Membresía

Conectando el evangelismo y la iglesia

Artículo
16.02.2019

¿Es el evangelismo un deporte individual o un deporte en equipo? Realmente, es ambas cosas.

Piensa en la pesca. Hay momentos en que puedes tener un paseo solitario por el muelle, poner los pies a un lado y tirar una línea. Pero pregúntales a los hombres de un barco lo que significa acarrear una tonelada de caballas que se retuercen fuera de las aguas del mar. Ellas se necesitan desesperadamente una a la otra.

La analogía de la pesca no dice todo lo que quisiéramos decir sobre la relación entre el evangelismo y la iglesia local, pero es bíblico y es un comienzo. Jesús le dijo a los discípulos que lo siguieran, que Él los haría pescadores de hombres, y que luego los enviaría de dos en dos a predicar para que las personas se arrepintieran (Marcos 1:17; 6:7, 13). Al igual que el pescador en un barco, necesitamos la iglesia para hacer el trabajo de evangelismo.

Sin embargo, hay una ilustración mayor que ver relacionada al evangelismo y la iglesia. Piensa en los primeros capítulos del libro de los Hechos, donde los apóstoles proclamaron la resurrección, y detrás de ellos estaba la iglesia, viviendo juntos y compartiendo todo en común, «alabando a Dios y disfrutando el favor de las personas» (2:47; también 5:13). De alguna manera, la vida de la iglesia, establecida allí como una base para la proclamación del evangelio, servía como testimonio del evangelio. Hizo que muchos en Jerusalén vieran a los santos con favor, y esto traía más conversiones.

¿Fueron estos primeros días en Jerusalén que Pedro tuvo en mente cuando más tarde describió la iglesia como un pueblo, un sacerdocio, y una nación «para que declares las alabanzas de Él» quien nos llamó de la oscuridad a vivir una vida tan abundante que los paganos verían nuestras buenas obras «y glorificarían a Dios» (1 Pedro 2:9, 12)?

En ambos capítulos de Hechos y 1 Pedro 2, uno siente como si la iglesia fuera una colmena, una bola de zumbido de dulzura haciendo miel, lleno de ida y vuelta de abejas trabajadoras ocupadas. Esta colmena es esencial para la labor individual de la abeja, y parte del trabajo. ¿Qué puede decir todo esto sobre la relación entre el evangelismo y la iglesia? Ninguna analogía va por todo el camino y abarca todo. Veamos si podemos resumir la relación entre la iglesia y el evangelismo en la Biblia en cuatro declaraciones sistemáticas, y luego preguntar cuáles lecciones prácticas siguen para las iglesias.

  1.   EL EVANGELISMO APUNTA HACIA DIOS, NO HACIA LA IGLESIA

Si estabas tratando de convencer a alguien de que se uniera a tu club, apuntaría hacia todos los beneficios del club: los miembros divertidos tienen el torneo anual de tenis de mesa, y así sucesivamente. Así no es cómo funcionan el evangelismo y la iglesia.

El evangelismo apunta hacia Dios, no hacia la iglesia. Esa es la primera declaración. Pablo le dice a los Corintios que Cristo le ha dado a él (y a ellos) el «ministerio de la reconciliación» y «un mensaje de reconciliación». Él (y ellos) son «embajadores de Cristo, como si Dios estuviera haciendo su llamado a través de nosotros». Y este mensaje de reconciliación es simple: «reconcíliense con Dios» (2 Corintios 5:18-21).

Las buenas nuevas del evangelista no es, «reconcíliense con las otras personas,» aunque las buenas nuevas llevarán a la reconciliación, sino que en lugar de eso las buenas nuevas del evangelista consisten en cómo una persona puede ser reconciliada con Dios. Todo lo demás fluye a partir de ahí.

  1.   LA IGLESIA ES UN RESULTADO DEL EVANGELISMO

Por la misma razón, la primera esperanza de resultado del evangelismo es la reconciliación con Dios. Sin embargo, hay una segunda esperanza para resultados: la reconciliación con el pueblo de Dios, la iglesia. Si tu doctrina de conversión está dejando el elemento corporativo, está perdiéndose de un parte esencial del todo. Una cabeza de pacto debe tener un pueblo de pacto. Nuestra unidad corporativa en Cristo no es sólo una implicación de la conversión, es parte del todo. Estar reconciliados con el pueblo de Dios es diferente a pero inseparable de ser reconciliados con Dios (ver mi libro «The Corporate Component of Conversion»).

Todo esto es expresado maravillosamente en Efesios 2. Los versículos 1 al10 explican el perdón y nuestra reconciliación vertical con Dios: «por gracia hemos sido salvados». Los versículos 11 al 22 presentan lo horizontal: «porque Él mismo es nuestra paz, quien nos hizo uno y ha roto en su carne la pared de hostilidad que nos dividía» (vers. 14). Fíjate que la actividad del versículo 14 está en pasado. Cristo ya hizo que judíos y gentiles fueran uno. Es lo que son porque Dios lo ha hecho, y Dios lo hizo precisamente en el mismo lugar que cumplió la reconciliación vertical en la cruz de Cristo (ver también Efesios 4:1-6).

En resumen, somos salvos en un pueblo. Los capítulos anteriores del libro de los Hechos demuestran cómo luce esto en la práctica: «esos que aceptaron su mensaje fueron bautizados, y cerca de tres mil fueron añadidos a sus números ese día» (Hechos 2:41; ver también 2:47; 4:4; 6:7). Las personas confían en Cristo y son añadidas al «número» de la iglesia en Jerusalén. Son contados. Sus nombres son añadidos. Si hubieran tenido cámaras, ¡hubiera habido una foto en el directorio de la iglesia! La vida de convertido es formada de manera congregacional. Los cristianos pertenecen a las iglesias, y ahí es donde el evangelista enviará a las personas.

  1.   EL EVANGELISMO ES EL TRABAJO DE LA IGLESIA

Tercero, el evangelismo es el trabajo de la iglesia. Una vez que una persona es reconciliada con Dios y (por tanto) con el pueblo de Dios, él o ella gana un nuevo trabajo: «compartir el evangelio con otros. Síganme, y los haré pescadores de hombres», dijo Jesús (Marcos 1:17; también, Mateo 28:19). En otras palabras, cada cristiano y miembro de iglesia, está encargado de compartir el evangelio (ver el libro de Timothy Beougher, «¿Must Every Christian Evangelize?»).

Los primeros capítulos del libro de los Hechos enfatizan la predicación de los apóstoles, pero cuando surge la persecución en Jerusalén y la iglesia es esparcida, «los que habían sido esparcidos predicaron el evangelio dondequiera que llegaban» (Hechos 8:4).

Las iglesias locales existen para adorar a Dios y compartir las buenas nuevas de Jesucristo. Por eso es que los maestros enseñan y los miembros aprenden. De hecho, Jesús le da los evangelistas, pastores y maestros a la iglesia para que los equipe para la obra del ministerio (Efesios 4:11), un ministerio que seguro incluye el evangelismo. Trabajamos juntos para pescar el pez.

  1.   LA IGLESIA ES UNA APOLOGÉTICA EN EL EVANGELISMO

La vida de un pueblo convertido, agrupado en congregaciones, debería ser también recomendar el evangelio que los salvó. En «Gospel doctrine», Ray Ortlund escribió, «crea una cultura del evangelio». Y esa cultura, expresada en nuestras iglesias, debería ser atractiva para los de afuera, por lo menos para algunos (ver 2 Corintios 2:15-16).

Esto nos lleva de vuelta a la ilustración de la iglesia como una colmena zumbadora llena de miel. Vemos esto en Hechos y 1 Pedro 2. También lo vemos en Mateo 5, donde Jesús habla sobre la iglesia siendo sal y luz (vers. 13-16). Y es ilustrado grandemente en Juan 13, donde Jesús dice, «como yo los he amado, también deben amarse unos a otros. De esta manera la gente conocerá que ustedes son mis discípulos, si se aman unos a otros» (vers. 34-35).

¡Nuestras buenas obras hacia los de afuera y nuestro amor por nuestros hermanos miembros de la iglesia hacen que los vecinos y colegas se acerquen a Jesús! Todo esto para decir que la iglesia local es una apologética en el evangelismo. La vida de la iglesia persuade por el evangelio. Los creyentes que viven unos con otros testifican del poder de Dios en la salvación. Conforme nos sentamos bajo la predicación de la Palabra de Dios semana tras semana, y mientras el Espíritu nos transforma a la imagen del Hijo poco a poco, nosotros mostramos lo que el evangelio puede hacer en nosotros como individuos y como un pueblo.

Lentamente nos convertimos en la nueva humanidad, siguiendo a aquel que es el primogénito de la nueva creación (Colosenses 1:15). Y esta nueva humanidad sirve de fundamento o cartelera para nuestro evangelismo. Ofrece una cultura de contraste para las culturas de este mundo.

PRÁCTICAS PARA LLEVAR A CABO

¿Cuáles son algunas lecciones prácticas que podemos tomar de estos cuatro principios sistemáticos? Frecuentemente, los pastores tratan de fortalecer el ministerio evangelístico de una iglesia exhortando a las personas para que compartan el evangelio. Esto es un punto, pero es también importante que la iglesia crezca como una cultura de contraste, que actúe como ese fundamento atractivo para el evangelismo.

1) El evangelismo debería llevar al bautismo y a la membresía. Las iglesias no deberían evangelizar y luego dejar a los nuevos convertidos solos. Ni tampoco deberían evangelizar, bautizar, y luego tal vez algún día, llegar para traer a alguien para que se integre a la membresía de la iglesia. Excepto por circunstancias excepcionales (por ejemplo, el eunuco etíope), las iglesias deberían hacer lo que hizo la iglesia en Jerusalén: bautizar a las personas y añadirlas (Hechos 2:41). Después de todo, el bautismo es la señal corporativa y autorizada mediante la cual una iglesia formalmente afirma que una persona es creyente. Esa afirmación debería entonces ser protegida y nutrida por la supervisión continua dada a través de la membresía y la Cena del Señor. No dejamos a las nuevas crías fuera del nido, sino que las traemos adentro.

2)  Enseñar a los miembros a integrar sus vidas unos con otros. Para fortalecer el poder apologético de una iglesia, los miembros deberían ser recordados constantemente a través de la enseñanza de la Palabra y de la celebración de la Cena del Señor que somos un cuerpo (ver 1 Corintios 10:16-17; 1 Corintios 12). Difícilmente un domingo debería pasar sin que los miembros sean recordados de construir relaciones unos con otros para que puedan motivar, edificar, fortalecer, hablar verdad, advertir y amarse unos a otros (ver Romanos 12:9-13; Efesios 4:11-32). Ellos deberían ser motivados a mostrar hospitalidad (Romanos 12:13; 1 Pedro 4:9). Todo esto crea un testimonio atractivo del evangelio.

3)  Enseñar a los miembros a sacrificarse unos por otros. De manera más específica, los cristianos deberían pensar sobre cómo pueden sacrificarse mejor unos por otros, financieramente y de cualquier otra manera (ver Hechos 2:42-46; 2 Corintios 8-9; 1 Pedro 4:10). Sobre todo en una nación consumista, el ejemplo de la generosidad compartida entre los creyentes presenta un poderoso contraste de la cultura. Recuerda, Jesús le dijo a los cristianos que se amaran unos a otros como él los ha amado (Juan 13:34), un amor sacrificial si es que alguna vez hubo alguno.

4)  Practicar la disciplina de iglesia. Los cristianos hipócritas y herejes de nuestro medio comprometen el testimonio de la iglesia. Cuando los miembros de la iglesia en una comunidad son conocidos como mentirosos, detractores y adúlteros, el trabajo evangelístico de la iglesia no funciona bien. Eso no quiere decir que la iglesia debería disciplinar cada santo que aún lucha con el pecado en sus medios porque no quedará ninguna iglesia, sino que las iglesias deberían confrontar y disciplinar a los que no se arrepienten de su pecado. Esto sirve, irónicamente, para evangelizar a los miembros que no se arrepienten (ver 1 Corintios 5:4), y a una ciudad de la iglesia más ampliamente (ver 1 Corintios 5:1-2).

5) Equipar a los miembros para que compartan el evangelio. Los líderes de iglesia deberían de diferentes maneras asegurar que cada miembro puedan explicar lo básico de la fe. Esto puede ser llevado a cabo desde el púlpito, en el salón de escuela dominical, en la entrevista para la membresía, y cualquier otro lugar (ver el libro de Kevin McKay, «Overcoming Objections to Evangelism»).

6)  Motivar a los miembros a vivir vidas que bendigan a los de afuera. Los miembros de la iglesia, con esperanza, son conocidos como amables, amigables, y personas que rápidamente dan una mano. Deberíamos ser rápidos en integrarnos con un rastrillo para ayudar a limpiar las hojas del vecino, rápidos en ofrecer ayuda a un compañero de trabajo, rápidos en defender una víctima de abuso, rápidos en trabajar duro para preservar los trabajos de los empleados que trabajan duro durante los tiempos difíciles, rápidos en bendecir de cualquier manera posible. Las buenas obras deberían adornar nuestras palabras evangelísticas.

7)  Invitar a las personas a reuniones formales e informales de la iglesia. Innumerables historias podrían ser contadas sobre como los no-creyentes escucharon el evangelio y luego observaron a la iglesia en acción, tanto en reuniones formales como informales, y luego vinieron a la fe. La vida de iglesia unida los atrajo. Los apuntó hacia algo que nunca habían conocido en su familia, escuela o lugar de trabajo. En otras palabras, invitar a los de afuera a la vida de la iglesia debe constituir una parte de nuestro evangelismo.

8)  Establecer el ejemplo en el evangelismo. Dondequiera que los ancianos de la iglesia son conocidos por su evangelismo, puedes esperar encontrar una iglesia evangelística. Donde lo ancianos no lo son, tú tampoco lo serás.

9)  Comparte historias de evangelismo y conversión. Los líderes de iglesia deberían compartir historias de encuentros evangelísticos en sus sermones y lecciones. Los miembros de la iglesia deberían compartir peticiones de oración por oportunidades evangelísticas. Los candidatos a bautizo deberían tener la oportunidad de compartir su testimonio de conversión. Cosas como estas ayudan a hacer del evangelismo una parte «normal» de la vida cristiana y la experiencia de iglesia.

10)  Jáctate de tu iglesia. El apóstol Pablo a veces se jactaba de su iglesia como una manera de jactarse de Cristo (ver 2 Corintios 9:2; 2 Tesalonicenses 1:4; Filipenses 2:16). Igualmente, los cristianos deberían buscar maneras de hablar positivamente y con agradecimiento —no desagradablemente o con orgullo—de sus iglesias entre sus amigos no-creyentes. Cuando un colega pregunta sobre el fin de semana, menciona como tu iglesia le hizo a tu esposa un maravilloso baby shower. Menciona algo motivador que el predicador dijo el domingo. Menciona el trabajo que tu congregación está haciendo en el refugio cuando llegan los que no tienen hogar. No hay duda de que hacer esto bien requiere práctica.

CONCLUSIÓN

Relacionar correctamente la iglesia y el evangelismo en nuestro entendimiento y práctica requiere más que exhortar a las personas a evangelizar. Requiere atender asuntos de política y gobierno, membresía y disciplina. Requiere construir una iglesia sana que se sienta bajo la Palabra de Dios predicada, y entiende que Dios ha llamado a la iglesia a hacerlo. Requiere de líderes piadosos que enseñen y den ejemplo. Y requiere de miembros que amen a Jesús y cada vez más no puedan más que cantar alabanzas a Aquel que los trajo de la muerte a la vida, dentro y fuera del edificio de la iglesia.

El Evangelio y la Evangelización Personal
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Traducido por Samantha Paz.