Liderazgo

El Discipulado según Las Escrituras

Artículo
16.07.2019

Mis primeros recuerdos giran alrededor de viajes a pescar con mi padre. Él me enseñó cómo ponerle el cebo a un gancho, lanzar una línea y atrapar un pez gato sin ser herido hasta la muerte. Pero pescar no fue todo lo que aprendí. También aprendí sobre mi padre. Aprendí como él caminaba, como hablaba, como bromeaba, como oraba, como le hablaba a otros, y como siempre pensaba en mi madre mientras íbamos de camino a la casa.

Más que pescar, aprendí sobre lo que significa ser un hombre. Al día de hoy, las lecciones que aprendí de mi padre impactan la manera en que vivo y amo a otros. Lo que sucedió en mi tiempo con mi padre fue una forma de discipulado. Él dirigía y yo lo seguía. ¿Qué es el discipulado bíblico? De todas las preguntas con las que los cristianos necesitamos luchar, esta es una de las más importantes. Ser discípulos de Jesús nos lleva al centro de quiénes somos y lo que deberíamos estar haciendo con nuestras vidas. En este artículo sugiero que el discipulado—ayudar a otros a seguir a Jesús—fluye directamente de ser un discípulo de Jesús. Los discípulos están llamados a seguir a Cristo, y seguirlo significa ayudar a otros a seguirlo. ¿Eres tú un discípulo que hace discípulos?

LOS DISCÍPULOS SIGUEN A JESÚS

Cuando nos encontramos con Jesús, conocemos un hombre que nos llama a ir y morir (Marcos 8:34-35). Y él nos llama a seguirlo y aprender de él (Mateo 4:19, 11:29). No importa si somos inteligentes o estúpidos, ricos o pobres, jóvenes o viejos, asiáticos, africanos o americanos, el único requisito es que nos arrepintamos de rebelarnos contra nuestro Creador y nos aferremos a él a través de la fe (Marcos 1:15; 1 Tesalonicenses 1:9). Si hacemos esto, se nos promete el perdón de nuestros pecados y la reconciliación con Dios (Colosenses 1:13-14; 2 Corintios 5:17-21). Jesús nos llama a ir y morir para que podamos vivir.

Aquellos que siguen a Jesús por fe son conocidos como sus discípulos. Algunos piensan que los discípulos son «super cristianos» que lo hacen todo por Jesús, mientras que los cristianos son simplemente «creyentes normales». Sin embargo, las Escrituras no ofrecen ninguna ayuda para esta diferencia. (Ver, por ejemplo, Mateo 10:38, 16:24-28; Marcos 8:34; Lucas 9:23, 57-62; Juan 10:27, 12:25-26). Nosotros estamos siguiendo a Jesús o no lo seguimos; no hay términos medios (Mateo 12:30).

LOS DISCÍPULOS IMITAN Y REPRODUCEN A JESÚS

En el corazón de seguir a Jesús está el llamado de Jesús a imitarlo y reproducirlo. Como discípulos estamos llamados a imitar el amor de Jesús (Juan 13:34), su misión (Mateo 4:19), su humildad (Filipenses 2:5), su servicio (Juan 13:14), su sufrimiento (1 Pedro 2:21) y su obediencia al Padre (1 Juan 2:3-6). Debido a que él es nuestro maestro, debemos aprender de él y esforzarnos en el poder del Espíritu Santo a ser como él (Lucas 6:40). Este crecimiento a la imagen de Cristo es un esfuerzo de toda la vida que es estimulado por la expectación esperanzada de que un día lo veremos cara a cara (1 Juan 3:2-3).

LOS DISCÍPULOS AYUDAN A OTROS A SEGUIR A JESÚS

A medida que seguimos a nuestro Señor, aprendemos rápidamente que parte de la imitación implica una réplica. Tener una relación personal con Jesús es algo magnífico, pero está incompleto si termina con nosotros. Parte de ser su seguidor es ayudar a otros de manera intencional, aprender de él y ser más como él. Como dice un amigo mío:«si no estás ayudando a otros a seguir a Jesús, no sé lo que quieres decir cuando dices que estás siguiendo a Jesús». Ser su seguidor significa ayudar a otros a seguirlo.

Ser un discípulo que hace discípulos sucede de dos maneras particulares. Primero, somos llamados a evangelizar. El evangelismo consiste en decirle a las personas que no siguen a Jesús lo que significa seguirlo. Hacemos esto cuando proclamamos y representamos el evangelio en nuestro vecindario y en las naciones (Mateo 28:19-20). Nunca debemos olvidar que Dios nos ha colocado en las familias, lugares de trabajo y círculo de amigos que estamos para que proclamemos el evangelio de la gracia a aquellos que están yéndose al infierno lejos de Cristo. Debemos ayudar a las personas a aprender como comenzar a seguir a Jesús.

El segundo aspecto de hacer discípulos es ayudar a otros creyentes a crecer a la imagen de Cristo. Jesús ha diseñado su iglesia para que sea un cuerpo (1 Corintios 12), un reino de ciudadanos y una familia que activamente se edifiquen unos a los otros hasta alcanzar la plenitud de Cristo (Efesios 2:19; 4:13, 29). Estamos llamados a instruirnos unos a otros sobre Cristo (Romanos 15:14) y a imitar a otros que siguen a Cristo (1 Corintios 4:16, 11:1; 2 Tesalonicenses 3:7, 9). Como discípulos, debemos de manera intencional influir en otros discípulos para que ellos también puedan hacerlo en otros (2 Timoteo 2:1-2).

LOS DISCÍPULOS CONSTRUYEN RELACIONES INTENCIONALES

El discipulado no es algo que simplemente sucede. Necesitamos ser intencionales sobre cultivar relaciones profundas, honestas, en las cuales hacemos un bien espiritual a otros cristianos. Aunque podemos tener relaciones de discipulado en cualquier lugar, el lugar más natural para desarrollarlas es en la comunidad de la iglesia local. En la iglesia a los cristianos se les ordena a reunirse regularmente, estimularse unos a otros a alcanzar la imagen de Cristo, y protegerse unos a otros contra el pecado (Hebreos 3:12-13; 10:24-25). Las relaciones de discipulado que surgen a partir de este tipo de comunidad comprometida deberían ser programadas y espontáneas. Cuando estudiamos la vida de Jesús, vemos que él enseñó formalmente a sus discípulos (Mateo 5-7; Marcos 10:1) y al mismo tiempo les permitió observar su obediencia a Dios mientras vivían la vida juntos (Juan 4:27; Lucas 22:39-56).

De la misma manera, algunas de nuestras relaciones de discipulado deberían ser programadas. Tal vez dos amigos deciden leer un capítulo del evangelio de Juan y luego discutirlo en un café o haciendo ejercicios en el gimnasio. Tal vez dos hombres de negocios leen un capítulo de un libro cristiano cada semana y luego hablan sobre el mismo durante una caminata con sus hijos en el vecindario un día sábado. Tal vez dos parejas se reúnen una vez al mes y hablan de lo que la Biblia dice sobre el matrimonio. Tal vez una anciana piadosa puede hacer que una joven soltera vaya a su casa los martes en la tarde para orar y estudiar una biografía cristiana. Tal vez una madre pasa tiempo en el parque con otras madres cada semana. Independientemente de la forma, algunos de nuestros discipulados deberían involucrar tiempos de lectura, oración, confesión, motivación, y desafíos mutuos para ser más como Cristo.

El discipulado también puede ser espontáneo. Tal vez unos amigos van al cine juntos y luego compran helados para hablar y comparar el mensaje de la película con lo que dice la Biblia. Tal vez un padre y un hijo se sientan en el pórtico y reflexionan sobre la gloria de Dios reflejada en la puesta del sol. Tal vez invitas visitantes de la iglesia a almorzar y le preguntas cómo vinieron a Jesús. Siempre necesitamos ser intencionales, pero no siempre necesitamos estar programados. De hecho, Deuteronomio 6 nos muestra que el discipulado sucede «cuando te sientas en tu casa, y cuando caminas por el camino, y cuando te acuestas, cuando te levantas» (vers. 7). Cada momento es una oportunidad para discutir quien es Dios y lo que está haciendo. Debido a que siempre estamos siguiendo a Jesús, siempre tenemos la oportunidad de ayudar también a otros a seguirlo.

LOS DISCÍPULOS DEPENDEN DE LA GRACIA

Aunque es verdad que un discípulos de Jesús debe ayudar a otros a seguir a Jesús, debemos siempre recordar que sin la gracia de Dios que nos sostiene y fortalece no podemos hacer nada (Juan 15:5). Independientemente de si eres pastor, un plomero, un policía, y un ama de casa, nunca te gradúas de tu necesidad de la gracia de Dios.

Cuando seguimos a Cristo y ayudamos a otros a seguirlo, estamos conscientes de nuestra necesidad de gracia, fallamos, pecamos, luchamos, pero afortunadamente la gracia de Dios abunda para sus hijos. Estas son las buenas nuevas mientras buscamos seguir a Jesús juntos y ser diariamente transformados a su gloriosa imagen (2 Corintios 3:18) Qué fielmente podamos seguir a Cristo y ayudar a otros a hacer lo mismo hasta que veamos su rostro. ¡Ven pronto, Señor Jesús!