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Nuevo Testamento – Clase 7: Lucas: La expansión del Reino

Artículo
27.06.2018

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Clase esencial
Panorama del Nuevo Testamento
Clase 7: Lucas: La expansión del Reino


Todos tenemos el anhelo de pertenecer. Desde el principio de los tiempos, las personas han deseado ser parte de algo: una familia, un clan, una tribu, una nación… cualquier cosa.

Así que nos hacemos «amigos» de personas en Facebook que ni siquiera son nuestros amigos, leemos blogs, seguimos a tuiteros, somos voluntarios, estamos afiliados políticamente, nos casamos, nos covertimos en amantes de equipos deportivos, celebramos festividades, nos unimos a una iglesia, y luego, quizá, a un grupo pequeño.

Entonces, ¿quién pertenece a la familia de Dios? Esa es la pregunta crítica que estaremos examinando el día de hoy en el libro de Lucas, el único Evangelio escrito por un autor no judío. Lucas desmiente la comprensión judía de lo que significa ser parte del pueblo de Dios y presenta, a una audiencia principalmente gentil, lo que significa ser parte del Reino en expansión de Cristo.

Contexto

Empezaremos con algo de contexto. Lucas, el físico, escribió el Evangelio de Lucas y el libro de Hechos. Aunque ninguno de los libros contiene una referencia explícita de la autoría de Lucas, la iglesia primitiva ciertamente asoció los libros con Lucas, compañero de viaje de Pablo. Los vemos citado en varias de las cartas del Nuevo Testamento escritas por Pablo (Col. 4:14; Fil. 24; 2 Timoteo 4:11) y es mencionado en todas las cartas de encarcelamiento romanas.

Lucas era un historiador esmerado  como lo evidencia la apertura de su Evangelio (1:1-4):

«Puesto que ya muchos han tratado de poner en orden la historia de las cosas que entre nosotros han sido ciertísimas, tal como nos lo enseñaron los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra, me ha parecido también a mí, después de haber investigado con diligencia todas las cosas desde su origen, escribírtelas por orden, oh excelentísimo Teófilo, para que conozcas bien la verdad de las cosas en las cuales has sido instruido».

Su propósito es claro: que sus lectores puedan conocer la certeza de las cosas que han sido enseñadas. De nuevo, un recordatorio de que la nuestra es una religión histórica. Tu base para la fe son estos acontecimientos de hace 2000 años. Y es relatos como el Evangelio de Lucas los que son el principal cuerpo de evidencia para tu fe. Estudia estos Evangelios juntos, y cuando lleguen las tormentas de la fe, estarás seguro de lo que has aprendido.

El método empleado por Lucas para brindar esta certeza es el de la historia. Hace referencia a los relatos escritos por otros, razón por la cual los eruditos creen que Lucas fue el último de los Evangelios sinópticos en ser escrito, y que utilizó los Evangelios de Marcos y Mateo como material de partida. Además, Lucas menciona «los que desde el principio lo vieron con sus ojos, y fueron ministros de la palabra» como fuentes para su libro. Sabemos que Lucas era  compañero íntimo del apóstol Pablo y que también habría tenido acceso a otros líderes en la iglesia primitiva, sin mencionar su propia participación presencial en algunos de los acontecimientos registrados en Hechos (Hechos 16:10-17; 27-28). Así que como cabe esperar, los escritos de Lucas llevan las marcas de investigación detallada y exactitud histórica. Posiblemente, Lucas fue escrito a comienzos de los años 60, antes de la muerte de Pedro y Pablo, simplemente porque uno supondría que estos martirios habrían sido registrados en Hechos si ya hubieran ocurrido.

Como mencione anteriormente, el libro parece haber sido escrito con una audiencia gentil en mente. Lucas, nativo de Antioquía según la tradición de la iglesia primitiva, es el único gentil entre los escritores del Nuevo Testamento (Col. 4:14). Su estilo de redacción corrobora esto: Utiliza un saludo grecorromano típico al inicio de su Evangelio. Cita de la Septuaginta en lugar del hebreo, y se refiere al arameo como si no hablara el idioma (Hechos 1:19, 21:40, 22:2, 26:14). En todo esto, Lucas emplea un estilo educado y elegante. Su griego es excelente y ocupa el segundo lugar después del libro de Hebreos en elegancia. Un erudito crítico de Jesús llamó al Evangelio de Lucas el libro más hermoso del mundo.

Entonces, ¿de qué manera Lucas estructuró su elegantemente redactado e históricamente preciso Evangelio enfocado en los grecorromanos?

Estructura

En una palabra, alrededor de la ciudad de Jerusalén. Puedes ver esto más de manera más clara, sencillamente por los acontecimientos que Lucas escoge registrar. El viaje a Jerusalén que comprende uno de los capítulos de Marcos y dos de los capítulos de Mateo, consume casi la mitad del libro de Lucas (9:51-19:27). Y si Lucas se centra en el viaje de Jesús a Jerusalén, centro del mundo judío, el volumen acompañante de Hechos narra el viaje del evangelio de Jerusalén a Roma, centro del mundo judío. Como resultado, este Evangelio es la primera mitad del mensaje de Lucas de que el Reino de Dios ha llegado, y ha llegado a todas las naciones.

A medida que la trama de Lucas marcha hacia Jerusalén, vemos seis secciones en el libro: Capítulos 1-3: Lucas describe el nacimiento, infancia, bautismo y tentación de Jesús; Los capítulos 4-9 narran los inicios de su ministerio en Galilea, y luego todo el Evangelio se activa en Lucas 9:51 donde el autor escribe: «Cuando se cumplió el tiempo en que él había de ser recibido arriba, afirmó su rostro para ir a Jerusalén»; Los capítulos 10-19 registran ese viaje resolutivo a Jerusalén y la enseñanza de Jesús acerca de lo que significa ser un discípulo; Los capítulos 19-21 registran la enseñanza de Jesús en Jerusalén; los capítulos 22-23 relatan el arresto, juicio, crucifixión y entierro de Jesús; y el capítulo 24 brinda el relato más completo de las apariciones de Cristo después de la resurrección así como la ascensión.

Quizá en este punto, estés pensando, esto no suena muy diferente a lo que ya hemos escuchado en los otros Evangelios. Acertaste. De hecho, cerca del 60% del Evangelio de Marcos se reproduce en el de Lucas, y al igual que Mateo, Lucas muestra cómo Jesús cumple la profecía del Antiguo Testamento.

Pero Lucas también hace algunas contribuciones únicas y muy importantes. Puedes ver algo de eso donde Lucas retoma el ministerio de Jesús. Mientras que Mateo y Marcos comienzan con un período de popularidad relativa al usar el ministerio de Jesús para probar su Mesianidad. Lucas se incorpora en el ministerio de Jesús en el momento en que es rechazado por su ciudad natal, Nazaret. Su enfoque no será tanto probar que Jesús es el Rey, sino demostrar cómo será su reino. Y así, toda la narrativa de su ministerio en Lucas ocurre bajo la nube del rechazo. Este reino no estará compuesto por la estructura cultural y el liderazgo religioso que lo rechaza. En cambio, cuando Jesús viaja a Jerusalén, su enfoque se centra en el plan eterno de Dios para expandir su reino para incluir a toda clase de personas. Y ese también será nuestro tema esta mañana. Estudiaremos la naturaleza del Reino expandido: El Reino expandido, 1. Es para todas las personas, incluso para los marginados, 2. No tiene límites étnicos o geográficos, 3. Era la razón por la que Jesús vino, y 4. ¡seguirá expandiéndose hasta que Jesús regrese!

Comenzaremos con esa primera característica.

El Reino expandido—para todas las personas—incluso los rechazados

Muchos en Israel habían estado esperando durante muchos años la llegada del Mesías, y muchos imaginaron un Mesías que regresaría y restauraría a Israel a sus días de glorias y libertad del dominio romano.

Los poseedores de todas las cosas judías, eran los fariseos y otros maestros de la ley, y vemos que desde el principio, el Reino de Jesús no era lo que estaban esperando. Lucas nos relata una de estos encuentros en el capítulo 7: «Uno de los fariseos rogó a Jesús que comiese con él. Y habiendo entrado en casa del fariseo, se sentó a la mesa. Entonces una mujer de la ciudad, que era pecadora, al saber que Jesús estaba a la mesa en casa del fariseo, trajo un frasco de alabastro con perfume; y estando detrás de él a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume. Cuando vio esto el fariseo que le había convidado, dijo para sí: Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora». Jesús pasa a tener un debate con este fariseo llamado Simón, acerca de la naturaleza de los pecados y el perdón.

El propósito de Jesús al venir a la tierra y establecerse en Israel no era aprovechar esta red judía, asistir a las cenas importantes y ser visto como uno de las élites judías. No, vemos en este relato, un cuadro de cómo era el Reino en expansión, incluye a personas que, en lo que respecta al mundo, son los últimos en merecer el favor de Dios.

Lucas demuestra la preocupación especial de Jesús por los marginados y rechazados de la sociedad. Estas personas conocían su necesidad, y entonces se imaginaron el tipo de actitud necesaria para entrar al Reino de Dios. Dicho sea de paso, este punto es fundamental para entender el trato que Lucas da a los pobres. Ciertos teólogos, especialmente aquellos en la llamada «teología de la liberación» se han apoderado de Lucas para argumentar que los pobres y oprimidos son especialmente bendecidos por Dios. Pero la categoría de «pobres «» en el Antiguo Testamento no era meramente sobre las finanzas y el poder: los pobres eran los que dependían de Dios. El punto de Lucas al resaltar el ministerio de Jesús a los marginados y rechazados no es decir que los ricos y poderosos no pueden salvarse, sino demostrar que el Reino es para aquellos que dependen completamente de Dios, y que a menudo serán los marginados de la sociedad.

Entonces, ¿quiénes fueron estas personas marginadas a las que Cristo ministró? Vemos que Cristo tuvo un ministerio único hacia las mujeres. Lejos de excluir a las mujeres, como era común entre los rabinos de su época, Lucas revela el rol bastante prominente que desempeñaban las mujeres en la vida y el ministerio de Jesús. De los relatos ampliados de los embarazos de Elisabet y María (grupo 1), a las amistades íntimas de María y Marta (10:38-42), al rol protector que desempeñan algunas mujeres (8:3), y los primeros informes de la resurrección (24:1-12), las mujeres eran aceptadas e influyentes en la vida de Jesús. En total: «Lucas se refiere a más mujeres que cualquier otro Evangelio. Esto podría reflejar algo acerca de Lucas, pero también revela algo de lo que Jesús considera importante». Debemos alentarnos por la actitud de Jesús hacia las mujeres. Tal vez has sentido la tentación de pensar en Jesús con un enfoque «masculino», los 12 discípulos eran todos hombres, la Deidad es masculina, solo los hombres deben ser ancianos y pastores. Pero no hay una manera masculina o femenina de tomar nuestra cruz y seguir a Cristo; ¡el mismo Evangelio es necesario sin importar el género! Hombre, si alguna vez te sientes tentado a pensar que tienes un mayor rol o posición debido a tu género, dedica algo de tiempo para leer Lucas. Considera no solo la actitud de Jesús hacia las mujeres, sino también la forma en que muchas de estas mujeres fueron ejemplos mucho más grandes de fidelidad a nuestro Señor que incluso los «discípulos elegidos».

Otro grupo en el que Lucas se enfoca son los niños. Aunque los niños a menudo son idolatrados en nuestro mundo moderno, no fue así en las culturas antiguas. No había Peter Pan, no existía la idealización de la niñez, y había poco interés hacia los niños. Sin embargo, Jesús se preocupó por ellos. Los sanó, dijo que deberíamos recibirles, y se reveló a ellos (10:21). Y los usó como ejemplos: «De cierto os digo, que el que no recibe el reino de Dios como un niño, no entrará en él» (18:17). ¿Cómo ves a los niños? ¿Cómo insignificantes e inconsecuentes? Jesús vio a los niños como humanos que lo necesitaban tanto como los adultos, ¡y que de muchas maneras ejemplifican la clase de confianza y fe que necesitamos hacia Dios!

Y dio especial atención a los pobres. Esto habría sido particularmente desconcertante para una cultura que despreciaba al pobre incluso más que la nuestra. No existían ministerios de justicia social establecidos a lo largo del mundo antiguo en los tiempos de Jesús. Habría sido extremadamente perturbador escuchar a Jesús contar la historia del hombre rico y Lázaro donde dice: «Aconteció que murió el mendigo, y fue llevado por los ángeles al seno de Abraham; y murió también el rico, y fue sepultado. Y en el Hades alzó sus ojos, estando en tormentos, y vio de lejos a Abraham, y a Lázaro en su seno» (16:22-23). Aunque Jesús no enseña que la pobreza en esta vida equivale a una entrada automática al cielo, enseña que el rico debería tener cuidado de no confiar en sus riquezas más que en Dios. Jesús, a diferencia de los líderes religiosos de la época, se preocupó por los pobres, ¡y vio en ellos la actitud necesaria para aquellos en el reino en expansión!

Todavía hay dos grupos más de personas a las que Jesús ministró, los enfermos y los despreciables. Estos estaban más allá de los marginados en los tiempos de Jesús: eran los rechazados, tanto física como espiritualmente.

Jesús pasó significativas cantidades de tiempo cuidando y sanando a enfermos. Lucas brinda varios reportes de sanidad únicos, incluyendo al hijo de la viuda de Naín (7:11-17); la mujer encorvada sanada en la sinagoga en el día de reposo (13:10-17); el hombre hidrópico (14:1-4); los diez leprosos (17:11-19); y la restauración de la oreja del siervo del sumo sacerdote (22:50). Mientras que la mayoría de personas judías conservaba una distancia física y social de los impuros, Jesús se les acercaba física y socialmente. Así que cuando sana al leproso en Lucas 5:12-16, en realidad toca al hombre, algo que un rabino nunca habría hecho.

Por encima de los rechazados físicamente, Jesús se preocupa profundamente los despreciables, los  «pecadores». Incluye a un recolector de impuestos entre sus discípulos, hombres que eran considerados como tramposos y traidores. Considera cómo se anunció  la entrada de Jesús al mundo, los ángeles visitaron a los pastores. Como ha escrito nuestro pastor: «Pensamos en los pastores en términos de encantadores concursos navideños, con adorables niños vestidos con lindas túnicas. Sin embargo, en el mundo antiguo, se pensaba que los pastores eran furtivos, poco confiables, inclusive ladrones. Con todo, ¡fueron algunos de los primeros en conocer a Jesús! Eso era típico, pienso, de todo el ministerio de Jesús!».

El cojo, el ciego, la encorvada y los «pecadores» estaban todos entre los marginados por quienes Jesús mostró preocupación. Lucas deja en claro que un elemento vital del mensaje de Cristo es el de esperanza, amor y justicia por los maltratados y oprimidos. Como seguidores de Cristo, nosotros, también deberíamos tener una inclinación espiritual por alcanzar a aquellos que han sido excluidos. ¿Quién de nosotros no es un rechazado que Jesús vino a salvar, independientemente de cómo te vea el mundo? Apartados de Cristo, ¡somos marginados ante el Único cuya aprobación realmente importa!

Esa es la primera característica que vemos de este Reino en expansión: es para todas las personas, aunque estén al margen de la sociedad. De hecho, especialmente para esos, si tal marginación los conduce a depender solo de Dios.

Pero el Reino no solamente se expande a nuevas clases de personas, ¡también lo hace cruzando etnias y nacionalidades!

El Reino expandido–No tiene límites étnicos

Este tema resalta desde el inicio del libro. Desde el capítulo de apertura del libro, Cristo es descrito como «Luz para revelación a los gentiles…» (Lucas 2:32a). Y al entrar en el ministerio de Jesús en Lucas 4, el autor se enfoca en la declaración de Jesús de que en la historia de Israel en ocasiones eran los gentiles los que encontraban favor especial ante los ojos de Dios:

«Y añadió: De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. Y en verdad os digo que muchas viudas había en Israel en los días de Elías, cuando el cielo fue cerrado por tres años y seis meses, y hubo una gran hambre en toda la tierra; pero a ninguna de ellas fue enviado Elías, sino a una mujer viuda en Sarepta de Sidón. Y muchos leprosos había en Israel en tiempo del profeta Eliseo; pero ninguno de ellos fue limpiado, sino Naamán el sirio».

Del mismo modo, después de decirle a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob que serían rechazados porque no lo conocen, dice que otros «vendrán del oriente y del occidente, del norte y del sur, y se sentarán a la mesa en el reino de Dios» (Lucas 13:29).

Incluso la genealogía de Lucas es una ilustración de la amplitud del Reino que Cristo estableció. Lucas no se detiene en Abraham (como lo hizo Mateo); traza el linaje de Cristo hasta Adán. ¡El segundo Adán ha venido, y donde el primer pecado de Adán sumió a las naciones en el distanciamiento de Dios, el segundo Adán ha creado un camino para que las naciones se reconcilien con este Dios! Así como Dios le había prometido a Abraham que muchas naciones vendrían de él, el Reino de Jesús se expandiría a todas las naciones, mucho más allá del Israel nacional.

No hace falta decir que esto era fuente de gran confusión y ofensa para los fariseos. Vemos esto más claramente en su comprensión del día de reposo, ya que el día de reposo llegaba al corazón mismo de la identidad nacional y religiosa judía. Lucas cuenta en el capítulo 13 la reacción de los fariseos a Cristo que sanó a una mujer encorvada en el día de reposo: «Pero el principal de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese sanado en el día de reposo, dijo a la gente: Seis días hay en que se debe trabajar; en éstos, pues, venid y sed sanados, y no en día de reposo. Entonces el Señor le respondió y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en el día de reposo su buey o su asno del pesebre y lo lleva a beber? Y a esta hija de Abraham, que Satanás había atado dieciocho años, ¿no se le debía desatar de esta ligadura en el día de reposo?».

En su libro «Promesas Cumplidas», Mark Dever comenta lo siguiente acerca de este pasaje: «La incomprensión de los fariseos acerca del día de reposo señala la manera en que muchas personas en Israel confundieron el papel de Israel. Dios tenía la intención de que Israel fuera un medio para alcanzar a todo el mundo. Sin embargo, los fariseos trataron a Israel como un fin en sí, y cargaron al pueblo con una regulaciones innecesarias y excesivas».

Por supuesto, antes de emitir un juicio sobre la visión etnocéntrica de los fariseos, deberíamos examinar nuestros propios corazones. ¿Alguna vez sentiste que merecías más la gracia de Dios que otra persona? ¿Alguna vez deseaste mantener cerrado tu círculo cristiano? «No quiero permitir que esas personas, o esos grupos de personas entren, de otra manera mi iglesia perderá su atmósfera actual». Bueno, ¿qué tipo de ambiente o actitud procuras preservar? ¿Alguna vez te encontraste justificando por qué el evangelio parece tener tanta libertad para ser proclamado y creído en los Estados Unidos, pero no en otros países? Además, ¿oras para que el evangelio llegue a otros grupos de personas y naciones y estás haciendo algo para ayudar a que esto suceda? ¡El Reino en expansión no tiene fronteras étnicas o políticas! Y al final solo hay un límite /distinción que importa, hijos de la luz e hijos de la oscuridad.

El Reino expandido—Por qué vino Jesús

Eso nos lleva a nuestro tercer tema, que esta expansión del Reino de Dios no es solo un punto aparte, sino la verdadera razón por la cual Jesús vino. Lucas 19:10 provee una declaración sucinta del propósito de Jesús al venir a la tierra. «Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido».

Bien, ¿entonces quiénes eran los que se habían perdido? Los perdidos incluían a Israel y a sus líderes religiosos que rechazaron a Jesús. El perdido incluía a los que habían sido rechazados y no tenían pastor. Por ello, leemos en Lucas 5:30-32:

«Y los escribas y los fariseos murmuraban contra los discípulos, diciendo: ¿Por qué coméis y bebéis con publicanos y pecadores? Respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no tienen necesidad de médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a justos, sino a pecadores al arrepentimiento».

En resumen, los perdidos incluyen a todos los que no han creído en Jesucristo y la verdad acerca de él. Por tanto, Jesús busca a los que están perdidos. Y su preocupación por los perdidos no es una preocupación vaga, general o amorfa, sino una preocupación específica por las personas. Eso es lo que aprendemos de las parábolas de la moneda perdida, la oveja perdida y el hijo pródigo en el capítulo 15 de Lucas. Su preocupación es personal y específica y se extiende a cada circunstancia.

Y Lucas se esfuerza por señalar que esta misión de salvación es parte del gran plan de Dios para redimir a las naciones de su pecado. Si una palabra clave en la narración vertiginosa de Marcos es «inmediatamente», una de las frases favoritas de Lucas es «es necesario», la cual repite a menudo. Es necesario que Jesús vaya a Jerusalén, porque ningún profeta muere fuera de Jerusalén (13:33). Es necesario que Jesús permanezca con Zaqueo, para que él sea salvo. (19:5) Y así sucesivamente. El libro tiene un aire de inevitabilidad, porque el plan soberano de Dios está detrás de todos estos acontecimientos, y el plan soberano de Dios resultará en la salvación del mundo.

Jesús vino a completar una misión: lograr la salvación, no solo hacer posible la salvación. Y de hecho lo hizo a través de su crucifixión y resurrección por los pecados de los perdidos. Los fieles son redimidos de sus pecados y la ira de Dios, y se les da un lugar en el Reino.

Sin embargo, como los perdidos son salvos, se espera una transformación completa. Entonces Jesús proclama: «Os digo que todo aquel que me confesare delante de los hombres, también el Hijo del Hombre le confesará delante de los ángeles de Dios; mas el que me negare delante de los hombres, será negado delante de los ángeles de Dios» (Lucas 12:8-9). Y aquellos que serían discípulos del Señor deben «aborrece[r]  a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su propia vida» (14:26) y renunciar a todo lo que posee  (14:33). Lucas 18 muestra que aquellos que serían justificados ante Dios no pueden ser farisaicos, sino que deben ser lo suficientemente humildes como para gritar: «Dios, sé propicio a mí, pecador» (Lucas 18:9-14). En palabras de Jesús: «si no os arrepentís, todos pereceréis».

Bueno, si no has pensado mucho sobre cómo puedes ser parte de esta expansión del Reino, las buenas noticias que leemos en Lucas y seguiremos considerando en Hechos es que este Reino expandido seguirá expandiéndose hasta que Jesús regrese. ¡Todavía hay tiempo para participar en la Gran Comisión! Y ese es nuestro cuarto tema:

El Reino expandido—Seguirá expandiéndose hasta que Jesús regrese

El Evangelio de Lucas pinta una imagen del Reino que es más amplia que la de los ricos, poderosos y privilegiados. Es más amplio que un grupo de hombres judíos o solo la nación de Israel. También nos da la imagen de un Reino que ha llegado, pero que aún no ha llegado del todo. En Lucas, vemos que el evangelio ya está y todavía no.

Por un lado, el Reino de Dios está presente dondequiera que el Rey esté presente. Entonces, donde encontremos a Jesús, encontramos al Reino de Dios. En una ocasión, un fariseo le preguntó a Jesús cuándo vendría el Reino de Dios. A lo que Jesús respondió: «El reino de Dios no vendrá con advertencia,  ni dirán: Helo aquí, o helo allí; porque he aquí el reino de Dios está entre vosotros» (Lucas 17: 20-21).

Por otro lado, Jesús habla de un reino esperado que aún no se ha cumplido. Lo vemos en la institución de la cena del Señor diciendo:

«¡Cuánto he deseado comer con vosotros esta pascua antes que padezca! Porque os digo que no la comeré más, hasta que se cumpla en el reino de Dios. Y habiendo tomado la copa, dio gracias, y dijo: Tomad esto, y repartidlo entre vosotros;  porque os digo que no beberé más del fruto de la vid, hasta que el reino de Dios venga»  (Lucas 22:15-18).

Y ante la noción errónea de que el Reino de Dios llegaría inmediatamente, Jesús enseña la parábola del noble que fue a un país lejano para recibir un reino y luego regresar (Lucas 19:11-27). El punto expreso de la parábola parece ser alentar a los discípulos a ser fieles atendiendo a sus dones, recursos y llamamientos mientras el Rey está ausente porque el Reino no vendrá inmediatamente como ellos supusieron.

Conclusión

Al acercarnos al final del Evangelio de Lucas, es en esta tensión entre la realidad espiritual del Reino que ya ha llegado y el Reino escatológico que está por venir que encontramos a los discípulos. El libro culmina con la versión de Lucas de la Gran Comisión y la instrucción para que los discípulos esperen en Jerusalén la llegada del «poder desde lo alto». Y así comienza el libro de Hechos con los discípulos preguntando: «Señor, ¿restaurarás el reino a Israel en este tiempo?» (Hechos 1:6). Y es allí donde retomaremos la segunda mitad de los escritos de Lucas, con el libro de Hechos. No veremos una historia de la iglesia primitiva, sino una vívida imagen de cómo este Reino se expandiría desde el Israel geográfico hasta el corazón mismo del poder en el mundo antiguo, Roma… ¡y desde allí llegaría a tocar cada rincón de la tierra y continuará haciéndolo hasta que Jesús regrese nuevamente!

Y en ese sentido, la historia de Lucas en este punto se convierte intensamente personal para cada uno de nosotros. Pocos de nosotros descendemos físicamente de Abraham. Ninguno de nosotros calificaría como la élite religiosa que esperaba recibir el Reino en los tiempos de Jesús. No obstante, el Reino de Dios ha llegado incluso a personas como nosotros. ¡Glorificado sea Dios!