Teología bíblica

La Teología del Sufrimiento Vs. Evangelio de la prosperidad en tiempos de Covid-19

Artículo
30.07.2020

¡Anda, llora, pero no dejes de creer en Dios!

Acerca de la teología del sufrimiento es algo de lo que pocos han predicado en las iglesias. En muchos círculos cristianos nos gusta hablar del sufrimiento, pero como dijo Lutero: «a menos que vivas la experiencia del sufrimiento, no puedes saber lo que significa tener esperanza».

TEOLOGÍA DE LA PROSPERIDAD: UTOPIA EN UN MUNDO CAÍDO

En tiempos de Covid-19, un elemento maligno se ha añadido: el daño que ha hecho la teología de la prosperidad a muchos creyentes, silenciando el sufrimiento. Los maestros del falso evangelio de la prosperidad enseñaron a sus feligreses a construir sueños y proyectos de cristal en una tierra estéril. No pensaban en el cielo, sino hacer de la tierra un paraíso.

La teología de la prosperidad es utopía en un mundo caído. Enseñaron a los suyos a no sufrir, que el sufrimiento es una mentira del diablo. Hoy las consecuencias son desbastadoras para la fe de multitudes, que con corazones sinceros buscaban a Dios.  Sí, las alcabalas de decretos, revocaciones y declaraciones que muchos falsos maestros enseñaron no han detenido el avance del Covid-19.

Sin embargo, a pesar del daño que ha hecho el evangelio de la prosperidad a la cristiandad y ante tanta adversidad, Dios sí tiene una iglesia honesta y fiel que ora.

LA REALIDAD DEL SUFRIMIENTO

Ahora, el sufrimiento es un elemento real que, a lo largo de la historia de la iglesia, Dios lo ha usado para purificar la fe de los suyos; mientras se sostienen en la esperanza de una salvación prometida (1 Pedro 1:6-9). El Covid-19 como realidad presente, está dejando muchas vidas socavadas y destruidas en todo el mundo. Incrédulos y creyentes sufren las embestidas de esta pandemia.

Pero aquí está uno de los retos para el pueblo de Dios, el cómo deberían enfrentar los miembros de la iglesia la realidad del sufrimiento, ante otro escenario posible: la muerte. Pablo nos trae a la memoria lo siguiente:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en él.  Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero.

Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor.

Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras (1 Tesalonicenses 4:13-18).

Usando un eufemismo, Pablo habla de la muerte del creyente como un leve sueño, del cual el cuerpo ha de resucitar incorruptible, al llamado de Cristo. Por lo cual, alienta a los creyentes de Tesalónica a no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza (v.13), ante la realidad de la muerte.

Así que ¡Anda, llora, pero no dejes de creer en Dios!

El dolor y la tristeza que produce la muerte, son elementos presentes en la teología del sufrimiento. Y, sin embargo, desde la perspectiva de Dios, esos mismos elementos preparan el corazón de sus hijos para enfrentarla. Pues más que esta realidad temporal (que es la muerte) hay una realidad sublime y eterna para la iglesia:

Y cuando esto corruptible se haya vestido de incorrupción, y esto mortal se haya vestido de inmortalidad, entonces se cumplirá la palabra que está escrita: Sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte, tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? (1 Co.15:54-55).

En tiempos de Covid-19 la teología del sufrimiento se hace presente, no como algo que nos debería de alarmar, sino para hacernos recordar que este mundo no es nuestro verdadero hogar (Juan 17:16). Que la muerte es el final enemigo que debemos vencer (1Co.15:26). Una verdad que los creyentes deberían de abrazar sin temores y proclamar a otros en los escenarios críticos que se viven.

Pues, si la iglesia se desmorona ante la realidad del sufrimiento humano y de la muerte, ¿Cómo proclamarías luego a los tuyos tu confianza en un Cristo que ha resucitado y vencido la muerte? Seguiría siendo indudablemente una verdad, pero sin poder en tu vida.

Así que, con todo respeto a tu dolor, ante la realidad de la muerte en los hijos de Dios ¡Anda, llora, pero no dejes de creer en él! El Señor no es insensible a ello, «estimada a los ojos del Señor es la muerte de sus santos» Salmo 116:15.

Deseo que Dios te dé un entendimiento más profundo del valor del sufrimiento en sus manos, y te consuele y fortalezca tu testimonio en el valle del dolor, ante cualquier pérdida que experimentes.