Liderazgo

¿Qué pasa si tenemos que recortar nuestro presupuesto?

Artículo
23.09.2020

Para más recursos relacionados con COVID-19, visite nuestra sección: COVID-19 y La Iglesia.


En medio de toda la ráfaga de actividades para cuidar bien a sus iglesias durante este momento tan difícil, preguntas como estas se encuentran en la mente de los pastores: «Con la entrega de los donativos en descenso, ¿Qué vamos a hace?». «Incluso, si por el momento, hay suficiente efectivo en el banco, ¿nos veremos obligados a hacer recortes drásticos en nuestro presupuesto durante el próximo año para equilibrar las cifras?», «¿Cómo afectará eso a nuestro personal, nuestros misioneros, nuestros planes y programas?».

Permíteme proponer tres cosas a tomar en cuenta, al mirar el presupuesto de una iglesia con una incertidumbre nada común.

  1. Recuerda tu verdadera tarea.

Frecuentemente, la meta de una iglesia para su presupuesto se traduce esencialmente en: «cuanto más grande, mejor». Eso significa que la posibilidad de recortes presupuestarios se siente como un desastre inminente. Pero la tarea que te asignó Jesús no es mantener algún personal, misioneros y programas. La asignación de Jesús para ti, es que seas fiel. La tarea de la iglesia es ser fiel en lo que se le ha confiado, ya sea poco o mucho, más o menos.

En ese sentido, este es el momento de apoyarse en la bondad soberana de Dios y descansar en sus planes para ti. Sus planes nunca se han retrasado por falta de dinero. Él dice en Isaías 46:10: «Mi consejo permanecerá, y haré todo lo que quiero». Recuerda el Salmo 50:12: «Si yo tuviera hambre, no te lo diría a ti; porque mío es el mundo y su plenitud». Los planes de Dios para tu iglesia no están en riesgo, y no debes preocuparte como si lo estuvieran.

Estimo que, en estos momentos, muchos en tu congregación están desobedeciendo seriamente la orden de Jesús de no estar ansiosos. Les preocupa la salud, los trabajos, las relaciones, el dinero. Entonces, al pensar en el futuro financiero de tu iglesia, sé un modelo para ellos de alguien que confía en los bondadosos planes de Dios. Él sabe lo que está haciendo, y esta vez no es la excepción. Tu trabajo no es comprender por qué un presupuesto más reducido podría ser su plan para tu iglesia; tu trabajo es ser fiel con lo que él decida confiarte. Él sabe lo que está haciendo.

  1. Recuérdale a tu congregación por qué dan.

Si experimentan un déficit de donaciones como resultado de la pandemia actual y cualquier otra circunstancia que todos podemos experimentar, lo más probable es que te dirijas a tu congregación en algún momento, para ver si pueden dar más. Cuando hagas eso, deberías recordarles cómo la situación actual afecta las dos razones por las que dan:

  • Dan porque confían en que Dios es mejor que su dinero. Cuando Dios nos dice que demos, no es porque quiera nuestro dinero, sino porque quiere nuestros corazones. Es porque quiere que literalmente pongamos nuestro dinero donde está nuestra boca, cuando decimos que sus promesas son mejores que las cosas que el dinero puede comprar. Y en un momento de escasez, esta oportunidad, —la oportunidad de dar para proclamar el valor superior de nuestro Salvador— ¡solo se incrementa! Es de notar que los héroes generosos de la Biblia no fueron los ricos, sino los pobres. Esclavos de Egipto ahora libres, dieron para el tabernáculo (Éxodo 36). Cristianos macedonios dieron de su pobreza extrema (2 Co.8). La viuda pobre dio todo lo que tenía para vivir y recibió alabanzas del Hijo de Dios (Marcos 12). La escasez solo resalta el valor de un regalo a la vista de Dios, porque destaca ante él lo valioso que es.
  • Dan porque aman a tu iglesiaSí, dan para acumular tesoros en el cielo al proclamar la excelencia de Jesús, y también dan porque están invirtiendo en lo que tu iglesia está haciendo. En ese sentido, necesitas ser cuidadoso de cómo hablar con ellos en este momento. Casi siempre, cuando hablas de dar a tu congregación, quieres que quede claro que les estás pidiendo que den porque eso es bueno para ellos, no porque necesites el dinero. Pero esta vez; bueno, necesitas el dinero. O al menos eso parece. Así que sé honesto al respecto. Explícales que este es un tipo de solicitud diferente de lo que normalmente haces.

Le pides que den por encima y más allá, que no es necesario terminar con las inversiones multianuales en instalaciones, personal y misioneros durante una crisis de dinero a corto plazo. Deja en claro el cómo esta solicitud es diferente, para que no confundan su percepción de tus motivos en tu enseñanza normal sobre el dar.

Cuando discutas el dar con tu congregación, deja en claro que confías en la sabiduría de los límites que Dios ha puesto a tu alrededor. Si tu congregación da fiel y generosamente, pero esa cantidad total es un 25% menos que el año pasado, estarás satisfecho con ellos. Nuevamente, tu tarea, asignada por Jesús, no es tener un presupuesto grande, sino ser fiel, como administrador de todo lo que te ha dado.

  1. Reduce los gastos sabiamente.

Para muchas iglesias, necesitan al menos prepararse para hacer reducciones, más o menos, en los gastos durante el próximo año. Es probable que todavía no estés allí, pero es posible que estés considerando lo que recortarás, si esto es lo que dicta la providencia. Cuando consideres esa posibilidad, permíteme dejarte algunas pautas a tomar en cuenta:

  • Resiste la solución «fácil» de recortar todo un poco. Tanto las iglesias como las empresas hacen esto con demasiada frecuencia: los ingresos han disminuido en un 20%, por lo que cada salario y cada programa se reducen en un 20%. Pero eso es simplemente pedirle a la gente que haga más con menos, lo que no es sostenible. En lugar de eso, considera algunas cosas que dejarán de hacer (y desfináncialas por completo), en lugar de hacerle un «maquillaje» al resto del presupuesto.
  • Proteger las relaciones a largo plazo. Algunos de tus misioneros, socios de ministerio y el personal son relaciones que has establecido durante años y tomaría años reemplazarlos. En general, protege esas líneas presupuestarias tanto como sea posible. No quieres renunciar a 15 años de confianza debido a la escasez de presupuesto a corto plazo.
  • Ten cuidado con nuestra tendencia a financiar lo que podemos ver. El impacto de algunos recortes será dolorosamente obvio: como despedir a un miembro del personal de tu iglesia. Otros recortes podrían no ser tan notables: como dejar de apoyar financieramente a un misionero a medio mundo de distancia. Esa es una dinámica peligrosa porque no hay razón para que el misionero lejano sea menos digno del dinero que tu miembro del personal, podrías considerar hacer un compromiso que después de las reducciones presupuestarias, el porcentaje del presupuesto total que se supervisa será el mismo que antes.
  • Aproveche esta oportunidad para eliminar gastos sub-óptimos. Tal vez hay elementos en tu presupuesto que hace tiempo que tú sabes que no son una buena inversión para Jesús, pero el costo político dentro de tu iglesia de reducirlos, parece demasiado alto. Ese curso de acción bien pudo haber sido sabio y gentil en tu congregación, pero este podría ser el momento en que el cálculo cambie.

Si es la voluntad de Dios, nada de esto será usado por tu iglesia. Pero sí finalmente tienes que transitar por este camino del déficit presupuestario, recuerda que a Jesús no le sorprende este giro de los acontecimientos. Él tiene el control, puedes confiar en él.


Traducido por Renso Bello