Membresía

Una definición estricta pero clara de la iglesia trae libertad

Artículo
20.01.2021

Cuando te dispones a plantar iglesias, ¿qué es exactamente lo que intentas plantar? ¿Qué se necesita para que puedas decir que has plantado «una iglesia» y no otra cosa?

Sospecho que la mayoría de las iglesias funcionan bajo la misma filosofía del juez de la Corte Suprema de Justicia, Potter Stewart, quien, cuando se le presionó para que definiera una categoría, dijo: «No sé cómo definirla, pero lo sé cuando la veo». Es posible que la mayoría de los cristianos no puedan definir qué es una iglesia, pero reconocen una cuando la ven.

Esa clase de comprensión laxa en realidad socava la capacidad de la iglesia de plantar y edificar eficazmente a otras iglesias.

La declaración de fe de mi iglesia define a la iglesia local de la siguiente manera:

[Las iglesias locales son] congregaciones de creyentes bautizados que juntos han hecho un pacto en fe y comunión, caracterizados por la correcta predicación de la Palabra de Dios y la correcta administración de las ordenanzas.

En esencia, eso resume la definición básica de la Reforma de una verdadera iglesia, con la aplicación de algunas características congregacionalistas y bautistas. Abarca brevemente una gran cantidad de terreno: lo suficientemente corta para ser útil y lo suficientemente sustanciosa para ser significativa.

Pero quiero señalar otro punto: lo más útil de una definición estricta de la iglesia es tener claridad respecto a todas las cosas que no están en la definición. Puede parecer contraintuitivo, pero una definición clara y estricta de lo que es una iglesia en realidad brinda mayor libertad al plantar iglesias. Una definición estricta aclara lo que es necesario. Esto ayuda por lo menos de dos formas obvias: te asegura que realmente tu objetivo es plantar iglesias; y te impide suponer que una iglesia necesita ciertas cosas que definitivamente no necesita. En otras palabras, evita que exijas más de lo que la Escritura exige.

En pocas palabras, una definición estricta y clara protege contra la «ampliación de actividades», las normas culturales y no bíblicas y el desánimo innecesario.

  1. Una definición estricta protege contra la «ampliación de actividades»

Una amenaza para cualquier misión o proyecto sin parámetros claramente definidos es la «ampliación de actividades». Cuando esto ocurre, se empiezan a infiltrar objetivos y metas adicionales en tu definición de éxito.

Una herramienta útil para protegerse contra esto son las definiciones claras. ¿Qué se necesita para tener una iglesia? ¿Qué debe hacer u ofrecer una iglesia para ser considerada una iglesia de pleno derecho?

En mi parte del mundo, percibida como «frontera» en algunos círculos, parece que todos los ministros occidentales en la ciudad tienen múltiples trabajos paralelos. La iglesia no puede ser sencillamente una congregación de creyentes bautizados que han hecho un pacto. También tiene que tener un seminario, una editorial o un programa de entrenamiento profesional para refugiados. Esos están allí en parte para justificar su recaudación de fondos en casa; también están allí porque muchos plantadores de iglesia parecen creer que una congregación es simplemente un prerrequisito para un verdadero ministerio y no la sustancia del mismo. Esa confusión proviene de (entre otras cosas) la falta de protección contra la ampliación de actividades.

Muchos programas de iglesia a menudo se convierten en barreras para la plantación y el crecimiento de iglesias cuando se vuelven un estándar de lo que hace una iglesia. Y dichos estándares solo se pueden exponer si puedes articular una definición clara de una iglesia.

  1. Una definición estricta protege contra la absolutización de normas no bíblicas

Sospecho que nuestra tendencia a absolutizar normas o herramientas culturales desempeña un papel importante en la desconfianza que los misioneros y misiólogos tienden a tener hacia declaraciones absolutizadas acerca de la eclesiología. Si bien la eclesiología bíblica es practicable para todas las iglesias en todos los lugares, la eclesiología bíblica más las normas o prácticas culturales particulares pueden no serlo. En la medida en que las iglesias estadounidenses han exigido que sus misioneros planten congregaciones que luzcan exactamente iguales a su iglesia natal en Shreveport o Long Grove, les han enseñado a los misioneros y plantadores de iglesias que la estructura de una iglesia es enteramente un artefacto cultural.

En parte debido a la influencia del islam en mi entorno cultural, la mayoría de los pastores en mi ciudad ven con escepticismo cualquier tipo de reunión cristiana en un hogar (en lugar de un edificio diseñado para adorar). La comprensión musulmana de la mezquita como edificio dedicado al culto ha ensombrecido la manera en que perciben a otras iglesias en la ciudad. Si bien eso significa que la mayoría de los pastores que conozco desconfían de los movimientos de discipulado de multiplicación rápida que rechazan la iglesia, no se han comprometido con los verdaderos problemas bíblicos en juego, simplemente se desaniman porque ese «movimiento» no tiene un edificio.

Pero hay normas más sutiles y menos explicitas culturalmente que podrías tener. ¿Te sientes ansioso por ese equipo de sonido que necesitas para que la iglesia trabaje? ¿Qué hay de un sitio web? ¿Qué pasa con los grupos pequeños o las clases de la escuela dominical? ¿El grupo de jóvenes? ¿Awana? ¿Qué hay de una pasantía pastoral? Todas estas son herramientas útiles, ¿pero en qué nivel de prioridad deberían estar a comienzos de la vida de una iglesia? O, para ser más directos, ¿qué otras cosas estás dispuesto a sacrificar para tener esas cosas tan pronto como sea posible?

La falta de una definición clara, estricta y articulada de la iglesia nos ha llevado a plantar iglesias carentes de una instrucción clara acerca de lo que son o deberían llegar a ser. En el proceso, hemos dejado a los plantadores con la impresión de que no hay ningún lugar donde buscar tal instrucción.

  1. Una definición estricta protege contra el desánimo innecesario

En los últimos tres años, he pastoreado dos iglesias en un contexto musulmán. Una combinación de inferencia del gobierno, restricciones financieras y un mal edificio han hecho que esas congregaciones hayan tenido que mudarse cinco veces. Ha sido agotador y desalentador. Obviamente, para seguir reuniéndonos como iglesia, necesitábamos algún lugar para reunirnos. Pero entender el viejo adagio de que la iglesia es un pueblo y no un campanario, nos ha ayudado. Aunque estábamos cómodos donde nos reuníamos, y aunque había ventajas de reunirnos allí, ese lugar en particular no es necesario para nuestra existencia. Nuestra definición estricta de la iglesia nos protegió de caer en la desesperación innecesaria.

Sentimos la tentación de creer que un lugar es parte de lo que nos hace ser iglesia, que cambiar nuestro lugar de reunión de alguna manera compromete nuestra identidad. Pero esa tentación expone la creencia oculta en nuestros corazones de que ese lugar es necesario para que podamos ser una «verdadera» iglesia.

¿Cómo he luchado contra esta tentación? Recordándome a mí mismo lo que realmente hace que una iglesia sea iglesia.

El mundo de la plantación de iglesias a menudo alienta e incluso incentiva definiciones escasas de la iglesia. Eso es peligroso. Su definición realmente necesita tener ciertos elementos bíblicos, como la predicación, la membresía, la asistencia regular, la práctica cuidadosa de las ordenanzas, etc. Pero tal vez más a menudo, el peligro en el que caemos, incluso cuando exigimos muy poco, es que también exigimos demasiado sin siquiera darnos cuenta. Una definición estricta de la iglesia nos protege. Nos impide descuidar lo que Cristo nos ha enseñado que es necesario. También nos protege liberándonos de exigirnos demasiado a nosotros mismos. Nos libera al evitar que carguemos con demasiadas cargas o que tratemos todo como algo esencial.

Entonces, ¿cómo definirías, según las Escrituras, a la iglesia? ¿Esta definición te libera o te agobia?


Traducido por Nazareth Bello