Membresía

Qué decir a los miembros de iglesia que la abandonan por deficientes razones

Artículo
01.02.2019

Seamos sinceros: hay mejores y peores razones para abandonar una iglesia. ¿Te estás mudando a otra ciudad? Esa es una buena razón. ¿Estás albergando amargura hacia alguien que te ha ofendido? Esa es una mala razón. ¿La iglesia se niega a predicar sermones bíblicos semanalmente? Una buena razón. ¿No te gusta el estilo de la iglesia? Probablemente es una mala razón.

La pregunta es, ¿cómo deberías responder a un compañero que se vaya por lo que parece una mala razón?

La pregunta plantea una serie de cuestiones teológicas difíciles, como hasta qué punto se extiende la autoridad de la iglesia, o cuánto peso se le debería dar a las preferencias culturales. También hay problemas pastorales difíciles, como saber diferenciar entre una caña magullada y un tonto.

Pero déjame ver si puedo incluir algo de esa teología en forma de consejo práctico. Estas son algunas malas formas de responder a una situación así, combinadas con mejores respuestas:

Mala respuesta: «Oh». Esta es la falta de respuesta. Esta es la respuesta del: «No me importas» o «Necesito tu aprobación para decírtelo, así que no te diré nada». No digo que nunca sea correcto mantener la boca cerrada. Solo digo que el miedo al hombre o la falta de amor no deberían ser lo que te motive a no decir nada.

Mejor respuesta: «¿Por qué te vas? ¿Puedo ayudarte a pensarlo?». El amor se interesa y hace preguntas. El amor reconoce que somos responsables del discipulado de nuestros compañeros e investiga. El amor no teme tener personas que no te quieran. Estás dispuesto a hacer la pregunta incómoda u ofrecer el consejo arriesgado para su bien.

Mala respuesta: «No se te permite irte». Jesús no dio autoridad a las iglesias para evitar que las personas se fueran y se unieran a otra iglesia. Él les dio la autoridad para disciplinar a un cristiano profesante por el pecado no arrepentido, pero a menos que estés listo para disciplinar, no creo que tu iglesia tenga la autoridad para insistir en que alguien se quede. Dicho esto, creo que es legítimo decir «no» a una renuncia cuando un individuo no tiene planes de unirse a otra iglesia. Ese es un caso de caminar hacia el pecado no arrepentido.

Mejor respuesta: «A menos que la iglesia avance hacia la disciplina contigo, eres libre de irte». No tienes que decirle a una persona que se va por una mala razón que es sabio hacerlo, pero creo que debemos recordar que lo anterior está permitido decirlo.

Mala respuesta: «Tus motivos para irte son inmaduros». Una vez más, no diría que nunca deberías decir esto. Pero en términos generales, es preferible ayudar a alguien a comprender mejor qué valorar en una iglesia en lugar de regañarlo por valorar las cosas equivocadas.

Mejor respuesta: «Cuando miras la Palabra de Dios, ¿cómo te han ayudado a pensar sobre qué buscar en una iglesia?». Ayúdalos a ver que la Palabra de Dios da prioridad a cosas como la predicación de la Palabra, centrando todo en el evangelio de Cristo, y un liderazgo sabio y amoroso. Además, ayúdalos a ver que nuestras iglesias son familias, donde nos apropiemos del discipulado mutuo de Cristo. No son clubes de campo, donde vamos y venimos por los beneficios.

Mala respuesta: «Bueno, no puedes ser amigo de todos». Si descubres que tienen relaciones no reconciliadas o quejas guardadas durante mucho tiempo, no querrás ayudar a atesorarlas. Tales cosas son un gran problema. Ellos deberían ser orientados. Eso no quiere decir que cada relación rota se puede arreglar de este lado del cielo. Una persona puede haber sabido que determinada relación no puede ser resuelta. Aún así, tampoco deberían escapar de los problemas.

Mejor respuesta: «Te recomiendo firmemente que trate de reconciliar esas relaciones antes de decidir si te vas o no».

Mala respuesta: «¿Qué podemos ajustar en nuestra iglesia para ti?». A veces las personas simplemente no le van a gustar tu iglesia. A veces se molestarán y hasta se enojarán con cosas insignificantes. Y no es el trabajo de la iglesia, o el trabajo de un pastor, pacificar cada queja. Nuestra prioridad principal no es ser del agrado. Así no es cómo funciona el liderazgo bíblico. En cierto nivel, un pastor necesita entender que está bien que la gente se vaya y que no le tenga miedo a esta posibilidad. Si se siente personalmente amenazado cada vez que alguien quiera irse a otra parte, es posible que desee examinar su propio corazón.

Mejor respuesta: «Tal vez otra iglesia sea un mejor lugar para que tú crezcas». ¡Y realmente podría ser! ¡Alabado sea Dios, él tiene más iglesias en tu ciudad que sólo las tuyas! Si las personas se van por motivos inmaduros, puedes alentarlos a reconsiderarlo; pero también puedes afirmar tu amor por ellos, decirles que pueden volver y bendecirlos a medida que avanzan.