Reseñas

Reseña del libro: Agustín como mentor, de Edward Smither

Review
24.07.2021

Nacido en el año 354 d.C. en el norte de África, Agustín fue «sin duda el obispo africano más influyente de su época» (207). A través de sus escritos, Agustín dejó un legado que impactó a la Iglesia en el período posterior a su muerte e incluso hasta el presente» (213). La vida de Agustín está bien documentada en numerosas biografías, como en Peter Brown’s magisterial work on Augustine[La Obra Magistral de Peter Brown sobre Agustín]o en Henry Chadwick’s brief yet lucid sketch of Augustine [Breve Bosquejo sobre Agustín, de Henry Chadwick]

AGUSTÍN: MENTOR DE PASTORES

La exploración tan estrecha de Edward L. Smither sobre Agustín como Mentor es tan esclarecedora como para considerar lo que Agustín tiene para ofrecer a los pastores hoy. Al describir el tema de su libro, Smither escribe: «La presente investigación considerará cómo Agustín influyó en esos líderes en su formación y preparación para el ministerio» (2). Smither señala que solo pretendía «centrarse en la formación espiritual de Agustín a hombres que eran mentores espirituales y que ocupaban un oficio clerical» (3; cf. 13).

En consecuencia, el libro «no abordará cómo Agustín discipuló a la congregación general en Hipona» (3). Así, la audiencia del libro es «pastores y líderes espirituales de hoy en día que quieren guiar y equipar a otros» (2). La tesis de Smither argumentó que, «Agustín asesoró eficazmente a los líderes espirituales y los apartó para los ministerios necesarios en la iglesia y que muchos aspectos de su tutoría servirán como instructivos para el mentor moderno» (2).

En el capítulo uno, Smither explora la mentoría y el discipulado del Nuevo Testamento (4-23). En el capítulo dos, analiza la mentoría de «cuatro personajes clave» en la iglesia de los siglos III y IV: Cipriano de Cartago (24-41), Pacomio de Egipto (41-52), Basilio de Cesarea (52-71) y Ambrosio de Milán (71–91).

El capítulo tres resume la forma en que algunos amigos cercanos de Agustín lo influenciaron y lo guiaron. El capítulo cuatro, el núcleo del libro, desglosa «los enfoques repetidos y más significativos de la tutoría observados en la relación de Agustín con el clero» (125).

En el capítulo cinco, Smither analiza la relación de Agustín con sus mentoreados y cómo Agustín equilibró una actitud de autoridad con una actitud de pastor de pares (234-238). Además, Agustín pensó que la enseñanza sólida desempeñaba un papel central en la tutoría (238–244). Finalmente, Agustín involucró a sus mentoreados en el ministerio (245–248), los liberó al ministerio (249-251) y les proporcionó recursos en el ministerio (252–253).

APLICACIÓN AL MINISTERIO PASTORAL

Un elemento de Agustín como Mentor, que probablemente se destaca para la mayoría de los lectores contemporáneos, es la forma en que los padres de la iglesia, como Agustín y Basilio, se enfocaron particularmente en entrenar hombres para el ministerio dentro del contexto de la iglesia. Por ejemplo, Smither señala que «Basilio respondió a la crisis de liderazgo en la iglesia de Asia Menor al asesorar a hombres para el ministerio» (55). Sin embargo, Basilio no estuvo solo en esta visión de preparar hombres para el ministerio. Smither comentó que «Agustín también valoró el reclutamiento de hombres calificados para las necesidades del ministerio» (115).

De hecho, mientras que el predecesor de Agustín, «Valerio tenía la visión de dotar de recursos a la iglesia local en Hipona, Agustín se comprometió a dotar de recursos a la iglesia universal en el norte de África» con pastores calificados (124; cf. 155). Como escribió su biógrafo Posidio, el legado más significativo de Agustín fue «numerosos clérigos» enviados por todo el norte de África (254; cf. 156).

Los pastores de hoy harían bien en aprender de los pastores de épocas pasadas como Agustín —sin mencionar el ejemplo de Jesús— que dedicó especial atención a levantar hombres calificados para guiar y bendecir a amplios grupos de cristianos a obedecer todo lo que Jesús había ordenado (Mt. 28:20).

LECCIONES DE CÓMO AGUSTÍN MENTOREÓ A HOMBRES PARA EL MINISTERIO

Monasterios / Viviendas comunitarias estructuradas

Al convertirse en cristiano, Agustín adoptó alguna forma de vida comunitaria durante la mayor parte del resto de su vida. En particular, emprendió diferentes formas de vida monástica en Cassiciacum, Tagaste e Hipona (135). Creía que la mejor manera de aprender las Escrituras era mediante la predicación que se aprende en una comunidad (228). Del mismo modo, consideró el monasterio un excelente campo de entrenamiento para el clero (255). Incluso, después que la gente dejaba el monasterio, a veces viajaba para visitar a esos exalumnos y seguir siendo su mentor (208).

Si bien el monasterio o una vida comunitaria formalmente estructurada no están prescritos en las Escrituras, los pastores de hoy harían bien en comprender la importancia de las relaciones entre cristianos estrechamente unidas y centradas en la Biblia. Un pacto de la iglesia, vivir intencionalmente cerca de otros miembros de la iglesia, un servicio religioso el domingo por la noche y otras estructuras eclesiológicas de acuerdo con las Escrituras, pueden ayudar a facilitar una red de relaciones que impulsen el discipulado. Además, los pastores y los que están en formación, que viven cerca unos de otros pueden acelerar la tutoría para el ministerio.

Cartas

Agustín escribió numerosas cartas a amigos, asociados y otras personas que le preguntaban. De hecho, fue el hombre más consultado en la iglesia occidental primitiva (157). Aproximadamente la mitad de las cartas de Agustín escritas durante su ministerio fueron escritas al clero (158; cf. 183). Smither concluye que «la principal fuente de recursos de los líderes espirituales de Agustín fueron sus cartas» (252).

Al usar las cartas como un medio para instruir y guiar a los hombres en el ministerio, Agustín siguió una larga tradición. Algunas de las cartas de Cipriano estaban «destinadas específicamente a disciplinar al clero» por sus caminos descarriados (31).

En otros artículos, Cipriano ofreció aliento y respuestas a preguntas teológicas (32). De manera similar, Basilio «usó cartas para guiar al clero» (59), incluso inició una relación de discipulado en cartas (60). Ambrosio escribió aproximadamente la mitad de sus cartas a otros clérigos, a menudo dando consejos sobre asuntos relacionados con el funcionamiento de una iglesia (79).

Si bien escribir cartas puede parecer algo de épocas pasadas, los pastores de hoy pueden y deben seguir el ejemplo de Agustín al escribir a los hombres más jóvenes en el ministerio para ayudarlos a equiparlos. Ya sea por correo electrónico, mensajes de texto o llamadas telefónicas, los pastores de hoy pueden asesorar a los hombres más jóvenes en el ministerio sobre situaciones pastorales, doctrina y vida.

Concilios de la Iglesia

Los primeros cuatrocientos años de la iglesia vieron numerosos concilios eclesiásticos. Si bien los concilios a veces se convierten en asuntos muy difíciles de controlar, los pastores antes y después de Agustín vieron los concilios como oportunidades para tener compañerismo, aclarar la doctrina y orientar a los jóvenes para el ministerio. En el siglo V, Agustín participó activamente en los concilios de la iglesia, creyendo que tenían autoridad (195). También entendió que los concilios de la iglesia guiaban a través de recursos teológicos, resolución de disputas doctrinales y oportunidades para compartir sabiduría (204–205).

Si bien los protestantes de hoy no colocan la misma autoridad en los concilios de la iglesia que Agustín, los pastores protestantes pueden, no obstante, usar asociaciones, declaraciones de fe y asambleas denominacionales para guiar y proteger la ortodoxia. Por ejemplo, un grupo de pastores de ideas afines a las mías se reúne como una asociación de ministros bautistas para animarse unos a otros, aconsejarse unos a otros sobre asuntos pastorales, discutir temas doctrinales y ser mentores de ministros más jóvenes. Las denominaciones con sínodos anuales logran fines similares.

Experiencia práctica en el ministerio

Smither también destaca cómo Agustín dio oportunidades a ministros subalternos (245) e involucró a sus discípulos en los concilios africanos (246). Además, Agustín involucró a los presbíteros en la obra de predicación (257). De esta manera, Agustín buscó brindar oportunidades para que los aspirantes a ministros aprendieran haciendo. Agustín vio, inevitablemente, el entrenamiento práctico para el ministerio modelado por Ambrosio. Smither escribió que la iglesia de Ambrosio, «en Milán operaba como un laboratorio para entrenar al clero, y Ambrosio era el modelo y entrenador clave» (89).

Los pastores de hoy harían bien en pensar más allá de ellos mismos y de su iglesia, buscando encontrar hombres calificados para entrenar para el ministerio a través de la experiencia práctica.

ALGUNAS OTRAS APLICACIONES DE LA VIDA DE AGUSTÍN PARA PASTORES

La centralidad de la predicación

Basilio entendió que la predicación es fundamental para el trabajo del pastor y la salud de la iglesia (58). Ambrosio escribió: «El oficio especial de un obispo es enseñar» (72) y enfatizó la doctrina en su predicación (105). Valerio, el predecesor de Agustín quien lo eligió para el ministerio, escribió sobre la importancia de encontrar un pastor «capaz de edificar la iglesia del Señor predicando la palabra de Dios y la doctrina saludable» (112).

Smither comenta: «Como Ambrosio, Agustín consideraba que su principal responsabilidad era predicar y exponer las Escrituras» (128). Cualquier protestante que piense que la Reforma marcó el comienzo de la centralidad de la predicación simplemente no ha estudiado la historia de la iglesia.

Altas normas morales para los predicadores

A juzgar por los escándalos que involucraron a algunos pastores evangélicos famosos solo en la última década —plagio, adulterio, divorcio, nuevo matrimonio, intimidación privada de críticos, juegos de azar, blasfemias públicas y conversaciones licenciosas—, parece haber un énfasis lamentablemente inadecuado en las normas morales entre el clero por parte de al menos algunos pastores evangélicos famosos.

En contraste, Agustín y algunos de sus contemporáneos pusieron un enorme énfasis no en los dones del pastor, sino más bien en su carácter. Por ejemplo, Cipriano tenía altos estándares morales para el clero (35). Asimismo, Basilio instó a la rectitud en la convivencia entre ministros (58). De manera similar, Ambrosio tenía altos estándares morales para los ministros ordenados (89). «Agustín mantuvo altos estándares de santidad, sana doctrina y competencia en el clero que ordenó» (250). Los hombres debían ser «prudentes y amables», además de tener 25 años (250). Además, los candidatos al ministerio necesitaban una referencia creíble para elogiar al candidato (250).

APRENDIENDO DE AGUSTÍN

El legado teológico de Agustín es tan extenso que a veces es fácil pasar por alto su legado de fidelidad ministerial y compromiso con la formación de futuros pastores. La obra de Smither no es solo una exploración histórica fascinante de una de las figuras más titánicas de la historia de la iglesia, es un retrato convincente e inspirador de un hombre comprometido con llevar a cabo la amonestación de Pablo a Timoteo: «Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros» (2Ti. 2:2).

Los pastores comprometidos con la formación de hombres para el ministerio serán animados y avivados por el ejemplo de Agustín.

 

Traducido por Samuel Ortiz