Liderazgo

Lecciones sobre el pastorado 2: Jeremías y Ezequiel

Por Paul Alexander

Paul Alexander es el pastor de la Iglesia Grace Covenant de Fox Valley en Elgin, Illinois.
Artículo
18.07.2020

Nota del editor: En aras de brindar a los pastores buenos recursos, o al menos dirigirlos hacia buenas ideas, nos complace presentar los seminarios de capacitación pastoral del pastor Paul Alexander para los nuevos ancianos. El mismo Alexander dice que este estudio depende y ha sido adaptado de las obras Sheperds After My Own Heart (Pastores según mi corazón) (IVP, 2006) de Timothy S. Laniak y «Liderazgo» de A. D. Clarke, en el New Dictionary of Biblical Theology (IVP, 2000). Esta edición de 9News presenta la primera mitad del programa de estudios de Alexander (clases 1-4), la cual se enfoca exclusivamente en la metáfora del pastorado en las Escrituras. En una futura edición, esperamos presentar la segunda mitad de su programa de estudios, que se traslada a los aspectos más prácticos del oficio de ancianos.

Estamos estudiando la metáfora de liderazgo del «pastorado» en el Antiguo Testamento, en parte porque Pablo aconseja a los ancianos en Éfeso que «apacienten la iglesia del Señor, la cual él ganó por su propia sangre» (Hch. 20:28). Asimismo, Pedro aconseja a los ancianos que «apacienten la grey de Dios que está entre vosotros» (1 P. 5:2).

En la clase anterior acerca del pastorado bíblico, estudiamos pastores modelos del Antiguo Testamento. Dios es el pastor supremo de su pueblo, como descubrimos en textos tales como el Salmo 23 e Isaías 40:11. Moisés fue el primer prototipo de pastor, a través del cual Dios pastoreó a su pueblo. Y se dice que David también fue pastor.

En esta clase, daremos un vistazo a algunas críticas hechas a malos pastores de Jeremías y Ezequiel.

JEREMÍAS

El escenario – Capítulo 2

Comencemos en Jeremías, leyendo algunos pasajes que describen la situación de Israel en los tiempos de Jeremías y que utilizan la metáfora de pastor.

«Así dijo Jehová: ¿Qué maldad hallaron en mí vuestros padres, que se alejaron de mí, y se fueron tras la vanidad y se hicieron vanos? Y no dijeron: ¿Dónde está Jehová, que nos hizo subir de la tierra de Egipto, que nos condujo por el desierto, por una tierra desierta y despoblada, por tierra seca y de sombra de muerte, por una tierra por la cual no pasó varón, ni allí habitó hombre? Y os introduje en tierra de abundancia, para que comieseis su fruto y su bien; pero entrasteis y contaminasteis mi tierra, e hicisteis abominable mi heredad. Los sacerdotes no dijeron: ¿Dónde está Jehová? y los que tenían la ley no me conocieron; y los pastores se rebelaron contra mí, y los profetas profetizaron en nombre de Baal, y anduvieron tras lo que no aprovecha. Por tanto, contenderé aún con vosotros, dijo Jehová, y con los hijos de vuestros hijos pleitearé» (Jer. 2:5-9).

¿Por qué la nación de Israel se alejó de Dios y olvidó sus grandes obras de redención en el pasado? Porque sus sacerdotes, gobernantes y profetas habían sido negligentes. La palabra para «gobernantes» aquí es «pastores» y hace referencia a los reyes. Los pastores fueron parcialmente culpables de la apostasía del pueblo y de la contaminación de la tierra por su transgresión de la ley. Deuteronomio 17:18-20 había estipulado que el rey debía escribir para sí una copia de la ley en un libro en presencia de los sacerdotes levitas, y que debía leerlo todos los días de su vida. Debía hacer esto para aprender a temer al Señor y obedecer sus estatutos y «para que no se elevara su corazón sobre sus hermanos, ni se apartara del mandamiento a diestra ni a siniestra; a fin de que se prolongara sus días en su reino, él y sus hijos, en medio de Israel» (Dt. 17:19b-20). Al escribir la ley de Dios, se suponía que el rey aprendería a ser humilde, porque en el instante en que se volviera orgulloso, ignoraría la autoridad de Dios sobre él y actuaría como si su autoridad real fuera inherente a él mismo y no derivada de parte de Dios.

La aplicación para nosotros hoy es bastante clara: hay una relación directa entre nuestra humildad y cuánto nos sujetamos a la Palabra de Dios al desempeñar nuestros roles como ancianos. Nuestra autoridad está completamente ligada a lo que puede enseñarse de la Palabra de Dios, ni una pulgada más allá.

Una promesa – Capítulo 3

Desafortunadamente, esto es exactamente lo que estaba sucediendo en los días de Jeremías. Los reyes pastores estaban transgrediendo la ley de Dios y sobrepasando los límites de su propia autoridad. En respuesta, Dios prometió darle a su pueblo nuevos pastores:

«14 Convertíos, hijos rebeldes, dice Jehová, porque yo soy vuestro esposo; y os tomaré uno de cada ciudad, y dos de cada familia, y os introduciré en Sion; 15 y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia» (Jer. 3:14-15).

¿Qué es cierto de estos nuevos pastores?

  • Son regalos de Dios.
  • Comparten la más sincera preocupación de Dios por sus ovejas.
  • Y esta sincera preocupación se desarrolla con el cuidado de alimentar a sus ovejas sobre la ciencia e inteligencia de Dios y su ley, en lugar de su propia ciencia, o la ciencia de dioses paganos y las prácticas de sus vecinos cananeos. La ciencia e inteligencia de Dios, su Palabra y sus caminos nutren y sostienen a las ovejas.

Pastores estúpidos – Capítulo 10

Por otro lado, los pastores que no dependen de la Palabra de Dios son simplemente estúpidos.

«Los pastores son unos estúpidos, no buscan consejos del SEÑOR; por eso no pudieron salir adelante, y todo su rebaño está disperso» (Jer. 10:21 PDT).

En los versículos del capítulo 10 que condujeron a esta condenación, Jeremías contrasta la impotencia de los ídolos y la estupidez de sus adoradores con el Dios creador vivo. Los hombres sabios de las naciones paganas son estúpidos y necios (Jer. 10:8) y «todo hombre se embrutece, y le falta ciencia; se avergüenza de su ídolo todo fundidor, porque mentirosa es su obra de fundición, y no hay espíritu en ella» (Jer. 10:14). Luego en el versículo 21, dice que los pastores de Israel son igual de estúpidos que los «sabios» paganos porque ignoraron la Palabra del Dios viviente y comenzaron a adorar ídolos. Se convirtieron en aquello que adoraron. En lugar de contemplar a Dios y volverse piadosos, miraron a los ídolos paganos de la cultura circundante y se volvieron estúpidos.

Vale la pena hacer una pausa lo suficientemente larga para considerar, ¿cómo sería hoy esa imitación de la cultura, especialmente entre aquellos que se llaman a sí mismos pastores evangélicos?

Malos, buenos y muy buenos – 23:1-8

En los primeros versículos de Jeremías 23, Dios promete castigar a estos pastores infieles, y luego promete reunir a su rebaño con buenos pastores y el Buen Pastor:

«¡Ay de los pastores que destruyen y dispersan las ovejas de mi rebaño! dice Jehová. Por tanto, así ha dicho Jehová Dios de Israel a los pastores que apacientan mi pueblo: Vosotros dispersasteis mis ovejas, y las espantasteis, y no las habéis cuidado. He aquí que yo castigo la maldad de vuestras obras, dice Jehová. Y yo mismo recogeré el remanente de mis ovejas de todas las tierras adonde las eché, y las haré volver a sus moradas; y crecerán y se multiplicarán. Y pondré sobre ellas pastores que las apacienten; y no temerán más, ni se amedrentarán, ni serán menoscabadas, dice Jehová. He aquí que vienen días, dice Jehová, en que levantaré a David renuevo justo, y reinará como Rey, el cual será dichoso, y hará juicio y justicia en la tierra. En sus días será salvo Judá, e Israel habitará confiado; y este será su nombre con el cual le llamarán: Jehová, justicia nuestra. Por tanto, he aquí que vienen días, dice Jehová, en que no dirán más: Vive Jehová que hizo subir a los hijos de Israel de la tierra de Egipto, sino: Vive Jehová que hizo subir y trajo la descendencia de la casa de Israel de tierra del norte, y de todas las tierras adonde yo los había echado; y habitarán en su tierra».

¿Qué cosas hacen estos pastores que los convierten en malos pastores? Destruyen a las ovejas (v.1), las dispersan (v.1, 2), dejan que las ovejas se extravíen, las exponen al peligro y, generalmente, las desatienden (v. 2: «no las habéis cuidado»).

¿Por qué es tan malo descuidar y exponer a las ovejas al peligro? Porque las ovejas son tontas e imprudentes. Necesitan dirección. ¿De qué manera califica Dios este tipo de descuido? Lo califica como maldad (v. 2).

¿Qué hará Dios para resolver esta situación? Traerá a las ovejas de vuelta a su prado y levantará mejores pastores que cuiden de ellas.

¿Qué harán estos mejores pastores por las ovejas?

  • Las apacentarán en lugar de destruirlas, para que crezcan y se multipliquen.

  • Las reunirán en lugar de dispersarlas.

  • Las vigilarán y rendirán cuentas por cada una de ellas («ni serán menoscabadas»).

  • Dios las mantendrá seguras en el rebaño en lugar de exponerlas al peligro (v. 4 «no temerán más, ni se amedrentarán»).

Estas son categorías que debemos asociar con el trabajo de pastorear el rebaño: apacentarlas para que puedan ser espiritualmente fructíferas y multiplicarse; reunirlas en el rebaño; vigilar cada a una de ellas para que no se pierdan; mantenerlas dentro de la seguridad del rebaño sin ninguna razón para temer a los lobos que promueven falsas enseñanzas.

¿Pero cuál es la solución final de Dios para su pueblo según el versículo 5? Dios levantará un renuevo justo de la casa de David para que reine como rey, actúe sabiamente y haga justicia. La obediencia justa y la actividad salvífica de este rey es lo que salvará al pueblo del Señor de sus pecados y los hará habitar seguramente junto a él mientras siguen su voz de regreso a sus pastizales.

Dios levantará, pues, a varios pastores humanos para que dirijan y alimenten a su pueblo. Pero, finalmente, será este renuevo justo de David quien reine sobre las ovejas y sobre los pastores subalternos a fin de establecer a su pueblo en justicia, salvación y seguridad. Este renuevo de David es, por supuesto, Jesucristo, el Buen Pastor supremo de Juan 10, a quien veremos en la próxima clase.

El lamento de Jeremías – 23:9-15

En los versículos que siguen, escuchamos la reacción de Jeremías ante los líderes de su nación. Jeremías escribe:

«A causa de los profetas mi corazón está quebrantado dentro de mí, todos mis huesos tiemblan; estoy como un ebrio, y como hombre a quien dominó el vino, delante de Jehová, y delante de sus santas palabras. 10 Porque la tierra está llena de adúlteros; a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron; la carrera de ellos fue mala, y su valentía no es recta. 11 Porque tanto el profeta como el sacerdote son impíos; aun en mi casa hallé su maldad, dice Jehová. 12 Por tanto, su camino será como resbaladeros en oscuridad; serán empujados, y caerán en él; porque yo traeré mal sobre ellos en el año de su castigo, dice Jehová. 13 En los profetas de Samaria he visto desatinos; profetizaban en nombre de Baal, e hicieron errar a mi pueblo de Israel. 14 Y en los profetas de Jerusalén he visto torpezas; cometían adulterios, y andaban en mentiras, y fortalecían las manos de los malos, para que ninguno se convirtiese de su maldad; me fueron todos ellos como Sodoma, y sus moradores como Gomorra. 15 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos contra aquellos profetas: He aquí que yo les hago comer ajenjos, y les haré beber agua de hiel; porque de los profetas de Jerusalén salió la hipocresía sobre toda la tierra» (Jer. 23:9-15).

¿Qué está haciendo Jeremías en los versículos 9 y 10? Está lamentando la condición del pueblo y de la tierra.

¿Por qué? Porque Dios trajo la maldición de escasez del pacto como resultado de la desobediencia de los profetas («a causa de la maldición la tierra está desierta; los pastizales del desierto se secaron»). La escasez aquí puede ser literal, pero también puede ser espiritual: es una escasez de la Palabra del Señor entre los profetas y sacerdotes. Dios dice que tanto los profetas como los sacerdotes son impíos (v. 11), y promete juzgarlos (v. 12). En el versículo 13, Dios trae de vuelta la imaginería pastoral al mencionar el extravío de su pueblo.

¿Cómo los profetas de Samaria hacen errar al pueblo de Dios en el versículo 13? Al profetizar en nombre de Baal.

¿Cómo los profetas de Jerusalén los hacen desviarse en el versículo 14? Al caminar en inmoralidad (adulterio) y falsedad (heterodoxia), y al no hacer un llamado al pueblo al arrepentimiento «para que ninguno se convirtiese de su maldad». Llamar a las personas al arrepentimiento es parte del pastorado bíblico y espiritual.

Entonces, ¿de qué manera juzga Dios a estos profetas en el versículo 15? Dado que los profetas y sacerdotes son impíos según el versículo 11 por su inmoralidad y heterodoxia, Dios los contaminará haciéndolos comer ajenjos y dándoles de beber agua de hiel de su juicio. Este es un ejemplo de lex talionis, la ley de la retribución en la cual el castigo es acorde al delito.

«Mis palabras a mi pueblo» – 23:16-22

¿Cuál es en definitiva el problema con estos falsos profetas? Ellos se oponen a Dios, lo cual se evidencia en el hecho de que no comunican su Palabra. En cambio, hablan de acuerdo a sus propias ideas.

«16 Así ha dicho Jehová de los ejércitos: No escuchéis las palabras de los profetas que os profetizan; os alimentan con vanas esperanzas; hablan visión de su propio corazón, no de la boca de Jehová. 17 Dicen atrevidamente a los que me irritan: Jehová dijo: Paz tendréis; y a cualquiera que anda tras la obstinación de su corazón, dicen: No vendrá mal sobre vosotros. 18 Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra? ¿Quién estuvo atento a su palabra, y la oyó? 19 He aquí que la tempestad de Jehová saldrá con furor; y la tempestad que está preparada caerá sobre la cabeza de los malos. 20 No se apartará el furor de Jehová hasta que lo haya hecho, y hasta que haya cumplido los pensamientos de su corazón; en los postreros días lo entenderéis cumplidamente. 21 No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban. 22 Pero si ellos hubieran estado en mi secreto, habrían hecho oír mis palabras a mi pueblo, y lo habrían hecho volver de su mal camino, y de la maldad de sus obras» (Jer. 23:16-22).

¿Cómo podríamos resumir el problema que se expresa en estos versículos? Los profetas hablan de sus propias fantasías y no comunican la Palabra de Dios. Hablan sin primero recibir y escuchar palabra de parte de Dios (v. 18 «Porque ¿quién estuvo en el secreto de Jehová, y vio, y oyó su palabra?»; v. 21 «No envié yo aquellos profetas, pero ellos corrían; yo no les hablé, mas ellos profetizaban»).

¿Qué habrían dicho los profetas al pueblo de Dios de haber escuchado primero a Dios hablarles? Habrían anunciado el mensaje de Dios a su pueblo (v. 22). Y lo habrían llamado a volverse de «de su mal camino, y de la maldad de sus obras». En otras palabras, habrían llamado al pueblo al arrepentimiento.

¡Qué terrible advertencia presenta esto a los ancianos evangélicos de la actualidad! Al comentar acerca de un capítulo anterior de Jeremías, el pastor de la Décima Iglesia Presbiteriana, Phillip Ryen, reflexiona sobre lo que será el resultado de los miembros de la iglesia cuyos pastores predican «la paz, la paz» donde no hay paz. Ryken escribe:

«Es fácil imaginar que muchas personas dirán lo mismo en el día del juicio, cuando Jesucristo juzgará a todos los hombres, mujeres y niños de acuerdo a sus obras. ‘Esperábamos la paz’, dirán algunos. ‘Mi pastor me dijo que no habría un infierno’. O ‘Mi consejero espiritual dijo que Dios me aceptaría siempre y cuando hiciera mi mejor esfuerzo’»[1].

Ancianos, ¿quieren poner a los miembros de su iglesia en esta posición?

Ovejas perdidas – 50:6-7

Cuando los pastores de Dios abandonan, ignoran o simplemente dan por sentado la Palabra de Dios, el pueblo de Dios terminará descarriándose. Como el mismo Señor dice a través de Jeremías:

«Ovejas perdidas fueron mi pueblo; sus pastores las hicieron errar, por los montes las descarriaron; anduvieron de monte en collado, y se olvidaron de sus rediles. Todos los que los hallaban, los devoraban; y decían sus enemigos: No pecaremos, porque ellos pecaron contra Jehová morada de justicia, contra Jehová esperanza de sus padres» (Jer. 50:6-7).

¿Cuáles son las fallas que Dios resalta entre sus pastores en estos versículos? Primero, los pastores hicieron errar a las ovejas. Se descarriaron del redil, lejos de los delicados pastos y junto a los peligrosos acantilados de los montes y de los montes a los collados. Los collados en Jeremías están asociados con la adoración a Baal, el dios de la tormenta (cf. 2:20: cometiendo adulterio sobre todo collado alto; también, 3:2: prostitución en las alturas desoladas). Es probable que los pastores no solo eran los reyes, sino también los sacerdotes y posiblemente también los profetas. Todos ellos guiaron al pueblo a la idolatría y lejos de la verdadera adoración al Dios verdadero.

Segundo, hicieron que las ovejas olvidaran sus rediles.

Tercero, no las protegieron de los animales salvajes que las devorarían.

¿Qué efecto tiene esto sobre los extranjeros, es decir, aquellos que no forman parte del pueblo de Dios? ¡Los extranjeros comenzaron a suponer que no eran culpables de atacar al pueblo de Dios, dado que el pueblo de Dios estaba claramente corrompido («No pecaremos, porque ellos pecaron contra Jehová morada de justicia, contra Jehová esperanza de sus padres»)!

Como vimos en nuestro estudio anterior, ser un pastor responsable implica saber a dónde vas con las ovejas, saber cómo llegar allí, hacer lo mejor para asegurarte de que, efectivamente, todas las ovejas lleguen allí, y asegurarte de que tu destino sea un lugar seguro donde las ovejas tengan suficiente comida y agua, y estén protegidas de los animales salvajes. Los malos pastores descuidan todas estas responsabilidades. Están más impresionados con su propia sabiduría que la de Dios. Codician más su propia fama que la de Dios.

Como pastores del rebaño de Dios, somos responsables ante Dios el Padre, bajo Jesucristo y por el poder de su Espíritu de guiar a la congregación a los delicados pastos de la Palabra de Dios y a la verdadera adoración. Somos responsables de proteger a las ovejas de aquellos que quieran enseñarles falsas doctrinas (o ninguna doctrina). Y somos responsables de guiarlas al descanso de Dios confirmando su salvación a través de la correcta enseñanza y aplicación de las Escrituras de acuerdo con 1 Timoteo 4:12-16.

Esperanza en Dios como el Pastor verdadero – 50:17-20

«17 Rebaño descarriado es Israel; leones lo dispersaron; el rey de Asiria lo devoró primero, Nabucodonosor rey de Babilonia lo deshuesó después. 18 Por tanto, así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Yo castigo al rey de Babilonia y a su tierra, como castigué al rey de Asiria. 19 Y volveré a traer a Israel a su morada, y pacerá en el Carmelo y en Basán; y en el monte de Efraín y en Galaad se saciará su alma. 20 En aquellos días y en aquel tiempo, dice Jehová, la maldad de Israel será buscada, y no aparecerá; y los pecados de Judá, y no se hallarán; porque perdonaré a los que yo hubiere dejado».

¿Quiénes son los leones aquí? Los reyes de Asiria y Babilonia. Y nuevamente, Israel está descarriado, lo cual es algo malo. Dios quiere que sus ovejas estén unidas.

¿Qué hará Dios por Israel en el versículo 19? Volverá a traer a Israel a su morada.

¿Por qué? Para él poder apacentarlas y estar satisfecho. La meta de Dios para sus ovejas, el motivo por el cual las trae de vuelta a su morada, es que ellas puedan pastar y quedar satisfechas con comer del buen pasto. Él perdonará su iniquidad y les concederá sus deseos de conocerlo y adorarlo verdaderamente. Que nuestra labor contribuya y no obstaculice la reunión de Dios.

EZEQUIEL

Tal vez más que cualquier profeta en el Antiguo Testamento, el profeta Ezequiel es conocido por su incisiva condenación a los pastores de Israel.

Guiar a las ovejas al pecado – Ezequiel 22

En el capítulo 22, él indica cómo la negligencia de los pastores resulta en el mal comportamiento entre las ovejas.

«25 Hay conjuración de sus profetas en medio de ella, como león rugiente que arrebata presa; devoraron almas, tomaron haciendas y honra, multiplicaron sus viudas en medio de ella. 26 Sus sacerdotes violaron mi ley, y contaminaron mis santuarios; entre lo santo y lo profano no hicieron diferencia, ni distinguieron entre inmundo y limpio; y de mis días de reposo apartaron sus ojos, y yo he sido profanado en medio de ellos. 27 Sus príncipes en medio de ella son como lobos que arrebatan presa, derramando sangre, para destruir las almas, para obtener ganancias injustas. 28 Y sus profetas recubrían con lodo suelto, profetizándoles vanidad y adivinándoles mentira, diciendo: Así ha dicho Jehová el Señor; y Jehová no había hablado. 29 El pueblo de la tierra usaba de opresión y cometía robo, al afligido y menesteroso hacía violencia, y al extranjero oprimía sin derecho. 30 Y busqué entre ellos hombre que hiciese vallado y que se pusiese en la brecha delante de mí, a favor de la tierra, para que yo no la destruyese; y no lo hallé» (Ez. 22:25-30).

¿Qué fallas particulares de los profetas y sacerdotes se resaltan aquí? En vez de proteger a las ovejas, los profetas se aprovecharon de ellas. Se enriquecieron a sí mismos y no enseñaron acerca de la santidad de Dios ni modelaron esa santidad en sus propias vidas. Los príncipes también actuaron como lobos en lugar de pastores, para aumentar sus ganancias con dinero que no era legítimamente suyo. Profetizaron de su propia imaginación en lugar de esperar que Dios hablara y comunicar su mensaje.

Profecía contra los pastores – 34:1-10

Ezequiel 34 presenta lo que puede ser la denuncia más famosa en contra de los malos pastores en la Biblia.

«Vino a mí palabra de Jehová, diciendo: Hijo de hombre, profetiza contra los pastores de Israel; profetiza, y di a los pastores: Así ha dicho Jehová el Señor: ¡Ay de los pastores de Israel, que se apacientan a sí mismos! ¿No apacientan los pastores a los rebaños? Coméis la grosura, y os vestís de la lana; la engordada degolláis, mas no apacentáis a las ovejas. No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas. Por tanto, pastores, oíd palabra de Jehová: Vivo yo, ha dicho Jehová el Señor, que por cuanto mi rebaño fue para ser robado, y mis ovejas fueron para ser presa de todas las fieras del campo, sin pastor; ni mis pastores buscaron mis ovejas, sino que los pastores se apacentaron a sí mismos, y no apacentaron mis ovejas; por tanto, oh pastores, oíd palabra de Jehová. 10 Así ha dicho Jehová el Señor: He aquí, yo estoy contra los pastores; y demandaré mis ovejas de su mano, y les haré dejar de apacentar las ovejas; ni los pastores se apacentarán más a sí mismos, pues yo libraré mis ovejas de sus bocas, y no les serán más por comida» (Ez. 34:1-10).

¿Qué están haciendo mal los pastores aquí? En primer lugar, se apacientan a ellos mismos y no a las ovejas. Actúan como si fueran los dueños de las ovejas, capaces de tratarlas como les plazca, en lugar de como Dios les había instruido que lo hicieran: como mayordomos, no como dueños.

En segundo lugar, no curan a las enfermas ni vendan a las perniquebradas.

En tercer lugar, no trajeron de vuela al redil a las que se habían descarriado. Según el versículo 5, este descarriamiento ocurrió debido a que no había pastor.

En cuarto lugar, gobernaron a las ovejas duramente (v. 4 «os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia»).

En quinto lugar, debido a que estaban esparcidas, las ovejas quedaron expuestas al peligro de animales salvajes que las devoraron. En el versículo 6, se nos da una descripción extensa de esta dispersión: «Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas». Dios lamenta la situación en la que sus ovejas están dispersas y deambulando solas.

¿Cómo reacciona a Dios ante tal negligencia? Dice que está en contra de esos pastores, y les demandará sus ovejas. Los llama para que rindan cuentas. Se opone a ellos. No permitirá que sus ovejas soporten esa clase de trato por parte de pastores subalternos negligentes y dominantes.

Una gran salvación – 34:11-17

En los versículos que siguen a esta denuncia en contra de los malos pastores, Dios promete una gran salvación para sus ovejas:

«11 Porque así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo, yo mismo iré a buscar mis ovejas, y las reconoceré. 12 Como reconoce su rebaño el pastor el día que está en medio de sus ovejas esparcidas, así reconoceré mis ovejas, y las libraré de todos los lugares en que fueron esparcidas el día del nublado y de la oscuridad. 13 Y yo las sacaré de los pueblos, y las juntaré de las tierras; las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. 14 En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. 15 Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor. 16 Yo buscaré la perdida, y haré volver al redil la descarriada; vendaré la perniquebrada, y fortaleceré la débil; mas a la engordada y a la fuerte destruiré; las apacentaré con justicia. 17 Mas en cuanto a vosotras, ovejas mías, así ha dicho Jehová el Señor: He aquí yo juzgo entre oveja y oveja, entre carneros y machos cabríos» (Ez. 34:12-17).

¿Cuál es la solución de Dios ante el fracaso de sus pastores? Pastorear el rebaño él mismo. Y observa cómo hará esto. En el versículo 11, buscará a las ovejas que estén descarriadas. En el versículo 12, las librará de todos los peligros de los lugares donde estuvieron esparcidas. En el versículo 13, las juntará y traerá a su propia tierra, y lo hace en este orden para apacentarlas.

Apacentar

Nota la repetición y la detallada descripción en estos versículos de la idea de apacentar: «y las apacentaré en los montes de Israel, por las riberas, y en todos los lugares habitados del país. En buenos pastos las apacentaré, y en los altos montes de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en pastos suculentos serán apacentadas sobre los montes de Israel. Yo apacentaré mis ovejas, y yo les daré aprisco, dice Jehová el Señor». Este pastoreo y esta guía hacia el descanso es la meta de la búsqueda, liberación y reunión. Todo lleva al apacentamiento y al aprisco.

Saltando algunos versículos más, leemos: «Y levantaré sobre ellas a un pastor, y él las apacentará; a mi siervo David, él las apacentará, y él les será por pastor» (Ez. 34:23).

¿Cuál es la principal actividad de este pastor que Dios coloca sobre el pueblo? Dios enviará a su siervo David, sobre su pueblo para apacentarlas. Una vez más, la función de apacentar representa por metonimia todo lo que un pastor hace. Apacentar es la labor principal del pastor. La razón por la que el pastor guía y cuida a las ovejas, la razón por la que busca a las que se descarrían y cura a las que están heridas, es para que ellas puedan llegar a los delicados pastos y alimentarse.

CONCLUSIÓN

El bosquejo del pastorado que obtenemos de Jeremías y Ezequiel es uno que consiste en reconocer que las ovejas son de Dios y no nuestras, lo cual nos impide que usemos el rebaño para nuestros propios fines.

  • Esto implicar reunir a las ovejas esparcidas, vendar a las que están rotas y sanar a las enfermas, mantenerlas juntas sin que falte ninguna.

  • Esto implica proteger al rebaño de los lobos en lugar de aprovecharnos de ellas, y guiarlas a la seguridad y satisfacción de su propio pastizal.

  • Y todo esto con el fin de apacentarlas sobre el conocimiento del carácter, la Palabra y los caminos de Dios. Se puede hacer referencia de forma abreviada a todo este trabajo pastoral con el lenguaje de alimentar a las ovejas, o apacentarlas en tierras de buenos pastos.


Traducido por Nazareth Bello.

Nota a pie de página:

1. Ryken, Philip: Jeremiah and Lamentations: From Sorrow to Hope, from Preaching the Word series, p. 158. ed. R. Kent Hughes (Crossway, 2001).

Paul Alexander es el pastor de Fox Valley Bible Church en St. Charles, Illinois y el coautor (con Mark Dever) de The Deliberate Church (Crossway, 2005).

Marzo 2007 ©9Marks

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