Evangelio

El viernes, la Cruz y el Evangelio

Artículo
02.04.2021

El viernes sitúa el momento en el clímax de lo que aconteció en la muerte del «despreciado entre los hombres y varón de dolores» (Isaías 53:3). Los evangelios narran un juicio y una condenación rápida de las autoridades civiles y religiosas de su tiempo, y una muchedumbre agitada que, irónicamente, había recibido los beneficios de quien ahora condenaban, gritaba: ¡Crucifíquenlo!

No seas ingenuo con respecto al viernes

Como fiel seguidor de Jesús no deberías ser ingenuo sobre cómo el mundo de hoy percibiría los eventos que sucedieron ese día viernes, ¿Crees que el mundo puede conmemorar y reflexionar en profundidad sobre un hecho que no entiende? Sin lugar a dudas, esta sociedad posmoderna pediría nuevamente a gritos la muerte de Jesús y la celebraría. La Cruz para el
mundo, más allá de un mero acto religioso, no tiene un real significado. Pablo nos dice: «¡El mensaje de la cruz es una ridiculez para los que van rumbo a la destrucción!» (NTV. 1 Corintios.1:18).

El mensaje de la Cruz es el mensaje del Evangelio, y por supuesto el mundo lo necesita, pero no lo conoce. La Cruz tiene un significado y una importancia especial en la historia de la evangelización de Europa y Asia. No obstante, para América Latina es símbolo de esclavitud, por la forma en que ésta fue cruelmente conquistada y «cristianizada».

La práctica de un evangelio extraño

Por otra parte, tenemos el evangelio del decisionalismo y el sensacionalismo, ese evangelio extraño que se practica en algunos círculos cristianos, más allá del fervor que muestran algunos, no ha contribuido mucho a la comprensión cierta del Evangelio bíblico y el significado de la cruz por parte de los interesados.

Presentar solo un Cristo victorioso y prometedor, y no proclamar con responsabilidad desde las Escrituras su obra en la Cruz, en cuanto a la relación con el pecado del ser humano, el llamado al arrepentimiento y a la fe, y una salvación solo por Gracia, le puede ofrecer a las personas una razón engañosa de confiar en Dios, pero no el verdadero Evangelio y ¿por qué deben realmente creer en Jesús?

En ese contexto, los oyentes obtendrían una fe no genuina. El resultado: individuos sin una firme convicción en sus vidas de la Obra de Cristo. Por tanto, los acontecimientos del viernes, llamado por algunos «viernes santo», no tendrían ninguna relevancia y significado para ellos. Y en medio de la crisis, tales personas estarían aferrándose a cualquier salida que les ofrezca una solución inmediata. Pero al verse frustradas, optan por abandonar las filas del cristianismo o claudican en su fe (en realidad, una fe que no proviene de Dios).

La Cruz y el Evangelio

Otra vez, el mensaje de la Cruz es el mensaje del Evangelio y el mundo lo necesita, pero no lo conoce. A partir de ese viernes histórico en la vida de Jesús, los eventos que ocurrieron y su relación con el Evangelio es el antídoto que siempre requiere el mundo contra el pecado, y en cada época llena de miedo, turbación y desesperanza.

Sumada a la resurrección, la muerte de Cristo se convirtió en nuestra salvación. Y cuando Dios por su gracia nos concede el Evangelio, gozamos de una firme esperanza para enfrentar cualquier crisis. Temo también que muchos, de los que se dicen hoy cristianos, necesitan nuevamente volver a refrescar el mensaje de la Cruz en sus corazones.

Pablo no solo escribe que el mensaje de la Cruz es locura para los que se pierden, también nos afirma que su mensaje es el mismo poder de Dios entre los que se salvan (1 Co.1:18). Pero, ¿Si no creemos esta esperanza, como pretendemos que el mundo la crea? Finalmente, las palabras del Señor, dadas a Pablo, necesitan iluminar a este mundo lleno de oscuridad y de muerte, como resplandecen las luces en un estadio. Es tarea de la iglesia volver a proclamar y vivir bajo el poder de estas palabras:

«A la verdad, no me avergüenzo del evangelio, pues es poder de Dios para la salvación de todos los que creen: de los judíos, primeramente, pero también de los gentiles. De hecho, en el evangelio se revela la justicia que proviene de Dios, la cual es por fe de principio a fin, tal como está escrito: «El justo vivirá por la fe» (Romanos 1:16-17).