Membresía

Qué hacer mientras conduces hacia la iglesia

Artículo
22.06.2021

¿Cuánto tiempo tardas en llegar a la iglesia? Si vives en una gran ciudad, está listo para luchar contra la envidia. Tardamos menos de 15 minutos en llegar. Diez minutos si pecamos —quiero decir, más velocidad— y alrededor de doce minutos si atrapamos lo que mi esposa llama la «ola verde»: semáforos todos en luz verde.

Con el tiempo, nuestros viajes a la iglesia se han convertido en un gozo y una herramienta espiritual utilizada por el Señor. Me gustaría hacer tres sugerencias de cómo también podrías disfrutar de tu viaje del domingo en la mañana:

1. ¡Canta!

Una vez fui a una iglesia que le dio a cada miembro un himnario hecho por la congregación. Encajaba en nuestra guantera, así que empezamos a cantar camino a la iglesia. En ese tiempo, mi hija Eliana tenía alrededor de un año. Con bastante rapidez, tomó muchas de las canciones y esperaba que cantáramos himnos cada vez que íbamos a algún sitio. Tuvimos que enseñarle que normalmente solo cantamos himnos en el auto los domingos.

Cantar los domingos se ha convertido en una parte normal y alegre de nuestro viaje. En lugar de simplemente sentirnos frustrados con el tráfico y un poco molestos por el mismo CD para niños que hemos escuchado por enésima vez, frecuentemente llegamos a la iglesia con un corazón feliz, listos para aprender y cantar con los santos.

2. Considera

«Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras; no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veáis que aquel día se acerca» (Hebreos 10: 24-25).

En forma tradicional, y con razón, este versículo se ha aplicado a las reuniones de la iglesia local. No debemos dejar de reunirnos con nuestra iglesia local. ¡Amén! Pero, ¿nos hemos detenido a pensar en las otras exhortaciones de estos versículos?

Quiero centrarme en uno: considerar cómo animarnos unos a otros al amor y a las buenas obras. Ojalá fuera una tradición muy usada como el canto de nuestra familia. Sin embargo, es algo que hemos hecho e intentamos hacer con regularidad. Después de cantar uno o dos himnos, tratamos de considerar cómo podemos alentar a nuestros hermanos de la iglesia al amor y las buenas obras. Nos tomamos un momento para considerar cómo podemos animarlos.

No quiero que imagines algún tipo de contemplación monástica. Simplemente estoy hablando acerca de usar el último trayecto cuando conducimos hacia la iglesia para pensar en cómo podemos ayudar a otros. Podrías estar pensando: «¿Cuánto puede considerar una persona en un par de minutos?». No mucho. Pero es más que si no lo hiciéramos en absoluto. Es un comienzo, no es un final. Pero es posible que te sorprendas de lo que puede lograrse en 2 o 3 minutos, al pensar en miembros específicos por los que ya has orado durante la semana.

Aquí hay algunas sugerencias comunes sobre el cómo hacerlo. Piensa en un miembro de la iglesia que solo conoces superficialmente. Considera una pregunta que te gustaría hacerle: ¿Qué has estado leyendo esta semana en tu biblia? ¿Cómo te salvaste? (Así es como hablamos en Kentucky). ¿Es difícil espiritualmente tu ambiente laboral para ti? ¿Has tenido alguna oportunidad de gloriarte en Cristo o compartir el evangelio con tus compañeros del trabajo?

O quizá quieras animar a alguien. Considera el pensar en una lista de pecados comunes: falta de oración, no vivir con la esposa de una manera comprensiva, ira, pereza, etc. O considera sufrimientos comunes: dolor, padecimiento crónico físico y psicológico, luchas financieras, etc. ¿Cómo podrías animar a alguien? ¿Quién está batallando de esta manera?

¿Qué hay de considerar el mandamiento específico de «estimularnos unos a otros al amor y a las buenas obras»? Podrías pensar en los ministerios de la iglesia, los lugares donde el Espíritu ya está obrando. Él probablemente traerá a tu mente a un miembro en particular de uno de esos ministerios. Todo lo que tienes que hacer es hacer la vieja pregunta: «Entonces, ¿Cómo te va con __________?».

El Espíritu puede tomar esos dos minutos en el estacionamiento y hacer mucho más de lo que podemos pedir o entender, según su poder que está obrando dentro de nosotros.

3. Ora

Finalmente, antes de salir del vehículo, si nuestras niñas no entran en crisis todavía, oramos.

Primero, oramos porque se nos ha dado el privilegio de orar.

Debido a la muerte sacrificial de Jesús en nuestro nombre, podemos acercarnos a Dios con confianza en oración. Jesús ascendió al cielo y en este mismo momento está entronizado a la diestra de su Padre, representándonos como nuestro sacerdote personal. Llegamos a acercarnos a él con un corazón sincero y en plena certidumbre de la fe, con corazones limpios de mala conciencia y nuestros cuerpos lavados con agua pura. (He.10:19-22)

Segundo, oramos porque el Acusador está activo.

Confiado, limpio, puro, seguro: estas son las mismas verdades que debemos considerar y confesar mientras oramos. Olvidar estas verdades sobre nosotros mismos es exactamente la forma en que nuestro Acusador nos impide ejercitar el valor necesario para animarnos y estimularnos unos a otros al amor y las buenas obras.

«¿Quién eres tú para estimular a otros al amor y las buenas obras? ¡Ni siquiera puedes pasar un viaje de doce minutos en automóvil sin sentirte frustrado con tu esposa y enojado con tus hijos! ¡Hipócrita!».

Puede que pienses que no puedes hacer mucho. Pero Satanás sabe que Cristo puede hacer mucho más bien a su cuerpo a través de ti de lo que tú crees. Nuestro formidable enemigo sabe que sesenta segundos de oración son más que suficientes para evitar que nos quejemos del clima y tengamos una pequeña conversación. Oremos, pues, porque nuestro Acusador está activo y nuestro enemigo es formidable.

En tercer lugar, oramos porque solo el Espíritu Santo logrará las metas de textos como Hebreos 3 y 10.

No permitas que mi énfasis en el Espíritu Santo te adormezca en un letargo «espiritual». Sigues siendo valioso y necesario. Eres el medio que Dios quiere usar. Observa cómo Hebreos 10:19-25 comienza con las palabras «hermanos». El Espíritu nos está hablando. Tenemos confianza…se nos permite acercarnos…se nos permite aferrarnos…se nos permite considerar…en estimularnos unos a otros. Si se logran las metas de Hebreos 10 — si nuestros hermanos se estimulan unos a otros al amor y a las buenas obras— será a través de nosotros.

Puede que estés argumentando internamente en este momento: «¿Qué pasa con la predicación de la Palabra? ¿No se mueve y alienta el Espíritu a través del sermón?» ¡Por supuesto que lo hace! Pero, ¿Qué es la preparación del sermón sino una consideración extensa de cómo animar a la congregación, de cómo estimularlos al amor y las buenas obras mientras suplican al Señor en oración que haga precisamente eso?

Amo las palabras del apóstol Pablo en Efesios 3: «Y aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros». No te pierdas esa última frase. Miembro de la iglesia, Dios puede hacer mucho más abundantemente de lo que tú pides o entiendes por medio de ti, de acuerdo al poder que obra dentro de ti.

Así que mientras conduces hacia la iglesia, canta, considera y ora. Solo asegúrate de hacerlo con los ojos abiertos.

Traducido por Renso Bello.