Liderazgo

Tres lecciones en cuanto al tamaño de una congregación local, de parte de la Asamblea de Westminster

Artículo
30.04.2021

Una de las grandes bendiciones al estudiar la historia de la iglesia es entender que nuestros predecesores en la fe enfrentaron los mismos retos que hoy enfrentamos. Por ejemplo, ¿sabías que la Asamblea de Westminster lidio con el tema del tamaño de una congregación y qué hacer cuando ya no hay espacio en el edificio de reunión? A pesar de su ser un documento del pasado, «La Forma de Gobierno Presbiteriano de la Iglesia» (1645) de la Asamblea de Westminster – un documento menos conocido que la «Confesión de Westminster» – nos da varias lecciones útiles para ayudarnos a pensar asuntos acerca del tamaño de una congregación.

Según este documento, una congregación es una reunión de cristianos que «se reúnen en una asamblea de manera ordinaria para la adoración publica (Murray, 214). Este número puede crecer hasta que ya no puedan «reunirse de manera conveniente en un solo lugar»; y de manera adecuada administrar «las ordenanzas que les pertenecen», y cumplir con los «deberes mutuos» (214). Cuando ya no se pueda, es permitido «de manera legal y pronta dividirse en varias congregaciones definidas y distintas» (214).

De estas declaraciones podemos derivar ciertos principios que nos ayudan a pensar de manera sabia acerca del crecimiento y el tamaño de la congregación. La Forma sugiere que el tamaño apropiado para una congregación depende de (1) la habilidad que tenga la congregación de obedecer el mandamiento de Jesús de «reunirse»; (2) la habilidad que tenga la congregación de administrar las ordenanzas del bautismo y la Cena del Señor; y (3) la habilidad que tengan los miembros de cumplir con sus deberes de amar y cuidar los unos a los otros. Por supuesto, aunque estas son consideraciones de prudencia, parece que la Asamblea de Westminster consideró que era sabio que una congregación que ya no podía cumplir con estos deberes, a causa de su tamaño, debería dividirse en congregaciones más pequeñas. Veamos cada uno de estos principios, uno por uno.

  1. Una congregación se reúne

El primer factor que determina el tamaño de la congregación tiene que ver con el mandamiento de reunirse. La Forma define una congregación como «cierta compañía de cristianos que se reúnen en una sola asamblea para la adoración publica» (214). El tamaño del edificio es un limitante natural que determina el tamaño de una congregación. Una congregación que ya no puede reunirse como «una sola asamblea», necesita dividirse en más de una congregación distinta.

Nota que en lo que hemos considerado no se mencionan servicios múltiples. De hecho, la Forma pudiera haber sugerido la construcción de edificios más grandes, para que hubiera suficiente cupo para más gente. Pero había otros factores limitantes.

  1. Una congregación gobierna

El Segundo factor limitante sobre el tamaño de una congregación tiene que ver con las ordenanzas. Aunque los teólogos de Westminster consideraron que la oración, la predicación, y la ofrenda eran ordenanzas; tenían una consideración especial para la Cena del Señor (216). Ellos creían que los pastores y ancianos conocían «el estado espiritual de los diferentes miembros de la congregación» de tal manera que pudieran cuidar la mesa del Señor. Esta clase de conocimiento necesariamente limita el tamaño de una congregación. Una congregación demasiado grande impide el trabajo de un pastor fiel.

  1. Una congregación guarda

Por último, el tercer factor limitante sobre el tamaño de una congregación tiene que ver con los deberes de los miembros unos con otros, particularmente el cuidar y velar los unos por otros. Los teólogos de Westminster reconocieron que entre más cerca vivieran los miembros unos de otros, había más oportunidades para cumplir con sus deberes unos con otros «porque aquellos que viven juntos, unidos por diversos deberes morales unos por otros, tienen mejor oportunidad en cumplir con ellos» (215). En lugar de que sean un elemento opcional en la vida cristiana, consideraban que esta responsabilidad era perpetua y obligatoria para todos los cristianos. Era obvio para los teólogos de Westminster que el tamaño de la congregación afectaba la capacidad de los miembros para servirse unos a otros.

CONCLUSIÓN

En cada una de estas tres áreas –la necesidad de reunirse en una sola asamblea, el tener supervisión adecuada sobre la Cena del Señor, y la necesidad de que los miembros cumplan con sus deberes unos con otros– encontramos varios principios útiles de parte de los teólogos de Westminster para guiar nuestros pensamientos para determinar qué tan grande puede ser la congregación y el momento en que la debemos «dividir en más de una congregación definida y distinta» (214).

De pronto, surge la pregunta: «Bueno, ¿qué tan grande es demasiado grande?» Ni la Forma ni la Biblia lo dicen y no debemos ser dogmáticos en cuanto algún número en particular. No Podemos saberlo. La iglesia en Jerusalén, por ejemplo, consistía en unos 5,000 hombres (Hechos 4:4) y todos se podían reunir en el Pórtico de Salomón (Hechos 5:12). Sin embargo, con todo el énfasis sobre «el iglecrecimiento» e iglesias que se reúnen en más de un sitio, esperamos que la Forma de Westminster nos ayude a equilibrar nuestro enfoque sobre otras áreas de importancia que quizá importan más que el tamaño de la congregación.


Traducido por Abraham Armenta

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Iain H. Murray, Reforma de la Iglesia (Edimburgo; Carlisle, PA: Banner of Truth, 1965).