Reseñas

Cartas a la Iglesia | Por Francis Chan

Review
04.02.2020

Algo está mal con respecto a la iglesia evangélica estadounidense. Has pensado eso. Has expresado esta preocupación. ¿Pero alguna vez te has desalentado tanto por el estado de la iglesia de hoy que te alejarías de ella? Eso fue lo que Francis Chan hizo. En muchos aspectos, Chan fue el pastor «exitoso» de Cornerstone Church, una mega-iglesia en Simi Valley, California. Él plantó la iglesia en 1994 cuando tenía tan solo 20 años. Luego, después de años de crecimiento explosivo y proyectos de construcción arduo, se dio cuenta de que «algo estaba mal» y se alejó de todo (13). Chan llevó a su familia al extranjero a India, Tailandia y China (18), donde, como explica él, experimentó la iglesia, no como lo había hecho en los Estados Unidos, sino como lo describe el Nuevo Testamento.

Chan y su familia finalmente regresaron a San Francisco, California, donde comenzó el movimiento de iglesias en las casas «We Are Church» [«Somos Iglesia»]. Su visión era establecer en los Estados Unidos lo que veía en el extranjero. Aunque admite que la iglesia tiene problemas reales, Chan sabiamente anima a los cristianos a no renunciar a la iglesia, porque «¡Jesús todavía se refiere a la Iglesia como su cuerpo, ella es su novia». Por tanto, el insta a «debemos amar a su novia, no te quejes de ella ni la dejes» (22).

La Carta de Chan a la Iglesia es una crítica honesta y aguda de la iglesia evangélica estadounidense. En este libro, Chan admite que Dios está disgustado con su iglesia (24). Pero en lugar de quejarse de eso, Chan nos llama a reclamar una alta visión de la iglesia y volver a sus fundamentos en el Nuevo Testamento. Para esto, propone una solución, esperando que, al hacerlo, los cristianos puedan tener un modelo para reformar la iglesia.

ACTITUD HUMILDE

Chan no viene en una posición de arrogancia, diciéndonos todo lo que estamos haciendo mal. Es humilde. Se dio cuenta que, como pastor, él fue el problema, y ​​lamenta este hecho. Entonces, Chan critica a la iglesia como alguien que ama a Cristo, ama a su novia y llora por lo que ha sido de ella. Él llama a los lectores a sacar sus propias Biblias y «verificar si estoy torciendo las Escrituras o simplemente declarando lo que es obvio» (24). Él admite que «aunque algunas de las cosas que escribo pueden sonar a críticas, realmente estoy tratando de hablar con un espíritu de gracia y unidad» (25). Y advierte razonablemente que «una de las peores cosas que podría suceder es que las personas enojadas tomen estas palabras y se enfrenten orgullosamente al liderazgo de su iglesia» (25). Admitiendo que los cambios deben tener lugar, Chan humildemente pide gracia (25).

Habiendo pedido gracia (capítulo 1), Chan nos recuerda el lugar glorioso de la iglesia en el plan de Dios (capítulo 2) y las prácticas bíblicas de la iglesia en el Nuevo Testamento (capítulo 3). Luego, identifica varias marcas de una iglesia del Nuevo Testamento que cree que faltan en la iglesia evangélica estadounidense: una comunidad amorosa (capítulo 4), el servicio humilde (capítulo 5), pastores fieles (capítulo 6), la disposición para sufrir (capítulo 7), soltados para las misiones (capítulo 8). Finalmente, ofrece una solución (capítulo 9). Chan cierra el libro con un epílogo en el que busca alentar a aquellos que tienen que tratar con personas arrogantes, los cuales pueden oponerse al cambio.

FUNDAMENTOS BÍBLICOS

«No hay mayor honor en la tierra que ser parte de la Iglesia de Dios» (34). ¡Ojalá, que todos los cristianos y todos los pastores tuvieran una visión tan alta de la iglesia como Francis Chan! Argumenta que la iglesia es sagrada porque es el templo de Dios (38) y una embajada del cielo destinada a mostrar la sabiduría de Dios a los seres celestiales (43). Él lamenta nuestro fracaso «para ver la belleza en el diseño de Dios para la Iglesia» (44) y confiesa que nosotros, los pastores y líderes de la iglesia, «te hemos entrenado para volverte adicto a las cosas menores. Hemos abaratado algo sagrado y debemos arrepentirnos» (44).

La principal acusación de Chan contra el evangelicalismo estadounidense es el consumismo (86, 94-95, 98, 120, 124, 190). En lugar de hacer lo que Dios le ha ordenado a la iglesia que haga, sugiere, hemos ofrecido a las personas lo que creemos que quieren. Se lamenta: «o las personas se asombrarán de lo sagrado o no lo harán…Al atender nuestra adoración a los adoradores y no al objeto de nuestra adoración, me temo que hemos creado iglesias centradas en lo humano» (53).

Chan propone que regresemos al modelo del Nuevo Testamento que se encuentra en Hechos 2: 42–47: devoción a la enseñanza de los apóstoles, la comunión, el partimiento del pan y las oraciones. Chan cree que la disfunción de la iglesia estadounidense se basa en la falta de devoción a las cosas que complacen a Dios (56). Y «aunque no podemos obligar a las personas a ser piadosas», el admite: «puede ser que hayamos facilitado que no lo sean. Al tratar de mantener a todos interesados ​​y entusiasmados, hemos creado un sustituto barato para la devoción» (56).

CRÍTICA HONESTA

Habiendo establecido una imagen gloriosa de la iglesia y recordándonos los fundamentos bíblicos de la iglesia, Chan ofrece una crítica honesta y aguda de la iglesia evangélica estadounidense. Él tiene un modo de expresarse con las palabras. Mezcladas con su corazón humilde y su evidente pasión, las palabras de Chan tienen un poderoso efecto. Necesitamos escuchar su crítica y evaluar nuestros propios corazones porque cada pastor y cada iglesia constantemente luchan con la pregunta, «¿Qué debemos hacer para que nuestra iglesia crezca?». Si esa es la pregunta que nos impulsa como pastores y miembros de la iglesia, entonces nuestra iglesia también seguirá la manera del mundo.

Así que, Chan tiene razón al exhortarnos por nuestros intentos mundanos de reunir a tantas personas como sea posible en un edificio (o en múltiples campus). Nos pide que imaginemos cómo podrían ser nuestros esfuerzos para el mundo incrédulo: «Si los musulmanes estuvieran anunciando donas gratis y un sorteo de un iPad gratis como un medio para atraer a la gente a sus eventos, me parecería ridículo…Si necesitaran conciertos de rock y oradores divertidos para atraer multitudes, los vería tan desesperados y su dios tan barato y tan débil» (95). Chan también tiene razón al concluir que «si bien nuestras buenas intenciones pueden haber atrapado a algunas personas en la puerta, también pueden haber causado que toda una generación tenga una visión más inferior de nuestro Dios» (95).

SOLUCIÓN SIMPLISTA

Pero en lugar de ofrecer un libro completo de crítica, Chan entiende que también debe ofrecer una propuesta positiva. Su solución: «Somos Iglesia», un movimiento de iglesias en las casas que ayudó a iniciar en San Francisco, California (capítulo 9). Chan comenzó este movimiento con el deseo de producir «creyentes consagrados, familias amorosas, hacedores de discípulos equipados, misioneros llenos del Espíritu y residentes sufrientes» (176–77). Para producir tales discípulos, se enfoca en prácticas que ha encontrado útiles para lograr sus valores: «las lecturas diarias de la Biblia, las reuniones en los hogares, la multiplicación de líderes, la autoridad de los ancianos, todos son discipulados, todos son discípulos, todos ejercen dones, la multiplicación regular de iglesias, las reuniones sencillas, el compartir las posesiones y el asumir las misiones» (177–80).

Sabiamente, Chan no ofrece su enfoque como «la solución, sino solo una solución» (193–94). Aun así, la humildad y la pasión de Chan, combinada con su atrayente manera de las palabras, es influyente. En consecuencia, debido a la insatisfacción con la iglesia estadounidense, sospecho que este libro obtendrá una amplia lectura. Y contrario a sus advertencias, algunos cristianos descontentos probablemente usarán su propuesta como un arma contra sus propias iglesias y líderes, mientras que otros simplemente se alejarán de sus iglesias y experimentarán con el enfoque de Chan.

Esto es un problema. No es que las iglesias en las casas sean necesariamente una mala idea. De hecho, las iglesias en las casas pueden ser una estrategia viable en un tiempo de terrenos costosos y el precio de los edificios disparados. Las iglesias en las casas pueden ser una forma sabia de difundir el evangelio en un ambiente hostil. Es más difícil evitar la comunidad evangélica y el discipulado intencional en reuniones más pequeñas en donde todos conocen tu nombre. Chan considera todos estos puntos (182–88). 

Hay asuntos reales que la iglesia debe enfrentar. Entonces, mi preocupación no es sobre las iglesias en las casas como modelo. Mi preocupación es que la propuesta particular de Chan es muy simplista y no está probada.

La propuesta de Chan es demasiado simplista en sus supuestos. Parece creer que simplemente volviendo a la «forma del Nuevo Testamento de hacer iglesia», que para él son iglesias en las casas, la iglesia estadounidense estará mejor estructurada para cumplir su misión y evitar el consumismo. Y, sin embargo, uno solo tiene que leer las cartas del Nuevo Testamento para aprender que la iglesia primitiva luchó contra la división, la inmadurez espiritual, el abuso de los dones espirituales, la arrogancia espiritual y la negación de la resurrección. Y eso fue solo los corintios. Los gálatas se abrieron a otro tipo de evangelio. Los efesios se comportaron como paganos. Los colosenses produjeron su propia herejía. Las iglesias de Juan coquetearon con el naciente gnosticismo. Incluso los filipenses lucharon contra el orgullo. Y si esos problemas no eran lo suficientemente graves, en Apocalipsis Jesús amenazó con cerrar las iglesias si no se arrepentían.

Es demasiado simplista pensar que podemos replicar las reuniones de la iglesia del primer siglo y resolver los problemas de la iglesia evangélica estadounidense. Los problemas de nuestra iglesia nunca se resolverán con nuevas estructuras o modelos porque todos nuestros problemas tienen el mismo origen: cristianos profesantes egoístas y pecaminosos que necesitan ser pastoreados hacia la semejanza de Cristo.

Chan tiene un punto de que el discipulado es más difícil de lograr en entornos más grandes de mega-iglesia. Pero la solución no es simplemente disminuir el tamaño de la iglesia. La solución es que los pastores pastoreen el rebaño de Dios entre ellos, hacia la madurez cristiana para presentar a cada miembro completo en Cristo en el último día. Ese es el trabajo, sin importar el tamaño de la iglesia.

Además, la propuesta de Chan es nueva y no está probada, lo cual es irónico dado el hecho de que él cree que su modelo refleja la iglesia de Hechos 2 del primer siglo. Lo que Chan ofrece es lo que los misionólogos llaman movimientos de plantación de iglesias (MPI). De acuerdo con Church Multiplication Associates, un MPI «es un aumento rápido y multiplicativo de iglesias nativas que plantan iglesias dentro de un grupo de personas o segmento de población dado»[1]. Esa es la propuesta de Chan: un rápido movimiento multiplicador de iglesias en las casas (181–83). Para llegar a tantas personas como sea posible con el evangelio, Chan propone que levantemos «pastores» de la fuerza laboral regular que no requerirán salario de la iglesia y que se multipliquen rápidamente las reuniones de cristianos a través de las ciudades.

En vista de que los MPI son tan nuevos, no tenemos datos suficientes sobre su impacto o viabilidad a largo plazo. ¿Están estos creyentes, rápidamente ganados, perdurando en su fe? ¿Los pastores que han recibido poco o ningún entrenamiento teológico mantienen la fidelidad doctrinal? No olvidemos que los apóstoles visitaron o escribieron repetidamente a sus iglesias para abordar conflictos, divisiones, apostasías y falsas enseñanzas. Por eso tenemos las cartas del Nuevo Testamento. Todavía no sabemos qué sucede cuando colocamos a estos hombres que carecen de capacitación teológica frente a las iglesias como pastores, y que, al reunir a los nuevos creyentes, para que después que alcancen las 20 personas en una iglesia en casa, se dividan para producir otra reunión lo más rápido posible. Los MPI no han existido el tiempo suficiente para discernir su impacto y viabilidad.

SELECTIVA E INGENUIDAD HERMENÉUTICA

Además, aunque la crítica de Chan es profunda, su propuesta se basa en una hermenéutica selectiva e ingenua. Chan tiene razón al enfatizar la devoción de la iglesia en Hechos 2: 42–47. Y tiene razón al destacar la devoción a la enseñanza de los apóstoles como algo central en la vida de la iglesia (57). Pero la razón de la devoción de Chan a la Palabra de Dios es experimentar su poder. Admite que «hay un poder milagroso en la enseñanza de los apóstoles que ningún otro escrito tiene (Ef. 2:20; 2 Ti. 3: 16–17)» (57). Pero a partir de estas observaciones, Chan parece concluir que la devoción de la iglesia a la enseñanza de los apóstoles debe expresarse principalmente en las lecturas públicas (58) y privadas (177) de las Escrituras. Pero la Palabra de Dios no es un talismán. No es un encantamiento mágico que, si se lee, automáticamente aprovechamos su poder.

Pero a pesar de todo su énfasis en la Palabra, una omisión flagrante en la propuesta de Chan es la ausencia de predicación pública (60, 134 35, 172 73, 179, 191). El contexto de la actual iglesia americana es muy parecido al primer siglo. Y en ese contexto, donde la iglesia prefiere que le hagan cosquillas a escuchar las duras verdades de la Biblia, Pablo ofreció una solución diferente: «Te encarezco delante Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos, en su manifestación y en su reino, que prediques la palabra; que instes a tiempo y fuera de tiempo, redarguye, reprende, exhorta con toda paciencia y doctrina» (2 Tim. 4:1 a 2). Mientras Chan enfatiza la lectura pública de la Escritura basada en 1 Timoteo 4:13, no reconoce que el versículo también habla de la exhortación (aplicación del texto) y la enseñanza (explicación del texto). Tomé 1 Timoteo 4:13 para ser un sumario útil de definición de la predicación expositiva.

Además, el Cristo ascendido ha dado a su iglesia pastores y maestros para ministrar la Palabra, para que la iglesia pueda estar equipada para el ministerio hasta que alcance la madurez cristiana (Efesios 4: 11-16). La iglesia debe hablar esta verdad los unos a los otros con amor (15). Al pedir una devoción a la enseñanza de los apóstoles y omitir la Palabra predicada, Chan parece estar utilizando una hermenéutica selectiva.

La propuesta de Chan también se desvirtúa con una hermenéutica ingenua. Nos enfrentamos al mismo peligro cada vez que leemos la Biblia sin tener en cuenta sus contextos históricos, literarios, de pacto y redentor-históricos. Este es el peligro de contextualizar en exceso: leer la Biblia y aplicarla inmediatamente a nosotros mismos sin tener en cuenta la intención original del autor.

Chan hace esto cuando propone que regresemos a Hechos 2 y hagamos todo lo que estaban haciendo de la manera exacta en que lo hicieron: reunirse en los hogares (177), compartir las posesiones (178) y mantener pequeñas las reuniones (181–82). Pero antes de aplicar este texto a nosotros mismos, debemos comprender su entorno original, su lugar en la historia redentora y verlo a través de la lente de cómo Cristo está construyendo su iglesia. Eso no quiere decir que no se aplique a nosotros, y no quiere decir que no debamos dedicarnos a las mismas cosas a las que se dedicó la iglesia primitiva. Pero es simplemente ingenuo decir: «La iglesia primitiva se reunió en los hogares, así que, si queremos experimentar el mismo poder que ellos experimentaron, también debemos reunirnos en los hogares».

La hermenéutica de Chan también es ingenua porque al sugerir que «comencemos de nuevo» al pensar en la iglesia y «demoler lo que actualmente llamamos ‘iglesia’» (132), descuenta la historia de la interpretación bíblica durante los últimos 2.000 años. Declarar que la iglesia se equivocó desde Constantino (389), es una crítica común e históricamente vaga, y que ahora debemos derribarlo todo y comenzar de nuevo, es en el mejor de los casos, ignorancia. En el peor de los casos, arrogancia.

CONCLUSIÓN

Cartas a la Iglesia ofrece algunas críticas penetrantes e incisivas de la iglesia moderna. Humildemente y con generosidad nos llama a examinarnos para ver si estamos entreteniendo a las masas o si realmente somos la iglesia. Ese es un criterio correcto.

Desafortunadamente, como muchos críticos de la iglesia antes que él, identifica correctamente un problema con la iglesia, pero ofrece una solución simplista basada en una hermenéutica selectiva e ingenua. Así que, por supuesto, escucha su crítica y evalúa tu corazón y las prácticas de tu iglesia. Pero pensemos más detenidamente sobre cómo recuperar la salud de la iglesia estadounidense.

En primer lugar, haríamos bien en estudiar las Escrituras y la historia de la iglesia para ver cómo la iglesia ha combatido continuamente estas mismas amenazas. Y recuerda: no somos el salvador de ninguna iglesia. Solo hay uno, y su nombre es Jesús. Por su Gracia, se deleita en trabajar todavía con pecadores arrepentidos en iglesias desordenadas que reflejan la sabiduría de Dios, e incluso, ha prometido que las puertas del Hades no prevalecerían contra su iglesia.

[1] «Definición de un movimiento de plantación de iglesias», CMA Resources, consultado el 30 de septiembre de 2019, https://www.cmaresources.org/article/church-planting-movements-definition.


Traducido por Renso Bello

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