Discipulado

Se busca: conspirando y provocando a los miembros de la iglesia

Artículo
11.10.2018

Si eres como la mayoría de los pastores, lo último que deseas escuchar es acerca de miembros de la iglesia que, por lo que parece, están continuamente conspirando contra la unidad del cuerpo de la iglesia. Independientemente del comité al que pertenezcan, de la clase que enseñen, las amistades que tengan, parecen provocar a los demás al descontento, la queja y aun la disputa.

Puedes sorprenderte de saber que el libro de los Hebreos hace un llamado a los miembros de la iglesia a conspirar y provocar continuamente en el cuerpo de la iglesia. ¡Los llama a conspirar y provocar para bien! En nuestra iglesia de Louisville, Kentucky, los demás ancianos y yo muchas veces le recordamos a nuestra congregación la instrucción de los Hebreos. A continuación el tipo de cosas que les comunicamos.

UN POCO DE CONTEXTO

La mayor parte del libro de los Hebreos es un tratado teológico exaltado acerca de la persona y obra de Jesucristo. A través de los nueve capítulos, el autor del libro observa ampliamente el sistema sacrificial y sacerdotal del Antiguo Testamento y afirma que todo estaba lleno de la vida y muerte de Jesús. Sin embargo, en el capítulo diez el autor menciona deliberadamente que todo esto debe formar parte de la vida de sus lectores. «A la luz de todas estas cosas», les dice, «debes vivir de cierta manera».

UN POCO DE EXÉGESIS

Hebreos 10:19-25 está en el centro de esta exhortación. En esos versículos, el autor llama a sus lectores a hacer tres cosas: primero, deben acercarse a Dios. Debido a que Jesús ganó para ellos el acceso al trono de Dios a través de su muerte en la cruz, deben adorar a Dios no con temor y temblor sino con confianza plena y gozosa. Segundo, Él los llama a aferrarse a su confesión no para retroceder y ser destruidos sino para creer, tener fe y por estos medios salvar su alma. Con estas dos exhortaciones, el autor llama a estos cristianos a mantener una estrecha vigilancia de su corazón, mente y alma. Pero aquí también hay una tercera exhortación en la que él los llama a ver hacia afuera de ellos mismos y enfocar su atención en sus hermanos y hermanas en Cristo, en la iglesia.

El autor escribe en los versículos 24 y 25, «Y considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras;  no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre, sino exhortándonos; y tanto más, cuanto veis que aquel día se acerca».

Debido a todo lo que Jesús ha hecho y lo que es, los cristianos deben motivarse unos a otros al amor y las buenas obras. ¿Pero cómo hacemos esto? ¿A través de cuáles medios pueden los cristianos motivarse unos a otros a la bondad y la santidad? El texto mismo ofrece dos manera, no dejando de congregarnos y estimulándonos unos a otros.

Ahora, esa frase —«no dejando de congregarnos»— es tal vez la declaración de la Biblia más clara de la obligación que tiene un cristiano de asistir a una iglesia local. Si somos parte del cuerpo de Cristo, entonces, debemos hacer un pacto y compartir nuestra vida con un cuerpo local de creyentes. El versículo no podía ser más directo. Pero nota que el mandato de no descuidar congregarnos no se sostiene solo. Es realmente una cláusula dependiente de la cláusula principal de este versículo. El mandato de congregarnos es presentado como un medio para otro fin. Nosotros los cristianos debemos reunirnos con el fin de estimularnos unos a otros al amor y las buenas obras.  

ASISTENCIA

Por tanto, por lo menos tenemos que decir que para cada cristiano la asistencia a las reuniones de la iglesia no es opcional. El autor de los Hebreos —y por consiguiente el mismo Espíritu Santo— le ordena a los cristianos estar presentes cuando los creyentes a los que pertenecen se reúnan.

De manera práctica, esto significa que puede ser necesario reorganizar nuestras agendas con el fin de tener tiempo para la reunión de los santos. Puede que los horarios de trabajo tengan que cambiar. Puede que el trabajo de la casa tenga que ser llevado a cabo en otro momento. Puede que los reportes tengan que ser presentados antes o después. La mayoría de las iglesias se reúnen solo dos o tres horas a la semana y esto deja alrededor de 145 horas disponibles para que esas otras cosas sean hechas. Según los Hebreos, estimular y motivar a los demás creyentes debe estar en primer lugar en la lista de prioridades de cada cristiano y eso significa asistir a las reuniones públicas de la iglesia.

PERO NO SOLO ASISTAS

Pero el autor de los Hebreos está haciendo un llamado a más que una simple asistencia. Muchas veces los cristianos tratan la asistencia a la iglesia como un asunto más de su lista de cosas que hacer, de «cosas cristianas que hacer». Asisten al servicio de la iglesia, se sientan calladamente y de forma anónima en la parte trasera del edificio, escuchan el sermón sin entusiasmo, se van durante el himno final sin hablar con nadie y marcan su casilla mental de la semana: «asistencia a la iglesia. Hebreos 10:25 cumplido». Pero eso no es todo lo que el autor de los Hebreos tiene en mente aquí. Él no simplemente dice: «asiste a la iglesia» sino que establece la asistencia a la iglesia de manera muy deliberada en el contexto de conocer, amar y motivar a otros creyentes. Él lo establece en el contexto de estimularnos unos a otros al amor y las buenas obras.

La reunión pública de una iglesia local implica más que individuos que se reúnen a escuchar la Palabra de Dios predicada, aunque ciertamente se trata de eso. También es acerca de compartir la vida con otros creyentes que han acordado apoyar y motivarse unos a otros como cristianos. Es en las reuniones públicas de la iglesia que oramos unos por otros, lloramos y nos regocijamos unos a otros, llevamos las cargas y penas de los demás, escuchamos juntos la Palabra de Dios y buscamos aplicarlo a la vida de los demás. En resumen, la reunión de la iglesia es el tiempo más importante que tienen los creyentes para estimularse unos a otros al amor y las buenas obras.

CONSPIRANDO Y PROVOCANDO

Fíjate en dos cosas más en este texto. Primero, el autor de los Hebreos dice «considerémonos unos a otros para estimularnos al amor y a las buenas obras». En otras palabras, ¡él nos está diciendo que lo pensemos! Un cristiano debe conspirar, planificar, buscar y diseñar cómo puede motivar a sus hermanos y hermanas a las buenas obras, algo que simplemente no podemos hacer a menos que su vida se encuentre estrechamente relacionada con ellos. ¿Cómo exactamente puede un cristiano conspirar y planificar para el bien de sus hermanos creyentes si no los conoce?

Segundo, fíjate en la palabra «estimular»,  que es traducida como «provocar» en las traducciones en inglés de la Biblia KJV y NRSV. La presencia de una persona en el cuerpo debe tener un efecto visible en los demás, un efecto motivador o provocativo: ¡el amor y las buenas obras comienza a abundar en la vida de las personas que le rodean!

En resumen pastor, ¡queremos motivar a los miembros de nuestra iglesia a la conspiración y provocación, para bien!

UNA ILUSTRACIÓN

El verano pasado comencé un proyecto masivo de colocar baldosas de pizarra en el frente de mi casa y la acera. A un lado y bajo un árbol, tenía una neverita azul Igloo llena de agua que utilizaba para lavar las baldosas sucias luego de cortarlas al tamaño correcto. Después de un rato, me di cuenta de que todo el lodo que estaba quitándole a las baldosas se había ido al fondo de la neverita dejando el agua clara en la superficie y una capa gruesa de lodo en el fondo. Ahora, si quería que ese lodo subiera del fondo de la neverita para que se muestre en el agua, ¿cómo lo haría? ¿Caminando y golpeando la neverita con mi rodilla? Eso no lo haría. Puede que el agua se mueva pero el lodo permanecería firme en el fondo. No, si realmente quiero hacer que el lodo suba tendría que ir hacia el fondo del agua con mis manos. Tendría que involucrarme con el agua a propósito y moverla para que el lodo suba a la superficie.

Seguro que esta no es una analogía perfecta, pero la iglesia es un poco de esa manera. Ninguna iglesia verdadera de Jesucristo debe ser el tipo de lugar donde los creyentes simplemente se reúnen una vez a la semana, chocan entre sí y luego vuelven a sus quehaceres. ¡Qué vergüenza es cuando los cristianos, sin dejar de mencionar los no creyentes, piensan que de esto es que se trata reunirse en la iglesia! Puedo imaginar algunas cosas que harían que una iglesia tenga menos vida o que valga menos la pena el esfuerzo.

La exhortación a «no dejar de congregarnos» no es tan sin vida y aburrida como parece. No llama a los cristianos a sentarse pasivamente en una banca. Al contrario, los llama a una vida que está llena de energía. Los llama a vivir junto a otros cristianos, ­­­­­­­­amarlos, motivarlos, estimularlos a las buenas obras y tal vez más importante aún, dirigirlos siempre hacia el día cuando el Señor regresa. «Ir a la iglesia» no lo eliminará. Solo «siendo la iglesia» podemos cumplir lo que Cristo busca de nosotros como su pueblo.