Predicación expositiva

¿A quién recurre tu congregación cuando necesita ayuda?

Artículo
12.07.2017

Mi esposa y yo estábamos en un retiro de matrimonios con doce parejas. Tanto los hombres como las mujeres estaban trabajando — con dolor pero con honestidad — con los fracasos en sus matrimonios. A los líderes de grupos pequeños del retiro se les dijo que ayudaran a las parejas a pensar sobre cómo aplicar el evangelio a sus debilidades matrimoniales. Después, me senté con los líderes de los grupos para ver cómo les había ido, y esto fue lo que me dijeron:

“Ha sido la parte más lenta del fin de semana”.

“La gente no tenía idea sobre qué decir”.

Y lo peor de todo: “No creo que la gente sepa cómo aplicar el evangelio a sus vidas”.

En este artículo sobre el discipulado, consideramos la urgente necesidad de que los cristianos enseñen a otros cómo vivir vidas centradas en el evangelio. Esta Revista de 9Marks está dedicado al tema de la predicación, lo cual es fundamental para el discipulado cristiano.

El primer paso en el discipulado se da cuando el predicador aplica la Biblia a la vida de su congregación. Al oír los creyentes la Palabra y al crecer en su entendimiento del evangelio, crecen también en su amor por Cristo.

Un segundo paso en el discipulado se da cuando los cristianos —preparados con la Palabra— salen de sus zonas cómodas e interactúan con otros en relaciones santificadoras. Al juntarse los creyentes, se aguzan unos a otros y se ayudan unos a otros a ver la gloria de Cristo.

Con demasiada frecuencia los pastores y los miembros de iglesia no cumplen estas responsabilidades y, como consecuencia, rara vez vemos un crecimiento espiritual adecuado en nuestras congregaciones.

 

El fracaso del pastor: descuidar la aplicación bíblica

Pregunta a cualquier cristiano lo que enseñó su pastor el domingo por la mañana y en el mejor de los casos te dará un rápido resumen del pasaje y alguna que otra ilustración. Ahora, pregúntale cómo ese mensaje tuvo un impacto en su vida y por norma general te dirá algo así de vago: “fue de ayuda”, “fue de ánimo” o incluso: “hizo que me alegrara de ser cristiano”.

Ninguna de estas respuestas es mala. De hecho, es de esperar que sean ciertas. Pero ¿qué pasa cuando “José cristiano” o “Susana cristiana” salen por la puerta de la iglesia el domingo por la mañana y vuelven a un mundo caído? Vamos a considerar unos cuantos ejemplos prácticos:

  • Jonatán entra en su oficina el lunes y se entera por casualidad de que su jefe está metido secretamente en una serie de prácticas empresariales nada éticas.
  • A Pedro se le dice que tiene los síntomas iniciales de la enfermedad de Parkinson.
  • Al niño de cinco años de Susana le da una rabieta cada cinco minutos y nunca hace ningún caso a las instrucciones de su madre.
  • La esposa de David le dice que ya no le quiere y que quiere divorciarse.
  • El novio de Julia intenta convencerla de tener relaciones sexuales con él, a pesar de que él dice ser cristiano.

¿Saben estas personas cómo el evangelio es pertinente a sus situaciones en particular? Si son como la mayoría de los cristianos, no lo saben. Así que buscan en otra parte.

  • Jonatán llama a sus tres mejores amigos y les pide que le aconsejen.
  • Pedro se mete en Internet y lee todo lo que puede sobre la enfermedad de Parkinson.
  • Susana se acuerda de algo que leyó en una revista e intenta ayudar a su hijo con su autoestima.
  • David y su esposa recurren a un consejero y este les recomienda técnicas de comunicación descubiertas en la última investigación matrimonial.
  • Julia recurre a su programa de televisión favorito donde le dan consejos sobre relaciones con chicos.

¿Por qué recurren los cristianos a este tipo de ayudas? ¿Por qué sale la gente de sus iglesias sin saber cómo la Biblia puede ser relevante en sus hogares, en sus amistades y en sus lugares de trabajo?

Por un lado, a los miembros de las iglesias se les bombardea con las mismas opciones que a las demás personas. La publicidad en la televisión, las vallas publicitarias en la calle, los anuncios en Internet y los anuncios en las revistas nos saturan con alternativas: “Diez consejos para una vida sexual mejor”, “Administra mejor tu dinero”, “Menos estrés y más felicidad tomando estas vitaminas”, “Haz que tu vida sea más eficiente”, “¿Estás solo/a? Apúntate ya para un amor duradero”.

Por otra parte, ¿es posible que los pastores tengan cierta culpa? Probablemente. Pregúntale a cualquier pastor reformado cuánto tiempo dedica, a la hora de preparar sus predicaciones, a hacer exégesis del texto, comparado con el tiempo que dedica a pensar sobre la aplicación bíblica. Con demasiada frecuencia la aplicación se queda en el camino; se vuelve muy trillada y se añade al sermón como un apéndice. Pero ¿a qué precio?

Otros pastores evangélicos se enfrentan una y otra vez al problema opuesto: la aplicación en sus predicaciones es débil porque no la fundamentan en el texto bíblico. Hay demasiados pastores que ven principios de liderazgo en Nehemías mucho antes de dedicar tiempo a luchar con el texto bíblico.

Andreas Kostenberger ha afirmado que la aplicación bíblica es “la parte más crucial, aunque la más difícil, del proceso de interpretación”.[1] Precisamente por ser tan difícil, los pastores no consiguen predicar sermones con aplicación robusta, controlada por el texto.

Las personas que no sepan cómo aplicar el evangelio a los detalles cotidianos de sus vidas nunca crecerán en su amor por Cristo.

Ahí lo tienes. Pastor, este es un llamado a despertar. Si no enseñas a tu gente aplicación bíblica, no habrás pastoreado al rebaño de manera adecuada.

 

El fracaso del miembro de la iglesia: descuidar la santificación relacional

Ya que estamos repartiendo la culpa, permítanme que incluya también a los miembros de las iglesias. Como cristianos, deseamos ser fervientes evangelistas, y con razón. Pero una vez que hemos conseguido que la gente haya entrado por la puerta principal de la iglesia, con demasiada frecuencia sentimos que ya hemos cumplido con nuestro trabajo. Pocas veces nos preocupa el bienestar espiritual a largo plazo de los demás creyentes en nuestras iglesias.

Quiero sugerir que una de las cosas más importantes que los miembros de las iglesias pueden hacer con su tiempo es lo que yo llamaría “la santificación relacional”. Fíjate lo que escribió recientemente un amigo mío (Greg):

“He llegado a depender de las relaciones que tengo en mi iglesia. Las necesito, y cuando no puedo beneficiarme de ellas de forma regular, las echo de menos. Las vacaciones me matan. Sí, son divertidas, es cierto, pero después de una semana o dos, me doy cuenta —y me duele— de que falta algo en mi vida (y son las relaciones en mi iglesia). Esas personas me mantienen responsable, me ayudan a pensar, me ayudan a dirigir y me ayudan a amar a mi esposa y a mi hijo. En fin, me ayudan a ser una persona mejor. Creo que fue la intención de Dios que funcionara así. Su pueblo se aguza, unos con otros y, a través del calor y de la presión de esas interacciones, nos da forma y nos moldea para que nos parezcamos a Cristo. Pues, no creo que haya muchas iglesias allí fuera que estén experimentando esa clase de santificación relacional. Me temo que la mayoría de las iglesias simplemente se reúnen para un culto de adoración una vez o dos a la semana, y que cualquier cosa más que eso se consideraría simplemente una pérdida de tiempo. Quiero enseñar a una iglesia cómo tener comunión los unos con los otros y, luego, a través de esa comunión, cómo animarse los unos a los otros a vivir vidas que le glorifiquen a Cristo, llevando las cargas y los dolores los unos de los otros, compartiendo las alegrías los unos de los otros, reprendiéndose y amonestándose los unos a los otros cuando sea necesario”.

¡Me encanta cómo Greg dice que las vacaciones “le matan”! No es algo que se oiga muy a menudo, incluso de creyentes. Pero Greg echa de menos a la iglesia; a la gente, las relaciones.

La parte que más me gusta de este párrafo es la parte justo en el medio: “Su pueblo se aguza unos con otros, y, a través del calor y de la presión de esas interacciones, nos da forma y nos moldea para que nos parezcamos a Cristo”. ¡Da en el clavo! La intención de Dios para nosotros es que vivamos nuestras vidas juntos; puliéndonos unos a otros, sirviéndonos unos a otros, exhortándonos unos a otros, reprendiéndonos unos a otros, amándonos unos a otros, etc.

La gente muchas veces no quiere hacer el duro trabajo de hacer discípulos porque es algo costoso. Requiere tiempo que no queremos dar. Además, las relaciones son invasivas. Para hacer un discípulo tú mismo tienes que ser vulnerable y tienes que preguntar cosas sobre la vida de otra persona. Todo eso implica tener que tratar los detalles desordenados de la vida: el sufrimiento, los altibajos emocionales, las luchas, las dudas, los desastres financieros, los desastres de ser padres, etc.

Tal vez digas: “Tengo bastante con mis problemas, ¿por qué voy a querer ensuciarme con los problemas ajenos?”.

Aquellos cristianos que no viertan sus vidas en otras personas no deberían extrañarse de ver que otros creyentes rara vez crecen en su amor por Cristo.

Pues, ahí lo tienes. Si tú —como miembro de iglesia— descuidas el invertir en otras personas de tu iglesia, has dejado de seguir de manera adecuada la exhortación de Cristo de ir, hacer discípulos y enseñarles a obedecer todo lo que Él mandó.

 

La suficiencia de las Escrituras

No hace falta que seas un ingeniero aeronáutico para que entiendas lo que voy a decir ahora. El discipulado cristiano tiene que ver con enseñar a otras personas a aplicar las verdades del evangelio a todas las áreas de sus vidas. Los pastores deberían hacerlo en sus sermones y los miembros deberían hacerlo en sus relaciones los unos con los otros.

El discipulado está arraigado ante todo en la suficiencia de las Escrituras. Decir que algo es suficiente es decir que tiene todo lo que necesita para poder hacer aquello que es su intención hacer. La Biblia dice de sí misma que nunca volverá vacía y que logrará hacer todo aquello que se propone hacer: “Así será Mi palabra que sale de Mi boca, No volverá a Mí vacía Sin haber realizado lo que deseo, Y logrado el propósito para el cual la envié.” (Is. 55:11).

Además, la Biblia es suficiente como nuestra guía para la salvación y para una vida piadosa; por cuanto su alcance lo abarca todo, provee todo lo necesario para definir y tratar toda la gama de los problemas de la vida, al guiar y definir lo que creemos, cómo pensamos, lo que decimos y cómo nos comportamos.

La Biblia lo abarca todo y nos provee de una perspectiva global cristocéntrica que capacita a hombres y a mujeres caídos para poder ver todo en el mundo desde la perspectiva de Dios. En su Institución de la Religión Cristiana, Juan Calvino describió esta perspectiva global por medio de la analogía de las gafas:

“Si pones un hermosísimo tomo delante de unos hombres ancianos o de vista cansada, o que no ven bien, aun si lo reconocen como algún tipo de escritura, apenas podrán juntar dos palabras, sin embargo con la ayuda de unas gafas empezarán a leerlo bien. Así también las Escrituras, recogiendo en nuestras mentes el conocimiento de Dios que de otro modo quedaría confuso, habiendo despedido nuestra torpeza, claramente nos muestran al Dios verdadero”.

La vida cristiana está llena de sufrimiento físico, de altibajos emocionales, de tiempos de sequedad espiritual y de otras muchas luchas. Con cada lucha los cristianos se enfrentan a una decisión: ¿recurriré al mundo en busca de ayuda, o dejaré que la Biblia hable a mi vida? Cada vez que un cristiano recurre a cualquier cosa que no sea la Biblia en busca de ayuda, no confía en la suficiencia de las Escrituras. Demuestra creer que la Biblia no abarca lo suficiente como para poder enfrentarse a los detalles prácticos de su situación en particular.

Cuando quiere ir más allá de lo que dicen las Escrituras, demuestra “no quedarse satisfecho con lo que Dios ha dado, lo cual equivale a decir, por lo menos de manera implícita, que Dios no lo dejó lo suficientemente claro, o que Él necesita nuestra ayuda para poder llevar a su pueblo a la justicia”.[2]

Oigamos de nuevo a Juan Calvino:

“Si este pensamiento prevalece en nosotros, que la Palabra del Señor es el único camino que nos puede guiar en nuestra búsqueda de todo lo que es lícito creer acerca de Él, y que es la única luz que puede iluminar nuestra visión de todo aquello que de Él debemos ver, ella estará presta para guardarnos y frenarnos de toda temeridad. Porque sabremos que en el momento cuando nos saltemos los límites de la Palabra, nuestro rumbo quedará fuera de la senda y en las tinieblas, donde, inevitablemente, acabaremos vagando, resbalándonos y tropezando una y otra vez”.

Si las Escrituras son adecuadas para la vida cristiana, no hay ninguna necesidad de “saltarnos los límites de la Palabra”. Al hacerlo el cristiano se pone a sí mismo en peligro. Ya que la Palabra de Dios es suficiente, entonces deberíamos enseñar a los creyentes a recurrir a las Escrituras como su principal fuente de fuerzas y de consuelo. Deberíamos ayudar a los creyentes a atarse a la Palabra de Dios.

 

Un paseo por la vida cotidiana

El discipulado cristiano ayuda a la gente a encontrarse cara a cara con Cristo en las páginas de las Escrituras. Conforme las personas van creciendo en su amor por Cristo, llegan a ver cómo el evangelio — la buena noticia acerca de Jesucristo — transforma la manera como deben vivir.

Entonces, ¿qué pasa con “José cristiano” y con “Susana Cristiana”? ¿De qué manera podrían ser diferentes sus soluciones si realmente recurriesen a las Escrituras en primer lugar? ¿Qué pasaría si viviesen como si el evangelio fuese pertinente a todos los aspectos de sus vidas?

El jefe de Jonatán estaba participando en prácticas empresariales nada éticas. Jonatán se da cuenta de que en el último día todo corazón quedará al descubierto ante un Dios justo (Ro. 2:16). Ya no teme más a su jefe; en vez de eso teme a Dios, y eso le libera para que pueda hacer lo correcto (Pr. 1:7).

A Pedro se le ha diagnosticado que está en la primera fase de la enfermedad de Parkinson, pero él sabe que su verdadero tesoro no pertenece a este mundo. El sufrimiento ayuda a Pedro a no confiar ni en sí mismo ni en el mundo, sino solo en Dios (2 Co. 1:8 y 9). También sabe que el sufrimiento hace madurar a los cristianos para que lleguen a ser un pueblo piadoso que el Señor va moldeando para sí mismo (Stg. 1:2-4).

El hijo de Susana no le escucha. Ella se da cuenta de que su hijo tiene que aprender a vivir en obediencia a Dios (Ef. 6:1-3). Ella tendrá que enseñarle a vivir bajo una autoridad piadosa (He. 12:5-6) y tendrá que disciplinarle con el fin de salvar su alma de la muerte (Pr. 23:14).

La esposa de David quiere poner fin a su difícil matrimonio. David se da cuenta de que su propio orgullo ha estropeado por completo la capacidad de su esposa de seguir su liderazgo (Pr. 16:18). David confiesa su pecado a Dios (Sal. 51:4) y busca el perdón de su esposa. La esposa de David le puede perdonar solo porque Dios la ha perdonado a ella a través de la muerte de su Hijo (Col. 3:13).

El novio de Julia quiere tener relaciones sexuales con ella antes de que se casen. Julia encuentra su confianza en Dios, y no en ninguna relación (Pr. 3:25-26). Su deseo de vivir como Cristo la llama a una vida de santidad y de pureza (Lv. 11:45) que la deja sin otra alternativa (tendrá que cortar con un novio que es hipócrita).

¡Fíjate lo hermosa que llega a ser la vida cristiana cuando la gente toma decisiones radicalmente moldeadas por la Palabra de Dios! Vamos, reconócelo, pastor, quisieras que tu gente viviese de esta manera. Espero que no estés desanimado por el hecho de que todavía no viven de esta forma. ¡Pueden llegar a hacerlo, ya que con Dios no hay nada imposible!

Pídele a Dios ahora mismo que te ayude a ser un expositor más fiel de su Palabra. Pídele que te enseñe cómo predicar con una robusta aplicación bíblica, fundamentada en el texto bíblico.

Pídele a Dios que levante miembros de tu iglesia que encuentren gran gozo en hacer discípulos. Ora para que nunca se queden satisfechos ante la apatía espiritual de otras personas. Ora para que estén dispuestos a hacer el sacrificado trabajo de invertir en otras personas.

Tu misión está clara: Ir, hacer discípulos y enseñarles a obedecer. Y si lo haces, espero que encuentres una cosecha de justicia que crezca más allá de tus sueños másinalcanzables.

[1] Andreas Kostenberger, Application: The Hardest Part in Interpretation (La aplicación: la parte más difícil de la interpretación), 27 de Octubre, 2006, www.biblicalfoundations.org

 

[2] Joe Thorn, Thoughts on Sufficiency (Reflexiones sobre la suficiencia), 8 de Agosto, 2006, www.joethorn.net. Nuevamente estoy en deuda con Thoughts on Sufficiency, de Joe Thorn, que apunta esta útil cita de Calvino.