COVID-19

¿Un momento para la desobediencia civil? Una respuesta a los ancianos de la Iglesia «Comunidad de la Gracia»

Artículo
29.07.2020

Antes de que tu iglesia siga el ejemplo de la Iglesia «Comunidad de la Gracia» de John MacArthur y empiece a reunirse desafiando las órdenes del gobierno, ¡espera! Detente y medita conmigo por un momento.

En caso de que no sepas de qué hablo, MacArthur ha hecho una maravillosa declaración afirmando el señorío de Cristo sobre los gobiernos, nuestro deber de desobedecer a los gobiernos cuando éstos prohíben el culto y la falta de jurisdicción del gobierno sobre la doctrina, la práctica y la política de una iglesia. Los pastores hacen bien en aprender del ejemplo de valentía de MacArthur. En los años y décadas venideras, podemos tener muchas oportunidades de desafiar las incursiones gubernamentales.

También respeto la decisión de los ancianos de la Comunidad de la Gracia de «informar respetuosamente a [sus] líderes cívicos de que se han excedido en su jurisdicción legítima» y que «la fidelidad a Cristo les prohíbe observar las restricciones que quieren imponer a [sus] servicios de culto grupal». Esa podría ser la decisión correcta. Creo que es una decisión de juicio, pero si se sienten obligados por su conciencia a reunir a su iglesia, entonces deberían reunirse (ver Ro. 14:14, 23).

Pero también me gustaría añadir que la desobediencia civil puede no ser el único curso de acción legítimo o moral en este momento.

Existen cuatro cosas adicionales que vale la pena mencionar en caso de que hayas leído su artículo. Primero, es cierto que la iglesia de MacArthur no puede reunirse, pero la iglesia de Cristo sí. En este momento, los miembros de su iglesia pueden reunirse al aire libre. No hay nada sacrosanto en las formas particulares y actuales de nuestras congregaciones. Podría decirse que mi consejo al pastor MacArthur es similar al del pastor que piensa que su iglesia tiene que ir a múltiples servicios o sitios: «¿Por qué esa nueva congregación tiene que llamarse tu iglesia?». Del mismo modo, ¿hay alguna razón bíblica por la que tu iglesia o la mía no puedan dividirse en varias iglesias o adoptar alguna otra forma? En este sentido, aprecio la decisión de J. D. Greear y los ancianos de la Iglesia de Summit de convertir a los 12 000 miembros de su iglesia en cientos de iglesias caseras por el resto del año, incluso si yo estructurara las cosas de forma un poco diferente a como él lo ha hecho. También, una posibilidad que está siendo discutida por los ancianos de la Iglesia Bautista de Capitol Hill es si deberían convertir su iglesia en varias congregaciones autónomas en caso de que las restricciones en Washington D. C. eventualmente lo permitan. Por ahora, se están reuniendo en un campo abierto. La Iglesia de la Gracia, por otro lado, insiste en mantener su forma actual. Es una decisión potencialmente legítima, pero no es la única decisión que una iglesia puede tomar.

No digo que los cristianos deban aceptar esto como la nueva normalidad y que debamos renunciar a tener espacios de reunión más grandes e iglesias más grandes. Digo que, al menos en este momento, una iglesia podría decidir hacer algo más que reunirse sin venderse al César.

En segundo lugar, los cristianos han trabajado durante mucho tiempo para adaptarse a las restricciones del gobierno sobre las reuniones, tanto cuando esos requisitos han parecido justos como cuando no. Durante la Segunda Guerra Mundial, las iglesias en las ciudades costeras aceptaron los requerimientos de apagones nocturnos en caso de que aviones enemigos atacaran la costa. Esas iglesias no insistieron en que el gobierno no tenía derecho a «restringir nuestro culto». Hoy en día, las iglesias en China a veces hacen bien en desobedecer al gobierno y se reúnen en la clandestinidad, pero a veces son sabias en cumplir con las restricciones del gobierno, o por lo menos con las medidas restrictivas del gobierno, como mantener sus congregaciones relativamente pequeñas. Según me dicen mis amigos pastores en China, la policía conoce sus congregaciones de cien miembros, pero no se incomodarán con ellas hasta que lleguen a 200 miembros. Y así mis amigos siguen plantando nuevas iglesias. Mi punto aquí no es que el Partido Comunista Chino tenga derecho a limitar la iglesia a 200. No lo tienen. Lo que quiero decir es que mis amigos pastores están haciendo juicios sabios sobre lo que mejor preservará el testimonio del evangelio a largo plazo, y no solo a su iglesia. En otras palabras, solo porque piensas que Dios finalmente vindicará tu decisión de desobedecer al gobierno el último día no significa que sea sabio. Puede que tengas otras opciones que eviten una atención indebida.

En tercer lugar, abordando este asunto de lo que es sabio o «conveniente» (ver 1 Cor. 6:12), personalmente me pregunto si desafiar las órdenes del gobierno por el bien de una pandemia es la mejor elección. La política LGBT me dice que nuestras iglesias pueden tener más ocasiones de desafiar los requerimientos del gobierno en los años venideros. ¿Queremos gastar nuestra energía en la pandemia? En este momento, las pautas que restringen a las iglesias también restringen a los restaurantes, cines, museos, gimnasios, funerarias, oficinas no esenciales, centros comerciales, barberías y más. Cuando los propietarios de los restaurantes y gimnasios echen un vistazo a nuestras iglesias, ¿nuestra negativa a cumplir con las mismas restricciones que les están causando problemas financieros ayudará al testimonio del evangelio, especialmente si pudiéramos encontrar otras formas de cumplir, como reunirse al aire libre? Una vez más, todo esto es un llamado de atención. Mi punto es simplemente que dejemos espacio para que las iglesias tomen decisiones diferentes a la de Romanos 14.

Cuarto, y este es mi punto más ambiguo, MacArthur traza una línea estricta entre las jurisdicciones del estado, la iglesia y la familia. Yo también afirmo la separación de estas jurisdicciones y he escrito ampliamente sobre el tema. Sin embargo, esto es lo que debemos tener en cuenta. Esos círculos jurisdiccionales, hasta cierto punto, se superponen siempre que son las mismas personas las que están vinculadas a esas distintas jurisdicciones. Después de todo, cada una de esas autoridades puede tener autoridad sobre una persona, sin importar el edificio en el que se encuentre.

Por ejemplo, ¿Dios da a los padres la autoridad para disciplinar a sus hijos? Sí. Pero esa disciplina puede cruzar una línea y volverse abusiva. En ese momento, el estado les dice a los padres: «Esperen, su hijo también es nuestro ciudadano, y están abusando de él. Debemos intervenir». Por supuesto, los estados pueden llamar a algo abuso que no lo es e ir demasiado lejos, pero la mayoría de nosotros estamos de acuerdo en la necesidad ocasional de intervenir.

De la misma manera, las iglesias deben observar los códigos de incendio establecidos por el estado, los códigos de construcción, las restricciones de zonificación, los códigos de la sociedad de preservación histórica (si estás en el Capitol Hill), y más, todos los cuales afectan y limitan nuestras reuniones. Sin embargo, la mayoría de nosotros no ha hecho una pausa y dicho: «Esto está obstaculizando nuestro culto» o «Este es el estado ejerciendo autoridad sobre la práctica de la iglesia». Más bien, entendemos que el estado está haciendo su trabajo incluso allí. Entendemos que no somos el antiguo Israel. Y aunque en un sentido todo el espacio es sagrado para un cristiano porque todo el espacio está bajo el señorío de Cristo, en otro sentido ningún espacio es sagrado, al menos no de manera similar al Templo; y la autoridad del gobierno también se extiende por todas partes dentro de sus fronteras.

Todo lo anterior para decir que no es inmediatamente evidente para mí que las órdenes originales de un gobierno en marzo y ahora de nuevo en julio sean, en palabras de MacArthur, «una intrusión ilegítima de la autoridad estatal en los asuntos eclesiásticos». Se podría argumentar que están haciendo su trabajo al tratar de mantener la paz, el orden y la preservación de la vida, ya que cientos de personas se reúnen, se infectan potencialmente unos a otros y luego se dispersan en la comunidad más amplia.

Simpatizo con la preocupación de la Comunidad de la Gracia por la prolongación indefinida de este tiempo. Aun así, si el estado tiene la autoridad para decir a los líderes de la iglesia: «Si intentan atar las conciencias de los miembros de la iglesia diciéndoles que deben asistir a una reunión que podría dañarles físicamente, debemos intervenir», entonces debemos ser pacientes, aunque ese tiempo se prolongue. Los cristianos han soportado antes los inconvenientes de la persecución y las pandemias durante años, incluso décadas.

Lo que implica la declaración de MacArthur es que sus ancianos no creen que haya una amenaza real con el Covid-19. De nuevo, esa es una decisión que se les permite tomar. Y esa decisión se encuentra presumiblemente detrás de su posterior decisión de desobedecer al gobierno. Una vez más, mi objetivo aquí no es necesariamente estar en desacuerdo, o mucho menos condenar, cualquier decisión. Mi objetivo es abrir un pequeño espacio de libertad cristiana para que otras iglesias hagan juicios diferentes, y luego animarnos a todos a ejercer paciencia y caridad entre nosotros y con nuestras iglesias mientras tomamos decisiones diferentes.

«Ya no nos juzguemos más los unos a los otros» (Ro. 14:13), sino aceptémonos unos a otros (Ro. 15:7). Esta actitud debería caracterizar la conversación entre los cristianos, entre las iglesias, e incluso entre los líderes de la iglesia y los miembros a medida que llegan a diferentes conclusiones, por muy desafiante que pueda llegar a ser. Debemos buscar «lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación» (14:19), incluso si eso significa que decides dejar una iglesia por otra porque te has convencido de que sus líderes están tomando la decisión equivocada. Ve en paz y gracia. El reino de Dios es más grande que cualquiera de nuestras reuniones.