Pastoreo

Pastorear con certeza en tiempos inciertos

Artículo
22.04.2021

Hay muchas verdades que podemos conocer con certeza.

Lucas dio su relato de la vida de Cristo a Teófilo «para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido» (Lc.1:4). El apóstol Juan escribió su carta «para que sepáis que tenéis vida eterna» (1 Jn. 5:13; también, Ro. 8: 38-39). La posmodernidad puede decirnos que la verdad es relativa, pero sabemos que existen verdades absolutas de las que podemos estar seguros, verdades que debemos guardar (1 Ti. 6:20) y estar dispuestos a sufrir por ellas (2 Ti. 1:12-14). Alaba a Dios porque la verdad se basa en algo que es seguro, confiable y digno de confianza.

Sin embargo, en nuestro aprecio por la verdad y la certeza, es importante reconocer las incertidumbres dadas por Dios.

El autor de Eclesiastés nos dice que nuestra búsqueda de respuestas a muchas preguntas terminará en «vanidad» o «futilidad», como vapor, aliento o bocanada de humo (Ecl. 12:8). En el meta nivel, Dios ha mantenido algunas cosas en secreto (Dt. 29:29). En un nivel cotidiano más prosaico, la vida nos enfrenta a dilemas que requieren nada menos que la sabiduría de Salomón para resolverlos. ¿A qué madre le habrías dado el bebé (ver 1 Reyes 3)?

INCERTIDUMBRES POLÍTICAS

Entre el listado de asuntos inciertos se encuentran muchas de las preguntas políticas a las que nos enfrentamos: ¿Quién tiene razón sobre el uso de mascarillas, los planes de reapertura o la vacuna? ¿Cuándo volverá la vida a la «normalidad»? ¿Cuáles son los efectos continuos de la esclavitud y Jim Crow? ¿Por quién voto? ¿Existe una extralimitación del gobierno? ¿Fue un truco político o un problema legítimo? Vivimos en un tiempo de mucha incertidumbre.

Sin embargo, la incertidumbre que rodea a estas preguntas no impide que las personas se sientan seguras sobre sus convicciones. En este momento, el mundo está dividido y dividido en grupos más pequeños. Cada uno se lanza granadas verbales entre sí. Las divisiones se aceleran por un ciclo de noticias de 24 horas, las redes sociales y el hecho de estar encerrados en cuarentena. En lugar de pisar las aguas de la incertidumbre, la gente busca algo seguro en donde pararse.

¿Cómo pastoreamos a una congregación con un conjunto conflictivo de certezas políticas? ¿Cómo mantenemos «la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz» (Efesios 4:3), sin comprometer la verdad?

PISANDO CON CAUTELA

Aquí es donde necesitamos tener cuidado. Por un lado, algunos irán más allá de lo que Dios ha dejado con claridad y certeza. Reclamarán certidumbre con respecto a una aplicación específica de la Palabra de Dios como la única forma de fidelidad. Bautizan sus evaluaciones de lo que está aconteciendo en el mundo. Realmente, están diciendo que no pueden estar equivocados. Y los miembros y líderes que hagan esto resultarán atractivos para otros. De nuevo, ¿quién no quiere certeza? El problema es que con frecuencia demuestran ser ofensivos y atrincheran aún más a los bandos en sus posiciones.

Por otro parte, no debemos fallar en nuestra responsabilidad de predicar todo el consejo de Dios y ayudar a las personas a comprender lo que esto significa para sus vidas. Sin duda, hay algunas certezas políticas. La discriminación ciertamente está mal. El aborto ciertamente está mal, Etc.

Los pastores y líderes de la iglesia tienen que tomar decisiones basadas en la información que tienen. Pero hay una diferencia entre la certeza arrogante y la confianza humilde. Es el conocimiento que se envanece lo que conduce a los problemas (1 Corintios 8:1). ¿Qué si lo que lo que buscamos con certeza es algo que Dios ha escondido? ¿Qué si él intencionalmente lo dejara como un asunto discutible?

Deberíamos tratar de comprender lo que está aconteciendo en el mundo. Deberíamos buscar en las Escrituras sabiduría en cada decisión que tomamos. En asuntos controvertidos, Pablo instruye: «Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente» (Ro. 14: 5b). Pero estar «convencidos en su propia mente» no nos da permiso para «despreciar» o «juzgar» a aquellos que difieren de nosotros en esas cosas (Ro. 14: 3-4).

DOS CLASES DE SABIDURÍA

También deberíamos preguntarnos, ¿qué sabiduría ves en tu propia vida y en aquellos que te rodean? Hay una diferencia entre la sabiduría «terrenal» y la «sabiduría de lo alto». Tómate un momento para leer Santiago 3:13–18 y considera los frutos de cada tipo de sabiduría.

Descripción de la sabiduría terrenal, no espiritual y diabólica (Santiago 3: 14-16):

Celos  amargos.
Contención (Ambición egoísta).
Perturbación.
Práctica perversa.

Descripción de «sabiduría que es de lo alto» (Santiago 3:13, 17-18):

Mansedumbre.
Pura.
Pacífica.
Amable.
Abierta a la razón.
Lleno de misericordia.
Imparcial y sin hipocresía.

Santiago seguramente lo llamaría sabiduría «demoníaca» porque es un eco de la mentira de Satanás en el Huerto: que la vida no se encuentra en confiar en Dios, sino en ser Dios, «conociendo el bien y el mal» (Génesis 3:5). Eclesiastés nos recuerda sabiamente cosas que no podemos saber: que existe la información que Dios ha retenido para que podamos refugiarnos en él en lugar de aferrarnos al manto de seguridad de tratar de ser Dios. Tal humildad produce una abertura a la razón, una misericordia y una imparcialidad que nos ayuda a mantener la unidad del Espíritu.

ALGUNAS SUGERENCIAS PARA EL PASTOR

¿Cómo podemos pastorear el rebaño en tiempos como estos? Aquí hay algunas sugerencias:

  1. Predica y enseña la Biblia con certeza y convicción

No deberías tener miedo al hacer esto. Cuando la gente, a su vez, comparte sus «ciertas» convicciones contigo, siempre puedes responder: «No estoy seguro de eso, pero estoy seguro de que Jesús es el camino, la verdad y la vida porque la Biblia me lo dice».

  1. Anima a las personas a asumir lo mejor de cada uno

En tiempos difíciles, tendemos a asumir lo peor como una especie de mecanismo de defensa. El hacerlo no promueve la unidad; la obstaculiza. En 1 Corintios 13:5, Pablo dice que el amor «no guarda rencor». Esfuérzate por perdonar, por no llevar un registro de errores y por asumir lo mejor de otros.

  1. Sé el siervo del Señor

Esto es a lo que Pablo nos llama en 2 Timoteo 2:24-25, «porque el siervo del Señor no debe ser contencioso, sino amable con todos, apto para enseñar, sufrido; que con mansedumbre corrija a los que se oponen, por si quizá Dios les conceda que se arrepientan para conocer la verdad». Incluye estas cosas como una lista de oración para tu ministerio pastoral.

  1. Enseñar sobre la conciencia y los asuntos controversiales

Necesitamos saber en qué colinas morir y en qué cosas podemos estar en desacuerdo y aún ser miembros felices de la misma iglesia. Anima a las personas a que se mantengan firmes y se nieguen a transigir con las verdades del Evangelio que podemos conocer con certeza; aliéntalos a desconfiar de los maestros que afirman tener certeza sobre temas que son discutibles. Aquí hay algunos libros que puedes leer o sugerir sobre este tema:

  • Encontrar las colinas adecuadas para morir: el caso de la clasificación teológica, por Gavin Ortlund.
  • Conciencia: qué es, cómo entrenarla y amar a quienes difieren, por Andy Naselli y J.D. Crowley.
  • Vivir la vida al revés: cómo Eclesiastés nos enseña a vivir a la luz del fin, por David Gibson.

Traducido por Renso Bello

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