Evangelización

Evangeliza a los perdidos

Artículo
06.11.2021

¿Alguna vez has conducido hasta tu casa y te has dado cuenta de que no recuerdas cómo terminaste allí? Yo ciertamente lo he hecho. Sabías que había giros, semáforos y señales de alto, pero no los recordabas. Ibas en piloto automático. Has ido tantas veces a casa, te has familiarizado tanto con ella, y conoces tan bien a las personas que viven allí, que ya ni siquiera piensas en ello. Puede que inclusive te resulte difícil dar direcciones a la gente porque ni siquiera recuerdas los nombres de las calles o qué puntos de referencia hay en cada intersección. Simplemente sabes cómo llegar allí.

Así les pasa a muchos cristianos con sus Biblias, en sus iglesias y entre otros cristianos. No es necesario dar instrucciones ni explicaciones. Todo el mundo sabe qué hacer y a dónde ir. El predicador dice: «Diríjanse a Mateo», y a nadie se le ocurre buscar a su alrededor a un hombre llamado Mateo. Los cristianos se dicen unos a otros: «Me gustó mucho la comunión que tuvimos anoche», y nadie piensa que es el nombre de un plato noruego. Simplemente lo saben.

Pero esto no les sucede a quienes no crecieron en la iglesia y nunca han conversado con sus amigos acerca de los ídolos del corazón, los pecados que los acosan y la predicación del evangelio.

Esta es la pregunta que me interesa: ¿Cómo se cruzan estos dos mundos? ¿Cómo deberíamos interactuar con nuestros amigos, compañeros de trabajo y compañeros de clase no cristianos que nos rodean para que puedan oír y creer en el evangelio?

Aquí tienes cinco lecciones para recordar.

1. Se amigable

Hay muchos momentos para tener conversaciones puntuales con extraños acerca del evangelio, pero la mayoría de las oportunidades evangelísticas están sentadas frente a ti de forma regular, si no diaria. Son las personas que están frente a tu cubículo (o en tu reunión de Zoom). Son las personas con las que haces ejercicio o a las que les compras un café. Tienen historias de la vida que han vivido y esperanzas de la vida que quieren vivir.

Para muchos de nosotros, el desafío inicial no es hacer discípulos, sino hacer amigos.

Así que interésate por las personas. Observa sus vidas, pregunta por sus fines de semana, conoce sus relaciones y escucha sus historias. Jesús hablaba con la gente. Entre que pronunciaba maldiciones sobre las ciudades, desafiaba a los fariseos por sus falacias lógicas y restablecía la paz y el orden en un pueblo expulsando a los demonios, hablaba con las personas. Y sus respuestas se convirtieron en puentes de conversación para hablar de asuntos eternos.

No estoy abogando por un entrenamiento de la personalidad extrovertida. Estoy aplicando Mateo 7:12: «Así que, todas las cosas que queráis que los hombres hagan con vosotros, así también haced vosotros con ellos; porque esto es la ley y los profetas». Te estoy animando a que conozcas a las personas y a que encuentres la manera de amarlas y servirlas como alguien que vive para la reputación de Cristo y no para ti mismo.

2. Mantén el evangelio a la vista

¿Alguna vez le has contado a alguien una historia acerca de algo que te ha sucedido y a mitad de camino te interrumpen y te dicen que a ellos les pasó algo parecido? El problema es que después de escuchar su historia durante unos minutos, te das cuenta de que no tiene ninguna relación con la tuya. Esto es bastante común en las conversaciones acerca de la Biblia con personas no cristianas. Intentamos dirigirnos a algún punto, pero ellos desvían la conversación hacia otra parte. Ya sea por las malas experiencias pasadas con «la iglesia», las creencias sobre la meditación o el poder del pensamiento positivo, la gente saca todo tipo de temas una vez que empiezas a hablar de Cristo.

Es bueno tener una buena hoja de ruta conversacional mientras piensas en tu destino deseado. El objetivo inicial es la interacción amigable. El objetivo intermedio es una conversación significativa. El objetivo final es hacer discípulos de Jesús. Esto puede ayudarnos a evaluar dónde estamos en nuestras interacciones con los demás. Puede surgir cualquier tema: política, toques de queda razonables para los adolescentes, las dimensiones exactas del cielo. Pero a través de todo ello, el objetivo es dirigir la conversación hacia el camino de la claridad y la convicción del evangelio.

Al tratar de hacerlo, no descuides la oración. No olvides pedir a otros cristianos que oren por ti y por las personas a las que intentas alcanzar (Col. 4:3-4). Estás comprometiéndote en algo más que el jujitsu conversacional. Estás comprometido con la verdad por el bien de los perdidos, mientras encuentras todo tipo de oposición en el camino (Ef. 6:12).

3. Invítalos a una reunión de cristianos

¿Recuerdas la primera vez que conociste a los padres de tu cónyuge? Seguramente te sentiste un poco intimidado, especialmente si la relación estaba todavía en sus primeras etapas.

Así es como se sienten muchos no cristianos cuando los invitamos a la iglesia de inmediato. Entienden que los cristianos suelen reunirse en grupos llamados «iglesias», pero rechazan la idea de tener que levantarse más temprano un domingo de lo que normalmente lo harían. Se preguntan qué ropa deben llevar; se preguntan cuánto tendrán que cantar o hablar. Mientras tanto, otros desconfían de las iglesias —algunos por buenas razones, otros no—, y no están dispuestos a volver a una.

Por eso, podrías buscar un momento y un lugar con una barrera más baja para que la superen. ¿Están tú y algunos miembros de la iglesia jugando al baloncesto en el parque? Invita a tu amigo a unirse. ¿Vas a salir a cenar y al cine con amigos de la iglesia? Invita a tu amigo a participar. ¿Vas a organizar una reunión en tu apartamento para ver un partido? ¡Asegúrate de invitar a tu amigo!

Estas reuniones estarán llenas de interacciones significativas con otros cristianos. Además, podrán ver pequeños, pero significativos actos de amor entre otros cristianos (Jn. 13:34-35). Tal vez te escuchen mencionar que has estado orando por alguien. Tal vez los vean animarse mutuamente en la conversación, ¡o no perder la calma en la cancha! En resumen, quieres que tus amigos no cristianos vean el amor cristiano reverberar en la vida de otras personas. Que estas reuniones sirvan de aperitivo antes del plato principal: cuando vean a los cristianos reunidos en iglesias locales adorando al Salvador resucitado.

4. Pídeles que lean uno de los Evangelios contigo

Muchos no cristianos, inclusive los que han crecido en las iglesias, no han leído nunca la Biblia. Sin embargo, suelen tener todo tipo de opiniones acerca de Dios, Jesús, los cristianos y la verdad. Así que pídeles a tus amigos que lean uno de los relatos de la vida y el ministerio de Jesús por sí mismo y que conversen contigo al respecto. Desafíalos a conocer al Jesús de la Biblia; desafíalos a rechazar sus representaciones incompletas o inexactas de Jesús. Creo que te sorprenderá saber quiénes dicen que sí a esto.

Un excelente recurso que te recomiendo es el libro Uno a uno: Leyendo la Biblia juntos de David Helm. El libro de Helm ofrece diferentes planes de lectura y estrategias para este tipo de lectura bíblica. Incluye un plan completo de ocho encuentros a través del Evangelio de Marcos con preguntas para que el lector se haga en cada sección. Esto moverá la conversación y las reflexiones personales hacia la claridad del evangelio.

5. Ten presente el panorama general

Cuando nos preguntaban qué queríamos ser de grandes, la mayoría de nosotros probablemente no dijimos que queríamos ser agricultores. Y, sin embargo, eso es exactamente lo que somos. Claro, puede que te compensen por tu tiempo trabajando en un banco, una tienda o una escuela, pero eso no es todo lo que haces. También estás llamado a la búsqueda agrícola de plantar las semillas del evangelio en la vida de las personas. Ya sea a un desconocido en el metro, a un amigo de la infancia que aún vive en tu vecindario o a un nuevo empleado de tu empresa, estás llamado a hacer discípulos.

Permítame animarte a recordar que el éxito en la evangelización no depende de tus habilidades, tu personalidad o tu inconmensurable conocimiento de la Biblia (Mr. 4:26-27). Es el Espíritu de Dios quien utiliza la Palabra de Dios contada por el pueblo de Dios, y todo esto se hace para la gloria de Dios. Además, ninguna estrategia, ninguna lista de consejos, ni ningún plan de lectura diferente convencerán a algunas personas de que el evangelio es bueno. Se nos recuerda que «la palabra de la cruz es locura a los que se pierden»; pero el versículo continúa diciendo: «pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios» (1 Co. 1:18).

¿Recuerdas lo que ocurrió en el huerto de Edén después de que Adán desobedeciera? Dios lo buscó. Fue tras él. No esperó a que Adán viniera a él. Dios ha estado haciendo eso con los pecadores desde entonces. Hagamos lo mismo y recordemos: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!» (Ro. 10:15).

Traducido por Nazareth Bello