Liderazgo

No puedes plantar una iglesia si no sabes lo que es una iglesia

Artículo
29.06.2017

Así que, estás pensando plantar una iglesia.

¿Qué piensas que necesitas? ¿El evangelio? Si. ¿Ser habilitado por el poder del Espíritu? ¿Una iglesia enviadora? Si. ¿Otros que vayan contigo? Si. ¿Algo de dinero? Probablemente. ¿Pero qué hay acerca de una eclesiología robusta?

La eclesiología no puede ser asumida o no debería ser considerada una distracción para la misión del plantador de iglesia. Tampoco puede ser un tipo de añadidura que incluyes aquí o allá según la necesidad. En cambio, la eclesiología debería informar, instruir, y aún ejercer la misión de plantar iglesias para la gloria de Dios.

En otras palabras: plantador de iglesias, necesitas una eclesiología robusta que se encuentre bien colocada antes de intentar comenzar a plantar una iglesia.

Una iglesia es más que una reunión de personas alrededor de un punto de predicación y cánticos. Hay líneas muy definidas que han sido dadas a nosotros por el Señor. Estas líneas distinguen a los cristianos del mundo así como ilustran una mejor ciudad en la cual todos viviremos por la eternidad. Debemos tomar el tiempo para pensar en estas líneas y cuidadosamente instituirlas para el bien de nuestros vecinos y la gloria de Dios.

Plantamos la iglesia Restauración aquí en el Distrito de Columbia en el año 2010. Permíteme dirigirte a través de cuatro de las preguntas que fueron útiles para nosotros conforme iniciamos nuestro trabajo.

  1. ¿Qué es una iglesia?

Suena ridículamente simplista, pero responder esta pregunta probó ser una de las cosas más útiles que hicimos.

¿Era nuestro estudio bíblico una iglesia? ¿Era la reunion de las personas con música y predicación una iglesia? ¿Cómo sabíamos que habíamos «tenido éxito» en plantar una iglesia?

Simplemente desglosando la palabra «iglesia» (ekklessia) en la Biblia aprendimos que la iglesia era un asamblea de «llamados».

También encontramos la definición clásica muy práctica. Esta definición requiere tres cosas antes de considerar una reunión de cristianos como una «iglesia».

  • La predicación apropiada de la Palabra de Dios (Proclamar el Evangelio)
  • La administración apropiada de las ordenanzas (Retrato del Evangelio)
  • Ejerciendo la disciplina de iglesia restauradora (Proteger el Evangelio)

Armado con esa definición y esas tres descripciones, sabemos que tanto nuestros objetivos como nuestros éxitos se parecen.

  1. ¿Quién forma parte de la iglesia?

La respuesta a esta pregunta pudiera parecer fácil excepto para aquellas advertencias en la Biblia de los falsos maestros, profesores que no perseveran, y aquellos que hacen cosas en el nombre del Señor pero nunca eran conocidos por Él. Por lo tanto, Él sabía que necesitábamos ser cuidadosos acerca de quien se identificaba con la iglesia.

Textos como Mateo 16:13-20 y 18:15-20 eran muy instructivos para nosotros. Nos ayudaban a ver la necesidad para definir apropiadamente tanto el mensaje del evangelio como los poseedores de ese mensaje atando y desatando a las personas según su doctrina y vida del evangelio.

Debido a esto, también pasamos mucho tiempo enseñando sobre el evangelio y lo que significaba vivir como un cristiano. Sólo después de hacer todo esto entonces comenzamos a darle la bienvenida a aquellos alrededor nuestro a la membresía de la iglesia que estábamos formando con oración (1 Corintios 12).

  1. ¿Quién toma las ordenanzas?

Una vez que la definición de una iglesia y las personas que hacen la iglesia es clarificado, comenzamos a discutir la relación entre la iglesia y las ordenanzas del bautismo (Mateo 28:19-20, Romanos 6:1-4) y la Cena del Señor (Marcos 14:22-25; 1 Corintios 11:17-33).

Las ordenanzas fueron dadas a la iglesia como señales o marcas de los embajadores del reino. Por lo tanto, sabíamos instintivamente no practicarlas hasta que nos hayamos convertido en iglesia.

El 28 de marzo de 2010 tuvimos una ceremonia donde miembros convinieron juntos en acuerdo con nuestra declaración de fe y pacto de iglesia. Otro hombre y yo fuimos subsecuentemente instalados como ancianos y sólo después de eso practicamos el bautismo y tomamos la Santa Cena juntos.

Puedes imaginar el gozo de aquellas 18 personas esa noche conforme nos reunimos y nos convertimos en iglesia. Eso por lo que habíamos estado orando, enseñando, y hablando por muchos meses finalmente se hizo realidad. Había sido plantada una iglesia, y Cristo era exaltado mientras otra reunión de cristianos era sacada del mundo a través de las líneas brillantes y valientes de la membresía, el bautismo y la Cena del Señor.

  1. ¿Cuál es mi trabajo como pastor?

Fuimos instalados como pastores porque nuestra gente había sido instruida sobre que buscar en las epístolas pastorales (1 Timoteo 3:1-7, Tito 1:5-9). Una vez que nos convertimos en iglesia y fuimos oficialmente llamados como pastores, tomamos nuestras indicaciones de Hechos 6:1-6 y 20:17-35.

Estos pasajes nos dijeron que la mayor parte de nuestro trabajo era predicar, orar, estar alerta ante los lobos, pastorear el rebaño, cuidarnos a nosotros mismos, cuidar nuestras familias y hacer discípulos. Hebreos 13:17 se destacó también en nuestra mente: responderemos a Dios por la manera como hemos dirigido a estas personas.

La Eclesiología es importante

Una clara eclesiología establecida desde el inicio definió nuestra orientación para la plantación de iglesia. Nos dirigió, motivó y mantuvo enfocados en el plan de Dios para estas personas. El trabajo era duro, y continúa siéndolo, pero nunca nos hemos arrepentido empuñando la Palabra de Dios en la difícil labor de plantar iglesias.

La eclesiología es una de las metodologías de Dios para gloria. No nos frena o desvía de la misión. En cambio, alimenta la misión de la iglesia sacando del mundo al pueblo de Dios. Pablo le escribió a una iglesia local y le dijo que ellos eran «luces… en medio de una generación incrédula y perversa» (Filipenses 2:15).

Plantador de iglesia, piensa ahora en estas preguntas. No esperes para instituir convicciones claras hasta que hayas reunido una multitud, sino ordénalas cuidadosamente a medida que avanzas. Explica a aquellos alrededor de ti lo que haces y lo que no haces, para que puedan estar informados por el bien de su comunidad y la gloria de Dios.