Liderazgo

Lecciones sobre el pastorado 1: Dios, Moisés y David

Artículo
17.07.2020

Nota del editor: En aras de brindar a los pastores buenos recursos, o al menos dirigirlos hacia buenas ideas, nos complace presentar los seminarios de capacitación pastoral del pastor Paul Alexander para los nuevos ancianos. El mismo Alexander dice que este estudio depende y ha sido adaptado de las obras Sheperds After My Own Heart (Pastores según mi corazón) (IVP, 2006) de Timothy S. Laniak y «Liderazgo» de A. D. Clarke, en el New Dictionary of Biblical Theology (IVP, 2000). Esta edición de 9News presenta la primera mitad del programa de estudios de Alexander (clases 1-4), la cual se enfoca exclusivamente en la metáfora del pastorado en las Escrituras. En una futura edición, esperamos presentar la segunda mitad de su programa de estudios, que se traslada a los aspectos más prácticos del oficio de ancianos.

Jeremías 3:15: «y os daré pastores según mi corazón, que os apacienten con ciencia y con inteligencia».

DIOS – EL PASTOR SUPREMO

La historia completa del pueblo de Dios puede esbozarse utilizando la metáfora de Dios como el pastor de su pueblo. Desde Jacob en Génesis hasta el éxodo de Egipto, y de allí hasta el segundo éxodo del desierto de este mundo, Dios se revela como el pastor de su pueblo.

A Jacob

Para comenzar, Dios se revela a sí mismo como el pastor de individuos particulares, e individuos que representaban a toda la nación de Israel, tales como Jacob.

«15 Y [Jacob/Israel] bendijo a José, diciendo: El Dios en cuya presencia anduvieron mis padres Abraham e Isaac, el Dios que me mantiene desde que yo soy hasta este día, 16 el Ángel que me liberta de todo mal, bendiga a estos jóvenes; y sea perpetuado en ellos mi nombre, y el nombre de mis padres Abraham e Isaac, y multiplíquense en gran manera en medio de la tierra» (Gn. 48:15-16).

¿Qué quiso decir Jacob cuando dijo que Dios había sido su pastor todos los días de su vida? Es útil recordar la promesa de Dios para Jacob en Génesis 28, donde promete darle a Jacob la Tierra Prometida y una gran descendencia, y luego le dice: «He aquí, yo estoy contigo, y te guardaré por dondequiera que fueres, y volveré a traerte a esta tierra; porque no te dejaré hasta que haya hecho lo que te he dicho» (Gn. 28:15).

La presencia de Dios y la protección de Dios fueron las formas en las cuales Dios pastoreó a Jacob toda su vida. Así que incluso antes de que Israel se convirtiera en una nación, cuando Israel era solamente Jacob el individuo, Dios era el pastor de su pueblo, proveyendo su presencia soberana y protección omnipotente para asegurar el cumplimiento de sus promesas originalmente hechas a Abraham acerca de un pueblo y lugar.

A David

Dios también pastoreó a David, otro representante israelita. Como leemos en el Salmo 23:

«Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar; Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma; Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; Tu vara y tu cayado me infundirán aliento. Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando. Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, Y en la casa de Jehová moraré por largos días».

¿Cuáles son algunas de las funciones de un pastor que David atribuye a Dios en este capítulo?

  • En los versículos 1-2, Dios brinda sustento (delicados pastos, aguas de reposo), reposo (descansar), restauración del alma y satisfacción (nada me faltará).
  • En el versículo 3, brinda dirección (por sendas de justicia).
  • En el versículo 4, brinda protección y consuelo, gracias a su presencia y a su vara y su cayado (los instrumentos que el pastor utilizaba para reunir a las ovejas y ahuyentar a los animales salvajes).

A través del Éxodo

Así como Dios pastoreó a Jacob y David, dos individuos que representaban a Israel, Dios pastoreó también a toda la nación de Israel a través del éxodo. Por ejemplo, el salmista describe el cuidado de Dios para con el Israel colectivo y nacional en el desierto del Sinaí como un cuidado pastoral:

«Condujiste a tu pueblo como ovejas por manos de Moisés y Aarón» (Sal. 77:20).

«50 Dispuso camino a su furor; No eximió la vida de ellos de la muerte, sino que entregó su vida a la mortandad. 51 Hizo morir a todo primogénito en Egipto, las primicias de su fuerza en las tiendas de Cam. 52 Hizo salir a su pueblo como ovejas, y los llevó por el desierto como un rebaño. 53 Los guió con seguridad, de modo que no tuvieran temor; Y el mar cubrió a sus enemigos. 54 Los trajo después a las fronteras de su tierra santa, a este monte que ganó su mano derecha» (Sal. 78:50-54; cf. Sal. 80:1).

¿Qué aspectos del pastorado vemos en estos versículos?

  • Liderazgo a través del desierto.
  • protección y seguridad en el desierto.
  • confianza para que las ovejas no temieran.
  • el Señor ahuyentó a los enemigos de las ovejas con poder y valentía.

Es importante observar aquí que toda la historia de Israel se describe como una travesía pastoral continua. Desde los días de Jacob, a través del éxodo de Egipto, por el desierto del Sinaí, hasta la posesión de la Tierra Prometida, Dios se relaciona con su pueblo como un pastor con sus ovejas.

A través del exilio

Esperando con ansias el exilio de la nación, Isaías vio venir otro éxodo, un éxodo fuera de la esclavitud del pecado hacia la santidad de la nueva creación:

«10 He aquí que Jehová el Señor vendrá con poder, y su brazo señoreará; he aquí que su recompensa viene con él, y su paga delante de su rostro. 11 Como pastor apacentará su rebaño; en su brazo llevará los corderos, y en su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas» (Is. 40:10-11).

El capítulo 40 de Isaías, del cual provienen estos versículos, marca el inicio de una nueva sección en Isaías en la que Dios promete que guiará a su pueblo a través de un nuevo éxodo. Varios capítulos más tarde, Isaías dice: «No os acordéis de las cosas pasadas, ni traigáis a memoria las cosas antiguas. He aquí que yo hago cosa nueva; pronto saldrá a luz; ¿no la conoceréis? Otra vez abriré camino en el desierto, y ríos en la soledad» (Is. 43:18-19). En cierto sentido, esto es exactamente lo que Dios había hecho en el desierto del Sinaí, guiar al pueblo por una tierra baldía sin rumbo, y proveer agua en el desierto. Pero ahora promete hacerlo de una nueva forma. No será un éxodo físico o geográfico, sino un éxodo espiritual fuera de la esclavitud del pecado, a través del desierto de este mundo, a la nueva creación (cf. 40:1-2). Aún así, Dios usa el mismo lenguaje para describir la manera en que liderará a su pueblo en este segundo éxodo: «como un pastor».

Jeremías ve lo mismo: «Oíd palabra de Jehová, oh naciones, y hacedlo saber en las costas que están lejos, y decid: El que esparció a Israel lo reunirá y guardará, como el pastor a su rebaño» (Jer. 31:10). En el exilio, la labor del pastor de reunir pasa a un primer plano. Dios reunirá a sus ovejas dispersas en un solo lugar.

Miqueas también ve a Dios recogiendo a sus ovejas del exilio: «De cierto te juntaré todo, oh Jacob; recogeré ciertamente el resto de Israel; lo reuniré como ovejas de Bosra, como rebaño en medio de su aprisco; harán estruendo por la multitud de hombres» (Mi. 2:12).

Más adelante, Miqueas ora: «Apacienta tu pueblo con tu cayado, el rebaño de tu heredad, que mora solo en la montaña, en campo fértil; busque pasto en Basán y Galaad, como en el tiempo pasado». Observa que Dios habla de proteger a sus ovejas, que es la finalidad de un cayado. También habla de alimentarlas. Y Miqueas conecta esta idea pastoral con el nuevo éxodo fuera del exilio por los pecados. Será como los días en que Israel salió de Egipto.

Resumen

Dios es, pues, el pastor de su pueblo. Primero, los guía a través del árido desierto del Sinaí a la Tierra Prometida, y ahora nos guía a través del árido desierto de un mundo pecaminoso en nuestro camino al cielo.

¿Qué aspectos del cuidado pastoral de Dios para con Israel hemos visto hasta ahora?

  • Proteger a las ovejas.

  • proveer para las ovejas.

  • estar presente entre sus ovejas.

  • reunir a las ovejas.

  • y guiar a las ovejas.

Estas son actividades en las que Dios piensa y realiza cuando utiliza la metáfora del pastorado para liderar a su pueblo.

Como pastores subalternos, entonces, nosotros, los ancianos, estamos llamados a pastorear al pueblo de Dios de la misma forma:

  • Bajo su autoridad.

  • a través de un mundo desierto que no es nuestro hogar.

  • hacia la Tierra Prometida del cielo, donde se encuentra nuestra verdadera ciudadanía.

Los guiamos allí

  • al conocer nosotros el camino.

  • al mantenerlos juntos en el camino.

  • al alimentarlos con la Palabra de Dios.

  • al estar presente con ellos.

MOISÉS – EL PRIMER PASTOR EJEMPLAR

Veamos entonces a aquellos a quienes Dios señala como pastores sobre su pueblo, y empecemos con Moisés.

«Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. Y se le apareció el Ángel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza» (Ex. 3:1-2a).

Curiosamente, Moisés era en realidad pastor cuando Dios lo llamó para sacar a Israel de Egipto. Y por el llamado de Dios, siguió siendo pastor, pero ahora de un rebaño mucho más grande: «Condujiste a tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y de Aarón» (Sal. 77:20). Dios guió, pero lo hizo de la mano de Moisés y Aarón. El liderazgo de Moisés era una extensión del liderazgo de Dios. Como lo expresa Tim Laniak: «Moisés es la extensión del gobierno de Dios en sus vidas, su medio de provisión, y el agente de su rescate… su mano se volvió una extensión de la ‘mano de Dios’ liderando a su pueblo»[1].

Oseas 12:13 hace la misma declaración: «Y por un profeta Jehová hizo subir a Israel de Egipto, y por un profeta fue guardado o cuidado». Moisés arrojó el arbusto en las aguas amargas de Mara, pero fue Dios quien hizo que las aguas del desierto se volvieran potables para su rebaño (Ex. 15). Moisés golpeó la peña en Masah con su vara, pero fue Dios quien hizo que el agua brotara para que sus ovejas bebieran (Ex. 17).

Moisés como profeta

Como el pastor del pueblo de Dios, Moisés también fue un profeta: «Y hablaba Jehová a Moisés cara a cara, como habla cualquiera a su compañero» (Ex. 33:11). Fue él quien subió al Monte Sinaí en representación del pueblo para recibir la ley. Y cuando Dios habló ante ellos en el Sinaí, el pueblo dijo a Moisés: «Habla tú con nosotros, y nosotros oiremos; pero no hable Dios con nosotros, para que no muramos» (Ex. 20:19).

Como el prototipo de pastor y profeta de Israel, Moisés era la voz de Dios para el pueblo. Ellos debían seguir su voz.

Moisés como sacerdote

Moisés también era la voz del pueblo ante Dios. Él intercedía por ellos en presencia de Dios. Nota el cambio en la disposición de Moisés de identificarse con el pueblo de Israel que ocurre en sus oraciones entre los capítulos 17 y 34 de Éxodo.

«Entonces clamó Moisés a Jehová, diciendo: ¿Qué haré con este pueblo? De aquí a un poco me apedrearán» (Ex. 17:4).

«Entonces volvió Moisés a Jehová, y dijo: Te ruego, pues este pueblo ha cometido un gran pecado, porque se hicieron dioses de oro, que perdones ahora su pecado, y si no, ráeme ahora de tu libro que has escrito» (Ex. 32:31-32).

«Y dijo: Si ahora, Señor, he hallado gracia en tus ojos, vaya ahora el Señor en medio de nosotros; porque es un pueblo de dura cerviz; y perdona nuestra iniquidad y nuestro pecado, y tómanos por tu heredad» (Ex. 34:9).

Moisés pasa de «este pueblo» y «su pecado» a «nosotros» y «nuestro pecado» [2]. Tal identificación era primariamente una función del rol sacerdotal de Moisés, pero no estaba desvinculada de su rol pastoral. Dios quiere que sus pastores se identifiquen con los problemas de sus ovejas, lo cual es exactamente lo que vemos que hace el Príncipe de las ovejas, Jesucristo, en su encarnación y a lo largo de todo su ministerio terrenal.

«Y salió Jesús y vio una gran multitud, y tuvo compasión de ellos, porque eran como ovejas que no tenían pastor; y comenzó a enseñarles muchas cosas» (Mr. 6:34).

¿De dónde saca Jesús esa referencia «ovejas que no tenían pastor»?

Moisés como líder

La alusión de Jesús en Marcos 6 «ovejas que no tenían pastor» proviene del libro de Números.

«15 Entonces Moisés habló al Señor, diciendo: 16 Ponga el Señor, Dios de los espíritus de toda carne, un hombre sobre la congregación, 17 que salga y entre delante de ellos, y que los haga salir y entrar a fin de que la congregación del Señor no sea como ovejas que no tienen pastor. 18 Y el Señor dijo a Moisés: Toma a Josué, hijo de Nun, hombre en quien está el Espíritu, y pon tu mano sobre él; 19 y haz que se ponga delante del sacerdote Eleazar, y delante de toda la congregación, e impártele autoridad a la vista de ellos. 20 Y pondrás sobre él parte de tu dignidad a fin de que le obedezca toda la congregación de los hijos de Israel» (Nm. 27:15-20 LBLA).

¿Cuál es el único rasgo de carácter que Dios le dijo a Moisés que buscara en Josué? Que el Espíritu estuviera en él.

¿Qué aspecto en particular del pastorado observamos aquí? Liderazgo: «que los saque y los introduzca».

¿Por qué necesitaría Josué del Espíritu para hacer esa clase de trabajo? Porque sacar e introducir al pueblo de Dios era en realidad un ejercicio para ayudarles a seguir a Dios como el Pastor Supremo de Israel. Como Laniak resume: «El líderazgo humano del pueblo de Dios no es más que Dios liderando a su pueblo por medio de un siervo ungido». Eso no hace que el líder humano sea infalible o incapaz de ser corregido. Pero lo convierte en el instrumento humano a través del cual Dios pastorea a su rebaño.

DAVID – EL SEGUNDO PASTOR EJEMPLAR

David es presentado a los lectores como un verdadero pastor dos veces en la narrativa de 1 Samuel.

«Entonces dijo Samuel a Isaí: ¿Son éstos todos tus hijos? Y él respondió: Queda aún el menor, que apacienta las ovejas» (1 S. 16:11).

«14 y David era el menor. Siguieron, pues, los tres mayores a Saúl. 15 Pero David había ido y vuelto, dejando a Saúl, para apacentar las ovejas de su padre en Belén» (1 S. 17:14-15).

David, Saúl y Goliat

También vale la pena observar, la presentación del mismísimo David ante el rey Saúl:

«31 Fueron oídas las palabras que David había dicho, y las refirieron delante de Saúl; y él lo hizo venir. 32 Y dijo David a Saúl: No desmaye el corazón de ninguno a causa de él; tu siervo irá y peleará contra este filisteo. 33 Dijo Saúl a David: No podrás tú ir contra aquel filisteo, para pelear con él; porque tú eres muchacho, y él un hombre de guerra desde su juventud. 34 David respondió a Saúl: Tu siervo era pastor de las ovejas de su padre; y cuando venía un león, o un oso, y tomaba algún cordero de la manada, 35 salía yo tras él, y lo hería, y lo libraba de su boca; y si se levantaba contra mí, yo le echaba mano de la quijada, y lo hería y lo mataba. 36 Fuese león, fuese oso, tu siervo lo mataba; y este filisteo incircunciso será como uno de ellos, porque ha provocado al ejército del Dios viviente. 37 Añadió David: Jehová, que me ha librado de las garras del león y de las garras del oso, él también me librará de la mano de este filisteo. Y dijo Saúl a David: Ve, y Jehová esté contigo» (1 S. 17:31-37).

¿Qué aspectos del pastorado sobresalen aquí?

  • La protección.

  • la valentía de la fe.

  • la búsqueda por los perdidos (v. 34-35).

¿Pero a quién acredita David estas cosas? Al Señor. El Señor fue quien lo rescató del león y el eso. Su confianza para derrotar a Goliat no estaba arraigada en sí mismo. Estaba arraigada en la grandeza de Dios.

¿Por qué David estaba tan seguro de que Dios le permitiría vencer a Goliat? Porque sabía que Dios estaba comprometido con su gloria entre su pueblo, y Goliat estaba trabajando en contra de la gloria de Dios al burlarse de su pueblo.

El hombre que es un pastor del pueblo de Dios debe saber que es un protector de la fama de Dios, hecho en el que debe encontrar una gran confianza. Si Dios está completamente comprometido con el honor de su nombre, entonces defender la fama de Dios, incluso si significa cometer suicidio profesional (o peor), es estar en el lugar más seguro del universo.

David como gobernante

Los reyes de Israel no se parecían en nada a los faraones paganos de Egipto, a los reyes de Babilonia o a los emperadores de Roma, con absoluto poder y sin obligaciones para con nadie. En cambio, David y sus hijos debían ser de entre el pueblo, y su gobierno era una mayordomía.

«Vinieron todas las tribus de Israel a David en Hebrón y hablaron, diciendo: Henos aquí, hueso tuyo y carne tuya somos. Y aun antes de ahora, cuando Saúl reinaba sobre nosotros, eras tú quien sacabas a Israel a la guerra, y lo volvías a traer. Además Jehová te ha dicho: Tú apacentarás a mi pueblo Israel, y tú serás príncipe sobre Israel» (2 S. 5:1-2; cf. Dt. 17:15).

La palabra para príncipe aquí es nagid, que hace referencia no a un rey autónomo, sino a un príncipe coronado cuya autoridad era derivada, no inherente. La idea de ser un nagid se sitúa en paralelo con la idea de apacentar al pueblo de Dios. Israel consigue, pues, un rey, pero como Laniak señala: «solo bajo la condición de que entienda que su rol se deriva y depende del gobierno de Jehová, el verdadero dueño del rebaño. Los reyes, empezando por Saúl, debían ser evaluados en términos de su capacidad de respuesta a las palabras de ese Dueño, mediadas a través de los profetas» [3].

Cuando David convirtió a Jerusalén en la nueva capital, intentó transportar el Arca del Pacto sobre una carreta nueva (cf. 2 S. 6), contrario al mandato de Dios de ser transportada con varas. Así que Dios permitió que David encontrara algo de resistencia. La carreta nueva comenzó a tropezarse, el ayudante de David, Uza, extendió su mano para estabilizar el Arca, y Dios le quitó la vida en el acto. Parecía ser la forma en la cual Dios decía: «Haremos esto a mi manera, David. Yo soy el melek (rey); tú eres el nagid (príncipe)».

En el siguiente capítulo, David expresa su deseo de construir una casa para Dios. Pero Dios invierte la idea y dice que él construirá una casa para David. La razón por la cual Dios se opone a la idea de David es instructiva:

«¿He hablado yo palabra a alguna de las tribus de Israel, a quien haya mandado apacentar a mi pueblo de Israel, diciendo: ¿Por qué no me habéis edificado casa de cedro?» (2 S. 7:7).

Dios rechazó la casa de cedro porque nunca le pidió a su pueblo que le construyera una casa de cedro. Dios será quien inicie. Él será quien controle y determine las reglas del juego. «Dios bendecirá a David, pero bajo sus términos» [4].

Reflexiones finales

Aquí lo que está en juego recae sobre quién tiene la máxima autoridad. Y Dios siempre se asegura de que sus pastores subalternos sepan cómo responder correctamente esa pregunta. Dios tiene la máxima autoridad, y cada vez que esa autoridad sea desafiada, él aplastará al retador. Él no compartirá su gloria con nadie. Dios toma la iniciativa de llamar a sus pastores, y Dios responsabiliza a sus pastores al bendecirlos y disciplinarlos conforme a su Palabra.

Los pastores de Dios están llamados a ejercer el trabajo de Dios de reunir, guardar, alimentar, unificar y guiar a su rebaño a través del desierto de este mundo en nombre de Dios. Hacen esto al mantener al rebaño enfocado en Dios y su Palabra. Dios es el rey, el dueño de las ovejas. Nosotros, los ancianos, somos príncipes adoptados, pastores subordinados sin autoridad propia. Si alguna vez comenzamos a pastorear el rebaño de Dios contrariamente a lo expuesto en su Palabra o de una manera que ignore nuestra responsabilidad ante él y su autoridad suprema sobre nosotros, seremos los perdedores.

Toda la narrativa de la historia de Israel en el Salmo 78 termina con una referencia al liderazgo pastoral de David.

«70 Eligió a David su siervo, y lo tomó de las majadas de las ovejas; 71 De tras las paridas lo trajo, para que apacentase a Jacob su pueblo, y a Israel su heredad. 72 Y los apacentó conforme a la integridad de su corazón, los pastoreó con la pericia de sus manos» (Sal. 78:70-72).

Que el Señor nos conceda manos con pericia.


Traducido por Nazareth Bello

Notas a pie de página

1. Laniak, Timothy S.: Shepherds after My Own Heart: Pastoral Traditions and Leadership in the Bible, in New Studies in Biblical Theology, p. 87. ed. D. A. Carson (IVP, 2006).

2. Ibid, 89-90.

3. Ibid, 102.

4. Ibid.