Liderazgo

Cómo separar el trabajo de los diáconos del trabajo de los ancianos

Artículo
24.05.2021

Al maligno le encanta dividir, y a menudo lo hace de manera más efectiva entre las líneas de autoridad: el marido y la mujer, el padre y el hijo, el jefe y el empleado. Igual sucede con la iglesia. Ya sea entre los pastores y la congregación o dentro del liderazgo de la iglesia, la división hace que la iglesia de Cristo sufra.

Una de las formas en que la división se introduce en la iglesia es cuando surgen problemas que no corresponden claramente a los ancianos ni a los diáconos.

El propósito de este artículo es aclarar cómo separar el trabajo de los diáconos del trabajo de los ancianos. Esto ayudará a minimizar la división entre los ancianos y diáconos, y así preservar la unidad entre los líderes de la iglesia.

¿DÓNDE ESTÁ EL PROBLEMA?

Las peleas se producen por problemas que no corresponden claramente a los ancianos o a los diáconos. Si a todas las partes les queda claro quién es responsable de algo, no hay razón para discutir. Pero los problemas ocurren cuando es menos claro: ¿Es este el trabajo de los diáconos? ¿Cuánto deberían comentar los ancianos acerca del trabajo de los diáconos? ¿Pueden los diáconos opinar sobre las conclusiones de los ancianos?

Mi respuesta es un sólido: «Depende».

Ningún diácono debería objetar la capacidad de los ancianos de escoger a los maestros de la escuela dominical. Ningún anciano debería discutir con los diáconos sobre el lustre de los muebles usados en la mesa de la comunión. Si tienes este tipo de disputas en tu iglesia, necesitas hacer algo de enseñanza básica acerca de lo que es un anciano y lo que es un diácono. Tus ancianos deberían saber que son responsables de la supervisión espiritual de la iglesia, y tus diáconos deberían saber que son responsables de las necesidades físicas y materiales de la iglesia. Si ambas partes no saben eso, comienza allí.

Por otro lado, los casos difíciles lo son porque el problema recae en la línea fronteriza entre la supervisión espiritual de la iglesia y su cuidado físico y material, o el problema incluye ambos dominios.

Para intentar solucionar algunos de estos problemas, permíteme darte tres breve escenarios en los que el tema de la jurisdicción es confuso, dos sugerencias para brindar mayor claridad y dos palabras de aliento para el camino a seguir.

TRES ESCENARIOS CONFUSOS

Aquí tienes tres escenarios que parecen caer en la línea entre las responsabilidades de los ancianos y de los diáconos:

  1. Hay bebés que están naciendo y la guardería necesita ser ampliada. ¿De quién es el trabajo, de los ancianos o de los diáconos? Podrías pensar que este es un trabajo de los diáconos, pero si los ancianos están haciendo bien su trabajo, habrán tenido que ver la creciente necesidad en el curso natural de su pastorado. ¡Si recibes a 50 miembros nuevos durante el transcurso de dos años que están solteros, los ancianos deberían esperar tener que necesitar una guardería ampliada en cinco años o menos! Este problema finalmente será resuelto por los diáconos a través de un proyecto de construcción, pero debería ser iniciado por los ancianos mientras supervisan a la congregación.
  2. La señora Spandler, de 90 años, entregó las llaves de su auto a su hija y ya no puede desplazarse como antes. Podrías pensar que la responsabilidad de hacer que llevarla a la iglesia les corresponde a los ancianos, pero nosotros animaríamos a los diáconos a participar aquí. Considera la posibilidad de designar a un «diácono de atención a los miembros» que se enfoque en las necesidades físicas de los miembros especialmente necesitados, como los ancianos encerrados.
  3. Es septiembre y el presupuesto de la iglesia tiene que aprobarse antes del 31 de diciembre. ¿Quién lo dirige? Las finanzas suenan como un asunto que les corresponde a los diáconos, ¿cierto? En parte. El presupuesto es una imagen de la visión de una iglesia. Muéstrame el dinero y te mostraré el corazón de la iglesia. Por tanto, los ancianos deben tomar el liderazgo y brindar dirección. Eso no significa que los diáconos no puedan ayudar presentando estimados y enumerando las necesidades para sus áreas de servicio. Y un diácono de presupuestos puede sacar toda una hoja de cálculo y proponer un presupuesto con el que los ancianos puedan empezar a trabajar. Pero los ancianos deben repartir y equilibrar el presupuesto, sopesando, por ejemplo, las necesidades locales (como los edificios y salarios) frente a las misiones internacionales. Yo recomendaría que los ancianos presentaran el presupuesto a la iglesia con el apoyo de los diáconos.

DOS SUGERENCIAS ACLARATORIAS

¿Cómo deberían los ancianos y los diáconos decidir qué asuntos son o no son principalmente su responsabilidad? Aquí tienes dos sugerencias que deberían ayudar a clarificar esto:

  1. Los ancianos deberían tener cuidado de evitar que los asuntos administrativos (de los diáconos) dominen su agenda. El trabajo de los ancianos puede ser fácilmente abrumado por el flujo interminable de asuntos físicos aparentemente urgentes de una iglesia, aunque esta no es su labor principal. Considera la posibilidad formar un subcomité administrativo entre los ancianos que puedan abordar más las preocupaciones orientadas hacia los diáconos antes de que lleguen a los ancianos. Esto puede evitar que las preocupaciones administrativas obstruyan la agenda de los ancianos en su conjunto. Dale a ese comité la autoridad para actuar en nombre de los ancianos. Por otro lado, los ancianos pueden inhabilitar rápidamente a los diáconos y desanimarlos con una supervisión excesiva. En cambio, los ancianos deberían delegar responsabilidades a los servidores fieles y confiar en que podrán manejar esos asuntos.
  2. Los ancianos deben modelar una buena comunicación. ¿Cómo? Primero, deben buscar el consejo de los diáconos antes de tomar ciertas decisiones. Considera Proverbios 15:22: «Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo; mas en la multitud de consejeros se afirman». Segundo, deberían asegurarse de que a los diáconos no les tome por sorpresa las decisiones de los ancianos. Por tanto, mantén las líneas de comunicación abiertas entre los ancianos y los diáconos. Considera la posibilidad de planificar conversaciones individuales entre los ancianos y los diáconos, así como tener una reunión periódica de ambos grupos en la que los ancianos informen a los diáconos sobre las decisiones que los ancianos han tomado antes de que presentar esos asuntos ante toda la iglesia.

DOS PALABRAS DE ÁNIMO PARA EL CAMINO A SEGUIR

Por último, aquí tienes dos palabras de ánimo a los ancianos y los diáconos para que sigan en su trabajo y labor por la unidad:

  1. Ancianos: Trabajen en edificar la confianza con los diáconos. No supongan que ellos confían en ustedes por el simple hecho de tener un cargo. Trabajen horas extras para comunicarse con los diáconos y consideren cuidadosamente sus consejos. A medida que la confianza de los diáconos crezca, ustedes derrotarán los métodos divisivos del maligno.
  2. Diáconos: Asuman una postura de apoyo sin una actitud de «jugar un papel secundario». Según 1 Corintios 12:28 el don de «administrar» está a la altura de los apóstoles, los profetas, los milagros y las curaciones. Si tienes el don de administración y las cualidades de un diácono (1 Ti. 3:8-13) tienes un don para la iglesia de Cristo. Se te ha dado una particular «manifestación del Espíritu para el bien común» (1 Co. 12:7) Utiliza tu don para acabar con las divisiones y edificar el cuerpo de Cristo.

En pocas palabras, se consciente de las áreas de responsabilidad superpuestas que pueden tener los ancianos y los diáconos, y trabaja para aclarar qué grupo debe manejar los diferentes asuntos. Lucha contra el caciquismo. Comuníquense abiertamente y a fondo unos con otros. Al hacer esto, combatirán la división y modelarán la unidad piadosa entre los líderes para que todo el rebaño la vea, la aproveche y la imite.

Traducido por Nazareth Bello