Clases esenciales: El Dinero

El Dinero – Clase 5: Desarrollando un Corazón que Valora el Dinero Correctamente

Artículo
29.08.2017

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Clase esencial
El Dinero
Clase 5: Desarrollando un Corazón que Valora el Dinero Correctamente


ORACIÓN

I. Introducción

En Mateo 19, leemos sobre una interacción familiar, pero trágica entre Jesús y un hombre que tenía muchas riquezas:

«16 Entonces vino uno y le dijo: Maestro bueno, ¿qué bien haré para tener la vida eterna? 17 El le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno sino uno: Dios. Mas si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos. 18 Le dijo: ¿Cuáles? Y Jesús dijo: No matarás. No adulterarás. No hurtarás. No dirás falso testimonio. 19 Honra a tu padre y a tu madre; y, Amarás a tu prójimo como a ti mismo. 20 El joven le dijo: Todo esto lo he guardado desde mi juventud. ¿Qué más me falta? 21 Jesús le dijo: Si quieres ser perfecto, anda, vende lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme. 22 Oyendo el joven esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones». (Mt. 19:16-22)

Algo importante que vemos en este pasaje es esto: Nuestras billeteras no están vedadas cuando se trata de seguir a Jesús. De hecho, el dinero es tan importante para el discipulado, significaba la diferencia entre obtener o perder la vida eterna para este hombre. ¿Piensas sobre el dinero de esta manera?

Uno de los desafíos con problemas de dinero y las posesiones es que no siempre son fáciles de identificar. Al igual que la rana y el agua hirviendo del proverbio, puede que no notemos que estamos en problemas porque el cambio ha sido gradual o simplemente hemos crecido con esa mentalidad. En poco tiempo, lo que una vez llamamos ‘lujo’ se convierte en una ‘necesidad’ y nos volvemos más dependientes de las cosas y menos dependientes de Dios.

¿Cómo abordamos este problema letal? En lugar de no hacer nada y estar cómodos con la forma de pensar del mundo, necesitamos «ser transformados por medio de la renovación de nuestro entendimiento»[1], para examinar cuidadosamente las palabras de Dios sobre los temas del dinero y nuestro corazón. Para ello, empezaremos observando la manera correcta de valorar el dinero y la contrastaremos con la manera equivocada de valorar el dinero. Luego, creo que seremos capaces de identificar el problema a fin de prescribir el mejor enfoque para combatirlo. Si alguna vez has luchado contra el materialismo, sabes que no es una pelea limpia; tenemos que estar equipados para luchar contra el miedo que a menudo se asocia con él. Así que, terminaremos hablando sobre cómo podemos luchar con el miedo.

II. Identificando el materialismo

Comencemos con una definición.

Cuando buscamos la palabra ‘materialismo’ en un diccionario, la encontramos definida como «doctrina en la cual el único o los valores u objetivos más elevados se encuentran en el bienestar material y en la promoción del progreso material»[2]. En otras palabras, es un sistema de valores que dice que comprar, gastar y acumular es lo que importa en la vida.

Ahora bien, creo que la mayoría de nosotros escucha una definición así y concuerda, «Sí, el materialismo es malo». No obstante, si miramos nuestras vidas, frecuentemente compramos cosas porque pensamos que nos harán felices. O porque creemos que son la solución para escapar del miedo. No sólo usamos las cosas; nos confiamos a ellas—y ese es un rol que debería estar reservado para Dios. De modo que, aunque nuestra profesada teología es correcta, nuestra teología funcional está llena de agujeros. Pero en vez de admitirlo, lo racionalizamos, «Es una inversión», «Es una marca más duradera», «Es para mis hijos».

Y reconocemos que el tacaño puede ser incluso más materialista que el derrochador. Excepto que él, en lugar de poner su confianza en las cosas que compra, pone su confianza en el dinero que ahorra. Pero al final, es exactamente lo mismo: Confianza en el mundo material para nuestra seguridad y felicidad.

No obstante, el dinero en sí mismo, no es malo—pero es como una dinamita. Usado de manera correcta, puede hacer un gran bien; incorrectamente, puede hacer mucho daño. Pero si vamos a ser conscientes sobre el materialismo, primero tenemos que preguntar, ¿cómo podemos disfrutar correctamente de las cosas materiales? Luego podemos preguntar, ¿cómo malgastamos las cosas materiales?

A. Disfrutando correctamente de las cosas materiales

1 Timoteo 4:1-5 «Pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando a espíritus engañadores y a doctrinas de demonios… Prohibirán casarse, y mandarán abstenerse de alimentos que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad. Porque todo lo que creó Dios es bueno, y nada es de deshacerse, si se toma con acción de gracias, porque por la palabra de Dios y por la oración es santificado».

Cuando Pablo le escribió a Timoteo, había falsos maestros en Efeso que asumieron que las cosas materiales eran malas por naturaleza, Prohibieron el matrimonio o el disfrute de ciertos alimentos –la idea es que si tenías la disciplina de abstenerte, eras más espiritual. Pablo no sólo pensaba que era una mala idea, él dijo que era una idea demoniaca[3]. Por otro lado, Pablo enseñó que todo lo que Dios creó es bueno[4] y puede ser usado para la gloria de Dios. ¿Cómo ocurre esto? Bien, podemos ver tres cosas en estos versículos que nos ayudan a disfrutar de las cosas materiales correctamente: acción de gracias, la palabra de Dios y la oración.

  1. Acción de gracias – El materialismo dice, «Mereces esto y deberías enorgullecerte de ello – de hecho, deberías pavonearte». Por otra parte, cuando somos agradecidos, reconocemos que lo que tenemos es un regalo; un regalo que nos apunta hacia un Dios generoso y bueno. Cuando somos agradecidos, vemos nuestro papel, no como el de dueños, sino como el de administradores – jactarnos es tan ridículo como el hombre que consigue el ostentoso coche rentado que no puede costear para su reunión de secundaria de 10 años.
  1. La palabra de Dios– Es a través de la palabra de Dios[5], que Dios nos muestra cómo usar las cosas para que no tengamos de que arrepentirnos[6] más adelante. La palabra de Dios nos ayuda a disfrutar la cena, pero no seamos tan glotones que luego lamentemos habernos comido esa tercera porción que no necesitábamos.[7] Asimismo, es la palabra de Dios la que nos ayuda a ver las cosas de una manera que nos permite apreciar más a Dios. A estar asombrados ante un Dios que es creativo, artístico y quien es la perfección de la belleza.[8]
  1. La oración – En oración expresamos nuestra dependencia de Dios para correctamente disfrutar de lo que él ha provisto. Así que, sea que se trate de una simple oración de gratitud antes de una comida o una petición para usar los regalos que él nos ha dado de manera correcta, reconocemos nuestra necesidad de él.

Estas cosas enfatizan cómo usamos los regalos de Dios correctamente, pero ¿está bien decir que deberíamos disfrutarlas? Más adelante en 1 Timoteo leemos,

«A los ricos de este siglo manda que no sean altivos, ni pongan la esperanza en las riquezas, las cuales son inciertas, sino en el Dios vivo, que nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos». (1 Timoteo 6:17)

Observa aquí por qué Dios nos provee con todo lo que lo hace: para que las disfrutemos. ¡Sólo piensa en lo que esto dice acerca de Dios! Las riquezas y posesiones son inciertas –el mercado de valores colapsa, los autos y las computadoras se descomponen, los negocios cierran, las pinturas se desvanecen. Jactarnos de esas cosas es confiar en algo con lo que no podemos contar. En cambio, estamos llamados a confiar en Dios que nunca cambia, nunca falla. Y cuando confiemos en él, seremos finalmente libres para disfrutar de los regalos de Dios de la forma que él ha planeado.

En un mundo caído, sin embargo, usualmente entendemos esto al revés; confiamos no en Dios, sino en sus regalos, convirtiéndolos en ídolos que adoramos. Lo que nos lleva a nuestro segundo tema: Cómo desaprovechamos e idolatramos las cosas materiales.

B. Idolatrando cosas materiales

 El materialismo está colocando esencialmente el valor equivocado en el dinero y las posesiones. Los colores vibrantes, la comida deliciosa, la música hermosa, el placer sensual, los dulces aromas, todos son maravillosos regalos de Dios para ser disfrutados; que nos apuntan hacia Dios y nos invitan a adorarle. En el principio, así es como era. Me imagino a Adán y Eva comiendo un trozo de una deliciosa fruta o viendo un hermoso atardecer y siendo movidos a adorar a Dios; nunca fueron destinados a ser un fin en sí mismos. Pero el pecado entró en la historia y en lugar de atesorar a Dios, comenzamos a suprimir la verdad[9]  sobre su inmensurable valor y lo ignoramos.[10] Como resultado, el regalo fue valorado más que al Dador y pronto nos arrodillamos ante vacaciones agradables, trabajos que nos dan poder y estatus, televisores, y portafolios exitosos.

¿De qué manera hacemos esto?

Idolatramos el dinero y las posesiones cuando confiamos en ellas en lugar de Dios, cuando nuestro amor por ellas compite con nuestro amor por Dios, y cuando obedecemos las reglas del mundo para la prosperidad en vez de los mandamientos de Dios.[11]

Puedo recordar una conversación con un amigo que tiene un trabajo muy demandante. Él se lamentaba por la manera en que estaba llenando su horario, dificultándole encontrar tiempo para su familia y tiempo para la palabra de Dios, el cual se había vuelto inexistente. Mientras lo escuchaba, una parte de mí pensaba, «Sabes, hay temporadas de la vida donde eso probablemente esté bien. Una manera de honrar a Dios se encuentra en la forma en la que haces tu trabajo, y tienes la responsabilidad de proveer para tu familia». Pero otra parte de mí pensaba que esto podía ser pecado; idolatría escondida detrás de la excusa socialmente aceptable de ser un perfeccionista. El hecho es, que puede ser difícil saber cuándo estamos idolatrando cosas. Así que de vez en cuando, es bueno tomarse el tiempo para una honesta autoevaluación. Para ayudarnos en esta tarea, quiero sugerir 5 preguntas para reflexionar:

  1. ¿Poseer «X» o desear «X» te distrae de lo que Dios te ha llamado a hacer?

Por ejemplo, trabajar para ser promovido en el trabajo no es pecado, (en realidad puede ser una mejor forma de proveer para la familia o de ser generosos[12]), pero si estoy obsesionado con conseguir el ascenso al punto de que eso me distrae de amar a mi cónyuge (Ef. 5:25), hijos (Ef. 6:4), o prójimo (Lucas 10:37), estoy idolatrando mi trabajo.

En Lucas 8 Jesús explica, «La que semilla que cayó [la palabra de Dios] entre espinos, éstos son los que oyen, pero yéndose, son ahogados por los afanes y las riquezas y los placeres de la vida, y no llevan fruto» (Lc. 8:14).

Las riquezas y los placeres pueden ahogar la palabra de Dios para que no llevemos fruto.

  1. ¿En qué te deleitas? ¿Hacia dónde deambula tu mente cuando queda desatendida?

Todas las cosas están diseñadas para apuntarnos hacia a Dios, para canalizar nuestro afecto, apreciación y adoración hacia él. Está bien emocionarse por un gran partido, una comida deliciosa, o ropa nueva –pero cuando las cosas se vuelven un callejón sin salida para nuestros sentimientos en lugar de un conducto para que le atribuyamos todo el honor y valor a Dios, nos hemos convertido en idólatras. En contraste, el Salmista estaba tan satisfecho en Dios que fue capaz de escribir:

«¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. Mi carne y mi corazón desfallecen; mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre». (Sal. 73:25-26).[13]

  1. ¿De qué estás a la defensiva?

Cuando estamos a la defensiva acerca de que nos quiten algo o de que nuestros corazones sean expuestos, a menudo eso puede resaltar un ídolo sobre el cual estemos construyendo nuestras vidas –algo en lo que estamos colocando mucho valor en lugar de Dios.

 Proverbios 13:8 «El rescate de la vida del hombre está en sus riquezas, pero el pobre no oye censuras».

  1. ¿Cómo te sientes hacia otros que tienen más que tú?

Podemos codiciar lo que otros tienen, pensando, «Si tuviera lo que ellos tienen, estaría bien». O podemos ir en la otra dirección del farisaico donde los miramos por encima del hombro por ser despilfarradores. De cualquier manera, si tratamos de justificarnos mediante la comparación, en lugar de a través de Cristo, estamos siendo idólatras.

Romanos 3:23-24 «Por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios, siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús».

  1. ¿Cómo reaccionas cuando te sientes inseguro?

 Adquirir cosas materiales puede ser una respuesta correcta al miedo. Si temo que mi casa sea asaltada, las barras de hierro en mi ventana podrían ser una inversión responsable. Pero de nuevo, las cosas materiales también pueden ofrecer un salvador falso. Es importante reconocer que la codicia no es el único impulso detrás del materialismo; también lo es el miedo.

El miedo a lo que otros piensen de ti puede llevarte a materialmente conseguir ropa, autos o casas que de otra forma podrías no querer. El miedo al futuro puede llevarte a ahorrar para cosas que de otra forma no necesitarías.

Proverbios 18:10-11 «Torre fuerte es el nombre de Jehová; a él correrá el justo y será levantado. Las riquezas del rico son su ciudad fortificada, y como un muro alto en su imaginación».[14]

Mientras que el Señor es una torre fuerte, el rico sólo imagina que sus riquezas lo mantendrán a salvo. Un día, aprenderá la realidad de Proverbios 11:4 – «No aprovecharán las riquezas en el día de la ira; mas la justicia librará de muerte».

III. Luchando contra el materialismo

 Creo que todos, en mayor o menor grado, luchamos con el materialismo. Entonces, ¿qué debemos hacer al respecto? Permíteme darte una lista de siete ideas a considerar.

  1. Atesora la excelencia y la belleza de Dios

Jesús nos recuerda que donde esté nuestro tesoro, allí también estará nuestro corazón.[15] A menudo pensamos en esto como una advertencia sobre el dinero. Pero también es una verdad acerca de Dios –si lo atesoramos a él, nuestro corazón también lo hará. Así que, trabaja en atesorarlo. El Dios de la Biblia es digno de toda nuestra adoración, amor y honor. Es sólo cuando tenemos una visión tergiversada de Dios que nuestros corazones encuentran algo más para adorar. Si vamos a liberarnos del agarre del materialismo, debemos empezar teniendo una correcta visión de él. Eso podría incluir:

  • Hacer de la lectura y meditación de la Escritura una prioridad innegociable en tu horario. A medida que lo hagas, ora para que Dios abra tus ojos.
  • Compartir regularmente el evangelio. Hablarle a otros de las buenas noticias de Jesús es un dulce recordatorio de quién él es y es una manera de profundizar nuestra convicción.
  • Leer un buen libro con otro miembro de la iglesia; libros como La Santidad de Dios de R.C. Sproul, o Los Deleites de Dios de John Piper.
  • Escuchar el álbum de Shai Linne «Los atributos de Dios».

En particular, aprende a atesorar la expiación: la muerte que Jesús murió en nuestro lugar. Una cosa es admirar la eternidad de Dios—ata nuestros cerebros en nudos. Pero todavía puede parecer algo académico. La expiación, sin embargo, es profundamente personal—y es la puerta de entrada para maravillarnos ante quién es Dios. Pasajes como Isaías 53, Romanos 3, Efesios 1, y el Salmo 22 son grandes herramientas para meditar en la belleza de Cristo en la expiación.

  1. Lucha por la fe para descansar en Dios

Sea que provenga de la codicia o el miedo, el materialismo siempre es una alternativa a confiar en Dios. Así que, un buen lugar para comenzar a luchar es reorientando nuestra confianza en Dios. Hebreos 13:5-6 son dulces versículos:

Hebreos 13:5-6 «Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré lo que me pueda hacer el hombre».

¿Ves la conexión aquí? Si descansamos en la promesa de Dios, de que él siempre cuidará de nosotros, nuestras vidas estarán libres del amor al dinero.

El Salmo 62:1 es un buen objetivo: «En Dios solamente está acallada mi alma; De él viene mi salvación».

  1. Piensa en el cielo

Cuando mantenemos la eternidad en perspectiva, vemos cuán tonto es el materialismo. En Lucas 12, Jesús advirtió sobre los peligros de la codicia contando la historia de un hombre rico que acumulaba para el futuro. La meta del hombre era ser capaz de decirse a sí mismo:

«Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios». (Lucas 12:19-21)

Tenemos que pensar con frecuencia sobre la conversación que tendremos con Cristo en el Último Día. Cuando te encuentres luchando con algo, deja que la realidad de esa futura rendición de cuentas te ayude a poner las cosas en perspectiva. Si nuestro objetivo es ser fieles con lo que hemos recibido en lugar de tratar de comprar la seguridad independientemente de lo que venga, nuestros ojos estarán mejor enfocados en el cielo.

  1. Confiesa el materialismo como un pecado

Creo que algunas veces, pensamos en el materialismo como un comportamiento que tenemos que evitar en lugar de un pecado merecedor de condenación. «Oh, probablemente no necesitaba un reloj tan fino. Pero no pude evitarlo». Suena tan trivial, ¿no es así? Sin embargo, si el materialismo en realidad es idolatría, entonces es a lo que se dirige gran parte de la literatura profética del Antiguo Testamento.

Cuando confieses el materialismo, trata de confesar su causa fundamental en tu corazón. ¿Es que estás volviéndote a las cosas para batallar el miedo? ¿Para ser feliz? ¿O es algo más? Averiguar cuál de esas categorías generales de problemas del corazón estás enfrentado te ayudará a planificar un tiempo de confesión ante el Señor.

  1. Da generosamente

1 Timoteo 6:17-19 «A los ricos de este mundo… Mándales que hagan el bien, que sean ricos en buenas obras, y generosos, dispuestos a compartir lo que tienen. De este modo atesorarán para sí un seguro caudal para el futuro y obtendrán la vida verdadera». (NVI)

Observa cómo Pablo dice que atesoramos tesoros en el cielo. El versículo 19 aclara que es «de este modo»—es decir, siendo ricos en buenas obras, siendo generosos, estando dispuestos a compartir. Dios nos creó para amar a las personas y usar las cosas, pero los materialistas aman las cosas y usan a las personas.[16] Cuando damos luchamos contra el materialismo al usar el dinero como se supone que debe ser: para beneficiar a otros y glorificar a Dios.

Dar lucha contra la codicia—porque al dar descubrimos la verdad de lo que Jesús enseñó: «Hay más dicha en dar que recibir ». Y combate el miedo afirmando que confiamos en Dios y no necesitamos dinero extra arrinconado.

Firmar ese cheque es como firmar tu propia declaración de independencia del todopoderoso dinero. Y una disciplina regular de dar es una poderosa herramienta para pelear contra la confianza en el mundo material.

  1. Elabora un presupuesto

Proverbios 27:23-24a «Sé diligente en conocer el estado de tus ovejas, y mira con cuidado por tus rebaños; Porque las riquezas no duran para siempre».

Hablé de esto en la tercera clase, tener un presupuesto es un gran modo de saber dónde está tu dinero y hacia dónde se dirige. No sólo es una gran herramienta para ser estratégicos y constantes en la oración por nuestras finanzas, también puede apabullar el miedo que surge cuando simplemente no sabes la condición de tu dinero (¡o rebaño!).

Y un presupuesto es una gran herramienta para manejar mi deseo de solventar un déficit de felicidad gastando porque hace que mis consumos sean más medidos y considerados.

  1. Habla con otros al respecto

Al igual que con cualquier otro aspecto de nuestro discipulado, nos necesitamos mutuamente. Así que, para culminar, déjame sugerirte un plan para enseñarte cómo podría ser esto:

  • Toma tiempo para hacer una autoevaluación honesta. Usa las preguntas enlistadas en tu folleto mientras piensas en las diferentes áreas de tu presupuesto: cómo gastas tu dinero, ahorras o das. Si estás casado, puedes hacerlo con tu pareja.
  • El próximo mes, siéntate con un amigo (que no sea tu cónyuge), comparte tu autoevaluación, pero luego cubre una lista de preguntas que quieres que la otra persona te haga. Preguntas vergonzosas como:
    • ¿Qué decisiones de compras lamentas más?
    • ¿Dónde se encuentran tus debilidades al gastar dinero?
    • ¿Cuántas deudas tienes? ¿Cuál es tu plan actual para liberarte de esas deudas?
    • ¿Cuánto tienes ahorrado? ¿Invertido? ¿Cuál es el propósito de ese dinero?
    • ¿Cuánto das?

*Ejemplo de Philip Leeman con Steve Boyer

  • Invita sus comentarios en la manera en que actualmente gastas, das y ahorras con el propósito de honrar a Dios y serle fiel.
  • Haz un plan (crea un presupuesto por primera vez, ajusta tu presupuesto actual), y actúa en base a ello.

IV. CONCLUSIÓN

Mientras luchamos con el materialismo y aprendemos a disfrutar las cosas de acuerdo a la manera que Dios ha establecido, veremos nuestro corazón valorar el dinero de forma diferente: Veremos el dinero más como una herramienta que como una solución en la que finalmente confiamos.

  • Guardaremos el dinero libremente—pero con responsabilidad. Con la generosidad siendo un buen indicador de si estamos aferrándonos al dinero fuertemente o no; y con nuestro gozo al dar siendo un buen indicador de si estamos siendo responsables o no.
  • Nos veremos cada vez más como administradores que rendirán cuentas a Jesús y menos como dueños que llevan la batuta.
  • Veremos el dinero como una pieza del rompecabezas de la administración mientras buscamos ser fieles con todo el tiempo, los talentos y los tesoros que Dios nos ha dado.

Prepárate para la ronda de preguntas y respuestas de la próxima semana.

 

[1] Ro. 12:2a

[2]Merriam-Webster, I. (1996, c1993). Merriam-Webster’s collegiate dictionary. Incluye índice. (10º ed.). Springfield, Mass., U.S.A.: Merriam-Webster.

[3] 1 Ti. 4:1

[4] 1 Ti. 4:4; Gn. 1:31

[5] O el evangelio: la «Palabra de Dios» (λόγου θεοῦ)  es a menudo equivalente al mensaje del evangelio en las epístolas pastorales (cf. 2 Ti. 4:2; Tito 1:3; 2:5)

[6] Pr. 10:22 «La bendición de Jehová es la que enriquece, y no añade tristeza con ella».

[7] Pr. 25:16

[8] Sal. 50:2

[9] Ro. 1:18

[10] Ro. 1:21-23

[11] Observando los modelos bíblicos de idolatría en el Antiguo y el Nuevo Testamento, se puede definir a la idolatría como «un ataque a los exclusivos derechos de Dios a nuestro amor, confianza y obediencia». (Ve el  Nuevo Diccionario de Teología Bíblica (IVP), pg. 573)

[12] Ve 1 Ti. 5:8

[13] La razón por la que él puede decir honestamente que no hay nada en la tierra que desea más que a Dios es porque él ha probado y ha visto la bondad de Dios y ha estado completamente contento en él. Lo que deseamos, en lo que nos deleitamos, lo que nos emociona puede revelar lo que adoramos.

[14] Ve también Ec. 5:10

[15] Mt. 6:21

[16] Money, Possessions, and Eternity, de Randy Alcorn (pg. 33)