Iglesia de Inmigrantes

Por qué amo pastorear una iglesia de inmigrantes —y por qué tú también lo harías

Artículo
19.01.2021

La última iglesia que quería pastorear era una iglesia de inmigrantes. Me acababa de graduar del seminario. Si tuviera que clasificar los tipos de iglesias de Silicon Valley a las que quería servir, la «iglesia de Google» habría estado en el tope de mi lista. Esta es la iglesia sana y establecida con una gran eclesiología, ancianos vibrantes y una buena reputación. También me hubiera gustado la «iglesia emergente», una iglesia vanguardista donde podría dar forma a sus diversos contornos y estar en el centro de la energía evangelística.

¿Sabes que habría estado al final de mi lista? Una iglesia de inmigrantes. Creía que mi título de Magíster en Divinidad recién estrenado, merecía algo «mejor» que pastorear una iglesia de inmigrantes, era como unirse a «Yahoo», una organización pasada de moda y subóptima.

Doce años más tarde, me doy cuenta de lo equivocado que estaba. He servido felizmente como el pastor inglés de una iglesia de inmigrantes chinos, y he aprendido a amarla. Me emociona servir aquí, no hay otro lugar en el que prefiera estar.

A continuación, he escrito tres razones por las que amo ministrar en una iglesia de inmigrantes. Espero que también descubras su belleza distintiva en el mosaico de las iglesias locales que Dios ha diseñado.

  1. Las iglesias de inmigrantes son una puerta a la Gran Comisión

La misión de la iglesia está definida por la Gran Comisión (Mt. 28:16–20; Hch. 1:8). Sin embargo, desde la torre de Babel, el mundo ha estado fragmentado por sus diversos idiomas y grupos étnicos (Gn. 11:6-8). Dios respondió a la desobediencia del hombre y a su autoexaltación arrogante, dispersándolo por la faz de la tierra, haciendo que sea más difícil para las personas comunicarse. Estas barreras reales del idioma y la cultura surgieron como consecuencia del juicio de Dios. Aparentemente, obstaculizan la evangelización mundial, pero también magnifican la gloria de Cristo[i].

Una forma en que esto ocurre es a través del ministerio de la iglesia inmigrante. Después de todo, la iglesia inmigrante posee una percepción y un acceso poco comunes al imperativo misionero. Usando su propia cultura e idioma, nuestra congregación china puede relacionarse con un grupo de personas que se sienta fuera de lugar en Estados Unidos. No hay nada como compartir una comida y conversar con alguien que te recuerde a casa. Esto no significa que la vida de la iglesia debe edificarse sobre la base de experiencias de vida o etnias similares, pero la cultura y el dominio del idioma generalmente eliminan los obstáculos para oír y comunicar el evangelio eficazmente.

Aún recuerdo haber llamado a un hermano anciano de nuestra congregación para que se reuniera con mi abuelo que se encontraba agonizando en el hospital. Nacido en la misma provincia china que mi abuelo, este anciano pudo conectarse con él y compartir el evangelio claramente. Ese día, mi abuelo se arrepintió y puso su confianza en el Señor Jesucristo.

Además, una iglesia de inmigrantes tiene una ventana a la obra misionera de su país de origen. La República Popular China ha tenido una historia de oposición y supresión de la fe cristiana, aun cuando su gobierno afirma garantizar la libertad de culto. Aquí, abundan las oportunidades. Muchos inmigrantes pueden moverse dentro de los límites de su nación con facilidad; los misioneros occidentales raras veces cuentan con tales oportunidades.

Desde capacitar pastores de iglesias sin un intérprete hasta transportar los recursos que necesitan los misioneros e iglesias locales, esa clase de libertad abre muchas puertas.

El ministerio inglés de nuestra iglesia china tiene asientos en primera fila no solo para testificar, sino también para apoyar estos esfuerzos. Al servir a nuestros niños, jóvenes y miembros adultos de habla inglesa en nuestra iglesia china, liberamos a nuestra congregación china para que ministre entre aquellos a quienes nosotros nunca podríamos alcanzar por nuestra cuenta.

  1. Las iglesias de inmigrantes están llenas de cristianos que saben cómo vivir como peregrinos y exiliados

Durante varias décadas, los evangélicos han denunciado el declive del cristianismo en Estados Unidos[ii]. Además, la oposición cultural al cristianismo ha aumentado constantemente y los creyentes se han despertado para verse empujados a los márgenes de una sociedad poscristiana.

Es una dicha servir en una iglesia que nunca se ha considerado la «mayoría moral». Nuestra congregación china entiende lo que significa ser «extranjeros y peregrinos» (1 P. 2:11) porque actualmente no se encuentran en su propio país. En una sociedad que no siempre es amigable con los extranjeros, éstos han estado en gran parte de la periferia de la influencia cultural. Las iglesias de inmigrantes se sienten cómodas siendo una minoría profética, diferente y apartada de este mundo por la vida y la doctrina.

George Marsden señala este fenómeno «psicológico-social» entre los inmigrantes. Escribe: «Sus comunidades enfatizaban doctrinas y prácticas que simbolizaban la separación de la comunidad en general»[iii]. Con menos bagaje político, he observado que los inmigrantes que han nacido de nuevo son buenos ciudadanos estadounidenses. Defenderán la justicia y lucharán por la libertad, no fundamentalmente porque este país sea su hogar, sino porque son residentes de una ciudad eterna (Fil. 3:20; He. 13:13, 14).

Ciertamente, es refrescante encontrar una iglesia donde el cristianismo nominal, aunque no está ausente, es menos frecuente. Muchos miembros de nuestra congregación china, son la primera generación de cristianos. Provienen de un trasfondo con muy pocos incentivos culturales para fingir creencias.

Aquí es donde el ministerio inglés demuestra ser tan vital al ministrar a los hijos de la congregación china. Como ha señalado D. A. Carson, solo se necesita una generación para que el evangelio sea «asumido»[iv]. Pero los creyentes chinos sienten que hay una división cultural y lingüística muy real. No dispuestos a separar a la familia y criar a sus hijos en una iglesia desconocida, se apoyan en gran medida en un ministerio inglés de ideas afines que acompaña a sus hijos para enseñarles lo que significa vivir como ciudadanos del cielo (Fil. 3:20)[v].

  1. Las iglesias de inmigrantes están listas para la revitalización

Así como existen fortalezas únicas en la iglesia inmigrante, también existen desafíos únicos. Por ejemplo, es fácil para una congregación china dar por sentado su ministerio inglés. Con claras fortalezas en la evangelización de un grupo de personas en particular, a algunas iglesias de inmigrantes se les acusa correctamente de ser etnocéntricas. En una iglesia llena de exiliados y peregrinos es demasiado fácil permanecer aislados. Además, las iglesias de inmigrantes a menudo tienen una eclesiología subdesarrollada, y aún necesitan averiguar si los multiservicios en idiomas completamente diferentes pueden delinearse como una sola ekklesia.

En lugar de entrar en los confines desordenados de una iglesia de inmigrantes, a veces parece más fácil plantar una iglesia o unirse a una iglesia más tradicional de un solo idioma. Sin embargo, no debería dejarse por los caminos y vallados a la iglesia inmigrante. Está lista para la revitalización. En muchas iglesias de inmigrantes, hay un increíble apetito por la Palabra de Dios.

Ahora se encuentran fácilmente disponibles las maravillosas traducciones de los mejores eruditos cristianos occidentales, desde Calvino hasta Carson[vi]. Es un gran gozo ver que el evangelio cambia no solo la vida de una persona, sino que transforma décadas de patrones eclesiásticos insanos. Es una  dicha ver que una iglesia regula su vida conforme a la Palabra de Dios y, como resultado, que su vida congregacional florezca como nunca antes[vii].

Pero dicha revitalización será lenta y casi siempre debe hacerse desde adentro. Después del despido de su pastorado en Northampton, Jonathan Edwards sirvió a los colonizadores y a los nativos norteamericanos en Stockbridge, Massachusetts. Reconoció la necesidad de dos congregaciones con dos servicios dado que estaban separadas por el idioma[viii]. No obstante, también las mantuvo en una estrecha relación como una forma de mantener buenas relaciones con aquellos a quienes servía: vivir entre ellos, compartir sus preocupaciones diarias y ministrarles con el ejemplo y conforme a la Palabra de Dios[ix].

Como ministro inglés de una iglesia inmigrante, uno debe modelar prácticas eclesiásticas sanas, trabajar con amor y humildad, persistir en la predicación y permitir que la Palabra haga su obra transformadora. Se necesita un temperamento muy parecido al del puritano Richard Sibbes que escogió permanecer dentro de la iglesia inglesa incluso durante la campaña por el conformismo[x]. Debemos mostrar paciencia sin compromiso junto con un atractivo para ganar algunos.

Al comienzo de mi ministerio, leí 9 marcas de una iglesia sana con nuestros ancianos chinos. A leerlo como equipo, la respuesta inicial fue algo así: «No sabemos si estamos de acuerdo con todas las nueve marcas, pero la primera parece correcta». Desde entonces, tanto nuestra congregación china como nuestra congregación inglesa se han esforzado por exponer la Palabra de Dios en el púlpito. Después de treinta años sin una declaración de fe, nuestra iglesia estableció una en inglés y la tradujo al chino mandarín. Se necesitaron seis años de predicación y enseñanza para que me reconocieran e instalaran como anciano de la iglesia. Y solo en los últimos dos años hemos comenzado a implementar la membresía de la iglesia. El trabajo ha sido lento, pero también ha sido fructífero.

Pastorear una iglesia de inmigrantes es un desafío y un placer. En casi todas las ciudades estadounidenses, tales iglesias existen, casi siempre en la anonimidad. ¿Alguna vez consideraste asociarte a una iglesia de inmigrantes cercana u orar por ella? ¿Alguna vez consideraste pastorear una? El ministerio en una iglesia de inmigrantes probablemente no resultará en elogios, ni sus pastores serán elogiados entre el evangelicalismo más amplio. Pero la labor es una necesidad gozosa, al menos hasta la reunión final de «de todo linaje y lengua y pueblo y nación» (Ap. 5:9).


Traducido por Nazareth Bello

NOTAS A PIE DE PÁGINA:

[i] John Piper, «The Pride of Babel and the Praise of Christ» en Spectacular Sins (Crossway Books, 2008), 65—73.

[ii] David F. Wells, No Place for Truth (Wm. B. Eerdmans Publishing Co., 1993).

[iii] George M. Marsden, Fundamentalism and American Culture, 2da Edición (Oxford University Press, 2006), 204.

[iv] D. A. Carson, Basics for Believers (Baker Books, 1996), 26.

[v] Véase el argumento de Jonathan Szeto en «Gone and Back Again: My Departure and Return to the Immigrant Church».

[vi] Véase akow.org

[vii] Matt Schmucker brinda excelentes razones para revitalizar una iglesia en «Why Revitalize?». Véase también «The Bible’s Burden for Church Revitalization» de Bobby Jamieson.

[viii] Jonathan Edwards predicó en inglés a una congregación y a nativos norteamericanos con un intérprete.  ¡Se podría argumentar que, en esta situación, Jonathan Edwards fue parte de la segunda generación de una iglesia de inmigrantes! George M. Marsden, Jonathan Edwards: A Life (Yale University Press, 2003), 392.

[ix] Ibid., 394.

[x] Mark Dever, «Sibbes and Conformity» en The Affectionate Theology of Richard Sibbes (Reformation Trust Publishing, 2018), 21–42.