Reseñas

Reseña del libro: The Post-Quarantine Church [La Iglesia Post-Cuarentena], de Thom Rainer

Review
05.09.2021

Al final de un año largo y difícil, una lectura corta y fácil podría ser todo lo que la mayoría de nosotros podamos manejar, especialmente si ese libro es acerca de la pandemia. Entonces, cuando mi amigo Steve me informó que nuestra asociación de pastores locales estaría leyendo y discutiendo La Iglesia Post-Cuarentena, admitiré que me alegré por la brevedad del libro. En poco más de 100 páginas, el libro de Rainer es lo suficientemente corto que incluso puede que olvides que llevabas la mascarilla puesta, todo el tiempo que estuviste leyéndolo.

En su conclusión, Rainer señala: «Sin duda, el mundo ha cambiado. Sin duda, la cultura occidental ha cambiado; y se ha desplazado en gran medida contra las iglesias. Sin lugar a dudas, la mayoría de los líderes de la iglesia no han sido capacitados ni equipados para esta nueva época» (110). Pero lejos de ser pesimista sobre el futuro de la iglesia «después de la cuarentena», Rainer ve una multitud de oportunidades para un ministerio basado en la iglesia que exalta a Cristo, que tiene el poder del Espíritu, que se centra en la Palabra.

Rainer no pretende proporcionar muchas respuestas en el libro. Comprende que nadie sabe con certeza cuáles serán los efectos a largo plazo de la pandemia en las iglesias y el ministerio cristiano. Lo que intenta hacer —y lo hace bastante bien—es plantear buenas preguntas para que los líderes de la iglesia las consideren en oración. Lo hace en forma de seis desafíos:

1. Reúnete de una manera diferente y mejor.

2. Aprovecha tu oportunidad para el alcance del mundo digital.

3. Vuelva a conectarte con la comunidad cercana a tu iglesia.

4. Lleva la oración a un nuevo y poderoso nivel.

5. Reconsidera tus instalaciones para oportunidades emergentes.

6. Realiza cambios duraderos que marcarán la diferencia.

Así como el mundo nunca fue el mismo después del 11 de septiembre, el mundo ya es diferente de lo que era hace un año. La expresión es un cliché en este punto, pero de hecho hemos entrado en «la nueva normalidad». Por tanto, hacer y responder buenas preguntas determinará en gran medida la efectividad de nuestro ministerio en los meses y años posteriores. Lo que sigue son tres grandes preguntas que el libro de Rainer planteó para mí y mi iglesia.

¿CÓMO ABORDAREMOS LA PROGRAMACIÓN DE LA IGLESIA?

Antes de la pandemia, muchas iglesias impulsadas por programas simplemente pedían demasiado a sus miembros; los ministerios con mucha programación dejan poco tiempo para que los miembros se involucren en el discipulado familiar, el evangelismo intencional u hospitalidad. En estos ministerios, los miembros fieles de la iglesia frecuentemente se agotan e incluso se sienten culpables por lo que no están haciendo, incluso cuando sus calendarios están llenos de actividades de la iglesia.

Tal vez un buen efecto de la pandemia es que brindó a las iglesias la oportunidad de un reajuste completo, una oportunidad para considerar si sus programas ministeriales valían la pena.

Muchos programas pueden y deben seguir siendo parte de la vida de la iglesia. Otros programas ya estaban agonizando, o necesitaban desaparecer, porque no estaban contribuyendo a la misión de la iglesia. Rainer ve con razón la pandemia como una oportunidad para evaluar todo lo que estamos haciendo y solo reiniciar los programas que mueven la pelota por el campo de juego.

¿CÓMO UTILIZAREMOS NUESTRAS INSTALACIONES DE LA IGLESIA?

Según Rainer, la mayoría de las iglesias tienen una tasa de ocupación del 10% —es decir, sus instalaciones no se utilizan en absoluto el 90% del tiempo. Esa es una mayordomía deficiente—  y muchas veces se debe a que los líderes de la iglesia tienen miedo de abrir las puertas a la comunidad por temor a que la gente entre y «arruine» las hermosas instalaciones que hemos construido y costeado.

Pero la pandemia ha revelado lo que era cierto desde el principio: la iglesia es la gente, no el edificio. La edificación de la iglesia es una herramienta para el ministerio, no un fin en sí mismo.

Cuando vemos nuestras instalaciones como herramientas, las puertas se abren (perdone el juego de palabras) para satisfacer las necesidades y compartir a Cristo en nuestra comunidad. Rainer señala: «La clave es ver el edificio de la iglesia desde la perspectiva de la comunidad en lugar de los miembros de su iglesia» (75). Eso no significa que damos prioridad a la comunidad sobre los miembros de la iglesia, sino que se consideran las necesidades de la comunidad cuando tomamos decisiones sobre qué instalaciones comprar o construir, y cómo usar esas instalaciones para alcanzar a nuestros vecinos para Cristo.

LA PREGUNTA DEL MILLÓN DE DÓLARES: ¿QUÉ HAREMOS CON LIVESTREAMING?

No tengo idea de cuáles son los números reales, pero presumo que antes de marzo de 2020, la mayoría de las iglesias no transmitían en vivo sus servicios de adoración. Mi propia iglesia, —una iglesia joven y conocedora de la tecnología en una ciudad universitaria—¡no hizo transmisión en vivo!

Apenas nueve meses después, diría que la gran mayoría de las iglesias trasmitieron en vivo sus servicios de adoración. De todos los cambios que han tenido lugar durante el año pasado, podría argumentar que nada tendrá un mayor efecto, para bien o para mal, en el ministerio de la iglesia local que este cambio dramático hacia los servicios de adoración en vivo.

Hablando con un grupo de pastores la semana pasada, compartí que no tenía ni idea de qué hacer con nuestra transmisión en vivo una vez que la pandemia esté bajo control. Mi primer instinto es dejar de ofrecerlo tan pronto como casi todos se sientan cómodos adorando en persona nuevamente. Estoy de acuerdo con Rainer: «No me excuso de abogar por la asistencia fiel. La iglesia se reunió, ya sea en un edificio, en una casa o en un campo» (73). Creo que reunirse regularmente en persona para escuchar la Palabra leída y proclamada, cantar y orar, tener compañerismo y servir, simplemente no es opcional para los cristianos.

Al mismo tiempo, cada iglesia tiene hombres y mujeres en edad avanzada que no pueden reunirse consistentemente con la iglesia. Las familias se enferman a lo largo del año y deben permanecer en casa los domingos. Los socorristas regularmente tienen que trabajar el Día del Señor. ¿Estamos tan comprometidos con el principio de reunirnos en persona que eliminaríamos la opción de que estos hermanos y hermanas vean y, en cierto sentido, participen en nuestros servicios de adoración? Los lectores de 9Marcas pueden dar diferentes respuestas a esta pregunta.

Rainer dice que sigamos con la transmisión en vivo. Mark Dever diría que lo cierres, ¡o que nunca inicies uno en primer lugar! Dependiendo de dónde estés, considerarás la respuesta de Rainer como una fortaleza o debilidad del libro. Pero debemos hacer la pregunta anterior, y responderla con cuidado y en oración. Después, caminar hacia adelante con una humilde fe en que hicimos lo correcto para nuestra iglesia local.

¿DEBERÍAS LEER ESTE LIBRO?

En la introducción del libro, Rainer relata que habló con un pastor que le dijo que no podía esperar a que las cosas volvieran a la normalidad. Rainer respondió que él «no creía que alguna vez volveríamos a la normalidad que era antes de la cuarentena» (7). Estoy de acuerdo con Rainer. No creo que las cosas vayan a volver a ser como antes.

A los consultores se les paga por ingresar a una organización desde afuera y señalar las cosas que pueden no ser obvias para quienes están adentro. Se les paga, esencialmente, por hacer buenas preguntas. No todas las preguntas planteadas por Rainer serán relevantes para su iglesia. Pero muchas de ellas lo serán, y responder esas preguntas te ayudarán a ministrar con más fidelidad en los próximos tiempos. Y creo que vale unos dólares.

Traducido por Renso Bello