Evangelio

«Jesús murió por los pecadores»: ¿Sabe tu congregación lo que esto realmente significa?

Artículo
12.11.2019

Mientras más tiempo pastoreo, más estoy convencido de que los pastores deben predicar regularmente las inescrutables riquezas de Cristo, no solo para la salvación de los perdidos, sino también para el crecimiento de los creyentes en la gracia.

Sin embargo, al abordar la obra del Salvador de salvarnos del pecado, lamentablemente, los predicadores a menudo decimos muy poco al respecto. Debido a esto, algo aterrador sucede con el paso del tiempo: aquellos que nos escuchan completan sus propios significados de las palabras: «Jesús murió en la cruz», y esos significados pueden estar bastante alejados de lo que la Biblia realmente enseña acerca de la muerte de Cristo en la cruz.

Aquí tienes un ejemplo: En África, donde la sangre de aves y animales se usa como amuleto de protección contra la brujería, se ha vuelto popular, incluso entre cristianos, ver una calcomanía para el auto que afirme: «Protegido por la sangre de Jesús». Los pulpitos son responsables de esta grave confusión.

Cuando la muerte de Cristo se menciona simplemente como parte de la apelación final de los sermones, se asume demasiado. Me sorprende la cantidad de personas que escuchan: «Jesús murió por tus pecados», y piensan que significa que él murió solo para mostrarnos cuán malos son nuestros pecados. De igual manera, me sorprende que muchos cristianos, cuando se les pregunta a dónde irían en caso de morir inmediatamente luego de haber cometido un pecado, creen que irían al infierno. ¿Acaso esto no se debe a que no logran entender lo que realmente ocurrió cuando Jesús murió?

Es nuestra responsabilidad como predicadores explicar habitualmente el tema de la expiación penal sustitutoria, para que quienes nos escuchen puedan comprender mejor lo que en realidad sucedió en la cruz cuando el Hijo de Dios tomó nuestro lugar y pagó nuestra deuda por completo.

Lo que enfatizamos en un sermón dependerá a menudo de nuestro texto. Por tanto, habrá suficiente variedad cuando proclamemos el evangelio. Y, sin embargo, debemos evitar mencionar vagamente palabras como «sangre», «muerte» y «cruz» sin nunca exponer su significado.

Puedo pensar en tres verdades acerca de la expiación que nuestra predicación debe contener para que nuestra audiencia pueda entender el acto central de nuestra salvación. ¿Cuáles son esas tres verdades?

  1. Jesús sufrió el castigo del pecado.

Desde el inicio de la historia, Dios le había dicho a Adán que moriría si comía del fruto prohibido (Gn. 2:17). La paga del pecado es muerte (Ro. 6:23). Ese fue exactamente el precio que Jesús pagó cuando murió en la cruz.

  1. Jesús sufrió como nuestro sustituto.

Debido a que Jesús nació sin pecado y vivió una vida sin pecado, la muerte no tenía ningún derecho sobre él. Su muerte en nuestro lugar, sucedió de la misma manera en que se hacían los sacrificios de animales para apaciguar la ira de Dios a lo largo de la historia (2 Co. 5:21).

  1. Jesús satisfizo a Dios en su sufrimiento.

Mientras que los sacrificios de animales no fueron suficientes para expiar el pecado de la humanidad, la muerte sustitutoria del Hijo de Dios fue más que suficiente. El Dios justo quedó totalmente satisfecho y, como evidencia de ello, resucitó a Jesús de entre los muertos.

Va más allá del alcance de este artículo poder facilitar estos puntos. A lo que me refiero es, que estas tres verdades sobre la expiación penal sustitutoria no deberían asumirse. Debemos enseñarlas línea por línea y precepto por precepto.

Existe la percepción en las mentes de muchos predicadores de que la profundidad de la enseñanza que recibieron acerca de la expiación durante sus días de capacitación en un instituto bíblico es solo para ellos como predicadores, porque es demasiado profunda para el creyente común sentado en la banca. Esta percepción es completamente falsa. También es la razón por la cual, con el transcurrir de los años y de las generaciones, las iglesias pierden la verdad. El pastor debe asegurarse de que, en su ministerio habitual de la exposición de la Palabra de Dios, esté sondeando las profundidades de las verdades que encuentra en el texto sagrado.

Un árbol con raíces superficiales será fácilmente desarraigado cuando soplen vientos huracanados. No obstante, los que tienen raíces profundas permanecerán. Asimismo, las personas con una comprensión superficial de la obra de Cristo en la cruz serán fácilmente desestabilizadas por las pruebas de la vida. También serán fácilmente desviadas por las falsas enseñanzas populares. Esto ocurre debido a que los falsos maestros a menudo utilizan palabras bíblicas, pero las llenan con significados e interpretaciones erradas. Únicamente las mentes bien enseñadas serán capaces de captar y rechazar el error.

Donde se ha perdido mucho terreno, los pastores deberían considerar estudios bíblicos y seminarios especiales sobre este tema de vital importancia. Tal vez, organizar sesiones de preguntas y respuestas que equipen a su iglesia. Los materiales que se enseñen pueden publicarse en algún sitio, imprimirse y difundirse en toda la congregación.

Hermanos, mi punto es sencillo: No supongamos que nuestra congregación conoce la doctrina de la expiación penal sustitutoria. Enseñémosla con regularidad en toda su profundidad cuando expongamos las Escrituras. No debemos permitir que la generación que crece bajo nuestro ministerio pierda tan glorioso fundamento.


Traducido por Nazareth Bello.