Reseñas

El hombre de Dios: Tomo 1 | por Albert Martin

Review
03.05.2020

Como un joven pastor, necesito la sabiduría de pastores maduros. Tuve el privilegio de servir con un pastor experimentado y de mayor edad durante muchos años. La sabiduría y experiencia que compartió conmigo fue algo que ningún seminario o aula podría enseñarme. El carácter, la paciencia y el amor por la misma oveja durante varias décadas fue modelado ante mis ojos. Necesitamos más ejemplos piadosos de pastores que predican, oran y permanecen por décadas en sus iglesias locales.

En «El hombre de Dios», Albert Martin, uno de los pastores fundadores de la Iglesia Bautista Trinity de Montville, Nueva Jersey, reúne la sabiduría de las Escrituras, la historia de la iglesia y casi cinco décadas de experiencia pastoral para servir a la próxima generación de pastores. Como resultado, este libro (originalmente una serie de conferencias impartidas en Trinity Ministerial Academy), es una meditación grandemente útil sobre las alegrías y los peligros del ministerio para los pastores en todas las etapas de la vida.

Las conferencias de Martin se sentían como si estuviera sentado al otro lado de la mesa del comedor transmitiendo su sabiduría pastoral tras décadas de experiencia. Fue un recordatorio alentador del glorioso llamado, los requisitos y la vida del hombre de Dios.

EL LLAMADO DEL HOMBRE DE DIOS AL OFICIO PASTORAL

La primera sección del libro trata del llamado del hombre de Dios: el pastor. Según Martin, este llamado es bíblico, ordinario, ordenado y eclesiástico. Haciendo un resumen de los principios de las Epístolas Pastorales y los escritos de varios pastores a lo largo de la historia de la iglesia, Martin examina los siguientes elementos de cómo Dios llama a los hombres al ministerio: aspiración, calificación, confirmación y reconocimiento por parte de una iglesia local.

Primero, el llamado bíblico trata de la aspiración del hombre de Dios. Martin cree que un elemento esencial de un llamado bíblico al ministerio pastoral es «un deseo iluminado y santificado para el oficio pastoral» (p.56). ¿Tiene el hombre de Dios un deseo legítimo y noble que está libre de orgullo y vana ambición? ¿El ministro aspirante está dispuesto a preocuparse, no solo por la predicación, sino por el pueblo de Dios como pastor? ¿Entiende la gravedad y la mayordomía del ministerio? Martin entiende que una iglesia sana y que funciona bíblicamente es el contexto normal donde se responden muchas de estas preguntas. La iglesia es donde se deben recibir consejos sabios de los pastores y del pueblo de Dios (p.64).

Segundo, Martin dedica su atención a las calificaciones de un pastor. Examinando 1 Timoteo 3: 1–7 y Tito 1: 5–9, Martin argumenta que los pastores deben demostrar el carácter comprobado, la experiencia y los dones específicos necesarios para el cargo. Martin cree que estos pasajes son «no negociables» y que «se debe mantener el estándar inflexible» (p.78). Los pastores también deben demostrar un amor genuino por Cristo, fe en grandes realidades invisibles, comprender la dinámica del pecado y la gracia, y una modesta disposición de humildad y desconfianza de sí mismos. Además, debe tener los dones particulares que Dios mismo le da, para servir a la congregación con la Palabra de Dios (1 Tim. 3: 2).

Tercero, el llamado al ministerio debe ser confirmado por el pueblo de Dios. Él escribe: «Si bien la autoevaluación sobria de nuestros deseos, gracias y dones es una responsabilidad personal que ningún hombre puede evadir con rectitud, una confirmación externa de esa evaluación por una muestra representativa de personas con mentalidad espiritual es esencial para un llamado válido al oficio pastoral» (p.195). Un hombre de Dios no es llamado de forma aislada, y «la validación del pueblo de Dios es esencial para un llamado bíblico y ordenado al ministerio» (p.205).

Finalmente, el hombre de Dios cuyo deseo interno es confirmado por las Escrituras y externamente por el pueblo de Dios será reconocido por una congregación específica. «La validación culminante del llamado de un hombre al oficio pastoral se efectúa cuando una congregación específica, que evalúa objetivamente las gracias y los dones de un hombre, y que actúa por la autoridad de Cristo, reconoce por su voto corporativo a ese hombre como un don de Cristo para ellos. Lo que lleva a su ordenación formal e instalación a ese oficio en esa congregación específica» (p.208). Los pastores no son pastores sin congregaciones, porque «los pastores son pastores de rebaños específicos de Dios» (p.219).

LA VIDA DEL HOMBRE DE DIOS EN EL OFICIO PASTORAL

La segunda sección trata de la vida del hombre de Dios. Ningún pastor puede tener éxito o ser eficaz en el ministerio si su vida no es recta ante el Señor. Muchos hombres a menudo han fallado públicamente en el ministerio porque primero han fallado en privado en la comunión con Dios. Él explica: «La efectividad sostenida en el ministerio pastoral generalmente se realiza en proporción a la salud y el vigor del pastor en su relación con Dios, la iglesia, él mismo, el manejo de su tiempo, sus múltiples responsabilidades y su familia» (p.227). Un pastor verdaderamente efectivo tendrá una vida espiritual, emocional y física vibrante ante Dios y su pueblo.

Los pastores deben tener una fe genuina y una verdadera espiritualidad ante Dios. Martin escribe: «Debemos esforzarnos por mantener un conocimiento real, avanzado, variado y original de Dios y sus caminos» (p.236). Martin no solo quiere que sus lectores sean completamente bíblicos, sino cristianos que experimenten una comunión genuina con el Dios Trino, a través de la lectura bíblica constante, la oración privada y una buena conciencia ante Dios y los hombres.

Si un pastor tiene comunión genuina con Dios, el desbordamiento natural del amor de Dios hacia él se derramará en el pueblo de Dios. Una vez más, Martin escribe: «Tú y yo debemos experimentar una medida creciente de amor sincero por nuestra gente» (p.333). El amor sincero requerirá un gran sacrificio como nuestro Salvador, e influirá en todo lo que decimos y hacemos. Aquellos que tienen un amor genuino por el pueblo de Dios le temerán a él más de lo que temen a los hombres, y tendrán un valor sagrado para declarar todo el consejo de Dios a su pueblo.

Finalmente, los pastores deben demostrar una competencia ejemplar como esposo y padre. El hogar es realmente el campo de pruebas de un pastor. Si falla en el hogar, fallará en la iglesia (1 Tim. 3: 5). Muchas iglesias han sufrido con demasiada frecuencia porque llamaron a un hombre al ministerio pastoral mientras pasaban por alto su incompetencia en el hogar. Deberíamos esperar paralelismos entre un hogar bien ordenado y una iglesia bien ordenada.

UNA PALABRA DE ALIMENTACIÓN Y DESAFÍO DE UN PASTOR EXPERIMENTADO

El libro de Martin me recordó mi necesidad de estar rodeado de pastores aprobados y experimentados. Sus escritos no solo son completamente bíblicos, sino sabios y prácticos. También aprecié que este libro otorga una alta prioridad a la iglesia local y la participación de la congregación en discernir si un hombre es llamado o no al ministerio. Este libro será una lectura obligada para cualquier hombre dentro de mi iglesia local que esté dudando, luchando o que desee confirmar su llamado al ministerio. Este libro también es una lectura obligada para los pastores que sirven actualmente y que necesitan aliento y recordatorios bíblicos sobre la tarea a la que Dios nos ha llamado. Pastor, deja que este libro te aliente con tu propio llamado y tu comunión con Dios.


Traducido por Renso Bello