Liderazgo

Lecciones sobre el pastorado 3: Los Evangelios

Artículo
19.07.2020

Nota del editor: En aras de brindar a los pastores buenos recursos, o al menos dirigirlos hacia buenas ideas, nos complace presentar los seminarios de capacitación pastoral del pastor Paul Alexander para los nuevos ancianos. El mismo Alexander dice que este estudio depende y ha sido adaptado de las obras Sheperds After My Own Heart (Pastores según mi corazón) (IVP, 2006) de Timothy S. Laniak y «Liderazgo» de A. D. Clarke, en el New Dictionary of Biblical Theology (IVP, 2000). Esta edición de 9News presenta la primera mitad del programa de estudios de Alexander (clases 1-4), la cual se enfoca exclusivamente en la metáfora del pastorado en las Escrituras. En una futura edición, esperamos presentar la segunda mitad de su programa de estudios, que se traslada a los aspectos más prácticos del oficio de ancianos.

Hemos estado estudiando la metáfora del pastorado en la Biblia, ya que se utiliza para explicar el liderazgo entre el pueblo de Dios. Comenzamos mirando los prototipos de pastores en la Biblia: Dios, Moisés y David. En nuestra segunda sesión, nos enfocamos en las críticas proféticas de Ezequiel y Jeremías en contra de los malos pastores. En esta sesión, avanzaremos hacia el Nuevo Testamento y nos centraremos en la metáfora del pastorado en los Evangelios.

MARCOS

Empecemos con el Evangelio según Marcos. Hace un par de sesiones, leímos este versículo: «Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas» (Marcos 6:34). Aprendimos que esa frase «ovejas sin pastor» aparece en Números 27:17, cuando Moisés ora cerca del final de su ministerio: «que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca, para que la congregación de Jehová no sea como ovejas sin pastor». Dios respondería la oración de Moisés en la persona de Josué. Claramente, se trata de una frase acerca del liderazgo [1].

En el contexto de Marcos 6, ¿qué siente Jesús por la multitud? Compasión. Esa palabra en el griego es splagknizomai. Significa «movido en el interior» o, literalmente, «movido en las entrañas». Hay profundidad en su compasión. Él los ama con una preocupación profunda e interna.

¿Por qué siente compasión por ellos? Porque son como ovejas sin pastor. No tienen un líder, un señor, nadie que vaya delante de ellos.

¿Cómo expresa su compasión o preocupación? Les enseña muchas cosas. No se convierte en su líder político o militar. No alardea ni intenta quedar bien, como lo harían los líderes del mundo. Él actúa como su pastor y líder, primordialmente, enseñándoles. También procede a suplir sus necesidades físicas, pero lo primero que hace es enseñarles. Alimenta sus almas, y solamente después de eso, alimenta sus cuerpos.

¿Qué significa esto para nosotros como pastores y líderes Cristocéntricos? El pastorado está vinculado a la enseñanza, tal como Dios dice a través del profeta Jeremías: «y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia» (3:15).

MATEO

Gobernar

Además de las claras conexiones entre David y Jesús que se presentan en la cronología de Mateo, Jesús primero es presentado a los lectores de Mateo como el cumplimiento de la promesa del Antiguo Testamento de un pastor venidero por la indagación de Herodes acerca del lugar de nacimiento del Mesías:

«Y ellos [los principales sacerdotes y los escribas] le dijeron: En Belén de Judea, porque así está escrito por el profeta: «Y tú, Beléntierra de Judá, de ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un Gobernante que pastoreará a mi pueblo Israel» (Mt. 2:1-6 LBLA).

¿De dónde proviene esta cita en el versículo 6? De Miqueas 5:2-4, que dice:

«Pero tú, Belén Efrata aunque eres pequeña entre las familias de Judá, de ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, desde los días de la eternidad. Por tanto, Él los abandonará hasta el tiempo en que dé a luz la que ha de dar a luz. Entonces el resto de sus hermanos volverá a los hijos de Israel. Y Él se afirmará y pastoreará su rebaño con el poder del Señor, con la majestad del nombre del Señor su Dios. Y permanecerán, porque en aquel tiempo Él será engrandecido hasta los confines de la tierra».

Decir que Jesús es el pastor de su rebaño es decir que él es un gobernante. Tanto Mateo como Miqueas usan la imagen pastoral para comunicar gobierno o autoridad. Él tiene autoridad para liderar al rebaño, porque se supone que él debe saber dónde se encuentran los delicados pastos. Y cuando las ovejas terminen de alimentarse y estén listas para regresar a casa, se supone que él debe saber el camino de regreso del desierto al redil. Él las dirige porque conoce el camino a casa.

Parte de esa autoridad gobernante, entonces, es protectora. Él tiene la autoridad de ahuyentar a los agresores, y no teme ejercer dicha autoridad para proteger a las ovejas. También tiene la autoridad para proteger a las ovejas de sí mismas. El Buen Pastor no se quedará de brazos cruzados viendo cómo una oveja molesta a otra, o cómo una oveja deambula lejos de la seguridad del rebaño, corriendo el riesgo de perderse, caerse de un acantilado o de ser devorada por un depredador. La autoridad o gobierno del pastor es una autoridad de protección, sustento y alimento que hace esforzados sacrificios por la paz y la seguridad del rebaño.

Gobernar con mansedumbre

La autoridad del pastor no debe ser ejercida con dureza o arrogancia, sino con mansedumbre. Considera las palaras de Jesús en Mateo 11: «28 Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar. 29 Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; 30 porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga» (Mt. 11:28-30). Estos versículos no nos presentan una metáfora pastoral, pero Jesús sí se dirige a nosotros, y en ella se nos representa como animales.

¿Qué hacemos con llevar el yugo de Jesús sobre nosotros? Nos volvemos sus discípulos y aprendemos de él («Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí»). La palabra aquí para «aprender» es manthano, la forma verbal del sustantivo griego mathatais, o discípulo. De manera que, cuando Jesús habla de su relación con nosotros como el cuidador de un rebaño de animales, la vincula con la idea de enseñar. Él viene a nosotros como un maestro, un maestro con autoridad para enseñar.

¿Pero qué actitud asume Jesús hacia nosotros? Una actitud de mansedumbre y humildad de corazón. La palabra traducida para «humilde de corazón» es tapeinos, o espíritu humilde, manso. Jesús no viene a nosotros con una actitud altanera. No se enseñorea sobre nosotros como un catedrático severo. Se dirige a nosotros con el yugo del discipulado en un espíritu humilde.

¿Qué significa eso para nosotros como pastores del rebaño de Dios, para los líderes de la iglesia? La mansedumbre y la autoridad van de la mano en el gobierno del Príncipe de los Pastores; por tanto, nosotros también debemos mantenerlas unidas al liderar al rebaño. Parte de seguir el ejemplo de Jesús como el Príncipe de los Pastores consiste en aprender cómo combinar la autoridad con la mansedumbre y la humildad.

¿Cómo hacemos morir el orgullo? Debemos pedirle a Dios que cultive en nosotros un espíritu humilde y que destruya nuestro orgullo. También debemos servir como Jesús sirvió, incluso hasta el extremo de la muerte (Fil. 2:7-8). La enseñanza y el servicio humilde es el modelo de liderazgo espiritual que Jesús establece para sus pastores subalternos. Esa es nuestra meta. Queremos ser (y que la congregación nos reconozca) como hombres de espíritu y corazones humildes, que enseñan la Palabra de Dios con la autoridad espiritual que proviene de Dios, autoridad que no se sustenta en nuestras personalidades o técnicas, sino que se deriva de predicar su Palabra fielmente. Así es cómo debemos expresar nuestro amor y compasión por la congregación, de la misma manera como Jesús expresó el suyo. Como pastores subordinados al pastorado de Jesús, estamos llamados a guiar a la congregación a que lleve el yugo del discipulado de Jesucristo y aprenda de él.

Comisionar a pastores subalternos

Cuando nos dirigimos a Mateo 9, encontramos el pasaje paralelo de Marcos 6:34, pero un poco más detallado.

«35 Recorría Jesús todas las ciudades y aldeas, enseñando en las sinagogas de ellos, y predicando el evangelio del reino, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo. 36 Y al ver las multitudes, tuvo compasión de ellas; porque estaban desamparadas y dispersas como ovejas que no tienen pastor. 37 Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. 38 Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies» (Mt. 9:35-38).

¿Cuál es la actitud de las multitudes aquí? Desamparadas (skullô: preocupadas, enojadas; despellejadas o flageladas) y dispersas (riptô: derribadas, zarandeadas; la misma palabra que se utiliza en Lucas 4:35 para describir la acción del demonio que derrumbó al hombre al suelo). Jesús ve que no tienen paz. Tal vez están agraviadas o incluso asustadas, y parecen ser tratadas negligentemente. No hay quién cuide de ellas. Al igual que en Marcos 6:34, son como ovejas que no tienen pastor. Pero aquí la reacción de Jesús es diferente. ¿Qué hace aquí? No les enseña él mismo. Ordena a sus discípulos que oren para que obreros sean enviados a la mies. Jesús delega parte de su autoridad pastoral a sus discípulos. Los obreros serán quienes recojan la mies. Y esto se confirma en el próximo capítulo, donde Jesús encarga formalmente a sus discípulos llevar a cabo el trabajo del pastorado.

«Entonces llamando a sus doce discípulos, les dio autoridad sobre los espíritus inmundos, para que los echasen fuera, y para sanar toda enfermedad y toda dolencia» (Mt. 10:1).

Esto era lo que Jesús hacía en el versículo 35 del capítulo 9: sanar toda enfermedad y toda dolencia. El trabajo de Jesús se convierte en el suyo, él les da la bienvenida a su misión y encomienda una tarea.

Compartir su sufrimiento

Pero unos pocos versículos más tarde, les dice:

«He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas» (Mt. 10:16).

¿Qué advertencia comunica acerca de la naturaleza de su trabajo? Que era peligroso e implicaría sufrimiento. Jesús los envió intencionalmente como ovejas en medio de lobos. Ellos serían traicionados, entregados a las autoridades, interrogados y azotados (vv. 17-18). Debían esperar ser traicionados por sus familiares, incluso hasta el punto de ser ejecutados (v. 21). Debían esperar ser odiados por causa del nombre de Cristo (v. 22). Pero todo esto sería para el avance del evangelio «por causa de mí, para testimonio a ellos y a los gentiles» (Mt. 10:18).

El punto es que el llamado al pastorado es un llamado al sufrimiento. Ser enviados como obreros a la mies, ser enviados por el Gran Pastor para llevar a cabo su trabajo de reunir y cuidar a las ovejas, es un llamado a sufrir. El llamado al discipulado cristiano y el llamado a trabajar como pastores subalternos de Jesucristo, son llamados tanto al sacrificio personal como a la exposición a toda clase de dolor y pérdida en este mundo.

Asumir la responsabilidad por todos

Además de enfrentar el sufrimiento de Cristo, los pastores bajo el liderazgo de Jesús cargan con la responsabilidad de asumir su responsabilidad por cada una de las ovejas del rebaño. Al contar la parábola de la oveja perdida, Jesús dice:

«12 ¿Qué os parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y se descarría una de ellas, ¿no deja las noventa y nueve y va por los montes a buscar la que se había descarriado? 13 Y si acontece que la encuentra, de cierto os digo que se regocija más por aquélla, que por las noventa y nueve que no se descarriaron. 14 Así, no es la voluntad de vuestro Padre que está en los cielos, que se pierda uno de estos pequeños» (Mt. 18:12-14).

Este pasaje es una respuesta a la pregunta de los discípulos en el versículo 1 del capítulo 18 acerca de quién será el mayor en el reino de los cielos. Jesús responde invirtiendo su idea sobre la grandeza. En el versículo 3, dice que ellos tendrán que ser como niños, las personas más incapaces de todas, para entrar en el reino de los cielos. En el versículo 10, les dice que no desprecien a los niños, y luego resume la parábola de la oveja perdida diciendo que el Padre no quiere que ni siquiera uno de sus pequeños se pierda.

¿Qué crees que dice eso acerca del criterio de Jesús de su rol como el Pastor de su pueblo? Él sabe que es responsable por cada uno de ellos, individualmente. Se preocupa por los más débiles y pequeños, no solo por los más fuertes y productivos. Él busca a cada uno de los que se extravían. Así también deben hacerlo los ancianos de las iglesias de Cristo.

Ejercer juicio

Si continúas leyendo tu Biblia después de esta parábola, encontrarás que Jesús pasa a abordar en el siguiente párrafo el tema de la disciplina de la iglesia. La disciplina de la iglesia correctiva, curiosamente, es uno de los medios para buscar a las ovejas perdidas. Cuando una iglesia excluye a un miembro por algún pecado impenitente, hace que el estatus del extraviado sea explícito, o claro, por tanto, le presenta al extraviado la oportunidad de ser restaurado. Como mínimo, protegerá al rebaño al exponer a aquél que en realidad es un cabrito o un lobo vestido de oveja.

Esta autoridad de la iglesia local para juzgar a aquellos dentro del rebaño (cf. 1 Co. 5:12) es un anticipo del juicio de Dios entre las ovejas y los cabritos en el día final. Como Jesús proclamó:

«31 Cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria, y todos los santos ángeles con él, entonces se sentará en su trono de gloria, 32 y serán reunidas delante de él todas las naciones; y apartará los unos de los otros, como aparta el pastor las ovejas de los cabritos» (Mt. 25:31-32).

Dios se reserva la prerrogativa de la separación final entre aquellos que están en el rebaño y los que no lo están. Pero le da a la iglesia local la autoridad para ejercer la disciplina correctiva, y cuando se trata de expulsar a alguien fuera de la iglesia, los ancianos dirigen a toda la congregación a tomar esa medida juntos. Esa es la razón por la que Pablo exhorta a la iglesia en Corinto que «quiten de en medio de vosotros el que cometió tal acción» (1 Co. 5:2).

LUCAS

Nuestro vistazo al Evangelio según Lucas será bastante breve. En el capítulo 15, Lucas presenta el relato paralelo de la parábola que observamos en Mateo 18. En el cual vale la pena meditar una vez más.

«Se acercaban a Jesús todos los publicanos y pecadores para oírle, y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. Entonces él les refirió esta parábola, diciendo: ¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. Os digo que así habrá más gozo en el cielo por un pecador que se arrepiente, que por noventa y nueve justos que no necesitan de arrepentimiento» (Lc. 15:1-7).

¿Describe este texto nuestro deseo como ancianos de ver a Dios llevar a cabo la gran obra de la conversión entre nosotros y nuestra comunidad? ¿Estamos como ancianos orando para que un mover del Espíritu de Dios entre nosotros haga su obra de la conversión a través de nuestras congregaciones? ¿Qué nos impide orar de esta manera?

JUAN

Proteger, conocer, reunir

El Evangelio según Juan nos presenta algunas de las declaraciones más extensas y hermosas acerca de Jesús como nuestro Buen Pastor. Tal como expresa Jesús en el capítulo 10:

«11 Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas. 12 Mas el asalariado, y que no es el pastor, de quien no son propias las ovejas, ve venir al lobo y deja las ovejas y huye, y el lobo arrebata las ovejas y las dispersa. 13 Así que el asalariado huye, porque es asalariado, y no le importan las ovejas. 14 Yo soy el buen pastor; y conozco mis ovejas, y las mías me conocen, 15 así como el Padre me conoce, y yo conozco al Padre; y pongo mi vida por las ovejas. 16 También tengo otras ovejas que no son de este redil; aquéllas también debo traer, y oirán mi voz; y habrá un rebaño, y un pastor. 17 Por eso me ama el Padre, porque yo pongo mi vida, para volverla a tomar. 18 Nadie me la quita, sino que yo de mí mismo la pongo. Tengo poder para ponerla, y tengo poder para volverla a tomar. Este mandamiento recibí de mi Padre» (Jn. 10:11-18).

¿Qué aspectos del carácter y la responsabilidad del Buen Pastor resaltan aquí? Primero, a diferencia del asalariado, el buen pastor se preocupa por las ovejas. De hecho, está tan preocupado por ellas, que está dispuesto a entregar su vida por ellas. No teme ni es renuente a sacrificarse por el bien de su rebaño. Se sacrifica específicamente en su servicio de proteger a las ovejas de los lobos. Él pone su vida en juego para defender a las ovejas. Se sacrifica de manera única al dar su vida como una ofrenda por ellas.

Segundo, él conoce a sus ovejas. Sabe quiénes son sus ovejas, conoce la condición de su rebaño y su rebaño reconoce su voz y lo sigue confiadamente.

Tercero, él reúne a su rebaño y lo mantiene unido. Un solo rebaño con un solo pastor. Lo ideal es que el rebaño permanezca unido.

¿Qué significa todo esto para nosotros como pastores subalternos de Cristo?

En primer lugar, significa que estamos llamados a proteger el rebaño. Debemos estar al pendiente de los lobos y cultivar en nuestros corazones la disposición de defender al rebaño de ellos, incluso a nuestras expensas. Debemos orar para que Dios plante y desarrolle en nosotros una preocupación amorosa y protectora por la condición de las ovejas y por su seguridad de los lobos que enseñan y practican falsas doctrinas.

En segundo lugar, como pastores, debemos trabajar por conocer a las ovejas y asegurarnos de que ellas nos conozcan. El buen pastor no es indiferente a sus ovejas. Ser un buen pastor implica más que solo asistir a las reuniones regulares de los ancianos. Implica moverse entre la congregación de una manera particular. Debemos interactuar con la gente tanto como Dios nos lo permita. Algunos de nosotros seremos mejores en esto que otros, al entablar contacto con las personas por su bienestar espiritual. Esto variará dependiendo de cada pastor, pero todos debemos esforzarnos por llegar a conocer a las ovejas.

Déjame ofrecerte otras implicaciones en relación a esa segunda tarea. Trabajar duro para saber cuáles ovejas en específico Dios ha confiado a nuestro cuidado implica tomar en serio la membresía de la iglesia. Por tanto, debemos tener cuidado con la forma en la cual admitimos a miembros en el rebaño, y debemos tener cuidado con la forma en la cual vemos a miembros fuera del rebaño. Asimismo, conocer al rebaño implica estar al tanto de la condición de cada oveja de manera particular y de la condición del rebaño como un todo. No salgas corriendo después de los servicios, quédate y conversa. Llama a personas durante la semana. Sé tan hospitalario como puedas.

Tercero, los pastores subordinados al liderazgo de Cristo deben saber cómo reunir al rebaño. Queremos mantener a las ovejas unidas. Es peligroso que las ovejas deambulen por su cuenta. Siempre es mejor mantenerlas juntas. Esto implica dos cosas: Para comenzar, podemos mantener al rebaño unido logrando retomar un solo servicio dominical matutino en lugar de dividir a la congregación, lo cual hace que muchos de ellos nunca puedan adorar y crecer juntos. De igual manera, queremos promover la verdadera clase de paz entre la congregación de diferentes formas: reprimiendo las discusiones entre las ovejas, asegurándonos de que los más fuertes no se aprovechen de los más débiles, asegurándonos de que nuestra enseñanza y liderazgo fomente la verdadera clase de unidad pacífica y asegurándonos de que el servicio de los diáconos también estimule dicha unidad.

Mayordomía, alimentación, sacrificio personal

La declaración más dramática de Jesús al comisionar a sus pastores subalternos tiene que ser el llamado de Jesús a Pedro para que alimente a sus ovejas. Leemos:

«15 Cuando hubieron comido, Jesús dijo a Simón Pedro: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas más que éstos? Le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. El le dijo: Apacienta mis corderos. 16 Volvió a decirle la segunda vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro le respondió: Sí, Señor; tú sabes que te amo. Le dijo: Pastorea mis ovejas. 17 Le dijo la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Pedro se entristeció de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y le respondió: Señor, tú lo sabes todo; tú sabes que te amo. Jesús le dijo: Apacienta mis ovejas. 18 De cierto, de cierto te digo: Cuando eras más joven, te ceñías, e ibas a donde querías; mas cuando ya seas viejo, extenderás tus manos, y te ceñirá otro, y te llevará a donde no quieras. 19 Esto dijo, dando a entender con qué muerte había de glorificar a Dios. Y dicho esto, añadió: Sígueme. 20 Volviéndose Pedro, vio que les seguía el discípulo a quien amaba Jesús, el mismo que en la cena se había recostado al lado de él, y le había dicho: Señor, ¿quién es el que te ha de entregar? 21 Cuando Pedro le vio, dijo a Jesús: Señor, ¿y qué de éste? 22 Jesús le dijo: Si quiero que él quede hasta que yo venga, ¿qué a ti? Sígueme tú» (Jn. 21:15-22).

El verbo central para el mandato de Jesús de pastorear o apacentar es la palabra griega boskô, que específicamente significa alimentar.

¿De quiénes son las ovejas que Jesús ordena a Pedro que alimente? De Jesús. Las ovejas seguirán perteneciendo a Jesús. Pedro no es su dueño. Simplemente se le ha comisionado alimentarlas y cuidar de ellas como un pastor subalterno responsable ante el Dueño de las ovejas.

¿Cuál es la relación entre el amor por Cristo y alimentar a sus ovejas? Alimentar a las ovejas de Jesús es la manera específica en que Jesús quería que Pedro lo amara. Como pastor del pueblo de Dios, Jesús quería que Pedro alimentara a su rebaño como evidencia y consecuencia del amor de Pedro por él. Jesús se identifica íntimamente con su pueblo. Hace algo parecido con Pablo en Hechos 9, cuando le dice a Pablo, en ese entonces Saulo, que al perseguir a la iglesia, lo estaba persiguiendo a él. «Saulo, Saulo, ¿por qué me no a mi pueblo persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues» (Hch. 9:4-5). Dos veces en estos versículos en Hechos, Jesús se identifica con sus ovejas. Lo mismo ocurre en Juan 21, pero aquí Jesús se identifica con el tipo de trato opuesto que reciben sus ovejas. En Hechos 9, Jesús se considera perseguido cuando su pueblo es perseguido; en Juan 21, se considera amado cuando su pueblo es amado (cf. Mt. 25:35-40).

¿Qué significa esto para nosotros como pastores bajo el liderazgo de Jesucristo? Primero, debemos recordar que nosotros somos simples mayordomos. Somos responsables ante Jesús por la forma en la cual pastoreamos y alimentamos a sus ovejas. Él es el dueño del rebaño, nosotros somos sus pastores subalternos (He. 13:17). Debemos, pues, trabajar arduamente por brindar atención práctica e instrucción doctrinal cuando sea necesario, y hacer todo lo que Dios nos permita a fin de presentar perfecto en Cristo a todo hombre (Col. 1:28).

En primer lugar, el encargo de Jesús a Pedro nos recuerda a los ancianos que debemos alimentar a las ovejas. Eso puede ser diferente para un anciano predicador como yo y un anciano que no pertenece al equipo pastoral contratado. Para este último, alimentar a las ovejas puede llevarse a cabo iniciando relaciones de discipulado uno a uno regulares al compartir un café, un desayuno o un almuerzo; liderando un estudio bíblico en tu casa; enseñando una clase dominical; invitando a solteros o parejas jóvenes casadas a tu hogar para cenar y conversar de temas espirituales; o siendo una persona conocida en la congregación por ser de fácil acceso para pedir consejería bíblica y oración. Como sea que se vea eso en tu vida. El encargo de Jesús a Pedro será algo que te impulse. Que tu corazón esté ansioso por alimentar a otros, cualesquiera que sean las oportunidades que Dios te dé.

Dicho eso, también debería implicar predicar ocasionalmente frente a toda la congregación, en una que otra reunión de la iglesia. La congregación puede volverse innecesariamente limitada al escuchar únicamente a un solo predicador, sin importar quién sea. Rompe la monotonía de tener que escuchar mi voz en todos los servicios, y permite que el rebaño vea a otros hombres manejando fielmente la Palabra. Les brinda el beneficio de aprender del pensamiento y trabajo santificado de alguien más en el texto. Y les da a los pastores la oportunidad de perfeccionar y expandir las habilidades para el oficio de anciano. Parte de la capacitación pastoral debe ser la experiencia en alimentar formalmente a las ovejas desde el pulpito.

En tercer lugar, el encargo de Cristo a Pedro nos recuerda a los ancianos el llamado al sacrificio personal, Jesús no estaba simplemente llamando a Pedro a un estilo de vida fácil en el campo. Estaba llamando a Pedro a la cruz. El ministerio pastoral implica morir a nosotros mismos, a nuestra carne, a nuestra pereza, a nuestro orgullo y a nuestro sentido de titularidad. Es un llamado a crecer en nuestra disposición de hacer sacrificios personales por el bien de las ovejas como una expresión de nuestro amor y lealtad al Dueño de las ovejas (1 Reyes 22:17).


Traducido por Nazareth Bello.

Nota a pie de página:

1. También ocurre en 1 Reyes, donde Micaías profetiza a Acab, rey de Israel, los resultados de la derrota militar de Acab en manos de un rey pagano. «Entonces él dijo: Yo vi a todo Israel esparcido por los montes, como ovejas que no tienen pastor; y Jehová dijo: Estos no tienen señor; vuélvase cada uno a su casa en paz» (1 Reyes 22:17).