Pastoreo

Hermanos, aspiren a ser ancianos laicos

Por Scott Corbin

Scott Corbin es anciano laico en la Iglesia Bautista Trinity River y gerente del departamento eclesiástico y académico en Crossway.
Artículo
29.04.2026

Pastorear no requiere un sueldo. Aspira a servir a tu iglesia como anciano laico fiel: un llamado noble, vital y bíblico, no un simple plan de respaldo.

Resumen: Scott Corbin anima a los hombres jóvenes a aspirar a ser ancianos laicos en lugar de ver el rol como poco importante por el hecho de no ser remunerado o no ser un puesto «oficial» en el personal de la iglesia. Para aquellos que cumplen con los requisitos bíblicos para el cargo, servir como anciano es una gran bendición para la iglesia y un uso valioso de su tiempo y de sus dones por causa del reino de Cristo.

Mi camino hacia el ministerio pastoral no fue una línea recta.

Para algunos, el viaje es relativamente sencillo (discernir un llamado, ir al seminario, hacer una pasantía, convertirse en pastor de planta, etc.), pero el mío fue una serie de arranques y paradas. La idea inicial provino de un mentor que me preguntó qué quería hacer con mi vida. Respondí tímidamente: «Tal vez ser maestro», y él me contestó: «Creo que lo que quieres es ser pastor». Tenía razón. Sin embargo, no tenía idea de cómo luciría el ministerio pastoral para mí.

En el seminario, conocí a muchos hermanos cuyo llamado parecía seguro. Al hablar sobre el futuro, era evidente que su carga era estar en el púlpito todos los domingos. ¿En cuanto a mí? Disfrutaba predicar de vez en cuando, pero la idea de un ministerio de púlpito semanal, francamente, me resultaba un poco abrumadora.

Más tarde, después de tener algo de éxito en mis clases, comencé a contemplar la idea de hacer un doctorado (PhD), con la esperanza de enseñar en un entorno académico o, mejor aún, iniciar un programa de capacitación en una iglesia local. Sin embargo, ese plan se descarriló antes de poder siquiera comenzar, ya que mi esposa y yo estábamos esperando a nuestro primer hijo. El doctorado tendría que esperar: ¡necesitaba un trabajo!

En la providencia de Dios, comencé una carrera en el mundo editorial cristiano. Por fin las cosas cobraron sentido. Me encantaban los libros, leer y hablarles a otros sobre libros. ¿Por qué no hacer de ello una carrera? Además, encajaba muy bien con mi personalidad, ya que me encanta conocer gente nueva y conversar con extraños, algo que hacía bastante.

Pero, ¿qué pasaba con mi aspiración de pastorear? ¿Era algo a lo que tendría que renunciar? ¡No, ni mucho menos! De hecho, en la bondad de Dios, los altibajos de mi camino hicieron que mis aspiraciones pastorales fueran aún más claras: mi aspiración era ser un anciano laico.

Todas las iglesias necesitan buenos ancianos laicos Si vamos a tener iglesias sanas, necesitamos ancianos laicos fieles, ansiosos por pastorear el rebaño y edificar el cuerpo. El apóstol Pablo entendió esto muy bien cuando le dijo a Timoteo que «encargara» (o encomendara) lo que había aprendido «a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2 Ti. 2:2). Todas las iglesias necesitan hombres fieles que ayuden a liderar. Y si bien debemos esforzarnos por pagar a los pastores por su labor, especialmente a los que trabajan en la predicación y la enseñanza (1 Ti. 5:17), muchas iglesias solo podrán pagar a un puñado de esos hombres. Esto es especialmente cierto en las iglesias recién plantadas, en las iglesias en proceso de revitalización, o en contextos donde las limitaciones financieras o demográficas restringen el tamaño del personal.

Recordé cuán vital es la necesidad de pastores laicos mientras visitaba una iglesia en el centro de una gran metrópolis. La iglesia estaba atravesando un proceso de revitalización y no podía sostener a un personal grande. De hecho, el pastor principal me compartió lo difícil que es trabajar en esta bulliciosa ciudad debido a lo transitoria que es. Como en la mayoría de las ciudades en Estados Unidos, es difícil que la gente se quede de forma permanente.

La mañana de mi visita, asistí a un estudio bíblico antes del servicio, el cual fue dirigido por un fiel anciano laico que estaba enseñando a través del libro de Ester. El pastor principal comentó la gran bendición que era tener a ancianos laicos fieles como este hombre, porque aliviaban las cargas de su ministerio.

Los ancianos laicos son como Aarón y Hur sosteniendo los brazos de Moisés en la batalla contra los amalecitas (Éx. 17:10–13). Ellos ayudan a sobrellevar el peso del ministerio cuando la carga parece abrumadora.

Ser anciano laico es ser anciano A partir de mis muchas conversaciones con hermanos en todo el país que aspiran al ministerio, sé que muchos piensan erróneamente que «ser pastor» necesariamente implica recibir un cheque de una iglesia local. Algunos de estos hombres desean ser pastores principales, mientras que otros desean ser «hombres de planta» en una iglesia. Aunque doy gracias a Dios por los hombres que desean servir a la iglesia a tiempo completo, también siento la necesidad de recordarles que pastorear no requiere un sueldo.

La distinción entre «anciano laico» y «anciano de planta» [1] es útil a la hora de aplicar el principio bíblico de pagar a los pastores (basado en 1 Ti. 5:17). Sin embargo, las Escrituras solo reconocen dos oficios en la iglesia: ancianos (también llamados pastores u obispos) y diáconos. Fundamentalmente, no existe un sistema jerárquico de ancianos mayores y ancianos menores: ¡solo ancianos! [2] Los requisitos y las expectativas para los ancianos laicos son los mismos que para todos los ancianos (ver 1 Ti. 3:1–7, Tito 1:5–9 y 1 P. 5).

En la práctica, esto significa que, como anciano en mi iglesia local, comparto las mismas responsabilidades que mis compañeros ancianos: ejercer supervisión, enseñar la Palabra de Dios, brindar consejo pastoral, orar por los enfermos, mediar en los desacuerdos, hacer visitas al hospital, discipular a cristianos más jóvenes y pastorear a nuestros miembros. Estos deberes corresponden a todos los ancianos, independientemente de si recibimos un salario. Y si bien debemos reconocer que hay diferentes capacidades en los diferentes hombres, el enfoque general es el mismo: los ancianos son ancianos, ya sean laicos o de planta.

Considera una vocación que te ayude a ser un anciano laico A la luz de la necesidad de ancianos fieles, a menudo desafío a los hombres jóvenes con esta pregunta: ¿Cómo se vería estructurar tu vida y tu vocación secular en torno a servir como un anciano laico fiel en tu iglesia?

Todos debemos considerar una variedad de factores al elegir una profesión. Los más obvios son cosas como la remuneración, las oportunidades de crecimiento, el mercado laboral, las habilidades e intereses, el equilibrio entre el trabajo y la vida personal, la realización personal y más. Pero, ¿qué implicaría para los aspirantes a ancianos laicos elegir su carrera basándose en su deseo de servir en su iglesia local y, más específicamente, de servir como anciano?

Esto podría significar elegir una carrera donde la remuneración es menor, pero el horario proporciona más flexibilidad para pastorear al rebaño. Podría significar elegir un trabajo que implique viajar menos. O, como en mi caso, podría significar elegir una carrera que se «complemente» bien con las ambiciones pastorales. ¡Trabajar en una editorial cristiana y servir como pastor en una iglesia local realmente funcionan en gran armonía!

Considera capacitarte para ser un anciano laico En algunos casos, los aspirantes a ancianos laicos (o los actuales) podrían considerar buscar capacitación teológica con el objetivo de servir con mayor fidelidad. No todos los hombres necesitan asistir a un seminario, y en algunos casos puede incluso ser imprudente. Los hombres que tienen un trabajo a tiempo completo, una familia y responsabilidades en la iglesia deben tener en cuenta múltiples factores. Sin embargo, debido a que la capacitación teológica ahora está disponible en diversas formas —seminarios, programas basados en la iglesia local, pasantías, educación a distancia—, los aspirantes a ancianos laicos pueden buscar más fácilmente la educación que mejor se adapte a su situación.

Ser anciano laico no es un fracaso Tristemente, a menudo escucho a hombres jóvenes decir que han «fracasado» en el uso de su título de seminario si no están sirviendo de alguna manera en el personal de una iglesia. ¿De qué sirvió ir a estudiar, pagar las clases y graduarme si no lo voy a «usar»?

Mi consejo es que, en lugar de ver un «cambio de rumbo» vocacional como un fracaso, lo vean como la providencia de Dios refinando sus aspiraciones. ¿Podría ese cambio de rumbo significar no estar a sueldo en una iglesia? Posiblemente. ¿Significa eso no llegar nunca a pastorear? De ninguna manera.

Hermanos, si aman a la iglesia, aman la Palabra de Dios y aspiran al oficio pastoral, no limiten ese llamado a un sueldo. En cambio, consideren la posibilidad de estructurar sus vidas en torno al servicio a la iglesia de Cristo como fieles ancianos laicos. La iglesia necesita ancianos, tanto laicos como de planta. Los ancianos laicos no son opciones de respaldo o un “plan B”: son pastores fieles de la iglesia por la que Cristo dio su vida.


Notas:

[1] Las iglesias presbiterianas distinguen el oficio de «anciano docente» del de «anciano gobernante». Yo prefiero la distinción entre laico y de planta (o personal asalariado) debido a las responsabilidades específicas que se les dan a todos los ancianos. Para la distinción dentro de un contexto presbiteriano, ver PCA BCO 8:5, 8:8.

[2] No niego la paridad reconocida por Pablo en cualquier equipo de ancianos en 1 Timoteo 5:17. Algunos ancianos son dignos de mayor honor en función de sus responsabilidades. Mi punto aquí es simplemente decir que todos los ancianos parten de la misma base. Ningún anciano es más anciano que otro, incluso si recibe más «honor» (es decir, salario) por sus labores en la predicación y la enseñanza.

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