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El hombre y la mujer en la creación (Génesis 1 y 2)

Artículo
02.05.2020

Las Escrituras plantea el tema de los sexos en muchas ocasiones, pero descubrimos su tratamiento fundamental en los capítulos iniciales de Génesis. Este hecho es en sí mismo, una indicación inicial de cuán estrechamente entrelazado está este tema con la narración de las Escrituras en forma más general, y cuán importante debe serlo para cualquier teología que surja fielmente del mismo. Por tanto, cuanto más cerca prestemos atención a Génesis 1–2, más evidente será que los temas de género se difunden sutilmente en todas partes.

LA CREACIÓN DEL SER HUMANO EN GÉNESIS 1

La creación del ser humano se describe en Génesis 1: 26–31. Desde este relato notamos una serie de observaciones importantes.

En Primer lugar, el hombre tiene tanto singularidad como pluralidad: primero se habla del hombre como una entidad singular: «él», y después como una pluralidad: hombre y mujer «ellos». La humanidad tiene una serie de aspectos: es un tipo, una raza y una multitud. La humanidad es una especie única que encuentra su fuente y diseño en el ser humano original creado a imagen de Dios. La humanidad es una raza debido a que posee un potencial generativo como hombre y mujer, su difusión y relación con sus orígenes a través de tales uniones. La humanidad es una multitud que descubre este potencial y llena la tierra.

En segundo lugar, la diferenciación sexual es la única diferencia dentro de la humanidad que es prominente en la narrativa sobre la creación. De manera bastante significativa, Génesis no tiene una inclinación hacia la pluralidad genérica de la humanidad. En cambio, la masculinidad y la feminidad de la humanidad nos convierten en una raza, estableciendo los vínculos básicos de nuestras relaciones naturales y la fuente de las identidades que se nos otorgó. Hemos sido empoderados como hombres y mujeres para traer nuevas imágenes de Dios y de nosotros mismos (cf. Génesis 5:3) y somos ordenados el uno al otro, de una manera mucho más profunda que, como simples miembros individuales de un «anfitrión».

En tercer lugar, existe un acuerdo general entre los eruditos bíblicos de que el concepto de la imagen de Dios en Génesis se refiere a un oficio real o vocación que el ser humano disfruta en el mundo, como el administrador y símbolo del gobierno de Dios. La imagen de Dios se centra principalmente en la dimensión de «dominar» la tierra, de esa vocación encomendada a la humanidad. Sin embargo, la dimensión de «llenar» la tierra, de la vocación dada a la humanidad —que a la masculinidad y la feminidad de la humanidad les corresponden principalmente no está desconectada de la otra, puesto que esta tercera parte del paralelismo «hombre y mujer» se equipara a la «imagen de Dios» en las dos primeras partes ya expuestas.

Por tanto, al final de Génesis 1, hay una serie de términos claves, patrones y distinciones en juego. En capítulos posteriores, estos son aclarados a medida que se desenvuelven y se desarrollan.

GÉNESIS 2: DIFERENCIACIÓN EN LA CREACIÓN Y LA VOCACIÓN DE LA HUMANIDAD

Mientras que Génesis 1 se enfoca en la creación, la comisión y la bendición del ser humano en general y de manera no diferenciada, Génesis 2 ofrece una visión mucho más específica y diferenciada de lo que significa para los hombres y las mujeres. Es importante leer Génesis 1 y 2 en estrecha correspondencia entre sí, precisamente por esta razón.

Esta diferenciación de género en el cumplimiento de la comisión divina encomendada no es sorprendente, especialmente cuando consideramos las tareas que se encuentran en el corazón de la vocación del ser humano. Es decir, aunque ambos sexos participan en ambas tareas, el «ejercer dominio» y el «ser fructífero», no son tareas que se desempeñan de igual forma para las capacidades masculinas y femeninas, sino que son tareas donde la diferenciación sexual es generalmente pronunciada de manera particular.

En la tarea de ejercer «el dominio y sojuzgar a la creación», el hombre tiene ventajas por la mayor fuerza física, su resistencia y la disposición del sexo masculino, por lo general, a exponerse al riesgo. También tiene ventajas debido a la mayor fuerza social de los grupos de hombres. Sin embargo, en la tarea de «ser fructíferos, multiplicarse y llenar la creación», las capacidades más importantes pertenecen a las mujeres. Son las mujeres las que traen los hijos, quienes desempeñan el papel principal en su crianza y quienes tiene una función principal en el establecimiento de la comunión, que se encuentra en el corazón de la sociedad. Estas son diferencias que se observan en las culturas humanas.

Como GK Beale ha argumentado, el jardín del Edén es un santuario divino y hay muchas pistas en Génesis 2 sobre este hecho. En el versículo 15, el hombre es colocado en el jardín para cultivarlo y protegerlo, las mismas palabras se usan repetidamente para referirse a los israelitas que son apartados para servir a Dios y cumplir su palabra, y para los sacerdotes que ejercían el servicio o cuidado del tabernáculo. Dios se paseaba en medio del jardín. El jardín era también el sitio del fruto sagrado del árbol de la vida. Al hombre también se le dio una ley sobre el árbol del conocimiento del bien y del mal, que él debía acatar.

Uno podría suponer una diferenciación de género en relación con la vocación humana en Génesis 1. Pero es en Génesis 2, y ciertamente en la caída según Génesis 3 en la cual Adán y Eva invierten el orden establecido por Dios, que tal diferenciación de género se vuelve mucho más explícita, aunque no menos importante. En el hecho de que la tarea sacerdotal recae principalmente en el hombre, más que en su esposa.

Hay una serie de contrastes agudos e importantes entre el hombre y su compañera, la mujer, en Génesis 2:

Primero, y quizás lo más obvio, el hombre es creado antes que la mujer (cf. 1 Corintios 11: 7–9 y 1 Timoteo 2:13).

Segundo, el hombre solo puede representar a la humanidad como un todo. En Génesis 2, la creación de la humanidad no es la creación de una población de características semejantes de personas, sino la creación de un Adán del adamah (tierra), seguido de la creación posterior de una mujer sacada del costado de Adán. Es en Adán, este ser especifico, que la raza humana encuentra su unidad. Este es un punto que es confirmado por el resto de las Escrituras: Adán es la cabeza representativa de la vieja humanidad. La humanidad es adámica. No una humanidad Adán-Eva, el ser humano está particularmente representado en el hombre.

Tercero, la imagen de Dios está especialmente enfocada en Adán. Él es la figura que representa y simboliza peculiarmente el dominio de Dios en el mundo. El Adán que se colocó dentro del jardín del Edén, tal como la luz dentro de su firmamento (las lumbreras en el día cuatro se establecieron para señorear) se le encargó de mantener las separaciones que Dios había establecido, realizando la función real asociada con la imagen divina. Al igual que Dios, en su gran dominio y actos de sojuzgar en los primeros tres días de la creación, el hombre nombra y ordena a las criaturas.

Cuarto, Adán fue creado para ser labrador y guardián de la tierra, mientras que la mujer fue creada para ser ayudante de Adán, para abordar el problema multifacético de su soledad. El tipo de ayuda que se espera que la mujer brinde ha sido un tema de debate muy considerable. Sin embargo, no es difícil descubrir el núcleo de la respuesta. Si fuera por el nombre de los animales, la tarea ya estaría completa. Si fuera tan solo por el trabajo de labrar la tierra, un ayudante masculino seguramente sería preferible.

Si bien los hombres, sin lugar a dudas, pueden encontrar la compañía de las mujeres muy placentera y viceversa, más allá de la primera oleada de amor juvenil, muchos hombres y mujeres eligen pasar la mayor parte de su tiempo, en compañía de los miembros de su propio sexo. La ayuda principal que la mujer debía proporcionar a Adán, era ayudarlo en la tarea de llenar la tierra a través de la maternidad, un hecho que se subraya en el juicio posterior sobre la mujer. El problema de la soledad del hombre no es un problema psicológico de soledad, sino el hecho de que, sin ayuda, el propósito de la humanidad no puede lograrse.

Quinto, Adán fue creado del polvo, con Dios soplando en él aliento de vida. La mujer fue hecha con carne y hueso del costado de Adán, mientras él dormía profundamente. El ser de la mujer deriva del hombre, el ser del hombre de la tierra (el  adamah) . Adán fue «formado» mientras que la mujer fue «hecha» de Adán.

Sexto, Adán fue creado fuera del jardín del Edén y antes de la creación del mismo; la mujer fue creada dentro de éste. La mujer tiene una relación especial con el mundo interior del jardín; Adán tiene una relación especial con el mundo exterior del jardín. Además, a diferencia de la mujer, Adán posiblemente fue testigo de la creación del jardín de Dios, como parte de su preparación para su propio cultivo de la tierra.

Séptimo, Dios le da a Adán la tarea sacerdotal de custodiar y mantener el jardín directamente, a la mujer no. También se le da la ley sobre el Árbol del conocimiento del bien y del mal, mientras que a la mujer no. Es Adán quien sería el responsable específico de la caída en el jardín. Observa también que, en ambas ocasiones, cuando Dios habla posteriormente de la ley sobre el árbol (Gn.3:11, 17), se dirige a Adán en forma particular, hablando de ésta como una ley que se le entregó solo a él, y como algo que le concierne más particularmente a él, mientras que a la mujer solo por extensión le corresponde. La diferencia aquí entre Adán y Eva ayuda a explicar cómo la mujer podía ser engañada, mientras que el hombre no (la serpiente manipula con la información que la mujer había recibido de primera mano en Génesis 1:29, contra la formación que ella había recibido de segunda mano de Adán).

Octavo, a Adán se le asigna la tarea de nombrar, como una señal y preparación para su dominio sobre el mundo, mientras que a la mujer no. Adán también da nombre a la mujer dos veces (primero de acuerdo a su naturaleza como «mujer» en Génesis 2:23, luego por su nombre personal «Eva» en Génesis 3:20), mientras que ella no le da nombre al hombre.

Finalmente, en Génesis 2:24, el establecimiento de un matrimonio es descrito en forma asimétrica, con la direccionalidad de un hombre que deja a su padre y a su madre y se une a su esposa. No creo que esto sea accidental. Los lazos de la relación humana y la comunión están formados principalmente por y en las mujeres.

Más tarde, en la caída de la humanidad, hay un colapso en el orden establecido de Dios. Adán falla en servir y mantener el jardín, y no cumple la ley sobre el árbol. Él permite que la mujer sea engañada, cuando era su deber enseñarla y protegerla. La caída fue principalmente la caída de Adán. La mujer a su vez falla en su llamado como ayudante. En los juicios paralelos que siguen, tanto al hombre como a la mujer se les dice que experimentarán un trabajo difícil en el área fundamental de su actividad el hombre en su trabajo sobre el campo y la mujer en su labor de parto, y ambos, el hombre y la mujer, estarían frustrados y dominados por su origen. En otras palabras, la mujer sería gobernada por el hombre y el hombre volvería a la tierra.

El orden creado se ve interrumpido, y el desorden, la muerte y el pecado entran en el mundo. Sin embargo, la promesa y la esperanza de salvación también se dan en la declaración divina sobre la simiente de la mujer y en el nombramiento de Adán de la mujer como la madre de todos los seres vivientes. La diferencia sexual es variablemente desordenada por la caída, pero también es un medio a través del cual se superaría el trastorno introducido por la caída.

GÉNESIS, GÉNERO Y DIFERENCIA SEXUAL

La diferenciación entre los sexos es una verdad central y constitutiva sobre la humanidad, relacionada con nuestro ser creado a imagen de Dios. La humanidad tiene dos tipos bien definidos: uno masculino y otro femenino.

Los hombres y las mujeres fueron creados para diferentes propósitos principales. Estos propósitos, cuando se buscan en unidad y en apoyo mutuo, pueden reflejar la propia forma del gobierno creativo de Dios en el mundo. La vocación del hombre, como se describe en Génesis 2, corresponde principalmente a las tareas de los primeros tres días de la creación: nombrar, domesticar, clasificar y gobernar. La vocación de la mujer, por el contrario, consiste principalmente en llenar, glorificar, generar, establecer hermandad y dar a luz una nueva vida, todas estas tareas están asociadas con los segundos tres días de la creación. Las diferencias entre hombres y mujeres no son meramente incidentales, sino integrales a nuestro propósito. También son profundamente significativas, relacionadas con los diseños fundamentales de operación de Dios. Dios nos creó para ser hombre y mujer y, por tanto, reflejar su propia norma creativa en su mundo.

Estas diferencias se desarrollarán y expandirán con el tiempo, variando de cultura en cultura y de contexto en contexto. Las diferencias fundamentales se expresan en formas únicas y diversas de cultura en cultura, de individuo a individuo. Exceden cualquier cultura individual y cualquier individuo en especial, aunque cada individuo y cultura se expresa y participa en ellas de alguna forma limitada en particular

Hombres y mujeres son creados por separados y de manera diferente. Existe una correspondencia entre su naturaleza y su propósito. Otra vez: el hombre es formado de la tierra para labrarla, servirle y gobernarla. La mujer fue hecha del hombre para traer vida y comunión a través de la unión. El relato bíblico es principalmente descriptivo, más que prescriptivo: los hombres y las mujeres son creados y equipados para diferentes propósitos y, por tanto, naturalmente exhibirán diferentes fortalezas, preferencias y comportamientos. No debería ser sorpresa que la realidad más fundamental del dimorfismo sexual esté acompañada por una amplia gama de diferencias sexuales secundarias, que típicamente se correlacionan con los requisitos clave de nuestros propósitos principales.

Las vocaciones creacionales diversas de la humanidad en Génesis no representan la medida o el alcance total de los llamamientos de los hombres y las mujeres, como si las mujeres solo existieran para tener hijos y los hombres solo para ser granjeros. Más bien, son las semillas a partir de las cuales se pueden desarrollar llamamientos más amplios temáticamente.

Cada hombre y mujer deben encontrar formas de aportar sus aptitudes, capacidades y tipo de género con los que Dios los creó, para influir en las situaciones en las que él los ha colocado. Aunque el centro de gravedad de nuestros llamamientos difiere, el hombre y la mujer deben trabajar juntos y ayudarse mutuamente, cada uno empleando sus fortalezas particulares para realizar la tarea común de la humanidad. Ninguno de los dos puede cumplir su vocación solo.

En Génesis 1 y 2, las diferencias entre hombres y mujeres se centran principalmente en sus llamamientos más amplios dentro del mundo, más que en sus relaciones directas entre sí. La mujer tiene que someterse al liderazgo del hombre, no tanto porque a él se le otorgue autoridad directa sobre ella, sino porque su vocación es la principal y fundamental, relacionada con la formación que necesariamente precede al llenado de la propia actividad creadora de Dios.

Ella está llamada principalmente a llenar y glorificar las estructuras que él establece y el mundo al cual somete. Es menos un asunto del hombre ejerciendo autoridad sobre la mujer, como el que la mujer sigue el liderazgo del hombre. A medida que el hombre ordena, nombra, domestica, establece los cimientos y protege los límites, la mujer trae vida, comunión, gloria y realización. Ninguno de los dos sexos cumple su tarea solo, sino que debe confiar, cooperar y asistir al otro.

Las diferencias entre los sexos también son diferencias encarnadas. Poseer un útero no es algo que pueda separarse de lo que significa ser mujer, ni poseer un pene de lo que significa ser hombre. No es insignificante que la apertura de los úteros y la circuncisión sean temas centrales en todo el libro: la concepción, el parto y la crianza de los hijos son parte integral del cumplimiento del propósito de Dios. Al alcanzar este propósito, el orgullo fálico del hombre en su virilidad debe ser refrenado por una señal de la promesa de Dios y su debilidad (es decir, la circuncisión); Por otra parte, la insuficiencia de la mujer para tener descendencia debe ser remediada por el poder de Dios.

Las diferencias de género socialmente desarrolladas se extienden y resaltan simbólicamente las principales diferencias de nuestras naturalezas creadas y propósitos. La construcción social del género es real, pero opera con la realidad natural de la diferenciación entre los sexos, en lugar de crear una diferencia «ex nihilo». La forma exacta de las diferencias de género entre hombres y mujeres varía considerablemente de una cultura a otra, pero la presencia de una distinción de género entre hombres y mujeres es universal. Cada cultura tiene su propio lenguaje simbólico de la diferenciación de género.

Ya dentro de nuestros cuerpos naturales observamos características cuyos propósitos no es del todo funcional, pero que existen con el propósito de señalar los rasgos asociados con la virilidad o la feminidad, propia de cada sexo. El cabello es un buen ejemplo aquí (por ejemplo, cabello largo en las mujeres y barbas en los hombres). La mayoría de las culturas amplifican y simbolizan estas diferencias naturales por medio de cosas como el vestir. Las Escrituras destacan la importancia de tales diferencias sociales en 1 Corintios 11, donde Pablo habla sobre el cabello, y en Deuteronomio 22: 5, donde se condena a las mujeres que usan ropa de hombre y los hombres que usan túnicas de mujer.

Expresar la diferencia sexual en una amplia gama de formas, culturalmente conjugadas, puede mostrar la belleza de nuestras diferencias particulares. Nuestras diferencias son más que simples selecciones aleatorias e inestables de contrastes entre dos clases de personas. Lejos de allí. Nuestras diferencias son musicales y significativas, inseparablemente entrelazadas.

Al reconocer esta verdad, la mayoría de las culturas celebran la diferencia sexual desarrollando costumbres, formas, normas y tradiciones de género. En lugar de tratar el género, como nuestra cultura suele inclinarse, de forma restrictiva, sofocante y legalista, este enfoque acepta la diferencia sexual como una manifestación a menudo liberadora de significado y belleza, que resuena con la profunda realidad de la creación.

Génesis enfatiza no tanto la diferencia entre el hombre y la mujer, sino la profundidad y el amor de su unión de una sola carne. Los hombres y las mujeres son diferentes, pero esas diferencias no están diseñadas para polarizarnos o enfrentarnos. Más bien, están destinadas a expresarse en una actividad unificada pero diferenciada dentro del mundo y en nuestros vínculos más estrechos entre nosotros.

Esto no es acerca de las diferencias de cada uno, pero permite diferenciar el uno del otro. Lo que hace a la mujer única es su capacidad para complementar el trabajo en profunda unión con el hombre. Los animales también son ayudantes, pero solo la mujer es una contraparte adecuada para Adán en su vocación; solo la mujer es la esposa con quien se convierte en una sola carne. Las diferencias entre hombres y mujeres son características precisas que los hacen adecuados el uno para el otro.

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Este artículo está adaptado de «La música y el significado del hombre y la mujer». Usado con permiso de Primer Issue 03 – True to Form. Primer es Copyright © 2016. La Comunidad de Iglesias Evangélicas Independientes (FIEC). Todos los derechos reservados. Ninguna parte de esta publicación puede reproducirse, distribuirse o transmitirse de ninguna forma ni por ningún medio, incluidos fotocopias, grabaciones u otros métodos electrónicos o mecánicos, sin el permiso previo por escrito del editor. fiec.org.uk


Traducido por Renso Bello.