Clases esenciales: Masculinidad y Femineidad Bíblicas

Masculinidad y Femineidad Bíblicas – Clase 3: Masculinidad Bíblica (Parte 2)

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20.07.2017

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Clase esencial
Masculinidad y Femineidad Bíblicas
Clase 3: Masculinidad Bíblica (Parte 2)


[Ora]

I. Introducción

¿Has visto el sitio «El arte de la Virilidad»? Este sitio es un campo de entrenamiento para que los chicos aprendan a ser el hombre clásico. Tiene tutoriales sobre cómo atar una corbata, «cómo afeitarse como tu abuelo», cómo asar un filete, arreglar un coche, instalar una lavadora, o cómo tener una verdadera cita con una dama. Es un sitio popular, que revela que muchos hombres en nuestros días sienten que están mal equipados para estas habilidades supuestamente masculinas. Lamentablemente, eso es probablemente un reflejo de cómo muchos chicos no están aprendiendo estas lecciones de vida de sus propios padres (varones).

Pero un sitio como éste plantea otra pregunta. ¿Acaso la masculinidad trata principalmente de habilidades? Podríamos establecer un programa de «man scouts», como los boy scouts, pero para adultos, para enseñar a los chicos cómo usar apropiadamente un traje, encender una fogata y convertirse en un experto en reparaciones del hogar, y luego emitir certificados de masculinidad a todos los que completen el entrenamiento? O, ¿trata la masculinidad acerca de cierta imagen o estilo de vida—el tipo musculoso que le gusta el deporte, la caza y la supervivencia en el desierto? ¿Puede un poeta reflexivo, un maestro de guardería de edad avanzada o un estudiante universitario con discapacidad física ser totalmente masculino en nuestra cultura? En cualquier caso, puesto que el mundo ahora aprueba la orientación homosexual, la moda metrosexual y la identidad transgénero, ¿es anticuado y de mente cerrada incluso hablar de «masculinidad»?

Bueno, Dios ha revelado mucho acerca de quiénes somos como hombres y mujeres en su Palabra. La Biblia no trata principalmente de la masculinidad y la femineidad; trata principalmente de un Dios santo que redime por gracia a hombres y mujeres mediante la vida y el sacrificio del hombre perfecto, Su Hijo. Pero lo que estamos tratando de hacer en este curso es escuchar lo que la Biblia dice acerca de la masculinidad y la femineidad, porque lejos de ser oneroso o confuso, el diseño de Dios trae salud, paz y alegría a nuestras vidas.

Hoy, en nuestra segunda semana sobre masculinidad, queremos centrarnos en cómo la Biblia define principalmente la masculinidad según el carácter. No según las habilidades masculinas en la parrilla o en el garaje. No es un estilo de vida machista. Sino un carácter humilde, que toma iniciativas, que absorbe riesgos, que se sacrifica, que es responsable, generoso, protector, amoroso y que es como Cristo. Para los hombres que están hoy aquí, eso debería sonar como una buena noticia. Ser hombre no significa que tienes que adaptarte a algún estereotipo cultural que no coincide con la personalidad, los dones o el trabajo que Dios te ha dado. Pero en otro sentido, eso debería sonar a noticias muy duras. Porque el carácter no se puede comprar o descargar en un cursillo. No puede obtenerse siguiendo una fórmula simple. Sólo viene por conocer la gracia de Jesús y ser instruido día tras día por su Espíritu a través de la sabiduría de la Palabra de Dios.

Repasemos lo que vimos en las últimas dos semanas, y luego nos referiremos a este personaje que la Biblia dice tipifica la verdadera masculinidad.

II. Repaso

¿Puede alguien decirnos qué es lo principal que nos enseña Génesis 1 acerca del género? Vimos cómo Génesis 1: 26-27 dice que los hombres y las mujeres están hechos igualmente a imagen de Dios. En su propio ser o esencia, los hombres y las mujeres son creados por Dios con igual valor, igual importancia, igual consideración e igual dignidad. En cuanto a la igualdad en el valor, no hay superioridad o inferioridad entre los sexos.

¿Qué pasa con Génesis 2? Vimos que esta igualdad de esencia no niega la distinción en el rol. Y estas distinciones funcionales son parte del buen orden creado por Dios, no las distorsiones pecaminosas resultantes de la caída.

Luego dijimos de Gen 2-3 que la masculinidad bíblica implica tanto autoridad como responsabilidad. Más adelante en esta clase, nos centraremos en cómo esa autoridad y responsabilidad se viven especialmente en el hogar y en la iglesia. Entonces, ¿de dónde sacamos esa idea de autoridad y responsabilidad?

  • Adán era el primogénito, que en la Escritura implica autoridad (Ej.: Israel – Éxodo 4:22, o Jesús en Col. 1:15).
  • El Señor trajo todas las aves y los animales al hombre, de modo que ellos respondieron a Adán, y él fue el encargado de nombrarlos. Así que, esto implica la autoridad de señorío.
  • Esta maravillosa mujer creada por Dios sería llamada «complemento» (HCSB), o «ayuda idónea» (NVI), o «ayuda ideal» para Adán, y a Adán se le daría la autoridad de llamarla Eva.
  • Todo esto sería desafiado en Gn. 3, ya que Satanás puenteó al líder en la relación con la esperanza de poder seducir a Eva, y de que a su vez, ella pudiera influenciar a Adán a desobedecer, invirtiendo el orden creado por Dios.
  • Luego, Dios, en primer lugar, responsabiliza a Adán por lo que sucedió allí en el huerto, enfatizando más su liderazgo y autoridad.
  • ¿Dónde ejercen los hombres esta autoridad y responsabilidad? Génesis 2:15 — Adán las ejerció en el huerto. ¿Y cuál es el huerto para nosotros? El mundo, sea cual sea la esfera en la que Dios haya puesto al hombre: su iglesia, familia, vecindario y lugar de trabajo.

¿Y cómo deben ejercer los hombres esta autoridad y responsabilidad? Debemos «trabajar » y «guardar», o «vigilar». ¿Qué significa eso? «Trabajar» significa dedicarnos a cultivar, nutrir, crecer, y «cuidar», es proteger y preservar. No sólo cosas, sino personas. La masculinidad no comienza y termina cuando un chico ficha al entrar y salir del trabajo− implica todas sus relaciones. (¡Lo que significa que esto se aplica tanto a hombres solteros como casados!)

La imagen del hombre en Génesis es la de un líder y siervo, bajo la autoridad de Dios, cumpliendo su mandato de trabajar y guardar todo lo que se le confía.

¿Alguna pregunta o comentario?

Entonces, ¿qué aspecto tiene el carácter masculino? Vamos a trabajar con una definición de la masculinidad bíblica de John Piper y Wayne Grudem extraída del libro Recovering Biblical Manhood and Womanhood [Recuperando la masculinidad y femineidad bíblicas]. Al hacerlo, permíteme que anime a las damas que están aquí a que no se vayan. Utiliza lo que aprendas como una manera de animar a los hombres de tu vida cuando los veas ejemplificando cualidades masculinas piadosas (padre, hermano o amigo). Considera la posibilidad de tomar este perfil y utilízalo como una guía de oración para orar por los hombres que conoces.

Señoras, esta clase puede ser un reto al recordar cómo los hombres en sus vidas no han cumplido con los estándares de Dios, a veces de maneras trágicas. Si es así, entonces según vamos por la vida, sabemos que nuestra esperanza final nunca está en cómo nos tratan los demás, sino en un Dios bueno y misericordioso que venda a los quebrantados y da reposo a los cansados a través del hombre perfecto, Su Hijo. Por tanto, oro para que si hay recuerdos dolorosos evocados por lo que estamos estudiando, el Señor te permita poner tu corazón y mente en Cristo.

Así que, si quieres un buen resumen de la enseñanza de hoy, sería esto: La esencia de la masculinidad bíblica es un sentido de responsabilidad benevolente para liderar, proveer y proteger a las mujeres de formas que sean apropiadas en las diferentes relaciones del hombre.

Primero, considera esa frase, «un sentido de responsabilidad benevolente». La masculinidad bíblica es autoconsciente. Implica la actitud de un hombre hacia las mujeres, aún cuando en sus circunstancias no pueda actuar regularmente en ese sentido de responsabilidad — [Por ejemplo, un hombre que presta servicios en el ejército estará limitado en su responsabilidad normal, si está en combate o trabajando en el mar. Sigue siendo una postura «benevolente», pues está buscando el bien de las mujeres a través de un servicio sacrificial.] Y es una gran mayordomía dada por Dios por la cual él hará responsables a los hombres. ¿Pero responsables de qué? Vamos a entrar en el resto de la definición, empezando por:

A. «…LIDERAR…»

En las Escrituras, el hombre está llamado a dirigir. Dios dio a Adán órdenes con la expectativa de que él llevaría a Eva a obedecer y a adorar a Dios. Luego estableció un patrón de liderazgo masculino a través de los sacerdotes y reyes de Israel en el Antiguo Testamento. Jesús enseñó a sus discípulos a ejercer el liderazgo por medio del servicio. El marido es llamado la cabeza de su mujer en Ef. 5. A los hombres se les confía la autoridad de liderazgo en la iglesia en 1 Ti. 2 y 1 Co. 11. Así que, lo primero es lo primero: Ser hombre es recibir con agrado el manto [o la responsabilidad] del liderazgo.

Entonces, ¿cómo es un líder masculino? Si tienes una Biblia, ábrela en 1 Timoteo 3. Creo que aquí es útil ir a 1 Timoteo 3 y ver qué tipo de rasgos son necesarios para los ancianos, los hombres que dirigen en la iglesia local. Observarás que aparte de las calificaciones de que debe ser «capaz de enseñar» y «no un recién convertido», estas cualidades no tienen que ver con el tamaño de los músculos de un hombre o la extensión de su currículum, sino con su carácter, su piedad. De hecho, ya que esta lista define el carácter de un anciano, es una buena descripción de la masculinidad bíblica en general, y todos los hombres harían bien en aspirar a cumplir con esta descripción, incluso si nunca sirven como ancianos en un sentido formal. Empezando en el v. 1, Pablo escribe, «Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad».

La experiencia de la gente hará que piensen cosas muy diferentes cuando escuchen que los hombres están llamados a «liderar». De manera que, intentemos entender lo que queremos decir con una serie de afirmaciones clarificadoras sobre el significado del liderazgo bíblico masculino.

  1. La masculinidad bíblica no se expresa en la exigencia de ser servido, sino en la fortaleza de servir y sacrificarse por el bien de otros.

Jesús dijo en Lucas 22:26, «sea el mayor entre vosotros como el más joven, y el que dirige, como el que sirve». El liderazgo no es un comportamiento exigente. Lamentablemente, muchos líderes hoy usan a los que están a su cargo para su propio beneficio (y si eso te ha sucedido alguna vez, por favor entiende que NO es piadoso). Pero si el objetivo del liderazgo es ayudar a otros en su camino hacia la santidad y el cielo, el líder tendrá el santo aroma del cielo—el comportamiento de Cristo. Por eso, inmediatamente después de decir que «el marido es la cabeza de la mujer como Cristo es la cabeza de la iglesia» en Efesios 5, Pablo dice, «Maridos, amad a vuestras mujeres como Cristo amó a la iglesia y se entregó por ella para santificarla» (Efesios 5:23, 25). Por tanto, cualquier hombre que utilice la palabra «someter» como una especie de «carta ganadora» en el matrimonio con el único fin de salirse con la suya, ha malinterpretado drásticamente lo que significa ser un líder servicial. Los hombres deben liderar, pero lo hacemos teniendo en mente la prosperidad de los demás.

Pensemos de nuevo en Jesús que lideró a su esposa a la santidad y al cielo en la cruz. Aunque parecía débil según la definición del mundo de lo que es el poder, mostró una fuerza infinita rechazando la comprensión del mundo de lo que es el poder y encarnando el liderazgo servicial. Al igual que Jesús, los hombres bíblicos usan su liderazgo no para ganar la vida, sino para darla.

  1. La masculinidad bíblica no tiene que iniciar cada acción, pero siente la responsabilidad de proveer un patrón general de iniciativa.

Para los solteros esto significa que la masculinidad bíblica es evidenciada por la toma de iniciativa con tus amistades o compañeros, para garantizar que Dios es honrado en tu hogar y en tus relaciones. Para asegurarte de que lo que estás viendo en el ordenador, o los chistes groseros, o un patrón de pérdida de tiempo no está siendo ignorado sino abordado.

De acuerdo, ¿y qué pasa con aquellos hombres que son esposos y padres?  Bueno, esto significa que en un entorno familiar, el marido no necesita (y no debería) pensar y planificar todo, sino que debe asumir la responsabilidad general de iniciar y llevar a cabo la planificación espiritual para la vida familiar.

Habrá muchas veces y muchas áreas en los detalles de la vida diaria donde la esposa planeará e iniciará numerosas cosas dentro de la casa y la familia .Pero es probable que un esposo flaquee en sus responsabilidades de liderazgo si la esposa en general—sistemáticamente—tiene que tomar la iniciativa de llevar a la familia a la iglesia, reunir a la familia para los devocionales y decidir qué normas morales se requerirán de los niños. ¿Te acuerdas de lo que dijo Josué cuando Israel estaba reunido mientras los exhortaba a permanecer fieles a Dios? Dice en Josué 24:15b: «Pero yo y mi casa serviremos a Jehová». Por supuesto, en situaciones donde el esposo y el padre no son creyentes, la esposa tendrá que asumir más liderazgo espiritual, y es necesaria mucha sabiduría para ese tipo de situaciones (si eres una mujer que está casada con un incrédulo, por favor, sabes que puedes buscar consejo y aliento en otros).

  1. La masculinidad bíblica acepta la carga de la última palabra en los desacuerdos entre el líder y el dirigido, pero no presume usarla en todos los casos.

Los hombres suelen caer en uno de los dos extremos cuando se trata del liderazgo. El primero es ser opresivo y exagerado. El segundo es ser pasivo y apático. Y AMBOS, son perversiones peligrosas del liderazgo bíblico.

En el matrimonio y la familia, el esposo es quien debe responder a Dios por la dirección de la familia, por lo que debe ser consciente de la responsabilidad que el Señor le ha dado y ejercerla. Esto amerita que el hombre sea valiente en asumir el liderazgo, y que la mujer también lo sea para confiar en su marido, y en última instancia, confiar en Dios para que obre a través de su marido.

Ahora bien, ¿significa esto que un marido siempre debería tomar todas las decisiones por sí mismo? No… Eso estaría mal, porque Dios le ha dado al hombre un ayudante en su esposa. Lo que significa, que… Hombres, ¡necesitamos ayuda! Por tanto, sé que en mi casa, Dios me ha llamado a ser la cabeza de mi esposa y de mi familia… pero no me engaño con el espejismo de que lo tengo todo resuelto. [Buen lugar para una rápida ilustración autocrítica…]

  1. Por último, debemos señalar que el llamado bíblico al liderazgo es un llamado al arrepentimiento y a la humildad.

Cada hombre debe humillarse ante Dios en lamento por sus fracasos pasados y por la tendencia permanente a eludir sus responsabilidades o a sobrepasarlas. 1 Pedro 5:6: «Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que él os exalte cuando fuere tiempo». Para ser un líder, el hombre primero debe ser humilde y reconocer que NO TIENE la sabiduría o autoridad para dirigir. Dios es quien da a los hombres la autoridad y la sabiduría y luego nos equipa con su Palabra y Espíritu.

B. «…PROVEER…»

Pasemos ahora a la siguiente palabra: «Proveer».

En 1 Timoteo 5:8 encontramos una fuerte declaración acerca de la necesidad del hombre de proveer para su familia: «si alguno no provee para los suyos, y mayormente para los de su casa, ha negado la fe, y es peor que un incrédulo». Sin embargo, ¿no es una bondad de Dios dar a los hombres esta vocación? Porque al proveer para aquellos de quienes es responsable, el hombre refleja la provisión de Dios de todo lo que necesitamos para la vida y la piedad.

Ahora bien, este aspecto de la masculinidad se aplica con mayor intensidad en el hogar. La responsabilidad de un esposo de proveer no significa que sea malo que una esposa ayude a obtener ingresos. Proverbios 31 retrata a una esposa con amplias habilidades que se extienden tanto dentro de la esfera del hogar como también en los negocios fuera de éste. A lo que queremos llegar es a esto: Cuando no hay pan en la mesa, es el marido el que debe sentir la presión principal de proveerlo. No se está cuestionando si una esposa puede trabajar fuera. Por supuesto que es capaz; el asunto es si debe o no, si el trabajo fuera de casa le ayudará en su vocación de nutrir a su familia o si compromete su capacidad para cumplir con ese llamamiento. Y eso es lo que un hombre debe ayudar a reflexionar a su familia, para el beneficio de la casa entera (entendiendo totalmente que cada hogar tendrá diferencias únicas). Abordaremos esto mucho más en las próximas semanas.

Fuera del matrimonio, la aplicación de este versículo podría significar que un hijo o hermano o tío o abuelo da un paso adelante y provee económicamente para los familiares que necesitan ayuda. Podría significar proveer económicamente, o cortar el césped, o limpiar el desagüe de una viuda anciana dentro de la iglesia. Definitivamente significa asumir la responsabilidad de pagar la cena cuando un chico quiere salir con una chica.

La noción es que cuando un hombre puede ser útil materialmente de una manera apropiada, debe ser sensible a esas oportunidades y tomar la iniciativa para actuar en ellas.

C. Pasemos a la siguiente frase: «. . .Y PROTEGER. . .»

Cuando Dios condenó a los «pastores » o líderes de Israel en Ezequiel 34, los reprendió por no proteger a sus ovejas. Él dijo, «No fortalecisteis las débiles, ni curasteis la enferma; no vendasteis la perniquebrada, no volvisteis al redil la descarriada, ni buscasteis la perdida, sino que os habéis enseñoreado de ellas con dureza y con violencia. Y andan errantes por falta de pastor, y son presa de todas las fieras del campo, y se han dispersado. Anduvieron perdidas mis ovejas por todos los montes, y en todo collado alto; y en toda la faz de la tierra fueron esparcidas mis ovejas, y no hubo quien las buscase, ni quien preguntase por ellas» (Ez. 34:4-6).

Los hombres deben quedar advertidos por este ejemplo. Digamos que un hombre y una mujer (su esposa, o su hermana o una total desconocida) están caminando por la calle y alguien viene y los amenaza, ¿qué debería hacer el hombre? ¿Debería esconderse detrás de la mujer? No… La masculinidad bíblica siente una responsabilidad natural, dada por Dios, de avanzar y ponerse entre la amenaza y la mujer. ¿Por qué? No porque las mujeres sean inherentemente más débiles físicamente, o cobardes morales. Sino porque los hombres están diseñados para proteger a otros de manera sacrificial. Él tiene una conciencia de su responsabilidad de guardarla porque él es un hombre y ella es una mujer. Esto viene de un «profundo sentido de aptitud honorable» en la forma en que Dios creó las cosas. Esta protección no se limita solamente al peligro físico. Los hombres en el hogar deben tratar primero de proteger el bienestar espiritual de su familia. Los líderes masculinos de la iglesia guardan la doctrina de la congregación al equipar a los miembros para que conozcan la verdad.

Y esta protección es exactamente lo que Cristo ha hecho por su esposa. Él se ha interpuesto entre nosotros y Dios, para soportar la ira de Dios por nosotros.

Así que, ya sea protegiendo a una mujer arriesgando su vida o simplemente o resguardando su seguridad al acompañarla a su coche o a casa después de la iglesia… Los hombres siempre deberían tener presente cómo deberían proteger a las damas a su alrededor.

D. «…A LAS MUJERES…»

Eso nos lleva a la siguiente palabra en la definición: «liderar, proveer y proteger a las mujeres».

Ahora bien, cuando definimos el carácter masculino, podríamos centrarnos en el llamado a trabajar y cuidar el huerto (Edén), a dirigir en la iglesia, o a muchos otros ámbitos que no se relacionan directamente con las mujeres… Pero hemos elegido enfocarnos en la forma en que los hombres se relacionan con las mujeres porque creemos que nos ayuda a comprender el objetivo primordial de la Biblia en lo que significa ser un hombre. Los hombres deben liderar y amar a las mujeres en formas que glorifiquen a  Dios. Y es en las relaciones entre los hombres y las mujeres donde veremos más claramente los distintivos masculinos.

Por tanto, nuestra definición incluye la palabra «mujeres». No usamos la palabra «esposas» porque un hombre no se convierte en hombre al casarse. La masculinidad y la femineidad están arraigadas en lo que somos por naturaleza. Los hombres tienen un sentido básico en el cual se sienten responsables de liderar, proveer y proteger a las mujeres en general, no sólo a sus esposas o familiares. Ahora, la forma en que el hombre se relaciona con su esposa, con quien comparte su corazón, será diferente de la forma en que se relaciona con una extraña a la que simplemente le abre la puerta. Esto nos lleva a nuestra última frase.

E. «…DE FORMAS QUE SEAN APROPIADAS EN LAS DIFERENTES RELACIONES DEL HOMBRE…»

Los hombres y las mujeres tienen todo tipo de relaciones. Estas diferentes relaciones traen diferentes tipos de responsabilidades. El contexto de sus relaciones ayudará a determinar las formas apropiadas en que los hombres y las mujeres se relacionan entre sí. Así, un esposo y una esposa tendrán diferentes responsabilidades entre sí que dos miembros de la iglesia del sexo opuesto. Un anciano y una mujer miembros de la iglesia se relacionan de manera diferente que un hermano y hermana biológicos. Hay diferentes responsabilidades para la forma en que los hombres se relacionan con las mujeres en los negocios, el gobierno, la amistad, el vecindario, el cortejo y el compromiso.

Tratar de averiguar exactamente cómo hacer esto puede ser confuso porque vivimos en una cultura que sobre-sexualiza todo y al mismo tiempo trata de borrar la línea entre lo que significa ser hombre o mujer. Habrá diferentes tipos de liderazgo, provisión y protección en diferentes situaciones, y tendremos una clase entera más adelante pensando en cómo esto se desarrolla especialmente a medida que vivimos y trabajamos en el mundo secular.

Por ahora, es útil señalar que como la iglesia es la familia o el hogar de Dios, dentro del cuerpo de Cristo, nuestras relaciones entre hombres y mujeres deben tener un carácter de familia. Pablo le dice a Timoteo, un hombre más joven, 1Ti. 5:1-2: «No reprendas al anciano, sino exhórtale como a padre; a los más jóvenes, como a hermanos; a las ancianas, como a madres; a las jovencitas, como a hermanas, con toda pureza». Chicos, ¿tenéis padres y madres en la iglesia a los que respetáis y a los que acudís? ¿Hay algún hermano menor por el que estás asumiendo la responsabilidad de ser su mentor? ¿Sería «fraternal» una manera apropiada de describir tus relaciones con las mujeres en el cuerpo? Te animo a hacer un inventario de tus relaciones y a ver si encajan con este carácter familiar. Si no, Dios te llama a un cambio en oración y humildad.

Esa es nuestra definición práctica de la masculinidad bíblica: La esencia de la masculinidad bíblica es un sentido de responsabilidad benevolente para liderar, proveer y proteger a las mujeres de formas que sean apropiadas en las diferentes relaciones del hombre. Es la imagen de un pastor. Piensa en Moisés, el pastor-líder; David, el pastor-rey; Cristo, el buen pastor que vino a dar su vida por las ovejas. Uno que guía, cuida, apacienta y protege. Como el Señor en el Salmo 23, uno que lleva a otros a pastos verdes y a aguas tranquilas.

IV. Conclusión: Dos hombres

Ahora bien, no estoy seguro de cómo se sienten los hombres acerca de todo esto, pero te diré que en la preparación de esta lección fui condenado continuamente por las maneras en las que no he sido fiel como un hombre en mi familia, mi trabajo, mis relaciones en la iglesia. Sospecho que la mayoría de los hombres pueden identificarse con esto.

Algunos de nosotros hemos descuidado a nuestras esposas pasando demasiado tiempo viendo la televisión o trabajando en proyectos o dedicados a nuestros hobbies. Algunos de nosotros somos propensos a ser perezosos y pasivos. Otras veces podemos ser manipuladores y ásperos. Algunos de nosotros somos demasiado arrogantes o dominantes. Algunos, como yo a veces, simplemente se han entregado tanto a su trabajo o estudios, por lo que la casa se está cayendo debido a la falta de cuidados.

Algunos hombres que son solteros han actuado egoístamente en la forma en la que han pensado de las mujeres. Algunos han sido pecaminosamente pasivos y han ignorado las oportunidades de proveer y proteger a los demás a su alrededor. Algunos han olvidado lo que significa para nosotros relacionarnos con nuestras hermanas en Cristo con pureza. Todos nosotros hemos pecado y hemos faltado en nuestro liderazgo.

Pero la Biblia contrasta a dos hombres. El primer Adán fue creado para administrar la creación de Dios, para proporcionar liderazgo a su esposa, obedeciendo los mandamientos de Dios. Y fracasó. El segundo Adán fue el hombre perfecto que sirvió sacrificialmente, usó su autoridad para el bien, dio su vida por su esposa y obedeció completamente los mandamientos de su Padre.

Jesús muestra perfectamente la masculinidad bíblica en la que Adán, sin importar lo mucho que pudiera levantar pesas en el gimnasio o cuánto dinero ganara, no cumplió con el diseño de Dios para la masculinidad.

Así que, cuando fracasemos como el primer Adán, miremos al segundo que tanto perdona nuestros pecados, y nos da poder en nuestra debilidad y egoísmo, para amar y liderar como él.

Escucha esta bendición de Hebreos: «Y el Dios de paz que resucitó de los muertos a nuestro Señor Jesucristo, el gran pastor de las ovejas, por la sangre del pacto eterno, los haga aptos en toda obra buena para que hagáis su voluntad, haciendo él en vosotros lo que es agradable delante de él por Jesucristo; al cual sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén». (He. 13:20-21).

Oremos.