Molero]Sí, sí. Infalible e inerrante. Bien, entonces ya saben, hermanos, para todos nosotros, hagamos todo decentemente y con orden. Por supuesto, estamos a la orden para servirles siempre a su disposición en la página web es.9marks.org. Y si necesitan ayuda específica, pueden escribirnos un email en contacto@9marks.org. Podemos enviarles, como les dijimos, estos documentos. Por favor, compartan y comenten estos contenidos, que aquí estamos para servirles. El Señor les bendiga.
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