Clases esenciales: Nuevo Testamento

Nuevo Testamento – Clase 1: Introducción: El Reino del pacto

Artículo
27.06.2018

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Clase esencial
Panorama del Nuevo Testamento
Clase 1: Introducción: El Reino del pacto


Introducción

En Lucas 4:14-19, el escritor del Evangelio describe a Jesús regresando luego de ser tentado en el desierto y anunciando el esclarecer de una nueva era en la historia. El inicio de un nuevo reino. Ve conmigo a Lucas 4:14-18:

«Y Jesús volvió en el poder del Espíritu a Galilea, y se difundió su fama por toda la tierra de alrededor. 15 Y enseñaba en las sinagogas de ellos, y era glorificado por todos. Vino a Nazaret, donde se había criado; y en el día de reposo entró en la sinagoga, conforme a su costumbre, y se levantó a leer. Y se le dio el libro del profeta Isaías; y habiendo abierto el libro, halló el lugar donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres».

Ahora bien, imagina que eres un judío devoto en la sinagoga ese día, siguiéndolo. Conoces este pasaje de Isaías 61 de memoria. Sabes que este pasaje señala la venida de un rey mesiánico que, cuando llegue, proclamará la libertad de los prisioneros, abrirá los ojos de los ciegos y liberará a los oprimidos. Y, repentinamente, ves a este hombre frente a ti, leyendo las palabras: «El Espíritu del Señor está sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas a los pobres; me ha enviado a sanar a los quebrantados de corazón; a pregonar libertad a los cautivos, y vista a los ciegos; a poner en libertad a los oprimidos; a predicar el año agradable del Señor».

Y justo cuando comienzas a decir: «Espera, ¿acaso está diciendo que él es el Mesías venidero?», enrolla el libro y lo devuelve a su asistente, se sienta y luego anuncia: «Hoy se ha cumplido esta Escritura delante de vosotros».

Con esa sola oración, tu concepto de todo el Antiguo Testamento es destruido y el Nuevo Testamento ha sido inaugurado. ¡El hijo del carpintero lee una profecía acerca del Mesías, y se la atribuye a sí mismo! No hay una respuesta neutral a este momento; Cristo dice que él es el fin de los miles de años de espera.

Bienvenida

Bienvenidos a la clase del seminario básico «Panorama del Nuevo Testamento». Esta semana es la primera de 26 semanas estudiando el Nuevo Testamento. Puedes ver qué se cubrirá cada semana en el reverso de tu folleto. Muchos de ustedes han estado asistiendo al seminario básico acerca del Antiguo Testamento, que tiene como tema: «El Reino de Dios» y las promesas que Dios ha hecho a su pueblo. El panorama del Nuevo Testamento recoge ese tema y estudia ambos: «El Rey y el Reino» y las promesas que Dios ha cumplido a su pueblo. Esperamos demostrar la continuidad de los temas en todo el lapso de la Escritura, como acabamos de ver en Lucas 4, la continuidad desde el profeta Isaías hasta Jesucristo.

El día de hoy, discutiremos la estructura y el proposito de esta clase, y luego recorreremos todo el Nuevo Testamento dos veces: una primera vez, para observar los tipos de literatura que encontraremos en este curso, y una segunda vez,  para presentar un panorama del mensaje todo el Nuevo Testamento.

Propósito y resumen del curso

  1. Entender el gran panorama de cada libro del Nuevo Testamento. Evitaremos quedar atascados en los pequeños detalles, pero veremos que el escenario cambia mientras vamos de un libro a otro.
  2. Entender la continuidad entre los libros del Nuevo Testamento.
  3. Observar las promesas que Dios ha cumplido a su pueblo desde el Antiguo Testamento.
  4. Escuchar a Dios hablarnos hoy a través de su Palabra y así ser desafiados en nuestro diario vivir.

Al igual que con las clases del Antiguo Testamento, nuestro curso está estructurado para discutir diferentes aspectos del Rey y el Reino. No analizaremos cada detalle de cada libro ni cubriremos todas las partes de los libros que estamos estudiando. Sin embargo, nos beneficiaremos de una mejor compresión del panorama más amplio.

Empezaremos con una introducción básica al Nuevo Testamento:

Autoría del Nuevo Testamento

El Nuevo Testamento tiene 27 libros con 8 o 9 autores humanos que pueden ser agrupados en 3 grandes círculos proféticos.

Círculo Petrino:

Mateo, Marcos, 1 y 2 Pedro, Judas y Santiago.

  • Mateo es uno de los apóstoles, pero se quedó en Jerusalén.
  • Marcos no es un apóstol, pero era compañero cercano de Pedro. Aunque existe la creencia generalizada de que el Evangelio de Marcos es el relato de Pedro de la vida de Jesús.
  • Pedro escribió 1 y 2 Pedro.
  • Judas y Santiago son ambos medios hermanos de Jesús y figuras clave en la iglesia de Jerusalén.
  • Judas recoge muchos temas de 2 Pedro.
  • Santiago es rico en su uso del Evangelio de Mateo, particularmente el Sermón del Monte (Mt. 5-7).

Círculo Paulino:

Lucas, Hechos, Romanos, 1 y 2 Corintios, 1 y 2 Timoteo, 1 y 2 Tesalonicenses, Tito, Gálatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, Filemón y Hebreos.

  • 13 cartas de Pablo.
  • Hebreos (autor desconocido, pero «nuestro hermano Timoteo» 13:23 lo coloca dentro del Círculo Paulino),
  • Lucas/Hechos (es evidente que Lucas forma parte del circulo de Pablo: en algunos pasajes aparece el pronombre «nosotros»).

Círculo Joánico:

Juan, 1 Juan, 2 Juan, 3 Juan y Apocalipsis.

  • Escritos por el apóstol Juan, el apóstol a quien Jesús amaba.

Y a pesar de la diversidad de autores humanos, vemos una unidad tanto en los escritos del Nuevo Testamento como del Antiguo Testamento, porque como Pedro dice: «entendiendo primero esto, que ninguna profecía de la Escritura es de interpretación privada, porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo» (2 P. 1:20-21). Independientemente de un instrumento humano en particular, Dios es el único y verdadero autor de la Escritura.

Género

Entonces, ¿qué inspiró Dios exactamente? No un solo estilo o un solo género, sino una diversidad de escritos y perspectivas que contienen la unidad de su Palabra. Analizaremos los tres géneros del Nuevo Testamento —desde Mateo hasta Apocalipsis—, mientras examinamos los tres géneros básicos. Esos serían los Evangelios (incluyendo Hechos como una continuación de Lucas), las Epístolas (o cartas), y la literatura apocalíptica (Apocalipsis, que también es una carta). Comenzaremos con los Evangelios.

Los Evangelios/Hechos

  • La palabra «evangelio» no se empleaba en absoluto en la literatura antes del siglo II, cuando los cuatro relatos de la vida de Jesús empezaron a ser conocidos como los «Evangelio» (Probablemente debido al uso de la palabra «evangelio» en Marcos 1:1).

Como sucede con todas las historias de la Biblia, el enfoque es teológico, no cronológico. Por tanto, estos libros se enfocan en los acontecimientos que realmente importan desde una perspectiva teológica: la muerte y resurrección de Jesús.

En ese mismo sentido, los Evangelios no se enfocan tanto en proporcionar marcadores temporales como lo haría una biografía moderna. Se preocupan más por la importancia de lo sucedido que por la fecha de lo que sucedió. Así que el orden es siempre lógico, pero no necesariamente siempre cronológico.

  • Lo que los escritores de los Evangelios encuentran importante acerca de Jesús, y lo que ellos intentan que consideremos importante acerca de Jesús, es que él es el Mesías prometido. El Mesías prometido liberaría a su pueblo no conquistando a los habitantes romanos (de nuevo, el día de la venganza de Dios no ha llegado todavía), sino derramando su sangre y siendo levantado de entre los muertos. Quieren que sus lectores comprendan que Jesús era el Rey, y que había venido para inaugurar el Reino, pero no de la manera que muchas personas y discípulos habían anticipado.

Hechos

Este libro es en realidad una continuación del Evangelio de Lucas. El destinatario es el mismo, Teófilo, y Lucas inicia Hechos con un recuento de donde había quedado en su libro anterior. Así como los Evangelios no proveen un relato «equilibrado» de la vida de Jesús, Hechos no provee una historia «equilibrada» del crecimiento de la iglesia. Por ejemplo, solamente vemos indicios de la propagación del evangelio al este o al sur (e.j., capítulo 9 con el eunuco etíope). Más bien, geográficamente hablando, el enfoque está en el alcance cada vez más cercano del evangelio a Roma, corazón del mundo conocido. El enfoque varía de Jerusalén a Roma para demostrar el cambio que existe del Antiguo al Nuevo Testamento. Ya no es el mundo el que debe venir a Jerusalén para escuchar a Dios (como aquellos en Hechos 2). En su lugar, el evangelio debe ser llevado al mundo.

Claro está, a lo largo de todo el libro, el «héroe», por así decirlo, es evidente. No se trata tanto de los «Hechos de los Apóstoles» como de los «Hechos del Espíritu Santo» obrando por medio de la Palabra de Dios. De hecho, existen repetidas declaraciones sumarias acerca del triunfo de la Palabra a través de Hechos. Vemos su clímax en Hechos 28 cuando el evangelio es predicado en el corazón del mundo conocido. Vemos que Pablo se encuentra preso en Roma bajo arresto domiciliario, pero el evangelio es libre:

«Durante dos años, Pablo permaneció en su propia casa alquilada y recibió a todos los que venían a verlo. Con valentía y sin impedimento predicó el Reino de Dios y enseñó acerca del Señor Jesucristo».

Las Epístolas

Esas historias nos llevan a través de los primeros cinco libros del Nuevo Testamento. Por supuesto, para muchos cristianos en los Estados Unidos, sin contar Salmos y Proverbios, las Epístolas (o cartas) del Nuevo Testamento tienden a ser los libros más leídos de la Biblia. Las razones son obvias: son directas, usualmente tienen un propósito y aplicaciones establecidas, y lo que es más peligroso, tendemos a pensar que podemos entenderlas y aplicarlas sin su contexto original. Solemos abordar las Epístolas como resúmenes para la Biblia… Solo explícame cómo los cristianos deberían vivir y no me molestes con todos los otros detalles. Si ese enfoque caracteriza tu perspectiva de las Epístolas (como lo ha hecho conmigo en ocasiones pasadas), no solo ignorarás el valor de porciones importantes de la Escritura, sino que también socavarás tu capacidad de comprender verdaderamente la enseñanza de las Epístolas mismas.

Más acerca de este género. Las Epístolas tienden a ser ocasionales o generales. Las epístolas ocasionales son cartas escritas en un tiempo particular para una iglesia particular en una situación particular con un propósito particular. Las epístolas generales son cartas escritas de manera amplia a grupos de iglesias y no solamente a una o dos. Se dirigen a cristianos en general.

Claro está, muchas cartas tienen tanto rasgos ocasionales como generales, pero comprender cuánto de una carta fue dirigida a un contexto específico (como 1 Corintios)  frente a un contexto bastante general (como Romanos) puede ser muy útil.

Apocalipsis

Bien, existe un último género en el Nuevo Testamento, y está limitado al libro de Apocalipsis. Esta es una carta dirigida a 7 iglesias específicas; es una profecía; y es apocalíptica. El libro comunica muchos elementos importantes de la teología del Nuevo Testamento, incluyendo, los elementos de la soberanía de Dios, la santidad de Dios y la dignidad de Dios de ser alabado, mientras que al mismo tiempo exalta a Cristo como el juez soberano sobre toda la creación y como el rey-redentor divino. Apocalipsis también nos da el cuadro más completo en la Escritura del Reino y su última expresión, cuando Juan describe el cielo nuevo y la tierra nueva, la Santa Ciudad, la Nueva Jerusalén.

El mensaje del Nuevo Testamento

Esos son los tipos de libros que puedes esperar encontrar en el Nuevo Testamento. Pero, ¿cuál es el mensaje que comunican en conjunto? En resumen, si podemos sintetizar el mensaje del Antiguo Testamento como Promesas Hechas, el Nuevo Testamento trata acerca de cómo Dios ha cumplido esas promesas.

Sería una tragedia que pasáramos 26 semanas estudiando el Nuevo Testamento, adquiriendo la capacidad de comprender los diferentes géneros, la ocasión y la audiencia de cada epístola, el por qué los Evangelios no son biografía modernas, y aun así perder todo el objetivo del Nuevo Testamento, el cual es entender que Dios ha cumplido sus promesas del Antiguo Testamento en Cristo y, por tanto, podemos confiar en él. Como dice, Mark Dever, nuestro pastor:

«El punto del Nuevo Testamento, ciertamente, el punto de toda la Biblia, es que Dios nos ha hecho promesas, él ha cumplido esas promesas, ¡y somos llamados a confiar en él porque él es el cumplidor de promesas! Dios se ha revelado a la humanidad a través de sus promesas. Y es por ello que la fe es tan importante. Al final del día, la Biblia no queda en la repisa como un objeto pasivo para que podamos investigarla. Al finalizar el día, ella se da la vuelta para mirarnos y dice: ¿creerás y confiarás?».

Al estudiar el Nuevo Testamento veremos por medio de quién Dios cumplió sus promesas [Cristo], a quién él ha cumplido sus promesas [el pueblo del Nuevo Pacto], y lo que implicará el último cumplimiento de esas promesas [las Nueva Creación]. Así que hoy, pasaremos el resto de nuestro tiempo regresando a las secciones del Nuevo Testamento que acabamos de considerar, pero esta vez vamos a reflexionar sobre el Nuevo Testamento a través del lente de las promesas que Dios ha hecho, ha cumplido y seguirá cumpliendo.

Cristo

Entonces, para recapitular, ¿cuál es el mensaje del Nuevo Testamento? Promesas cumplidas. Y comenzaremos preguntando: «¿por medio de quién se cumplieron?» Obviamente, Cristo. A medida que consideramos el Nuevo Testamento, vemos desde el principio que Dios ha cumplido su promesa más importante: enviar a un Salvador para su pueblo. Desde Génesis 3:15, toda la creación lo ha esperado, ha esperado a este descendiente de la mujer, que aplastaría la cabeza de la serpiente. A lo largo del Antiguo Testamento, desde la entrega de la ley a los profetas, el camino hacia Cristo estaba siendo pavimentado, previsto y anticipado.

En los Evangelios, vemos los planes y las promesas de Dios del Antiguo Testamento cumplirse en la persona de Cristo. Jesús era todo lo que Israel había esperado y necesitado. Él fue fiel donde Adán e Israel fueron infieles; vivió sin pecado; cumplió cada profecía del Antiguo Testamento que había sido escrita acerca de él. Él era el profeta venidero prometido a Moisés en Deuteronomio 18 (v.15, 18-19). Él era el Rey venidero prefigurado por y prometido a David en 2 Samuel (v.12-13). Él era el Hijo del Hombre de quien se habló en Daniel 7:13-14. Él era el siervo sufriente que Isaías dijo que sería traspasado por nuestras transgresiones (Is. 53:5). Él es el Mesías que Zacarías predijo que sería rechazado, para luego regresar y ser recibido por su pueblo y reinar sobre ellos.

Todas estas profecías y muchas más nos permiten leer los relatos en Mateo, Marcos, Lucas y Juan a color. Lo que una vez había sido visto borrosamente a blanco y negro, ahora ha vuelto a la vida a todo color. Y al continuar leyendo el relato de Lucas de la iglesia primitiva en Hechos, vemos que las promesas de Dios cumplidas a través de Cristo no estaban destinadas exclusivamente para los que eran parte de Israel por nacimiento. En cambio, él había venido para establecer un pueblo que no fuera identificado por una herencia nacional, geográfica o étnica, sino por un futuro en común que está establecido eternamente en los cielos. En Hechos, vemos que la iglesia de Cristo está siendo expandida mediante la presencia del Espíritu Santo.

Si bien podemos leer cualquiera de los relatos de los evangelios y aprender todo lo que necesitamos comprender acerca de por qué Jesús vino y cuál debe ser nuestra respuesta a él, vemos que Dios proveyó varios Evangelios para enfatizar diferentes aspectos del Cristo glorioso, y cada uno para ser dirigido a audiencias particulares. Por tanto, Mateo hace énfasis en el cumplimiento de las profecías por parte de Jesús en el Antiguo Testamento, que habría sido importante para los lectores judíos. Lee Mateo para comprender quién es Jesús a la luz de todo lo que hemos estudiado en el Antiguo Testamento. Marcos parece registrar el relato de Pedro de Cristo para los cristianos romanos en una época en que los apóstoles estaban siendo asesinados, y era vital  para la iglesia primitiva tener un Evangelio registrado. Lee Marcos y observa cómo cambia el escenario de un acontecimiento a otro, alejándose de los detalles y ayudándote a entender lo que es más importante. Lucas, tanto en el Evangelio de Lucas como en el libro de Hechos, parece tener en mente una audiencia más gentil y enfatiza el hecho de que Cristo no vino solo por los judíos, sino por todos los que se arrepientan y crean. Más adelante, continúa para registrar la propagación de ese evangelio en la iglesia del primer siglo. Lee estos libros juntos, el Evangelio de Lucas y Hechos, para comprender el poder de Dios trabajando en Jesucristo, primero en su ministerio terrenal y luego en su cuerpo, la Iglesia. Y luego lee Juan, con su enfoque en la deidad de Cristo, para asombrarte ante la persona y obra de Jesús mientras está en esta tierra en carne humana.

El pueblo del nuevo pacto

Entonces, ¿de qué trata el Nuevo Testamento? Primero que todo, Cristo, por medio de quien las promesas del Antiguo Testamento se cumplieron. Pero también trata acerca del pueblo de Dios: a quien Dios ha cumplido sus promesas.

Hasta la venida de Cristo, una relación con Dios fue mediada a través del sistema sacrificial establecido en la ley del Antiguo Testamento. Una persona no podía acercarse a Dios por sí misma, debía recurrir a los sacerdotes. Además, la presencia de Dios estaba vinculada primero y principalmente con el Tabernáculo y más adelante con el Templo de Jerusalén.

Pero la venida de Cristo inauguró una forma muy distinta de comunicarse con Dios el Padre. Jesús indica desde muy temprano en su ministerio que las cosas estaban a punto de cambiar. En Juan 2:19-22, enseña que los mecanismos de mediación entre Dios y el hombre ya no serían a través de sacrificios de animales en un templo físico ubicado en Jerusalén, sino a través de Cristo. El escritor de Hebreos nos ayuda a comprender cómo funcionaría esto cuando escribe en Hebreos 9:11-15:

«Pero estando ya presente Cristo, sumo sacerdote de los bienes venideros, por el más amplio y más perfecto tabernáculo, no hecho de manos, es decir, no de esta creación, y no por sangre de machos cabríos ni de becerros, sino por su propia sangre, entró una vez para siempre en el Lugar Santísimo, habiendo obtenido eterna redención. 13 Porque si la sangre de los toros y de los machos cabríos, y las cenizas de la becerra rociadas a los inmundos, santifican para la purificación de la carne, ¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo? Así que, por eso es mediador de un nuevo pacto, para que interviniendo muerte para la remisión de las transgresiones que había bajo el primer pacto, los llamados reciban la promesa de la herencia eterna».

Es esta obra de Cristo aplicada a todos los que se arrepienten de sus pecados y ponen su fe en él, la que establece a su pueblo del nuevo pacto, el pueblo de su sangre. Este pueblo es diferente del resto de la humanidad no por su similitud étnica o socioeconómica, sino porque ha sido redimido por la sangre del cordero y ahora experimenta lo que significa que la culpa de sus pecados haya sido borrada permanentemente.

Las Epístolas del Nuevo Testamento tratan acerca de comprender cómo es ser parte de este pueblo del Nuevo Pacto: por un lado, comprender la verdad de estas radicales noticias del evangelio y, por el otro, aprender a vivir como personas transformadas por el evangelio. En Romanos, vemos al pueblo de Dios instruido en la naturaleza de la fe salvadora. En 1 y 2 Corintios, Pablo enseña a una iglesia con problemas cómo vivir vidas santas en una cultura muy secular. En Gálatas, Pablo tiene muy claro lo que es el cristianismo en contraste con el legalismo. Efesios provee una teología hermosa y sucinta de la naturaleza y el propósito de la iglesia. En la carta a los filipenses, Pablo anima a los cristianos a regocijarse en Cristo y a aprender del ejemplo humilde de Cristo. Colosenses, si bien es parecida a Efesios, enseña las implicaciones de la supremacía de Cristo. Pablo enseña a los tesalonicenses cómo prepararse para la segunda venida. Las cartas de Pablo a Timoteo son la correspondencia más personal de las Epístolas, ya que Pablo anima a Timoteo y le da instrucciones acerca de qué buscar en los ancianos y diáconos. Pablo escribió a otro compañero en el ministerio en Creta llamado Tito, y una breve carta a Filemón, dueño de un esclavo fugitivo, instruyendo acerca de la vida cristiana y la iglesia de Cristo. El escritor de Hebreos nos ayuda a comprender cómo el antiguo pacto se relaciona con el nuevo. Santiago actúa como los Proverbios del Nuevo Testamento, dando instrucciones muy prácticas acerca de vivir como cristianos. Pedro, quien sería crucificado por seguir a Cristo, escribe a los primeros cristianos acerca de soportar sufrimientos y persecuciones. Juan escribe tres cartas además de su Evangelio, ayudando a los cristianos a batallar herejías primitivas de la naturaleza de Cristo y ayudándoles a entender lo que significa seguir obedientemente a Cristo. Y Judas, aunque es breve, advierte a los creyentes de los peligros de seguir a los falsos maestros.

Todas estas cartas son manuales de vida para el pueblo del nuevo pacto de Dios. Responden a la pregunta: «¿quiénes somos?», no una clase de pueblo éticamente consistente y moralmente superior, sino un pueblo que ha sido salvo solo por gracia, solo por la fe, solo en Cristo. Y nos ayudan a entender cómo es vivir la vida corporativamente, como la iglesia, en agradecimiento a esa salvación de una manera que proclame el carácter de Dios a un mundo expectante.

La nueva creación

Entonces, el Nuevo Testamento trata acerca de Cristo, de su nuevo pueblo del pacto, y acerca del cumplimiento final de sus promesas. Cristo enseña a sus discípulos a orar: «Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra». Desde el inicio del la creación, Dios ha tenido la intención de tener criaturas, hechas a su imagen, que lo adoren y representen correctamente. El pecado, y la justa ira de Dios contra el pecado, quebraron esta perfección. Sin embargo, la historia de la Biblia, la historia de esta Creación que vemos llegando a un fin por medio de Cristo, es que Dios establece un nuevo Reino que no solo reemplaza al Edén, sino que lo supera. Y así, el Nuevo Testamento culmina con una visión de este futuro.

La visión de Juan de la nueva creación futura en Apocalipsis ve al pueblo de Dios viviendo en la ciudad de Dios para siempre. Para citar a nuestro pastor: «El final será como el principio, solo que mejor. El huerto de Edén, de algún modo, será restaurado. Dios habitará con su pueblo. Toda la ciudad celestial presentada en Apocalipsis como un cubo perfecto, nos recuerda al Lugar Santísimo en el Tabernáculo del Antiguo Testamento. El Lugar Santísimo, que representaba la presencia de Dios en la tierra, también tenía la forma de un cubo. Sólo que ahora, este cubo celestial no está restringido a los sumos sacerdotes una vez al año, como en el antiguo Israel; todos los hijos de Dios entrarán en su presencia, ¡y viviremos con él para siempre!» (Message of the New Testament).

El Nuevo Testamento y toda la Biblia nos ayudan a comprender el pasado, a nosotros mismos y las vidas que vivimos hoy, el futuro y la manera en que debemos relacionarnos con Dios. Si has pensado que la Escritura solo aborda una de estas categorías, espero que continúes asistiendo a este seminario mientras descubrimos las inestimables riquezas de las promesas de Dios hechas y cumplidas en su Palabra.

Dios ha hecho promesas pródigas en el Antiguo Testamento. Actualmente, vivimos en esa brecha de la historia, durante el día del favor de Dios, pero antes de que él termine sus planes. Y así, en el Nuevo Testamento vemos claramente cómo Dios ha hecho de todas sus promesas un «sí» en Cristo. Y eso nos da fe para confiar en él mientras esperamos con apremiante expectativa la redención de nuestros cuerpos, de este mundo, y la última morada del hombre con Dios a la cual apuntan todas sus promesas. Esto es motivo de mucho gozo y es combustible para la fe.