Disciplina

La Carga de la Biblia por la revitalización de la Iglesia

Artículo
14.10.2018

A través de la mayor parte de los Estados Unidos (y algunas otras partes del mundo) las iglesias evangélicas casi de manera literal dañan el panorama. Muchas de estas iglesias son como la basura dejada en la esquina de una calle, hacen que las personas crucen al otro lado para evadirlas. Las personas que pertenecen a ellas profesan creer en el evangelio y sus declaraciones históricas de fe confiesan el evangelio. Y hay algunos verdaderos cristianos que pertenecen a dichas iglesias, pero en su totalidad la vida de la iglesia proclama todo menos el mensaje del evangelio.

En lugar de eso, estas iglesias proclaman una basura tóxica en lugar del alimento nutritivo que las personas necesitan. Algunas iglesias de este estado puede que no puedan ser recuperadas, pero lo triste del caso es que muchos evangélicos parecen estar felices de ignorar dichas iglesias y simplemente comienzan nuevas. La plantación de iglesias es importante y estratégica, y estoy feliz de ver cada vez más personas involucrarse en ese trabajo.

Sin embargo, si observas un jardín saturado de malas hierbas, ¿simplemente plantarías algunos nuevos lirios buenos en medio del mismo? Si no pudieras escuchar las noticias en la TV porque tu radio está a todo volumen, ¿simplemente subirías la TV? Yo sugeriría que la revitalización de la iglesia—da vida a las iglesias muertas al lidiar con las situaciones que la hicieron declinar y edificando con fidelidad—es una carga bíblica. Es decir, cuando vemos estas iglesias actuar como anti-testigos de Cristo, deberíamos según las Escrituras tener una carga por hacer algo acerca de eso. La carga de este artículo es probar ese punto.

REVITALIZACIÓN DE LA IGLESIA: UNA PRIORIDAD APOSTÓLICA

Considera la carta de 1 Corintios. Pablo plantó la iglesia de Corinto en algún momento cerca del año 50 AD, y escribió esta carta sólo algunos años más tarde como respuesta a los reportes que había escuchado sobre la iglesia, y por algunas preguntas que la iglesia le había hecho. ¿Cuáles fueron las situaciones que llevaron a Pablo a escribir? Considera lo siguiente:

  • Divisiones y parcialidad: algunos diciendo «yo sigo a Pablo,» o «yo sigo a Apolos» (1:10-17).
  • Tolerancia de la inmoralidad sexual (5:1-13).
  • Pleitos entre los miembros de la iglesia (6:1-8).
  • Confusión sobre el matrimonio y la sexualidad (7:1-40).
  • División en la iglesia sobre los límites de la libertad cristiana (8:1-13; 10:1-33).
  • Guerras de adoración (caps. 11-14).
  • Y falsa enseñanza sobre la resurrección (cap. 15).

Si giras tus ojos un poco y ajustas los detalles culturales, la iglesia en Corinto de los años 55 AD es la viva imagen de las iglesias evangélicas de hoy en día. Muchas iglesias de hoy están siendo acosadas por una mezcla similar potente de falsa enseñanza, inmoralidad, división, peleas y mundanalidad. Muchas de las iglesias de hoy tienen la misma necesidad de cirugía pastoral radical para poder salvar sus vidas y restaurar su salud.

Así que, cuando enfrentamos estos asuntos en Corinto, ¿qué hizo Pablo? Él no dijo: «esas personas no tienen esperanza. Son una mezcla de falsos creyentes y personas orgullosas, tercas y religiosas. De todas maneras, no quiero esas personas en tu iglesia», y luego comisionó a Timoteo a ir y plantar una nueva iglesia en Corinto.

En su lugar, él les suplicó. Él las visitó una y otra vez. Él les amonestó, las instruyó y las llevó consigo. En resumen, él trabajó para reformar la iglesia de Dios que estaba en Corinto. Sí, hay diferencias entre la situación de Pablo y la nuestra. Para algunos, esta iglesia era la única iglesia en Corinto en ese momento. Pero el punto sigue presente: en lugar de abandonar la iglesia de Corinto para que simplemente se pudriera en su pecado, Pablo trabajó para repararla y restaurarla. Ese mismo tipo de reparación y restauración es exactamente lo que muchos evangélicos de hoy en día necesitan.

Y esto es consistente con las prioridades mayores de Pablo como apóstol. A diferencia de algunos misioneros contemporáneos, Pablo no simplemente trató de plantar la mayor cantidad posible de iglesias en poco tiempo. En lugar de eso, esto fue lo que Pablo hizo luego de su primer viaje misionero: «Después de algunos días, Pablo dijo a Bernabé: ‘Volvamos a visitar a los hermanos en todas las ciudades en que hemos anunciado la palabra del Señor, para ver cómo están’» (Hechos 15:36). Y así Pablo «pasó por Siria y Cilicia, confirmando a las iglesias» (Hechos 15:41).

Pablo estaba tan preocupado por la salud de las iglesias que había plantado que, con grandes regiones del Mediterráneo aún pendientes de evangelizar y una ambición personal por hacerlo (Romanos 15:20), él volvió a una región en la que había trabajado para fortalecer las iglesias. Yo sugeriría que si vamos a seguir las pisadas de Pablo, como las Escrituras nos llaman a hacerlo (1 Corintios 4:17, 11:1; Filipenses 3:17), entonces deberíamos tener una carga por la salud y fortaleza constante de las congregaciones que tienen el nombre de «cristiana» y profesan estar unidas al evangelio.

Las iglesias no son compuestas. Y cuando comienzan a decaer, pueden estar mal por años o décadas o aún siglos que abruman el aroma de Cristo. Cuando una iglesia está dividida, proclama que Cristo está dividido (1 Corintios 1:13). Cuando una iglesia tolera la inmoralidad, está diciéndole al mundo que Cristo no es santo, y que los que son inmorales sexualmente, los idólatras, los borrachos y los estafadores heredarán el reino de Dios (ver 1 Corintios 6:9-11). Así que nosotros, al igual que Pablo, deberíamos tener una carga por restaurar, revitalizar y reforman las iglesias que están en diferentes etapas de enfermedad. Y no tenemos ninguna carencia de esas iglesias en nuestras manos, especialmente en los Estados Unidos.    

JESÚS EL REFORMADOR DE IGLESIAS

En las cartas a las siete iglesias de Apocalipsis 2 y 3, Jesús mismo trabaja para reformar esas congregaciones locales. Él le habla a esas iglesias para corregir lo que está dañado, para sanar lo que está enfermo, para reprender lo que es falso, y darle una vida nueva a lo que está muriéndose.

Aquí hay una muestra: Jesús reprende a los efesios que son doctrinalmente sanos pero no tienen amor (Apocalipsis 2:2-7). Él elogia a la iglesia de Pérgamo por mantener su nombre, pero la reprende por apoyar falsas enseñanzas y la llama a arrepentirse (Apocalipsis 2:13-17). La iglesias en Tiatira tenía algunas personas que mantenían falsas enseñanzas, y Jesús promete juzgarla (Apocalipsis 2:20-23), pero al resto de las iglesias Él las elogia y motiva a perseverar (Apocalipsis 2:19, 24-28). Y a la iglesia de Sardis, Jesús le dice:

Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. (Apocalipsis 3:2-4).

Si necesitas un versículo que pruebe la revitalización de la iglesia, Apocalipsis 3:2 es ese versículo: «afirma las otras cosas que están para morir».

Es verdad, este versículo fue escrito a la iglesia misma, pero ¿no deberían las iglesias hermanas y los aspirantes a pastores ejemplificar la compasión de Cristo hacia las iglesias como esta de Sardis? ¿No deberíamos nosotros tener una preocupación similar por los pocos fieles de dichas iglesias, que sufren en las manos de falsos maestros? Jesús reformaba y revitalizada iglesias, siete de ellas están sólo en estos dos capítulos. Así que nosotros también deberíamos hacerlo.  

EL PUEBLO DE DIOS LLEVA EL NOMBRE DE DIOS

Una motivación adicional que las Escrituras nos dan para la reforma y la revitalización de las iglesias es que el pueblo de Dios lleva el nombre de Dios. Los cristianos son bautizados en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo (Mateo 28:19). Los cristianos son el templo de los últimos tiempos, la encarnación del lugar donde Dios hace que su nombre more (1 Reyes 8:17, 19). La iglesia es el pueblo que lleva el nombre de Dios, a quien Él creó para su gloria, a quien Él formó e hizo (Isaías 43:7).

Además, Dios es celoso de la gloria de su nombre (Isaías 48:9-11), y nosotros también deberíamos serlo. Pero, como he dicho, cuando las iglesias están llenas de pecado, división y nominalismo, el nombre de Dios se convierte en el chisme de la comunidad. Dichas iglesias calumnian el nombre de Dios, en lugar de adornarlo y magnificarlo.

Una iglesia en decadencia y llena de pecado es como un faro con una bombilla rota y un espejo. En lugar de reflejar la luz de la gloria de Dios en toda la zona, para llamar a los pecadores hacia el refugio seguro de la misericordia de Dios, esa iglesia deja la noche tan oscura como estaba antes o aún más oscura. Es como una estación de transmisión radial que ha sido secuestrada: independientemente de lo que proclaman creer, esa iglesia transmite mentiras acerca de Dios en lugar de la verdad.

Por tanto, una preocupación por el nombre de Dios, la cual fue puesta por Él en su pueblo—y en de manera especial en sus reuniones corporativas (Mateo 18:20)—debería movernos a reformar y revitalizar a las iglesias. Como Mark Dever muchas veces ha dicho, la revitalización de la iglesia es un reino de dos por uno. Tú derribas un mal testimonio para establecer uno bueno en su lugar.

¿ENTONCES QUÉ?

Si este caso bíblico retiene el agua, ¿qué deberíamos hacer acerca de ello? Yo simplemente diría que mientras pensamos en cómo propagar el evangelio y dar testimonio del reino, la revitalización de la iglesia debería ser una opción importante sobre la mesa. Debería ser algo sobre lo cual nuestras iglesias piensen, desarrollen estrategias y oren. Las iglesias que quieren propagar y promover el evangelio deberían preocuparse, como Jesús y Pablo lo hicieron, por fortalecer y restaurar el testimonio de las iglesias que están luchando.

Considera ver lo que tu iglesia local puede hacer para ayudar a otras iglesias que puedan estar luchando. Conócelas. Descubre sus necesidades. Construye relaciones con ellas. Se abierto para ayudarla en la manera en que puedas, incluyendo, si la oportunidad lo permite, enviar un pastor y personas para que ayuden con el trabajo de reformación.

Si eres un aspirante a plantación de iglesias, considera la revitalización de iglesia como otra opción además de la plantación. Si revitalizas una iglesia, puedes glorificar a Dios y servir a su pueblo no sólo estableciendo una nueva iglesia (lo cual es esencial para lo que implica la reformación de una iglesia), sino limpiando la basura que tus hermanos y hermanas han dejado en la ciudad. Igual que como sucede con la limpieza física, puedes sorprenderte de lo mucho que tus vecinos aprecian una iglesia renovada espiritualmente. ¡Y quién sabe cuántas iglesias pueden ser plantadas o revitalizadas a través de tu congregación renovada!

La revitalización de iglesia debería ser una de nuestras cargas porque es la carga de Dios, como se ve en el ministerio personal del exaltado Señor Jesucristo y el apóstol Pablo. El pueblo de Dios tiene el nombre de Dios, y por eso nosotros también deberíamos esforzarnos por fortalecer lo que queda y lo que está a punto de morir.