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Reseña del libro: El Anciano, de Cornelis Van Dam

Review
10.07.2021

Mi esposa disfruta leyéndoles a nuestros hijos todas las noches antes de dormir. A veces, me encuentro escuchando fuera de la puerta del dormitorio. Confieso que, la mayoría de las veces, estoy completamente perdido.

Por supuesto, no estoy perdido físicamente. Conozco muy bien mi casa, sé que estoy ganando en la vida. Quiero decir que estoy perdido en términos de lo que mi esposa lee a los niños. Habiendo perdido grandes partes de la trama, y sólo escuchando pedazos y piezas, no tengo idea de lo que está pasando en estas historias.

Si no somos cuidadosos como pastores, podemos hacer lo mismo cuando leemos las Escrituras. Si no somos constantemente conscientes de toda la historia nos perderemos importantes desarrollos teológicos a lo largo de la historia bíblica y potencialmente incluso sacaremos conclusiones no bíblicas.

Una razón por la que El Anciano es un recurso tan útil es porque Cornelis Van Dam nos ha dado toda la «historia del anciano», desde el Génesis hasta el Apocalipsis. El concepto del anciano no es solo una realidad del Nuevo Testamento, sino que tiene raíces en el Antiguo Testamento. Van Dam hace un gran trabajo al trazar este tema a través de la historia bíblica y al traer la totalidad de las Escrituras para que nos ayude a entender lo que significa ser un pastor.

PONIENDO A LOS ANCIANOS EN LA HISTORIA BÍBLICA MÁS AMPLIA

Muchos pastores comienzan su estudio del ministerio pastoral con 1 y 2 Timoteo y Tito. Pero estas epístolas están en lo profundo de la historia bíblica. Sin embargo, El libro de Van Dam, proporciona una comprensión más completa del papel del anciano explorando su trasfondo del Antiguo Testamento. Trazando tanto la continuidad como la discontinuidad entre el oficio de anciano en el Antiguo y Nuevo Testamento, Van Dam explora y aborda varios asuntos:

  • ¿Qué nombres se utilizaron para el oficio de anciano?
  • ¿Cuál fue el origen y el lugar del oficio de anciano dentro de las tribus de Israel?
  • ¿Cuáles eran los requisitos del Antiguo Testamento para el anciano?
  • ¿Cómo funcionaba el oficio de anciano antes de la monarquía, durante la monarquía y durante y después del exilio?
  • ¿Cómo funcionaban los ancianos en el Antiguo Testamento en calidad de jueces?
  • ¿Cómo continúa y transforma el Nuevo Testamento el oficio de anciano?

Una idea que me pareció digna de reflexión fue la exploración de Van Dam sobre la edad de los ancianos. El término hebreo utilizado para los ancianos en el Antiguo Testamento se deriva de la palabra que significa «barba». Un anciano es, por lo tanto, un hombre lo suficientemente mayor como para tener una barba completa. Mientras que el Antiguo y el Nuevo Testamento nunca requieren una edad específica para los ancianos, la implicación es que un anciano debe ser uno que ha alcanzado un nivel de madurez física y espiritual.

Las calificaciones del Nuevo Testamento para los ancianos enfatizan este mismo punto. Mientras Van Dam es cuidadoso en afirmar que «las Escrituras no dan una edad específicamente prescrita para el oficio», nosotros obtenemos una visión que debería informar cómo buscamos, entrenamos, identificamos e instalamos a los ancianos. Como escribe Van Dam, «Es sorprendente que el Señor Jesús tuviera años de preparación y maduración antes de embarcarse en su ministerio público a la edad de unos treinta años (Lucas 2:51-52, 3:23)» (28). Aunque alcanzar los treinta años de edad no es un requisito previo para ser anciano (ya que ser viejo no hace a un anciano), debería al menos darnos una pausa antes de poner las manos sobre alguien prematuramente.

Sin embargo, la mayor contribución del libro es su «teología bíblica de la ancianidad», que es sumamente necesaria e inmensamente valiosa para los pastores y para la iglesia en conjunto.

UNAS POCAS OBJECIONES MENORES DE UN BAUTISTA

Aunque te recomiendo sin reservas este libro, debo señalar que como Van Dam es un presbiteriano, los bautistas tendrán diferencias significativas entre su comprensión del oficio de anciano y las propuestas de Van Dam. Por ejemplo, Van Dam se inclina un poco más en la dirección de la regla del anciano de lo que creo que está bíblicamente justificado.

Mientras que los ancianos ciertamente ejercen el gobierno en la iglesia (1 Ti. 5:17), lo hacen dirigiendo a la congregación en su ejercicio de las «llaves del reino» (Mt. 18:15-20). Para ser justos, Van Dam aprecia y defiende el sufragio congregacional en el ejercicio de las llaves del reino, pero enfatiza con más fuerza la autoridad de los ancianos que la de la congregación. Esto tiene un impacto práctico en la forma en que el discipulado se desarrolla en el gobierno de la iglesia y los bautistas deben notar estas diferencias.

Además, como el libro se publica desde un punto de vista presbiteriano, no debe sorprender que los lectores encuentren la enseñanza de acuerdo con esa forma particular de gobierno de la iglesia. Esto incluye un vínculo más fuerte entre la iglesia y la familia, una base más amplia que la congregación para la autoridad, y una distinción entre la enseñanza y los ancianos gobernantes. Mientras que estas diferencias no oscurecen de ninguna manera el gran beneficio y contribución que el libro ofrece, los Bautistas en particular deben reconocer las estructuras eclesiológicas más grandes de Van Dam que sustentan su libro.

NO DEJES QUE LAS DIFERENCIAS TE IMPIDA BENEFICIARTE DE ESTE LIBRO

Dejando a un lado las diferencias, este libro es una DIGNA adición para tu biblioteca. El Anciano es un libro útil para que tus ancianos lo lean en equipo. También es útil para enseñar tu «descripción del trabajo» a la iglesia desde una perspectiva bíblica/teológica. Sobre todo, servirá a tu alma al situar tu vocación en la historia más amplia de las Escrituras, reconociendo el privilegio que nos corresponde como pastores de servir como «conservadores y nutridores de la vida en la comunidad del pacto» (137).

Traducido por Renzo Jr. Bello