Clases esenciales: Teología Sistemática

Teología Sistemática – Clase 8: Doctrina de la Providencia – Parte 2

Artículo
31.08.2018

  Descargar Manuscrito en formato Word
  Descargar Folleto del Alumno en formato Word

 

Clase esencial
Teología Sistemática
Clase 8: Doctrina de la Providencia – Parte 2


  1. Repaso: La providencia es la continua relación de Dios con la creación.
  1. Preservación
  2. Concurrencia
  3. Gobierno

La semana pasada, presentamos la doctrina de la providencia de Dios. Si recuerdas, usamos el Catecismo de Heidelberg para ayudarnos, y vimos que definía a la providencia de Dios como: «El poder de Dios omnipotente y presente en todo lugar [1], por el cual sustenta y gobierna el cielo, la tierra y todas sus criaturas de tal manera [2], que todo lo que la tierra produce, la lluvia y la sequía, la fertilidad y la esterilidad, la comida y la bebida, la salud y la enfermedad, riquezas y pobrezas [3], y finalmente todas las cosas no acontecen sin razón alguna como por azar [4], sino por su consejo y voluntad paternal[5]».

Asimismo, al mirar la providencia de Dios identificamos tres atributos específicos que nos ayudaron a ver cómo Dios obra y se mueve a través de su creación.

En primer lugar, vimos la doctrina de la preservación. «Preservación» es el término empleado para decir que Dios hace que todas las cosas creadas sigan existiendo y conservando las propiedades con las cuales fueron hechas. Él preserva su creación. Dios, al preservar todas las cosas que ha hecho, también hace que mantengan las propiedades con las cuales fueron creadas. Así, Dios preserva el agua a fin de que ésta continúe actuando como agua. Él hace que el césped siga actuando como césped, con todas sus características distintivas. Él preserva aquello que ya ha creado.

En segundo lugar, vimos la doctrina de la concurrencia. «Concurrencia», como recordarás, es el aspecto de la providencia divina que describe cómo Dios trabaja EN y A TRAVÉS DE TODAS LAS COSAS, particularmente las acciones de las criaturas de Dios. En la concurrencia vemos que la agencia divina y la agencia humana se ejecutan juntas o una junto a la otra en acciones específicas. En la clase de hoy, veremos esto más de cerca, ya que se relaciona con algunos elementos diferentes de la interacción divina y humana, tales como el tema del libre albedrío y el problema del mal.

Por último, vimos la doctrina del gobierno. «Gobierno», es la idea de que Dios gobierna el mundo y dirige todas las cosas a su determinado propósito. En otras palabras, el mundo y todo lo que en él habita no es gobernado por el azar o el destino, sino por Dios, quien dirige la historia y la creación hacia un objetivo final.

Por tanto, Dios (1) sostiene a su creación, (2) trabaja en y a través de su creación, y (3) finalmente dirige a la creación para sus buenos propósitos.

Estas cosas actúan juntas, inseparablemente, para llevar a cabo todas las cosas que Dios ha ordenado desde antes del comienzo del mundo.

No obstante, si comprendemos que la providencia de Dios significa que él (1) preserva a la creación; (2) actúa en y a través de ella; y (3) gobierna todas las cosas y las dirige para los fines específicos que él ha ordenado, quedarían algunas preguntas que necesitan ser contestadas.

Primero, (1) ¿cómo  debemos entender exactamente que la soberanía divina y la libertad humana trabajan de la mano? Segundo, (2) si Dios es soberano, entonces ¿por qué somos responsables por las cosas malas que hacemos y por qué Dios no es responsable? Y tercero, (3), ¿Cómo puede Dios ser bueno y poderoso y que todavía exista el mal en el mundo?

Para responder estas preguntas, veamos las Escrituras o lo que la Escritura nos aclara acerca de la soberanía divina y la responsabilidad humana.

  1. 3 Proposiciones

La Escritura enseña 3 proposiciones de manera simultánea:

(1) Primero– Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida, minimizada o mitigada.

  • Textos generales – Salmo 115:2-3; 135:6; 139:16; Daniel 4:34-35; Efesios 1:11

Dios no solo asigna tiempo y lugares a las personas, sino que incluso los procesos naturales más mundanos se atribuyen a su actividad en el mundo.

Recuerdas el verso 14 del Salmo 104, de la semana pasada: «El hace producir el heno para las bestias,  la hierba para el servicio del hombre, sacando el pan de la tierra».

El escritor de Eclesiastés conoce el ciclo del agua, pero los autores bíblicos prefieren decir que Dios envía la lluvia a decir: «Está lloviendo». Dios es el que abre y cierra, el que quita y da vida, el que levanta y derriba a los reyes. Así, vemos la soberanía de Dios sobre toda la creación.

Pero no solo eso, vemos la soberanía de Dios sobre la voluntad humana. Mira conmigo en Esdras 6:22:

«Y celebraron con regocijo la fiesta solemne de los panes sin levadura siete días, por cuanto Jehová los había alegrado, y había vuelto el corazón del rey de Asiria hacia ellos, para fortalecer sus manos en la obra de la casa de Dios, del Dios de Israel».

Aquí, leemos que Dios hizo volver el corazón del rey de Asiria, para que sus acciones en realidad ayudaran a los israelitas en su trabajo. La soberanía de Dios se muestra sobre las inclinaciones de la voluntad humana.

Además, vemos la soberanía de Dios sobre el mal en las Escrituras. El Salmo 2 es un gran ejemplo de esto:

«Se levantarán los reyes de la tierra, y príncipes consultarán unidos contra Jehová y contra su ungido, diciendo: Rompamos sus ligaduras, y echemos de nosotros sus cuerdas. El que mora en los cielos se reirá; El Señor se burlará de ellos» (Salmo 2:2-4).

¿Y qué hay de Lamentaciones 3:  «¿Quién será aquel que diga que sucedió algo que el Señor no mandó? ¿De la boca del Altísimo no sale lo malo y lo bueno?».

El Señor siempre está en control soberano sobre todo el mal que existe, y esto es evidente a lo largo de toda la Escritura. Y si bien podemos ver ejemplos en la Escritura de Dios ordenando el mal de alguna manera, Lamentaciones 3, por ejemplo, debemos tener cuidado de ver que cuando la soberanía de Dios sobre el mal se menciona en las Escrituras, los autores nunca atribuyen el mal a Dios. Sin embargo, aclaran que incluso el mal no puede escapar del dominio de Dios. El pecado y la rebelión existen, pero no importa cuán difíciles sean las preguntas que así se hacen, el alcance de la soberanía de Dios no se restringe ni se califica.

Entonces, Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida, minimizada o mitigada.

El pecado y la rebelión existen, pero no importa cuán difíciles sean las preguntas que así se hacen, el alcance de la soberanía de Dios no se restringe ni se califica.

(2) Segundo: Los seres humanos son criaturas moralmente responsables, que eligen, se rebelan, obedecen, creen, desafían y toman decisiones de manera significativa, y se les responsabiliza por tales acciones; pero esta característica nunca funciona para hacer a Dios absolutamente contingente.

Este hecho es claro en el mandato de arrepentirse.

Hechos 17:30-31 dice: «Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos».

Los seres humanos son responsables de sus acciones ante Dios. Y esta responsabilidad, que vemos en la Escritura, nace de la propia iniciativa de Dios en las elecciones. Piensa en Deuteronomio 6:6: «Y estas palabras que yo te mando hoy, estarán sobre tu corazón».

Entonces, número 2… Los seres humanos son criaturas moralmente responsables, pero esta responsabilidad nace de Dios.

(3) Y tercero: a pesar de todo lo que la Escritura dice acerca de la soberanía de Dios, la Biblia insiste en que Dios es perfectamente bueno. Dios nunca se presenta como un cómplice del mal, o como secretamente malicioso, o como detrás del mal exactamente de la misma manera que respalda el bien. La bondad de Dios, es clara, es innegociable en la Escritura.

  • 1 Juan 1:5: «Este es el mensaje que hemos oído de él, y os anunciamos: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él».
  • Salmo 92:15: «Para anunciar que Jehová mi fortaleza es recto, y que en él no hay injusticia».
  •  Salmo 145:9: «Bueno es Jehová para con todos, y sus misericordias sobre todas sus obras».

Dios nunca peca ni hace nada malo o profano. Una vez más, si hay algo acerca de lo que la Biblia es clara, es que Dios es santo y no comete pecado. «Santo, santo, santo es el Señor Dios Todopoderoso, el que era, el que es, y el que ha de venir» (Apocalipsis 4: 8); Véase Is. 6:3). «Dios no puede ser tentado por el mal, ni él tienta a nadie» (Santiago 1:13). «El Juez de toda la tierra, ¿no ha de hacer lo que es justo?» (Génesis 18:25). Dios es justo y santo y eternamente sin pecado.

  1. Compatibilismo

Pero, entonces, ¿cómo unimos estas 3 verdades de una manera compatible para que podamos responder a las 3 preguntas de antes: (1) ¿cómo debemos entender que la soberanía divina y la libertad humana trabajan de la mano? (2) Si Dios es soberano, entonces ¿por qué somos responsables por las cosas malas que hacemos y por qué Dios no es responsable? (3) ¿Cómo puede Dios ser bueno y poderoso y que todavía exista el mal en el mundo?

La respuesta a eso se encuentra en la definición de la palabra «compatibilismo».

D.A. Carson explica el compatibilismo como la idea de que la Biblia como un todo, y a veces en textos específicos, presupone o enseña que las dos siguientes proposiciones son verdaderas:

(1) Dios es absolutamente soberano, pero su soberanía nunca funciona de tal manera que la responsabilidad humana queda reducida, minimizada o mitigada.

(2) Los seres humanos son criaturas moralmente responsables: eligen, se rebelan, obedecen, creen, desafían, toman decisiones, etc. de manera significativa, y se les responsabiliza por tales acciones; pero esta característica nunca funciona para hacer a Dios absolutamente contingente.

Las dos proposiciones se enseñan en las Escrituras y son mutuamente compatibles.

Aunque hay numerosos pasajes de la Escritura que abordan este tema, quiero abordar tres pasajes específicos que realmente ayudan a mostrar cómo Dios puede ser absolutamente soberano sobre todas las cosas, sin embargo, los seres humanos son completamente responsables de sus acciones pecaminosas.

En primer lugar, demos un vistazo a la historia de José…

  1. Dios es soberano sobre todas las cosas (pecado, maldad, Satanás, etc.) y los seres humanos son completamente responsables por sus acciones pecaminosas.

José 

Trasfondo: José, uno de los hijos de Israel, es traicionado por sus otros hermanos y vendido como esclavo. Él termina en Egipto. Después de servir en la casa de Potifar, la esposa de Potifar lo acusa injustamente y es encarcelado. Finalmente, Dios lo libera de prisión y lo levanta para ser aquel a través del cual  rescataría a Israel y bendeciría a las naciones durante la hambruna.

  • Génesis 45:4-8: «Entonces dijo José a sus hermanos: Acercaos ahora a mí. Y ellos se acercaron. Y él dijo: Yo soy José vuestro hermano, el que vendisteis para Egipto. Ahora, pues, no os entristezcáis, ni os pese de haberme vendido acá; porque para preservación de vida me envió Dios delante de vosotros. Pues ya ha habido dos años de hambre en medio de la tierra, y aún quedan cinco años en los cuales ni habrá arada ni siega. Y Dios me envió delante de vosotros, para preservaros posteridad sobre la tierra, y para daros vida por medio de gran liberación. Así, pues, no me enviasteis acá vosotros, sino Dios, que me ha puesto por padre de Faraón y por señor de toda su casa, y por gobernador en toda la tierra de Egipto».
  • Génesis 50:20: «Vosotros pensasteis mal contra mí, mas Dios lo encaminó a bien, para hacer lo que vemos hoy, para mantener en vida a mucho pueblo».

Entonces, vemos aquí, que fueron los actos de los hermanos de José los que llevaron a José a Egipto. Fue José mismo quien fue a Egipto. Pero, según la propia boca de José, no fueron sus hermanos quienes lo enviaron a Egipto, sino a Dios.

A continuación, echemos un vistazo a la historia de Job.

Job

Trasfondo: Job es «hombre perfecto y recto» (1:1). Dios le pregunta a Satanás:«¿No has considerado a mi siervo Job?» (1:8). ¡Lee  Job 1 8-22!

  • Job 1:8-22: «Y Jehová dijo a Satanás: ¿No has considerado a mi siervo Job, que no hay otro como él en la tierra, varón perfecto y recto, temeroso de Dios y apartado del mal Respondiendo Satanás a Jehová, dijo: ¿Acaso teme Job a Dios de balde? ¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra. Pero extiende ahora tu mano y toca todo lo que tiene, y verás si no blasfema contra ti en tu misma presencia. Dijo Jehová a Satanás: He aquí, todo lo que tiene está en tu mano; solamente no pongas tu mano sobre él. Y salió Satanás de delante de Jehová. Y un día aconteció que sus hijos e hijas comían y bebían vino en casa de su hermano el primogénito, y vino un mensajero a Job, y le dijo: Estaban arando los bueyes, y las asnas paciendo cerca de ellos, y acometieron los sabeos y los tomaron, y mataron a los criados a filo de espada; solamente escapé yo para darte la noticia. Aún estaba éste hablando, cuando vino otro que dijo: Fuego de Dios cayó del cielo, que quemó las ovejas y a los pastores, y los consumió; solamente escapé yo para darte la noticia. Todavía estaba éste hablando, y vino otro que dijo: Los caldeos hicieron tres escuadrones, y arremetieron contra los camellos y se los llevaron, y mataron a los criados a filo de espada; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entre tanto que éste hablaba, vino otro que dijo: Tus hijos y tus hijas estaban comiendo y bebiendo vino en casa de su hermano el primogénito; y un gran viento vino del lado del desierto y azotó las cuatro esquinas de la casa, la cual cayó sobre los jóvenes, y murieron; y solamente escapé yo para darte la noticia. Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito.  En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno».
  • Job 1:20-22: «Entonces Job se levantó, y rasgó su manto, y rasuró su cabeza, y se postró en tierra y adoró, y dijo: Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno».
  • Como lectores, sabemos que Satanás tomó las propiedades de Job y la vida de sus hijos.
  • Job atribuye la entrega y toma de sus bienes y las vidas de sus hijos al Señor, no a Satanás.
  • El narrador del libro dice que en la atribución de Job de todo esto a Jehová, ¡que Job no pecó ni acusó a Dios de lo incorrecto!
  • La perspectiva de Job acerca de Dios y su control providencial sobre incluso la peor de las tragedias produjo una adoración humilde, de corazón quebrantado (1:20).

Finalmente, echemos un vistazo a la vida de Jesús.

Jesús 

  • La crucifixión de Jesucristo, el Hijo de Dios sin pecado, el justo, el que nunca pecó, es la atrocidad más perversa y malvada jamás cometida. Sin embargo, sucedió por la mano de Dios y el plan de Dios.
  • Hechos 4:24-28: «Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cielo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;  que por boca de David tu siervo dijiste: ¿Por qué se amotinan las gentes, los pueblos piensan cosas vanas? Se reunieron los reyes de la tierra, y los príncipes se juntaron en uno contra el Señor, y contra su Cristo. Porque verdaderamente se unieron en esta ciudad contra tu santo Hijo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para hacer cuanto tu mano y tu consejo habían antes determinado que sucediera».
  • Hechos 2:22-24: «Varones israelitas, oíd estas palabras: Jesús nazareno, varón aprobado por Dios entre vosotros con las maravillas, prodigios y señales que Dios hizo entre vosotros por medio de él, como vosotros mismos sabéis a éste, entregado por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, prendisteis y matasteis por manos de inicuos, crucificándole; al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella».

Fueron los hombres quienes enviaron a Jesús a la cruz. Pero finalmente fue Dios quien lo supervisó, ordenó y predestinó.

Así, vemos la idea del compatibilismo resuelta en las Escrituras en estas tres historias. Dios, soberano sobre todas las cosas (pecado, maldad, Satanás, etc.), sin embargo, seres humanos, completamente responsables de sus acciones pecaminosas.

Aunque no entendamos completamente cómo funciona, vemos la doctrina del compatibilismo a lo largo de la Escritura, que nos señala la verdad de que mientras el hombre conserva la libertad humana y la responsabilidad moral, Dios conserva su soberanía sobre todos, incluidos los actores morales.

Entonces, ¿qué hacemos con todo esto? Permíteme darte algunas aplicaciones:

Aplicación:

  1. Mira la cruz. 
  • Romanos 5:6-9: «Porque Cristo, cuando aún éramos débiles, a su tiempo murió por los impíos. Ciertamente, apenas morirá alguno por un justo; con todo, pudiera ser que alguno osara morir por el bueno. Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira».

Confía en que, aunque no podamos comprender cómo funciona todo, y por qué Dios hace esto o aquello, podemos estar seguros de que él es un Dios bueno y fiel, porque envió a su propio Hijo a morir por nuestras vidas eternas.

  1. Mira el final. 
  • Apocalipsis 21:3-4: «Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron».

Confía en que, si bien no podemos entender la soberanía de Dios en todos sus aspectos, sí sabemos cómo va a terminar. ¡Sabemos que toda esta acción divina trabaja para salvación!

(NOTA: Gran parte de las dos aplicaciones siguientes son extraídas del libro Pecados Espectaculares de John Piper) 

  1. Ocho cosas que hacer con el mal

Al saber que Dios es soberano sobre el mal y está usando el mal incluso ahora para nuestro bien, hay 8 cosas que podemos hacer con el mal…

  1. Anticipa el mal. «Amados, no se sorprendan del fuego de prueba que en medio de ustedes ha venido para probarlos, como si alguna cosa extraña les estuviera aconteciendo» (1 Pedro 4:12).
  2. Soporta el mal. «[El amor] todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta» (1 Co. 13:7; cf. Mr. 13:13).
  3. Da gracias por el efecto de refinamiento del mal que viene en tu contra. «Den siempre gracias por todo, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, a Dios, el Padre» (Ef. 5:20; cf. 1 Ts. 5:18). «Nos gloriamos en las tribulaciones, sabiendo que la tribulación produce paciencia…» (Ro. 5:3-5).
  4. Aborrece el mal. «El amor sea sin hipocresía; aborreciendo lo malo, aplicándose a lo bueno» (Ro. 12:9).
  5. Ora para escapar del mal. «No nos metas en tentación, sino líbranos del mal» (Mt. 6:13).
  6. Desenmascara el mal. «Y no participen en las obras estériles de las tinieblas, sino más bien, desenmascárenlas» (Ef. 5:11).
  7. Vence el mal con el bien. «No seas vencido por el mal, sino vence el mal con el bien» (Ro. 12:21).
  8. Resiste el mal. «Resistan, pues, al diablo, y huirá de ustedes» (Stg. 4:7).
  1. Cuatro cosas que jamás se deben hacer con el mal

Y, además, porque sabemos que Dios es soberano sobre el mal en el mundo y trabaja para nuestro bien, podemos saber qué  NUNCA hacer con el mal y las tentaciones que Satanás plantea en nuestras mentes…

  1. Nunca te desesperes pensando que este mundo malvado está fuera del control de Dios. «[Él] obra todas las cosas conforme al consejo de su voluntad» (Ef. 1:11).
  2. Nunca te rindas ante el sentido de que a causa del mal aparentemente al azar, la vida es absurda y sin sentido. «¡Cuán insondables son sus juicios e inescrutables sus caminos!… Porque de Él, por Él y para Él son todas las cosas. A Él sea la gloria para siempre. Amén» (Ro. 11:33, 36).
  3. Nunca cedas a la idea de que Dios peca, o es injusto, o que no es recto en la manera en que gobierna el universo. «Justo es el SEÑOR en todos sus caminos» (Salmo 145:17). 
  4. Nunca dudes de que Dios está totalmente a tu favor en Cristo. Si le confías con tu vida, estás en Cristo. En medio de todo lo malo que pueda sucederte, nunca dudes de que Dios te ama. «El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?» (Ro. 8:32). La cruz es la garantía eterna de su amor por nosotros. En Cristo, Dios siempre está de nuestro lado y nunca en nuestra contra.