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Reseña del libro: ¿Por qué la Iglesia? De Scott Sunquist

Review
27.06.2021

Me pregunto, ¿Por qué existen las iglesias locales? ¿Cómo responderías esa pregunta?

Es una pregunta importante para responder, no solo por la centralidad de la iglesia en el plan de redención de Dios, sino también porque muchos cristianos parecen confundidos acerca de la naturaleza y el propósito de la iglesia. Entonces, para brindar claridad en medio de la confusión, Scott Sunquist ha escrito ¿Why Church?[Por qué la iglesia] Una introducción básica.

El objetivo de Sunquist es llegar a las personas que no han «hecho iglesia» y explicarles por qué existen las iglesias (12). De acuerdo con Sunquist, las dos razones por las que existen las iglesias son la adoración y el testimonio (10).

LA ESENCIAL DEL LIBRO

Para desplegar la adoración y el testimonio como los propósitos centrales de la iglesia, Sunquist usa en forma de metáfora cinco movimientos corporales (Ven, Ponte de pie, Arrodíllate, Siéntate, Ve) comúnmente asociados con la adoraciónÉl dice: «Nosotros venimos a adorar, nos levantamos a alabar a Dios, nos arrodillamos para confesar nuestros pecados, nos sentamos para recibir la Palabra y las ordenanzas, y luego nos vamos a llevar el amor de Cristo al mundo» (12, el énfasis es mío).

En el capítulo tres Sunquist mira a todas las dimensiones de lo que significa venir. Nos encontramos a Jesús en la conversión. Hemos llegado a ser parte del cuerpo de Cristo en una iglesia local. Y, por último, nos venimos a adorar a Dios. Pero, ¿Cómo adoramos a Dios?

Nos ponemos de pie para alabarlo. En el capítulo 4, Sunquist explica la naturaleza y la necesidad de las alabanzas. Lo más importante es que dice que la alabanza es la respuesta natural y necesaria para reconocer lo que Dios ha hecho por su pueblo en Cristo.

Sin embargo, después de alabar a Dios por todo lo que ha hecho por nosotros, debemos arrodillarnos para confesar las maneras en que hemos pecado contra él. «La alabanza en su máxima expresión nos lleva a la presencia de Dios, y cuando llegamos a la presencia de Dios, recordamos quién es Dios y lo quebrantados que estamos» (91). El capítulo cinco es un argumento a favor de la necesidad de la confesión en el culto cristiano.

Después de ponernos de pie para alabar a Dios y arrodillarnos para confesar nuestros pecados, estamos listos para sentarnos y recibir la Palabra. Y así, en el capítulo 6, Sunquist describe el papel de la Palabra en la reunión semanal. Recibimos la Palabra cuando se lee, se predica y se manifiesta visiblemente en el bautismo y la Cena del Señor.

Finalmente, en el capítulo 7, dejamos la iglesia para ir al mundo y hablarle a la gente acerca de Jesús. Sunquist dice: «Una vida cristiana normal y sana se alimenta o equipa a través de la adoración (ven, ponte de pie, arrodíllate, siéntate) para que uno pueda participar en un testimonio efectivo (ir)» (138).

AQUÍ ESTA LO QUE ME GUSTA

Su argumento principal es fácil de recordar y las «metáforas de la postura corporal» hizo posicionar al libroLa finalidad de Sunquist era proporcionar una explicación simple del propósito de la iglesia para las personas que están confundidas acerca de por qué existen las iglesias. Hizo precisamente eso. La combinación de palabras, adoración y testimonio, así como los cinco movimientos corporales (ven, ponte de pie, arrodíllate, siéntate, vete) son bastante memorables.

Proporcionó explicaciones reflexivas sobre el contenido de la alabanza y la necesidad de la confesión. Muchos servicios religiosos de hoy son teológicamente insípidos y centrados en el hombre. Las canciones de adoración tienden a enfocarse en nosotros y se habla poco del pecado. Sunquist, sin embargo, despliega la necesidad de la alabanza centrada en Dios y la confesión colectiva del pecado.

Me encantó especialmente que se tomara el tiempo para enumerar exactamente por qué deberíamos alabar a Dios. Dice: «Alabamos a Dios por quién es él. Alabamos a Dios por lo que ha hecho. Alabamos a Dios por lo que ha hecho por nosotros. Alabamos a Dios por lo que hará» (59). Este es un correctivo crucial para el tipo de alabanza centrada en el hombre, que tiende a centrarse exclusivamente en alabar a Dios por las bendiciones materiales que nos ha dado. ¡Por supuesto, deberíamos alabar a Dios por esas cosas! Pero, si eso es todo por lo que alabamos a Dios, podemos comenzar a pensar que Dios no es digno de ser alabado si no estamos experimentando ciertas bendiciones materiales.

Frecuentemente encuentro que me siento más animado cada domingo cuando nos tomamos un tiempo para relajarnos y reflexionar, —ya sea en oración o en cánticos— quién es Dios en sí mismo y qué ha hecho por nosotros en Cristo.

También, fui gratamente sorprendido de encontrar un tratamiento tan directo sobre la necesidad de la confesión corporativa. El pecado, como una categoría, parece haberse desvanecido de muchas iglesias hoy. Los predicadores rara vez lo discuten en sus sermones, y rara vez encontrarás una iglesia que se detenga a confesar los pecados juntos.

Pero Sunquist dice que la confesión es un componente vital de nuestra adoración a Dios porque nos recuerda nuestra necesidad de Dios. Dice: «La confesión de nuestros pecados ante un Dios santo es una imagen… de nuestra humildad ante Dios… El poder de la humildad proviene de esta verdad. Cuando nos humillamos así mismo ante Dios, admitiendo nuestra culpa, estamos expresando la verdad. Realmente necesito ayuda. Realmente no puedo hacerlo por mí mismo» (100).

ALGUNOS PROBLEMAS SIGNIFICATIVOS

¿Por qué la iglesia? tiene algunos problemas.

Primero, Sunquist trató de hacer demasiado en cada capítuloAunque su argumento principal es memorable, a veces me encontré luchando por seguir el flujo del libro. Simplemente aborda demasiados temas diferentes en cada capítulo.

Por ejemplo, el capítulo 6, que analiza el papel de la Palabra en la reunión semanal, incluye subsecciones sobre la interpretación de las Escrituras, la memorización de la Biblia, el calendario de la iglesia, la Cena del Señor, la visión eucarística, el bautismo, el bautismo infantil vs. el bautismo del creyente, quien puede bendecir el agua y el vino, y el uso de ayudas visuales durante la adoración colectiva.

Mi temor es que la audiencia a la que se dirige, —los no creyentes o los que no van a una iglesia—se sienta abrumada o confundida por la cantidad de temas tratados en cada capítulo.

En segundo lugar, Sunquist no fue particularmente claro acerca del contenido del evangelioNo tengo la menor duda que después de leer este libro, una persona entendería que Jesús y la iglesia local están en el corazón de lo que significa ser cristiano. Mi preocupación es que no creo que ellos sepan por qué.

En ningún momento Sunquist incluye una articulación clara y completa del evangelio. La declaración más completa que pude encontrar fue: «Jesús pretendía iniciar, a través de una aparente derrota (muriendo en una cruz), un movimiento que conquistaría la muerte, la injusticia y hasta la enfermedad, extendiendo lo que él llamó ‘el reino de Dios’» (9).

Notablemente ausentes de esta declaración están las categorías cruciales de pecado, culpa y expiación. Si bien esas categorías aparecen en diferentes momentos y en diferentes lugares del libro, el lector debe trabajar para organizar el mensaje del evangelio y relacionarlo con el propósito de la iglesia para sí mismo.

Para aumentar esta preocupación está el respaldo de Sunquist a la Iglesia Católica Romana como una opción viable para las personas que buscan una iglesia local. Hizo esto al enumerar a la Iglesia Católica Romana junto con sus contrapartes protestantes como si fuera solo una de las muchas iglesias diferentes que esencialmente creen en el mismo evangelio. Sin embargo, habiendo crecido en la Iglesia Católica y ahora pastoreando una iglesia protestante, puedo decir con gran confianza que nosotros no creemos en el mismo evangelio. De hecho, su evangelio no es un evangelio en absoluto.

Al final, el argumento principal de Sunquist fue simple y los movimientos fueron memorables. Me animó genuinamente su insistencia en la necesidad de la alabanza centrada en Dios y la confesión colectiva. Pero, al final, su respaldo a la Iglesia Católica Romana hace de este un libro que no recomendaría a las personas que buscan comprender el propósito de la iglesia.

Traducido por Renso Bello