Liderazgo

La incredulidad en los hijos de un anciano — Exégesis

Artículo
16.06.2020

«que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad, (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?)»
1 Timoteo 3: 4-5.

«…y establecieses ancianos en cada ciudad, así como yo te mandé; él que fuere irreprensible, marido de una sola mujer, y tenga hijos creyentes que no estén acusados de disolución ni rebeldía» Tito 1:5-6.

¿Puede un hombre tener hijos que no son creyentes y, sin embargo, ser nombrado o continuar como anciano? 1Timoteo 3:4-5 y Tito 1:6 estimulan a la pregunta.

Hay dos interpretaciones principales.

Douglas Wilson resume el primer punto de vista de forma bastante concisa: «si los hijos de un hombre se apartan de la fe (ya sea doctrinal o moralmente), en ese momento queda descalificado del ministerio formal en la iglesia» [1]. Alexander Strauch sugiere la segunda opción de manera interpretativa: «El contraste no se hace entre hijos creyentes e incrédulos, sino entre hijos obedientes y respetuosos e hijos sin gobierno ni control». Lo que está en juego, sugiere Strauch, es «la conducta de los niños, no su estado eterno» [2].

LIDERAZGO FIEL EN LA IGLESIA Y EL HOGAR

La lógica básica de Pablo, especialmente en 1 Timoteo 3, es bastante clara. La pregunta retórica en la segunda mitad del versículo 5 («pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?»), lógicamente basa su insistencia en un hogar ordenado en el versículo 4 («que gobierne bien su casa, que tenga sus hijos en sujeción con toda honestidad»). Debido a que «la casa de un creyente debe ser como una pequeña iglesia» [3], el resultado es que «el que no puede obtener de sus hijos ningún respeto o sujeción…difícilmente podrá restringir a la gente con la rienda de la disciplina» [4]. Esto significa que la forma en que un anciano, o un anciano potencial, controla e instruye a su familia es de suma importancia para determinar su calificación para el oficio.

John Stott resume cuidadosamente el asunto: «El pastor casado está llamado a liderar sobre dos familias, la suya y la de Dios, y la primera debe ser el campo de entrenamiento de la segunda» [5], (Cf. Mateo 25: 14-30: el que es fiel en lo poco, será fiel en lo mucho [6]). El análisis anterior es bastante controvertido entre los exegetas. Sin embargo, surgen desacuerdos cuando investigamos más profundamente la naturaleza de «esta casa bien ordenada».

¿LOS HIJOS DE UN ANCIANO DEBEN SER CREYENTES?

La pregunta más controvertida que rodea estos versículos es si Pablo está diciendo que los hijos de un anciano tienen que ser creyentes, o solo que deben ser fieles, sujetos y obedientes.

El término pista/pistos puede significar «creyente» o «fiel» en las Epístolas Pastorales (para el primero junto a un sustantivo, véase 1 Ti. 6: 2; para el segundo junto a otro sustantivo, véase 2 Ti. 2: 2). Por tanto, los estudios de palabras por sí solos no pueden resolver la cuestión.

Sin embargo, sugiero que se puede encontrar una resolución a esta pregunta al comparar el paralelo entre Tito 1:6 y 1 Timoteo 3:4. Podemos estar razonablemente seguros de que tekna echonta en hupotage («tener hijos en control/sumisión/obediencia» 1Ti.3:4) es prácticamente sinónimo de tekna echôn pista («tener hijos fieles» Tito 1:6) [7]. En otras palabras, tener hijos pista significa tener hijos en hupotage. Esto podría significar que la parte final de Tito 1:6 («no abierta al cargo de libertinaje o insubordinación») es una descripción de lo que pista significa.

Con esto en mente, hay otras cinco razones que me inclinan a creer que Pablo se está refiriendo a la sumisión y obediencia de los hijos de un anciano, y no a su salvación.

Primero, la pregunta fundamental de 1 Timoteo 3:5 conecta explícitamente las calificaciones del anciano con sus habilidades de gestión en el versículo 4. En general, el comportamiento obediente no requiere intervención milagrosa, incluso un buen técnico de laboratorio puede hacer que una rata siga un cierto camino si se invierte suficiente planificación y previsión. Sin embargo, fe salvífica no se puede producir como resultado de una buena limpieza en casa. Si bien un hogar piadoso a menudo conduce a la creencia, no la produce. Si insistimos en que la salvación de un hijo está fundamentalmente relacionada con las habilidades administrativas del padre, inadvertidamente hemos asignado un papel no bíblico a la acción humana. Este es claramente el caso con una aplicación ilustradas por Stott: «Una extensión del mismo principio puede ser que difícilmente se puede esperar que los presbisteros/obispos ganen extraños para Cristo si han fallado en ganar a aquellos que están más expuestos a su influencia, sus propios hijos». [8] ¿Qué significaría esto? Si eres es un buen administrador en tu hogar, entonces ¿se puede «esperar» que los incrédulos vengan al Señor a través de tu ministerio?

Segundo, incluso los mejores administradores pastorales tienen incrédulos dentro de su iglesia o bajo su esfera de influencia (cf. Gálatas 1: 6). La consecuencia lógica de esto significaría que uno puede manejar bien el hogar más grande (su iglesia), aunque no todos crean. Si esto es así, entonces parece que uno puede manejar bien el hogar más pequeño (su familia), aunque no todos dentro de éste sean creyentes.

Tercero, insistir en que tener hijos creyentes es un prerrequisito para los ancianos conduce a algunas preguntas incómodas. ¿Qué hacemos con un anciano que tiene varios hijos creyentes, pero hay uno que no lo es? Si la mayoría de sus hijos son creyentes, ¿no es un buen administrador de su hogar? O, ¿el hijo incrédulo pone en tela de juicio su capacidad administrativa en general? Si es así, ¿por qué alguno de sus hijos resultó ser creyente? Wilson escribe: «…un hombre podría decidir renunciar (y creo que debería hacerlo) si uno de sus seis hijos niega la fe. Pero si otro pastor en su presbiterio, bajo la misma situación, decide no hacerlo, y sus otros cinco hijos permanecen santos, solamente un rebelde expresaría su inconformidad a través de un gran conflicto en la iglesia» [9]. Sin embargo, esto parece inconsistente; porque si Pablo realmente enseña que los hijos no creyentes descalifican automáticamente a un hombre para el liderazgo de anciano, entonces la pureza de la junta de ancianos es algo que vale la pena luchar.

Cuarto, todos los requisitos para el liderazgo pastoral que se enumeran en este texto de 1 Timoteo 3 (marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no codicioso de ganancias deshonestas y no un recién convertido) son acciones de responsabilidad personal. Esperaríamos que los requerimientos con respecto a sus hijos estén en la misma categoría. Exigir que sus hijos tengan una fe salvadora genuina es exigir responsabilidad personal por la salvación de otro, algo que no veo en la enseñanza de las Escrituras.

CONCLUSIÓN

Por tanto, creo que 1 Timoteo 3 y Tito 1 se refieren a la sumisión general y al comportamiento de los hijos del anciano. Dios ha diseñado el universo de tal manera que el papel de los padres como agente disciplinario, modelo, autoridad y servidor-líder generalmente tiene un profundo efecto sobre el comportamiento de los hijos. Pablo no explica cómo se ve esto en todos los casos, ni explica todos los detalles de lo que descalificará a un anciano. Sin embargo, El caso general es claro:

Lo que no debe caracterizar a los hijos de un anciano es la inmoralidad y la rebeldía indisciplinada, si los hijos todavía están en casa y bajo su autoridad [10]. Pablo no le pide más al anciano y a sus hijos de lo que se espera de cada padre cristiano y sus hijos. Sin embargo, solo si un hombre ejerce un control muy apropiado sobre sus hijos puede ser un anciano [11].

Que Dios les dé a los pastores y ancianos de nuestras iglesias gracia y sabiduría al dirigir fielmente tanto sus iglesias como sus hogares [12].


Traducido por Renso Bello.

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Has clic aquí para «La incredulidad en los hijos de un anciano práctica», una entrevista con el Director Ejecutivo de 9Marcas, Matt Schmucker.

1.Douglas Wilson, «El hijo del pastor» en Credenda/Agenda, vol. 2, no. 3).

2. Alexander Strauch, Ancianos bíblicos: un llamado urgente para restaurar el liderazgo de la iglesia bíblica, revisado y ampliado (Littleton, Col: Lewis & Roth Publishers, 1995), 229.

3.John Calvin, Comentarios sobre las epístolas a Timoteo, Tito y Filemón, traducido del latín (Grand Rapids: Eerdmans, 1948), 83 n.1).

4.Ibíd., 293.

5.John Stott, Guard the Truth: The Message of 1 Timothy and Titus, The Bible Speaks Today (Downer’s Grove, Ill .: InterVarsity Press, 1996), 98.

6.William D. Mounce, Epístolas Pastorales, WCB (Dallas: Word, 2000), 180.

7.Como Andreas Kostenberger escribe: «En el contexto más amplio de la enseñanza de las Epístolas Pastorales, sería algo inusual que el autor tuviera dos estándares separados, uno más indulgente en 1 Tim. 3:4 (obediente) y uno más estricto en Tito 1:6 (creyente). Esto crea la presunción de que leer pista en Tito 1:6 transmite el sentido de «fiel» u «obediente» de acuerdo con el requisito establecido en 1 Ti. 3:4». Ver http://www.biblicalfoundations.org/?p=36 , junto con sus tratamientos en  1–2 Timoteo, Tito , en el Expositor’s Bible Commentary , vol. 12 (rev. Ed.; Zondervan, 2007), págs. 606-7 y cap. 12 en Dios, matrimonio y familia (Crossway, 2004).

8.Stott, Guarda la Verdad, 176.

9.Douglas Wilson, «El hijo del pastor, otra vez» en Credenda/Agenda, vol. 2, no. 5).

10.Ver Knight, Comentario sobre las Epístolas Pastorales, 161, para su argumento de que Pablo se está refiriendo a tekna («hijos») que están bajo autoridad y aún no tienen la edad.

11.Ibíd., 290.

12.Deseo agradecer a Ray Van Neste, Tom Schreiner y Andreas Kostenberger por ofrecer comentarios útiles sobre un borrador anterior de este documento.