Membresía

Metáforas y membresía: cómo las metáforas bíblicas para la iglesia reclaman la membresía eclesiástica

Artículo
02.09.2019

Si buscas la expresión: «deberás ser miembro de la iglesia» en las Escrituras, no la vas a encontrar. Pero si esto te preocupa, déjame que te anime a pensar un poco diferente sobre el cómo llegar a conclusiones bíblicas. La Biblia no necesariamente nos proporciona un texto probatorio de «capítulo y versículo» para todo lo que nosotros debemos hacer o creer. Sí, deberíamos sujetar rigurosamente nuestras creencias a las Escrituras, pero necesitamos todas la Escritura, no solo piezas de un bocado.

Si desenvolvemos todo lo que las Escrituras enseñan acerca de la iglesia local, encontraremos que la membresía de la iglesia está, de hecho, en todos los rincones del Nuevo Testamento. En ese sentido, quiero centrarme en un solo aspecto de cómo las Escrituras hablan sobre la iglesia, las imágenes de la iglesia, y considerar cómo estas metáforas apoyan e informan sobre nuestra comprensión de la membresía bíblica.

METÁFORAS Y MEMBRESÍA

La Biblia no nos ordena simplemente que nos unamos a una iglesia, sino que hace algo mucho mejor. Despliega la relación entre la iglesia y sus miembros con una serie de metáforas que dan forma a nuestra identidad y desafían nuestra constante inclinación pecaminosa hacia el individualismo, la autosuficiencia, el orgullo y otros yoismos.

Si la Biblia simplemente dijera, «únete a una iglesia» podríamos tratar la membresía como marcar una casilla en una lista de tareas pendientes. Pero al retratar a la iglesia y sus miembros como un cuerpo, un templo, un rebaño y una familia, la Biblia nos obliga no solo a unirnos a una iglesia sino a considerar qué tan bien nuestras vidas encajan con esas imágenes bíblicas.

Las metáforas nos obligan a preguntar: «¿Mi membresía de la iglesia se ve así?». Estas metáforas provocan nuestra imaginación, «¿Cómo puede ser más como lo que describe la Biblia? ¿Soy realmente un miembro de la familia en mi iglesia o soy más como un vecino de al lado? ¿Soy realmente una mano o un pie en el cuerpo, o más como unos zapatos de casa prescindibles?». Las metáforas nos muestran que la membresía es más que tener nuestro nombre en un pedazo de papel; ser miembro de una iglesia determina cómo elegimos vivir.

Entonces, ¿qué metáforas usan las Escrituras para describir a la iglesia? Consideremos solo tres de ellas.

La iglesia es un cuerpo

En 1 Corintios 12, Pablo se refiere a la iglesia como el «cuerpo de Cristo» y a los cristianos como «miembros» de ese cuerpo, una imagen que probablemente adoptó de Jesús mismo (cf. Hechos 9: 4). Para Pablo, un cristiano individual no es aislado ni independiente. Un cristiano es como una mano, un pie, un dedo del pie, una arteria, una glándula suprarrenal o cualquier otra parte del cuerpo; solo somos saludables y útiles si estamos en el cuerpo.

Esta metáfora es fértil para su aplicación. Dignifica a cada miembro de la iglesia. Cada parte del cuerpo es necesaria, por lo que no hay excusa para la autocompasión (1 Co. 12: 15–20) o el orgullo (1 Co. 12: 21–26). La metáfora también sugiere el peligro de no estar en el cuerpo. ¿Qué tan saludable, después de todo, es una extremidad desprendida o un órgano descartado? La metáfora une nuestro bien espiritual con los demás. Como sabemos por nuestros propios cuerpos, cuando un miembro sufre, todo el cuerpo sufre (12:26).

Nota también que cuando hablamos de membresía de la iglesia estamos hablando el idioma de Pablo. La frase «miembro» de la iglesia es un término bíblico. En 1 Corintios 12: 12–27, Pablo se refiere a los creyentes en Corinto como «miembro» del cuerpo de Cristo cinco veces. Los pastores no inventaron el término, Pablo lo hizo.

En particular, en este pasaje, Pablo se refiere a ser un «miembro» de una iglesia local, no solo de la iglesia universal. Pablo está, después de todo, hablando con una iglesia local. Describe que ser miembro del cuerpo de Cristo está vitalmente conectado con la vida del cuerpo, tanto que las alegrías y el sufrimiento de otros miembros se vuelven tuyos (1 Co. 12:26). La vida compartida entre los miembros supone que se están apoyando entre sí, soportando los dolores de los demás y compartiendo las cargas de los demás.

Además, Pablo dejó claro anteriormente en 1 Corintios que pretendía que sus lectores vieran la metáfora del cuerpo como una referencia a una congregación local: «Siendo un solo pan, nosotros, con ser muchos, somos un cuerpo, pues todos participamos de aquel mismo pan» (1 Corintios 10:17). Estos «miembros» componen un «cuerpo» precisamente porque comparten la Cena del Señor juntos, un solo pan compartido por una congregación local.

La iglesia es una familia

Tanto Pablo como Pedro llaman a la iglesia «casa» de Dios (1 Timoteo 3:15; 1 Pedro. 4:17), otra palabra para «familia». ¿De qué está hecha tu familia? Miembros, por supuesto. Los miembros de la familia no son simplemente nombres en un papel, o una carpeta de archivos de certificados de matrimonio y nacimiento. Una familia es una red de relaciones y obligaciones. Los miembros de la familia están vinculados entre sí. Comparten comidas, celebran juntos, lloran juntos, se regocijan juntos, toman decisiones juntos y, cuando están separados, anhelan reunirse.

La iglesia es una familia. Al igual que la familia natural, la familia de la iglesia es una red de relaciones y obligaciones. Los miembros se unen entre sí como hermanos y hermanas. Nuestro compromiso mutuo se manifiesta a medida que hacemos «cosas familiares»: reunir, cuidar, reír, llorar, adorar y servir. Una vez más, el Nuevo Testamento concibe la membresía no como un elemento en una lista de verificación, sino como una forma de vida. Al igual que ser un esposo y un padre moldea mi vida y mis prioridades, también lo es ser un miembro de la iglesia. Asistir regularmente a una iglesia local pero no unirse a ella es como visitar con frecuencia la casa de un vecino; puedes disfrutar de la comunión ocasional pero no eres parte de la familia.

La iglesia es un templo

Finalmente, Pablo llama a la iglesia el «templo de Dios» (1 Co. 3: 16–17). Pedro llama a los cristianos «piedras vivas» que construyen una «casa espiritual» (1 Pedro 2: 4–5). Así como el cumplimiento tanto del jardín como del templo en el Antiguo Testamento, Jesús ahora vierte su Espíritu sobre la iglesia. Mientras esperamos la venida de Cristo, la congregación local es ahora la morada de Dios. Al igual que los ladrillos amontonados, la iglesia local está compuesta por individuos construidos en un solo templo. Mientras trabajamos por el «bien común» de la congregación, manifestamos el Espíritu que reside en nosotros (1 Co. 12: 7).

ALGUNAS IMPLICACIONES PARA LA MEMBRESIA DE LA IGLESIA

Consideremos algunas grandes implicaciones de estas metáforas.

Primero, la membresía de la iglesia es bíblica. Si perteneces a Dios, entonces eres parte de un cuerpo, un hermano en una familia o un ladrillo en un edificio. Es simplemente imposible leer estas metáforas que describen a la iglesia y asumir que un cristiano de alguna manera puede «optar por no participar».

Segundo, en lugar de simplemente ordenar a los cristianos que se unan a una iglesia, la Biblia describe la vida cristiana de tal manera que nunca puede separarse de la iglesia. Las metáforas bíblicas para la iglesia muestran que la membresía significa tener una conexión vital con una congregación local. Esta conexión da forma a nuestra vida cotidiana.

En tercer lugar, estas metáforas provocan nuestra imaginación para considerar cómo podríamos integrar nuestras vidas con otros en nuestras iglesias locales. Es útil enumerar las responsabilidades específicas de la membresía de la iglesia que se encuentran en todas las Escrituras. Matt Emadi explicó esas responsabilidades en otro artículo. Pero consideremos por un momento el principio más amplio en juego en estas metáforas bíblicas. Deberían crear disposiciones del corazón. Las metáforas del Nuevo Testamento para la iglesia no solo nos obligan a unirnos a una iglesia, sino que configuran nuestro carácter y nuestros valores. No solo nos dicen qué hacer, nos dicen quiénes somos.

Por ejemplo, si nos vemos como piedras en un templo, trabajaremos para reunirnos con los miembros (formal e informalmente). Los ladrillos, después de todo, no hacen un templo a menos que estén reunidos. Si nos vemos a nosotros mismos como miembros de un cuerpo, valoraremos la salud de todo el cuerpo, no solo nuestra salud espiritual personal. Después de todo, ¿de qué sirve un bíceps saludable si el resto de usted está cubierto de bacterias carnívoras? Si nos vemos a nosotros mismos como miembros de una familia, nos esforzaremos por ser solo eso, una familia.

Al reducir estos puntos aún más, estas metáforas bíblicas para la iglesia enseñan un gran principio: debemos esforzarnos por aumentar el bienestar espiritual de nuestra iglesia local, no solo nuestra salud espiritual personal. Si eres parte de un cuerpo, un hermano en una familia y un ladrillo en un edificio, ¿cómo podría ser de otra manera?


Traducido por Renso Bello