Reseñas

Reseña del libro: El Ladrón en el Lote, por Thomas Boston

Artículo
06.05.2018

Como pastores, vemos la naturaleza universal del sufrimiento de cerca. Durante los últimos años, miembros de nuestra congregación han experimentado la muerte repentina de seres queridos, retos de salud prolongados, episodios profundos de depresión, matrimonios rotos, y pobreza financiera. La realidad es que si estás cuidando de las ovejas de Cristo en un mundo tan profundamente dañado por el pecado, necesariamente verás dolor y quebranto.

Aún cuando las aflicciones no son nuevas para nuestro tiempo, puritanos como Thomas Boston experimentaron mucho sufrimiento. Por ejemplo, durante su niñez él pasaba tiempo acostado en la prisión para guardar a su padre de la soledad mientras cumplía una sentencia por aferrarse a principios puritanos. Como adulto, él enterró seis de sus diez hijos y vio a su esposa sufrir de enfermedad mental. Aunque algunos de sus comentarios sobre la aflicción y la soberanía de Dios en el dolor serán inevitablemente difíciles de asimilar para algunos, nadie puede acusar a Boston de ser huraño. Él escribe sobre el sufrimiento no a partir de las teorías abstractas de un académico, sino como un hombre que conoció tanto la dificultad como a Dios de primera mano.

VISIÓN GENERAL

El título El Ladrón en el Lote probablemente no tiene sentido para los lectores modernos. Tal y como Ian Hamilton deja claro amablemente, «Por ‘lote’, Boston quiere decir ‘lote en la vida’, la forma de nuestra vida conforme es formada por las muchas providencias de Dios. Por ‘ladrón’, él quiere decir aquellos problemas imprevistos, (‘espinas’) que nos afligen, trastornan o perturban en alguna manera» (viii). En las palabras de Boston, «El ladrón en el lote es adversidad contínua por corto o largo tiempo» (6). En esencia, Boston está escribiendo como pastor sobre los propósitos y planes de Dios a través de las dificultades en nuestra vida.

El libro está divido en tres exposiciones diferentes. En la primera, Boston expone Eclesiastés 7:13: «Mira la obra de Dios; porque ¿quién podrá enderezar lo que él torció?» Durante esta primera exposición, Boston presenta tres sub- puntos de doctrina: (i) cualquier ladrón que haya en un lote, es creación de Dios; (ii) lo que Dios crea conveniente que se destruya, no podrá arreglar su lote; (iii) la consideración del ladrón en el lote, como una obra de Dios, o algo de su creación, es un medio apropiado para llevar a uno a la conducta cristiana que está bajo ella.

Segundo, Boston expone Proverbios 16:19: «Mejor es humillar el espíritu con los humildes que repartir despojos con los soberbios». La declaración doctrinal de Boston para este versículo es como sigue: «hay una generación de afligidos humildes, que tienen su espíritu bajo y llevado a su suerte, cuyo caso, en este sentido, es mejor que aquel del orgulloso que consigue su voluntad y lleva todo a su mente».

Tercero, Boston explica 1 Pedro 5:6: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo». En esta exposición, Boston describe algunos puntos de doctrina: (i) La inclinación de un corazón en circunstancias humillantes debería apuntar hacia una humillación adecuada del espíritu, como bajo la mano poderosa de Dios colocándolos en ellos; (ii) hay un debido tiempo, donde aquellos que ahora se humillan a sí mismos bajo la mano poderosa de Dios ciertamente serán levantados.

LECCIONES PARA PASTORES DE HOY

  • Predica sobre la soberanía de Dios

En un esfuerzo por hacer ver a Dios más agradable, algunos ministros excusan a Dios de cualquier conexión con nuestro sufrimiento. A pesar de que una versión extrema de esto es teísmo abierto, una más moderada y común afecta la libertad del hombre contra la soberanía de Dios. Aunque Boston, reflejando las Escrituras, es enfático en que Dios es soberano aún en el sufrimiento que enfrentamos: «es evidente, a partir de la doctrina de las Escrituras sobre la providencia divina, que Dios produce cada lote del hombre, y todas las partes involucradas. Él se sienta en el timón de los negocios humanos, y los convierte en lo que él quiere» (16).

Dios no sólo produce las circunstancias de la humanidad; su voluntad no puede ser cambiada: «Dios ha, por decreto eterno, inmovibles como montañas de bronce (Zacarías 6:1), señalado el lote de todo el mundo, y las partes torcidas involucradas, así como las derechas» (17). Y sin embargo, así como Boston está predicando con fuerza la completa soberanía de Dios sobre todo lo que ocurre, como un buen predicador anticipa la objeción de que su enseñanza en alguna manera hace a Dios responsable del pecado. Boston rechaza con fuerza esto: «porque hay una providencia santa y sabia que gobierna lo pecaminoso y las acciones descuidadas de los hombres, como un jinete hace un caballo cojo, de cuya interrupción, no él, sino la cojera del caballo,  es la verdadera y apropiada causa» (17). Si Dios creó el universo, conquistó la muerte, y venció el pecado, entonces Él no necesita que nosotros lo defendamos. Él es perfectamente capaz de ganar los corazones de aquellos que persigue. Cuando nos alejamos del mensaje de las Escrituras sobre la soberanía de Dios en un esfuerzo por hacer a Dios más agradable, rompemos el primer mandamiento a través de la creación en un dios falso.

  • Enseña acerca de las Maneras en que Dios utiliza el Sufrimiento.

Dios no es sólo soberano sobre las pruebas; él también trabaja en ellas. Aunque gran parte del libro está dedicado a explicar las muchas maneras en que Dios trabaja a través de las dificultades, Boston provee siete ejemplos específicos sobre cómo Dios utiliza el sufrimiento (22-30). Estos son como sigue:

  1. La prueba de un estado. Dios utiliza las pruebas para ayudar a mostrar si alguien es cristiano o no. Si un hombre no puede someterse a Dios y el ladrón que Dios permite en su lote, entonces cuestiona su conversión.
  2. Motivación al servicio. Las pruebas nos presionan a abandonar la última esperanza en esta vida, nos presiona hacia la santificación y confianza en Dios. Como Boston dijo en una sección posterior, «él puede fácilmente percibir el diseño general del mismo a ser destetado de este mundo, y moverlo a buscar y llevar su corazón a descansar en Dios» (34).
  3. Convicción de pecado. Más tarde, Boston dijo, «hay muchos ahora en el cielo, que están bendiciendo a Dios por el ladrón que tuvieron en su lote aquí» (38-39).
  4. Corrección o castigo por pecado.
  5. Previniendo el pecado. Las pruebas pueden mostrarnos lo vacío y vano que es el pecado, reduciendo de este modo nuestra atracción por el pecado.
  6. Descubrimiento de la corrupción latente. « El ladrón en el lote se eleva desde el fondo, y saca tal corrupción que de otro modo uno difícilmente podría imaginar estar dentro» (28).
  7. El ejercicio de la gracia en los hijos de Dios.

Es tan importante para los pastores enseñar a su gente como Dios trabaja en el sufrimiento. Ayudará un poco más a reorientar nuestra perspectiva de ello. Así que, hermano pastor, en tu enseñanza, oración y discipulado, ¿presentas a Dios tan soberano sobre el sufrimiento que él está trabajando aún en medio de las circunstancias dolorosas de la vida? ¿Presentas la piedad como algo de tanto valor como la ausencia de sufrimiento? ¿o sientes la necesidad de disculparte por Dios porque las circunstancias de las personas no son como ellos quisieran?

  • Enseña acerca de la humildad.

La humildad es una virtud de la que se habla mucho aunque es muy poco buscada, pero Boston argumenta que es más valiosa que la prosperidad: «es de mucho más preocupación para nosotros humillar nuestros espíritus que levantar nuestra condición externa» (83). Mientras leía esta declaración, pensé para mi mismo: «nadie cree esto hoy.» Boston, como pastor consciente de la condición humana, siguió estas palabras con esta pregunta: «¿pero quién cree esto?» (83). Él procede a enseñar lo que pastores fieles de hoy día deberían enseñar, esto es, exactamente como la humildad crece a partir de una visión apropiada de nosotros mismos a la luz de Dios. Esto requiere ver las maneras en que la ley nos muestra nuestro pecado y nos aplasta: «viéndose ellos mismos en el cristal de la ley divina y la perfección, se ven a sí mismos como una masa de imperfección y pecado (Job 42:5, 6)» (70). Este sentido de pecado unido a una visión de la grandeza de Dios ayuda a cultivar la humildad cristiana: «piensa mucho en los pensamientos de la infinita grandeza de Dios; considera su santidad y majestad, digna de asombrarte en la humillación más profunda» (103).

Boston también destaca como la humildad soporta las pruebas y reivindica a Dios. Aún en medio del sufrimiento, él nota que el humilde «justifica a Dios y se condena a sí mismo» (71). En cambio, «el corazón y la voluntad orgullosa, no puede someterse a la cruz, o aceptar ser controlado, se levanta contra ello, y lucha por el control con toda su fuerza de pasiones no mortificadas (75). Aún cuando vaya en contra de todo lo que nuestros corazones pecaminosos desean y nuestra cultura occidental exalta, los pastores deberían enseñar y modelar una confianza en Dios que sobrepase un deseo de experimentar prosperidad.

  • Enseña acerca de la universalidad del sufrimiento.

La Biblia no es simplista cuando se trata de sufrimiento. Boston hace eco de su entendimiento matizado, señala que hay muchos tipos de sufrimiento y muchas causas de sufrimiento. Además, él hace énfasis en que la dificultad es universal y no hay escapatoria en este mundo. Esto es un mensaje importante para que los pastores lo hablen, por la manera en que el corazón humano puede imaginar que el lote de alguien más está libre del sufrimiento. Boston escribe, «el lote de todos en este mundo tiene algunos ladrones dentro. Los quejosos están aptos para hacer odiosas comparaciones: ellos miran alrededor, y toman una visión distante de la condición de otros, pueden discernir nada más que lo que está derecho en ellos, y sólo para el deseo de alguien; para así pronunciar el lote de su vecino totalmente derecho. Pero ese es un veredicto falso; no hay perfección aquí, no hay mucho del cielo sin un ladrón» (4).

Pastores, consideren preguntarle a hermanos y hermanas cuyas vidas parecen libres de pruebas que compartan sobre las dificultades estropean su existencia. Igualmente, modela pedir oración para perseverar a través de las pruebas, especialmente aquellas que puedan no ser obvias. Ya que toda la vida involucra sufrimiento, nunca escaparemos de ello. Nuestra congregación necesita recordar esto una y otra vez. Siempre estaremos esperando por liberación del ladrón en nuestro lote: «toda la vida de un cristiano es una de oración, espera, para motivar a que todas las liberaciones temporales son dadas como promesas» (126).

  • Conoce tu Antiguo Testamento.

El conocimiento extenso de Boston del Antiguo Testamento es uno de las partes más sorprendentes y de convicción de su libro. Luego de terminar, no podría más que maravillarme por el número de referencias a esta parte de las Escrituras que es frecuentemente pasado por alto. Mientras volteaba a páginas aleatorias en el libro, frecuentemente encontré entre cuatro a seis referencias del Antiguo Testamento.

DOS BREVE CRÍTICAS

Uno de los aspectos más tristes del pastoreo es ver sufrir a las personas bajo abusos de autoridad. Para colmo de males, algunos de los que experimentan estos efectos nocivos culpan erróneamente a sí mismos y no toman las medidas adecuadas para alejarse del sufrimiento. En resumen, el énfasis de Boston en soportar los juicios necesitaba una categoría de abuso o injusticias que no se debe tolerar. Por ejemplo, si una esposa está en un matrimonio abusivo, lo que honra a Dios y lo correcto para la esposa es buscar ayuda para salir de la situación junto con asegurarse de que las autoridades apropiadas tomen acción contra su esposo.

Otra crítica al trabajo de Boston es que al tratar de consolar a aquellos que sufren, Boston hace una referencia mínima a la aflicción ordenada por Dios de Cristo en la cruz (p. Ej., 103). En mi propia vida y en aconsejar a otros, encuentro que subrayar la sabia soberanía del Padre sobre el sufrimiento del Hijo en la cruz es inmensamente reconfortante. Del mismo modo, recordar la confusión, el dolor y el desconcierto de los discípulos al ver a su Mesías crucificado me recuerda que en mi propia confusión, dolor y desconcierto, el plan final de Dios aún no es visible. Así como los discípulos vieron al Cristo resucitado y la mano de Dios en el sufrimiento se les hizo claro (c.f., Lc 24), así que un día, cuando veamos al Cristo resucitado, entenderemos más de los propósitos de Dios en nuestras propias vidas.

Traducido por Samantha Paz.