Pastoreo

¿Por qué Revitalizamos?

Artículo
11.06.2019

Le pregunté al hombre joven que estaba sentado frente a mí durante el almuerzo, «¿por qué decidiste ir al seminario?». Él dijo: «¡porque quería hacer grandes cosas para Dios!». Su respuesta me hizo estremecer un poco. Me pregunté si alguna vez él había leído biografías de hombres que «habían hecho grandes cosas para Dios». ¿Sabía él el sacrificio que venía junto con la «grandeza»?

Muchos de los grandes fueron reformadores. Ellos vieron algo quebrantado, sin dirección o distorsionado, y se dispusieron cambiar el curso, rehacerlo. Esos grandes fueron realmente pastores: fueron estudiantes de la Palabra que llevaron la carga de proclamar. Trabajaron como profetas, no a través de la predicción, sino de la proclamación: siendo directos sobre el presente a la luz de lo que estaba escrito en el pasado. Eso es lo que hace un pastor. Sostiene la Palabra de Dios y llama a hombres y mujeres a renovar su mente y reformar sus caminos. Si no quieres ser un reformador, no quieres ser un pastor.

MOTIVACIONES PARA LA REFORMA

Cuando observas un cuerpo de creyentes pequeño, quebrantado y no saludable, ¿qué te motivaría a comenzar la labor de reforma que es necesario hacer? Permíteme sugerir seis motivaciones:

 

  1. Por el bien de los cristianos

 

En Juan 21, escuchamos a Jesús preguntarle a Simón Pedro (tres veces), «Simón, hijo de Jonás, ¿me amas?». Y tres veces respondió Simón, «Sí.» Y tres veces Jesús dice, «alimenta mis ovejas». En Lucas 15, leemos de Jesús valorando su propia gente de una manera tan alta que si fueran ovejas «dejaría las noventa y nueve en el campo abierto» para rescatar la perdida. Dios ama a su pueblo. Él los quiere unidos, y quiere alimentarlos. En cada revitalización de iglesia he visto que hay por lo menos algunas ovejas presentes (frecuentemente entre lobos). Han sido mal nutridas y aún hasta maltratadas. Pero han sido adoptadas por Cristo y por lo tanto son dignas de cuidado. Considera la revitalización de una iglesia para el beneficio de los verdaderos creyentes que están allí.

  1.   Por el bien de los «cristianos» nominales

No hay cosa más lamentable que la persona que cree que el cielo es su recompensa cuando, de hecho, su destino es el infierno. Muchas de nuestras iglesias están llenas de este tipo de personas: el «cristiano» nominal. Pablo tuvo esta preocupación en mente cuando escribió: «examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos» (2 Corintios 13:5). Desde la caída, nadie ha escapado de la auto decepción. Somos engañados fácilmente. Y un pastor amoroso trabajará para desengañar al auto engañado.

A principios de los años 90 en la Iglesia Bautista Capitol Hill, trabajamos duro para identificar cientos de nuestros miembros que nunca asistían a los servicios. Conforme los encontrábamos, la mayoría no quería tener nada que ver con nosotros y nuestras ideas sobre la «membresía significativa». Pero hubo algunos que, cuando le presentamos el evangelio y el llamado de Dios para ser parte del cuerpo, se arrepintieron y vinieron a la fe. Una mujer de ochenta años llamada Dorothy, que no había asistido por más de tres décadas, vivía cerca. Compartimos el evangelio con ella, no pretendiendo presumir nada. Ella dijo, «no creo que alguna vez haya entendido esto antes». Considera la revitalización de una iglesia para el beneficio de los «cristianos» nominales.

  1.   Por el bien del prójimo

En el año 1993, luego de cuatro décadas de caída y otro pastor fracasado, Capitol Hill Baptist tocó fondo—por lo menos en mi mente. Estaba camino al mercado local una noche y estaba siguiendo dos vecinos a pie. Conocía a estos hombres. Era una pareja homosexual muy conocida que vivía en el vecindario de nuestra iglesia. Esa noche, luego de escuchar lo que sucedió con nuestro pastor fracasado, los dos hombres estaban burlándose de mi iglesia en voz audible. ¡Qué ironía! Hombres homosexuales burlándose de una iglesia con una mentalidad de evangelio, pero que fallaba al vivirlo. Para utilizar un término del Antiguo Testamento, éramos como la «comidilla» de nuestro vecindario. Éramos un testigo contrario en la misma comunidad donde deberíamos haber sido un modelo de santidad. Afortunadamente, conforme nuestra iglesia crecía en sanidad, así también nuestro testimonio.

Algunos años más tarde, Mark Dever y yo estábamos caminando y uno de nuestros vecinos que había observado nuestra iglesia durante veinte años nos detuvo y preguntó, «¿qué tiene diferente tu iglesia?» Mark dijo, «Bueno, Matt ha estado tratando de que algunas cosas sean pintadas y ha estado limpiando los jardines». El hombre dijo, «no, no me refiero a eso. Hay algo diferente en las personas». Hoy en día puedo decir que muchas personas de nuestro vecindario han venido a Cristo. En el proceso de revitalización, pudimos derribar el mal testimonio y reemplazarlo con uno bueno, ese es un trato de evangelio dos por uno. Considera la revitalización de una iglesia quebrantada para el beneficio de los vecinos.

  1.   Por el bien de los recursos

Billones de dólares, donados por cristianos fieles por décadas, han sido invertidos en terrenos y edificios. Hoy en día, esos edificios son frecuentemente sub-utilizados y hasta algunos están vacíos, son simples monumentos del pasado. Los plantadores de iglesia frecuentemente evitan estos recursos y no se lo piensan dos veces antes de perseguir  el enfoque de la «iglesia móvil» o «iglesia sobre ruedas» que potencialmente consume vidas.

¿Por qué este enfoque es tan consumista? Pregúntale a casi cualquier plantador. Probablemente te diría el gran esfuerzo que implica para su mejor personal en la iglesia reajustar su ritmo cada semana, sin mencionar la reubicación cuando se ha perdido el auditorio de una escuela o el salón de baile de un hotel. Por tanto, considera moverte en un antiguo vecindario, revitalizar una iglesia y pedir los recursos que originalmente fueron dados para fines del evangelio.

  1.   Por el bien del futuro

Al poco tiempo de perder nuestro pastor anterior y luego de escuchar a los dos hombres burlarse de nuestra iglesia, mi casa pastoral fue violada y saqueada. La puerta del frente fue forzada y fueron robadas cosas de valor. Mi familia permaneció fuera de la ciudad donde los padres de mi esposa, hasta que yo pudiera hacer que la casa fuera segura nuevamente.

La primera noche luego de que volvieron, mi esposa hizo una pregunta muy oportuna: «¿qué estamos haciendo aquí?». Mientras estábamos acostados en la cama esa noche, pensé lo mismo. Simplemente (y en oración) dije, «pienso que estamos aquí por las personas que vendrán».

Debo admitir rápidamente que generalmente no soy muy optimista sobre el futuro. Pero por el momento, sentía como si Satanás hubiera exagerado su mano y  necesitáramos permanecer. Por la gracia de Dios, permanecimos en medio de circunstancias muy difíciles, y el futuro dio como resultado algo brillante: hemos estado en un tiempo de casi dos décadas de prosperidad como iglesia. Con cada confesión de fe, cada bautismo, cada acto de arrepentimiento, cada viaje misionero, y cada hombre joven que se compromete a prepararse para el ministerio, me regocijo en silencio. Cada uno de estos eventos fueron una vez parte del futuro de nuestra iglesia, un futuro que no conocíamos, pero Dios sí. Considera revitalizar por todas las personas que algún día pueden pasar por tus puertas y ser ayudadas en su caminar con Jesús.

  1.   Por el bien del nombre de Dios

¿Tienes celo de que el nombre de Dios sea honrado en el mundo? ¿Qué piensas de la iglesia o pastor que usa el nombre de Dios y toma prestado tradiciones de la Escritura pero no sigue al Único y Verdadero Dios que se revela a sí mismo en la Biblia?

Amigo, ¡Dios es celoso de su propio nombre y alabanza!

Por amor de mi nombre diferiré mi ira, y para alabanza mía la reprimiré para no destruirte. He aquí te he purificado, y no como a plata; te he escogido en horno de aflicción. Por mí, por amor de mí mismo lo haré, para que no sea amancillado mi nombre, y mi honra no la daré a otro (Isaías 48:9-11).

Por el bien del nombre de Dios para que sea representado correctamente en el mundo, necesitamos ser celosos del testimonio de su iglesia. ¿Por qué? Para que la gloria de Dios sea proclamada y magnificada. Su nombre es difamado cuando las llamadas iglesias cristianas lo representan mal tolerando el pecado, por sus malas prácticas en el matrimonio, visión equivocada sobre la sexualidad, y la cantidad de herejías sobre la salvación contra la autoridad de la Escritura.

Oro contra esas iglesias que difamarían el nombre de Dios. Oro para que mueran o por lo menos sean invisibles para el vecindario. Oro de manera positiva por esas verdaderas iglesias de mi vecindario que proclaman la verdad, que reúnen a aquellos que han nacido de nuevo, y aquellos cuyo propósito es la gloria de Dios. Considera la revitalización por el bien del nombre de Dios.

CONCLUSIÓN

He visto hombres fieles en nuestros días que están involucrados en situaciones donde reinaba la infidelidad y reformar las personas al pastorearlas. Puedes haber escuchado algunos de sus nombres, como John Piper o Mark Dever. Puedes no haber escuchado a muchos otros que podría mencionar, pero sean conocidos o no, son hombres fieles que han utilizado los recursos existentes para revitalizar una iglesia por el bien de los cristianos, los «cristianos» nominales y los vecinos. A través de sus muchos días fieles de sangre, sudor y lágrimas, Dios tenía muchas personas en mente—en el futuro—que serían beneficiadas por la eternidad. ¡Y el nombre de Dios está siendo magnificado! Revitalizar una iglesia no es fácil, y la reforma nunca lo es. Pero hay cientos de iglesias que necesitan pastores que harían ese sacrificio diario por el bien del reino. Así que, a mi joven amigo seminarista que quería «hacer grandes cosas para Dios», le tengo una sugerencia: «en lugar de hacer grandes cosas para Dios», digo: «¿por qué no simplemente tratas de serle fiel a un gran Dios?».

Pienso que esto es lo que los grandes reformadores hicieron y aún lo que grandes pastores hacen hoy en día. Su grandeza, si así es como quieres llamarlo, viene no a través de actos heroicos, sino de la acumulación de muchos días fieles de predicación, oración y trabajo para reformar.