Reseñas

Reseña del libro: A Place to Belong [Un lugar al que pertenecer], de Megan Hill

Review
07.11.2021

Cuando la iglesia local parece completamente corriente —insignificante a los ojos del mundo y bastante simple inclusive a los nuestros— ¿Cómo nos deleitamos en pertenecer a ella? (13).

Megan Hill escribió A Place to Belong para responder a esa pregunta.

A Place to Belong está escrito para cualquier creyente que haya llegado a la iglesia solo para encontrarla distraídamente ordinaria: la gente en los asientos detrás de nosotros siempre canta en voz alta y fuera de tono, quien prepara el café no sabe lo que hace, y la persona al otro lado del pasillo envió un texto hiriente la semana pasada. ¿Cómo es posible que este grupo desunido, mezquino e imperfecto sea la novia del Cordero?

VER A LA IGLESIA COMO DIOS LA VE

Nuestra cultura se centra en los indicadores visibles y tangibles del éxito. Pero la Escritura enseña que el pueblo de Dios debe apreciar las realidades invisibles de nuestra vida en Cristo y de la era venidera. Cada uno de los nueve capítulos de Hill busca precisamente eso: examinar una faceta diferente de la identidad de la iglesia en base a la Escritura, y llevar esas verdades a nuestra vida diaria. Hill busca ayudar a sus lectores a «ver a la iglesia como Dios la ve y a abrazar el privilegio de ser parte de ella» (13).

Los capítulos 1 y 2 esbozan el amor de Dios por su pueblo a lo largo de la historia redentora como la narrativa general que define nuestras vidas como el pueblo redimido de Dios. En ningún otro lugar más poderosamente que en la iglesia Dios manifiesta las riquezas de su gracia a su pueblo. El capítulo 3 define a la iglesia como la asamblea del pueblo de Dios que se reúne para adorarle según los principios que él ha prescrito.

El capítulo 4 gira en torno a los pastores, aquellos que bajo las órdenes Dios cuidan de su rebaño. Los capítulos 5 y 6 desvelan la singularidad y variedad con la que Cristo ha dotado a su novia, y cómo es que a través de esta misma comunidad Dios nos confronta, crece y cuida. Como dice Hill: «Ocupamos nuestro lugar en la familia de Cristo ocupando nuestro lugar en la iglesia local» (104). No podemos alejarnos de su pueblo y seguir siendo cristianos sanos, fructíferos y obedientes.

El capítulo 7 desafía al lector a considerar cómo debe ordenar su vida en torno a la vida de su cuerpo local y, finalmente, el capítulo 8 ilustra cómo las iglesias locales, a través de la geografía y el tiempo, están unidas en el evangelio y deben trabajar unas junto a otras en la obra de la evangelización y el ministerio del evangelio.

UNA COMUNIDAD GLORIOSA Y DESORDENADA

Por muy desalentadora e infructuosa que pueda parecer a veces la vida en la iglesia, es en última instancia en la iglesia donde el amor de Cristo brilla de forma más tangible en la tierra. Como escribe Hill: «Cuando las personas que pertenecen a Cristo actúan como personas que pertenecen a Cristo, exaltan a Cristo en el mundo» (121). A través de la fundación de nuestra iglesia local apoyamos la obra mundial del evangelio, que luego sale con mayor fidelidad y claridad.

Hill reconoce que la práctica bíblica será (y debería ser) diferente en las distintas congregaciones y culturas. Al mismo tiempo, ofrece con valentía principios bíblicos concretos que deberían impulsar la vida de cada iglesia y la forma en que vemos nuestro lugar en ella. Señala: «Cuando nos tomamos en serio lo que Dios dice acerca de su iglesia, eso moldeará nuestra experiencia de pertenencia a ella» (14). Nuestros sentimientos se desvían tan a menudo de lo que ven nuestros ojos y experimentan nuestros corazones en relación con la iglesia, que necesitamos la verdad de Dios para reorientar nuestras emociones y nuestra lealtad.

El libro de Hill es tanto idealista como realista en el mejor sentido de las palabras. A lo largo de las páginas de la Escritura, Hill pinta un gran cuadro de todo lo que significa la iglesia y el deleite que Dios tiene en nosotros como su pueblo, pero no es ingenua. Creció como hija de un pastor y ahora está casada con un pastor, ha visto una buena parte del ministerio en su vida y no se hace ilusiones sobre lo que significa la iglesia en los callejones cotidianos del mundo real. Escribe con honestidad acerca de cómo es una comunidad de pecadores redimidos de este lado de la gloria.

Esto me lleva a mi única crítica del libro. Pese a su naturaleza práctica y directa, Hill no llega a exponer el lugar de la disciplina eclesiástica en las congregaciones sanas. Describe el papel de los pastores para amonestar, advertir y reprender a los que están bajo su cuidado, pero no articula (como lo hace claramente con tantos otros aspectos de la vida de la iglesia) la necesidad de que los miembros que viven de forma inconsistente con su profesión de fe sean separados del cuerpo por el bien de sus almas.

APRENDER A AMAR A LA IGLESIA

A Place to Belong es una es una apologética cargada de la Escritura para la participación activa en tu iglesia local. Accesible y práctico, es una gran herramienta para el estudio personal o en pequeños grupos (las preguntas de estudio para cada capítulo también se incluyen en la parte posterior). El libro de Hill combina hábilmente la teología bíblica y sistemática con la vida cristiana de una manera convincente y articulada. Incitará tu imaginación por todo lo que Dios ha hecho que sea la iglesia, a pesar, e inclusive a través, de nuestro pecado. Las deficiencias de la iglesia de Cristo ponen en evidencia su propia paciencia, poder y sabiduría.

Ya sea que seas una oveja o un pastor, terminarás de leer de este libro sintiendo un mayor amor por los demás miembros de tu iglesia local, un mayor respeto por el papel de los ancianos en la dirección y protección del pueblo de Dios, un sentido más alegre de tu obligación de participar en la vida de tu iglesia local y con un corazón de adoración a Dios por su sabiduría y amor.

Del naufragio del pecado, Dios ha hecho surgir un nuevo orden mundial que ha irrumpido en esta época problemática y nos arrastra a la época gloriosa venidera. Nosotros, junto con otros verdaderos creyentes, ya formamos parte de la compañía del cielo que adorará al Cordero por toda la eternidad. Por medio de este libro, Hill aviva nuestros corazones con combustible fresco para deleitarnos en la belleza de la iglesia de Cristo.

Pronto, las congregaciones ordinarias a las que pertenecemos serán glorificadas, y es justo que anticipemos con entusiasmo ese día. Pero, en ese día, tu iglesia en la eternidad parecerá más hermosa, pero no será más amada. Al comprometernos inclusive ahora con la iglesia local, damos testimonio de esta realidad. Porque Cristo se deleita en la iglesia, nosotros nos deleitamos en ella. Porque Cristo la llama suya, nosotros la llamamos nuestra. Porque Cristo ama a la iglesia, nosotros también la amamos. Semana tras semana, nos entregamos por el bien del pueblo que Dios ama. Y en la eternidad no seremos decepcionados.

Traducido por Nazareth Bello