Clases esenciales: Masculinidad y Femineidad Bíblicas

Masculinidad y Femineidad Bíblicas – Clase 11: Objeciones al Complementarismo

Artículo
20.07.2017

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Clase esencial
Masculinidad y Femineidad Bíblicas
Clase 11: Objeciones al Complementarismo


Introducción

Durante las últimas 10 semanas hemos estado observando detalladamente el tema de la masculinidad y la femineidad como se enseña en toda la Biblia. Este es un tema difícil, porque nuestro mundo está lleno de malentendidos acerca del regalo de Dios del género. Aunque el feminismo ha dado lugar a maravillosos beneficios para las mujeres, tales como el sufragio, la educación y los derechos de propiedad, también ha etiquetado la visión de la Biblia de la masculinidad y la femineidad como «irremediablemente patriarcal». Nuestra era post-feminista ve el género como algo que NO es dado y bueno, sino artificial, maleable.

Aunque amamos y respetamos a nuestros prójimos que entienden el género de manera diferente, esta clase ha buscado presentar la visión bíblica. Hemos visto nuestra base teológica desde el relato de la creación en Génesis 1-2, donde encontramos que ambos, los hombres Y las mujeres, fueron creados a imagen de Dios. De manera que, por su esencia misma, los hombres y las mujeres son creados iguales en valor, utilidad, dignidad e importancia. También se encuentra en el relato de la creación, que Dios ha creado a los hombres y a las mujeres con igual valor, pero han sido divinamente dotados de roles únicos y distintos para vivir. En consecuencia, estos roles deben desbordarse en cada aspecto de sus vidas, y deben ser desempeñados en una disposición que sea apropiada a las diferentes relaciones en las que se encuentren (Por ejemplo: Aplicable a solteros, casados, la iglesia local y el lugar de trabajo). Esta visión se denomina «complementarismo», porque dice que los diferentes roles de los hombres y las mujeres se complementan entre sí. Somos gloriosamente iguales, y aún así, maravillosamente distintos.

Pero no todos coinciden. Así que, en la clase de hoy, consideraremos una serie de objeciones a la enseñanza de la Biblia, divididas en dos grandes categorías —objeciones bíblicas, es decir, basadas en textos particulares bíblicos, y luego objeciones más generales. No todos los conceptos y respuestas son nuevos para nosotros en este curso, pero a veces es necesario cristalizar nuestros pensamientos en respuestas concisas, tanto para nuestros propios fines como para fines de responder a otros. Aquí vamos.

Objeciones Bíblicas (Cuando se dé una cita bíblica, búsquenla en sus biblias).

1. En Ef. 5:21, Pablo dice que los cristianos deben «someterse unos a otros». ¿No enseña la Biblia la sujeción mutua? ¿Y no nos libra eso de cualquier idea de que el hombre es la cabeza?[1]

Los cristianos deberían someterse unos a otros, tal como dice Pablo. De hecho, es propio de los cristianos considerar a otros como superiores a ellos mismos (Filipenses 2:3), y servirse mutuamente. La cuestión aquí es si esa clase de amor y humildad cristiana aplasta o niega el resto de las distinciones en el rol.

Primero, no creo que lo haga, y claramente tampoco lo hace Pablo. (¡La razón principal es el contexto!) «someterse» es un participio, que significa que es una descripción de lo que Pablo enseña que caracterizará al creyente sabio y lleno del Espíritu (v.15, 18). Y el v.21 sirve como una especie de encabezado que introduce la siguiente sección 5:22–6:9). Luego Pablo continua explicando el liderazgo y la sumisión en tres relaciones distintas––esposo/esposa (vv.22-23), padre/hijo (6:1-4), y amo/siervo (6:5-9). Como una cuestión de contexto y exégesis, la sumisión general de la que se habla en el 5:1 establece las discusiones más específicas que le siguen – no las deja a un lado.[2]

Así, una mejor forma de entender Efesios 5:21 significa «someterse a otros de acuerdo a la autoridad y el orden establecidos por Dios».

2. ¿En 1 Ti. 2:12, no está Pablo prohibiendo que las mujeres usurpen la autoridad o la ejerzan de una forma dañina o abusiva? ¿No permitiría esto entonces que las mujeres ejerzan autoridad positivamente, o al menos bajo la autoridad delegada de los ancianos?

La primera parte de esta pregunta se relaciona con el significado del verbo griego traducido como «ejercer autoridad». Es decir, ¿está Pablo prohibiendo a las mujeres el uso correcto de autoridad, o simplemente está prohibiendo un uso de autoridad pecaminoso y dañino? Las personas que alegan lo segundo (que prohíbe una autoridad usurpadora y errónea), dicen que el texto prohíbe tal autoridad abusiva, pero deja abierto a las mujeres el uso correcto de autoridad. Y se ha vuelto más pertinente en los últimos días, porque la versión actualizada de la NVI 2011 en inglés ya no dice: «No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él», sino «No permito que la mujer enseñe al hombre y asuma autoridad sobre él». Entonces la NVI actualizada sugiere que sólo la autoridad asumida (¿usurpada?) es lo que Pablo está prohibiendo.

A primera vista, esto parece una pregunta difícil, porque la palabra griega sólo se usa sólo una vez en el N.T., y es justo aquí. Lo que entonces hay que hacer, es buscar literatura extra-bíblica, y ver si eso arroja alguna luz. Te ahorraré todos los laboriosos detalles. Lo que se ha puesto de manifiesto durante los últimos años después de extensos estudios de palabras es que no hay una instancia del verbo[3] que se use negativamente en o alrededor del tiempo del N.T. Ni una.[4]

Pero el verdadero problema es este. La conjunción griega «o» cuando es usada en la Biblia, o en la literatura griega fuera de la Biblia, siempre conecta verbos de la misma connotación. O bien conecta dos ideas negativas «donde los ladrones no minan o hurtan» (Mateo 6:20), o dos ideas positivas. Pero nunca una idea positiva con una negativa. Y nadie discute que «enseñar» es una connotación positiva, ya que se emplea a lo largo de 1 y 2 Timoteo. De modo que, si enseñar es positivo, entonces ejercer «autoridad» también debe serlo. Y por ahí va la lectura de la «autoridad usurpadora» o la «autoridad abusiva y dominante».

¿Qué hay de las mujeres que enseñan bajo la autoridad delegada de ancianos? ¿Donde una mujer no puede ostentar el oficio de pastor, pero sí puede predicar bajo la instrucción de su pastor? Es simplemente muy claro en el contexto, que Pablo no está hablando del oficio (que viene después en el capítulo 3) sino de la función de enseñar y ejercer autoridad. El hecho de que la enseñanza es «delegada» no depone de algún modo el mandamiento de Pablo aquí en 1 Ti. 2:12.[5] Especialmente porque, mientras sigues leyendo, él basa su argumento en la creación, que siempre es vinculante y transcultural. Habla a la norma creativa de Dios, que no es algo que podemos dejar a un lado por conveniencia personal, o ajustar para dejar escapar un poco la presión, como una válvula de liberación cultural.

¿Pueden las mujeres enseñar? Sí, ¡y pueden ser maestras excepcionales! ¿Deberían enseñar? Absolutamente. Necesitamos desesperadamente mujeres que enseñen en todos los tipos de contextos.

De hecho, ya cubrimos varios versículos en las Escrituras que de manera explícita o implícita enseñan esto:

  • Tito 2:3-4> Las ancianas deben «enseñar lo bueno y aconsejar a las jóvenes a amar a sus esposos y a sus hijos».
  • Proverbios 31:26> La mujer virtuosa es descrita de tal forma que, «Cuando habla, lo hace con sabiduría; cuando instruye, lo hace con amor».
  • Proverbios 1:8 > Al hijo se le ordena «Hijo mío, escucha las correcciones de tu padre y no abandones las enseñanzas de tu madre».
  • Efesios 4:15 > Pablo instruye a TODOS los creyentes (hombres y mujeres) a «vivir la verdad con amor», mutuamente para su madurez espiritual.

Pero, ¿deberían enseñar en los distintos ambientes de la asamblea pública de la iglesia? No, según Pablo (ve 1 Timoteo 3:15). Y ni por un momento eso las hace menos valiosas o dignas como resultado.

3. ¿Acaso Gálatas 3:28 no elimina el género como base para la distinción de roles en la iglesia?

[Lee]  «Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer; porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús».

Es cierto que Gálatas 3:28 está dispensando las distinciones de género—pero sólo en un contexto específico. Gálatas 3:28 afirma la total igualdad de los hombres y las mujeres en Cristo, como dice el texto. La frase en «en Cristo» se refiere a la unión pactal de todos los creyentes en el Señor. Pablo está diciendo que en el contexto de la salvación, del cual trata Gálatas 3, la justificación de los pecadores es por fe separada de las obras. Y las  grandes divisiones que están presentes en la sociedad son borradas. El judío y el gentil, el esclavo y el libre, el hombre y la mujer no son salvos de diferentes formas, tampoco heredan diferentes promesas de Dios. No importa cuál sea tu origen étnico, sexo o posición social, la salvación es sólo por fe y sólo se encuentra en Cristo.

Pero Pablo no está eliminando todas las distinciones. Después de todo, él aún puede hablarle a los judíos y gentiles como judíos y gentiles, y a los esclavos y dueños como esclavos y dueños—y a los hombres y las mujeres como hombres y mujeres.

4. ¿No enseñó Priscila a Apolos en Hechos 18:26? ¿No muestra eso que la iglesia primitiva no excluía a las mujeres del oficio de enseñanza de la iglesia?

Claro que Priscila ayudó a enseñar a Apolos. De nuestro estudio en 1 Timoteo 2 y Tito 2, las mujeres deben aprender y enseñar a otros, contrario a las prácticas judías y greco-romanas de la época. Nada en nuestra comprensión de la Escritura dice que cuando un esposo y su mujer visitan a un no creyente (o a un creyente confundido, o a cualquier otra persona), la esposa debe permanecer en silencio. En situaciones como esa, no hay razón por la cual la mujer no debería participar en esa conversación e instrucción.

Pero es erróneo concluir que la tutoría privada de Priscila a Apolos con su esposo significa que las mujeres ahora deberían ocupar el cargo público de anciano. Hechos 18 simplemente no está abordando el oficio de anciano/pastor. Para eso vamos a 1 Timoteo 3, Tito 1 y 1 Timoteo 2 – estos textos y otros enseñan que el oficio de enseñanza de un anciano/pastor es dado por Dios –y sólo a aquellos hombres que están calificados para ello.

5. ¿No crees que todos estos textos que hemos estudiado son simplemente un compromiso temporal con el estado actual cultural, mientras que la verdad principal de la Escritura se inclina hacia la nivelación de los roles de género?

Es verdad que la Escritura a veces busca regular relaciones indeseables sin condenarlas como ideales permanentes. Así, por ejemplo, Jesús dijo a los fariseos «Por la dureza de vuestro corazón Moisés os permitió repudiar a vuestras mujeres; mas al principio no fue así» (Mateo 19:8). Lo mismo se puede decir de la instrucción de Pablo a los esclavos de obedecer a sus amos, aún cuando Pablo deseaba que cada esclavo fuera recibido por su amo «no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado» (Filemón 1:16).

Habiendo dicho eso, no podemos entender que los roles de género estén en esta misma categoría. ¿Por qué? Debido a que, por algo, las distinciones de los roles de las que hemos estado hablando están basadas en el orden creado, antes de la introducción del pecado. De esta manera, el impulso redentor de la Biblia no apunta en absoluto a abolir el liderazgo masculino y la sumisión femenina, sino más bien, a redimirlos. (Repite) También, y quizá con toda claridad, la Biblia no contiene ninguna condena por amar el liderazgo ni da ningún estimulo para abandonarlo.

*Nos detendremos por un momento para algunas preguntas/comentarios que pudieras tener*

6. ¿Qué hay del liderazgo de Débora en el libro de Jueces? ¿Eso no socava la comprensión complementaria de los roles de género?

Esta es una pregunta significativa, ya que los críticos del complementarismo regularmente señalan a Débora como el contraejemplo.

Primero, debemos afirmar que las mujeres desempeñan roles religiosos significativos e incluso a veces roles de liderazgo en la Biblia. Pero considera dos cosas. En primer lugar, la mayoría de los ejemplos de liderazgo femenino aparecen en roles distintos a los de la más alta autoridad humana religiosa. Aunque hay profetizas en el Antiguo y Nuevo Testamento, no hay mujeres que sean sacerdotes, jefas de tribus, reinas (2 Reyes 11 – Atalía usurpó erróneamente el trono), apóstoles, o ancianas. La Biblia proporciona un claro patrón de liderazgo masculino.

Segundo, Débora, que era profetiza y jueza, es la notable excepción (cf. Jueces 4-5). Sin embargo, los acontecimientos registrados en el libro de Jueces no están ilustrando el ideal de Dios para su pueblo. Jueces es un trágico ciclo de un error tras otro. De hecho, el libro de Jueces podría ser destacado por el siguiente versículo «Cada uno hacía lo que bien le parecía» (Jueces 17:6b; 21:25b). Dado el horroroso estado espiritual de Israel, la judicatura de Débora es registrada no como una aprobación del liderazgo femenino, sino más bien, para mostrar cuán lejos se había desviado Israel del diseño y los propósitos de Dios. Leído apropiadamente en contexto, el rol de Débora como jueza sirve como la acusación de Dios a Israel. El hecho de que Barac (un hombre) vea la gloria de la batalla ir a una mujer (Débora) por su renuencia a seguir fielmente a Dios, sólo subraya este punto.

No deberíamos de ninguna forma despreciar o ignorar a Débora. Al contrario, deberíamos estar agradecidos por ella y por todas las maneras en las que siguió a Dios fielmente cuando Israel lo abandonó. Recuerda que el asunto nunca ha sido si una mujer puede liderar, o enseñar, etc. El asunto no es la capacidad, sino el deber. Es simplemente difícil aceptar el caso de Débora como normativo a la luz de la abrumadora evidencia al contrario.

Objeciones Generales

7. ¿Enfatizar el liderazgo masculino fomenta el abuso doméstico?

Algunos de ustedes podrían haber visto que el Premio Pulitzer por Servicio Público de 2015 fue para el diario Post and Courier, de Charleston, por su historia sobre el abuso doméstico.[6] Durante años, Carolina del Sur ha sido el estado más mortífero por violencia doméstica contra las mujeres. Entonces, ¿cuál es la causa fundamental de todo esto? De acuerdo con esta serie ganadora del Premio Pulitzer, sus «arraigadas creencias religiosas sobre la santidad del matrimonio y el lugar de las mujeres en el hogar». El lugar de una mujer en el hogar.

Esto debería molestarnos en múltiples niveles. Primero, la simple idea de que cualquier hombre use a Cristo como un club en contra de las mujeres. Justificar la violencia doméstica en nombre del Cristianismo es absolutamente espantoso, socava la profesión de ser cristiano, y Dios derramará su furiosa ira sobre los hombres que abusan impunemente de su autoridad para dañar a otros. Dios se preocupa profundamente por aquellos que son más vulnerables, más susceptibles al abuso, porque a él le preocupa intensamente cómo se lleva a cabo la autoridad sobre la gente.

Pero desafortunadamente, los artículos y los blogs consiguen la publicidad y esparcen la defectuosa suposición de que esto es de algún modo el modelo bíblico de las relaciones entre hombres y mujeres. La Biblia en ninguna parte justifica el abuso de un hombre hacia una mujer de ninguna forma, sea física, verbal o emocional. Y la Biblia en nombre del complementarismo en ninguna parte llama a una mujer a someterse a tal abuso.

Jamás deberíamos confundir el complementarismo con ninguna forma de tradicionalismo que conduzca hacia el chovinismo o a formas opresivas del patriarcado. (2x)

El liderazgo no hace que un esposo sea el señor absoluto de su mujer. La sumisión de una esposa es una sumisión considerada, derivada, sujeta y definida por su sumisión a Cristo. Ella no es una alfombra, y el esposo no es un autócrata que tiene la autoridad absoluta. Su autoridad también es una autoridad derivada y delegada bajo el Señorío de Cristo. Cuando un esposo recuerda esto, será menos probable que se vea a sí mismo en un rol dominante sobre su mujer.

Las mujeres deberían sentirse más preciadas en las iglesias que apoyan el complementarismo, donde son amadas y apreciadas de forma única como mujeres. Donde sus distintivos atributos y contribuciones son valorados y exaltados, no ignorados o suprimidos.[7]

8. Si Dios ha llamado genuinamente a una mujer para ser pastora, ¿quién eres tú para decir que ella no puede serlo?

La respuesta simple aquí es que no creemos que Dios llame a las mujeres para ser pastoras. Eso es porque Dios siempre, sin excepción, actúa consistentemente con su Palabra. Así que, si la Biblia enseña que Dios está a favor de que solamente los hombres lleven las responsabilidades fundamentales de enseñar y gobernar en la iglesia, es decir, el oficio y la función de un anciano/pastor—entonces, creemos que Dios jamás actuará en contra de eso. O sea, él no llamará a una mujer para ser anciana/pastora.

Quizá muchas mujeres que sienten un llamado a dicho ministerio en realidad estén llamadas a ministrar—sólo que no a un ministerio pastoral. Como hemos discutido, hay numerosos ministerios, incluso algunos vocacionales, en los que las mujeres deberían ser alentadas y bienvenidas. De este modo, cuando una mujer percibe un sentido tan subjetivo del llamado al ministerio, la mejor forma de proceder sería reconociendo los límites trazados por la Escritura y luego entrar en conversación, oración y reflexión sobre dónde, dentro de esos límites, ella podría ser asignada para ministrar.

9. Simplemente no es justo.

Al final del día, creo que muchas de nuestras objeciones comunes al complementarismo caen en esta categoría. En nuestra época de «igualdad de derechos», negar el acceso a cualquier posición o reservar cualquier deber a un solo género es visto como algo sexista y extremadamente injusto. Así que, incluso en el ejército, donde el combate activo ha sido visto como la obligación única de los hombres durante miles de años, una directiva del Pentágono solicitó que para el 2016 todas las posiciones (incluyendo el combate activo y las fuerzas especiales) estén abiertas tanto a hombres como a mujeres. En nuestra cultura de «derechos», hacer distinciones funcionales sobre la base del sexo es un pecado imperdonable. Pues la suposición es que inevitablemente conduce a otros a un estado de inferioridad, o los hace ciudadanos de segunda clase.

Pero a eso debemos recordar que las estructuras de autoridad no implican un valor humano mayor o la superioridad esencial de los que están a cargo, ni minimizan el valor humano o implican la inferioridad esencial de quienes están bajo su cargo.

Ese es el error fundamental de nuestras presuposiciones culturales. Que para que dos personas sean iguales, deben ser capaces de hacer lo mismo. La suposición de que no podemos tener diferenciación y jerarquía sin tener también inferioridad de dignidad y valor.

La Biblia simplemente rechaza esta suposición. Aquí, los cristianos van a la Trinidad, donde Cristo se somete a la voluntad de su Padre, para hacer sólo lo que el Padre ha mandado, y sin embargo, al mismo tiempo no es menos Dios, ni menos digno de nuestra adoración.

Los hombres y las mujeres experimentan su humanidad total cuando funcionan de la manera que Dios quiso en su creación. Somos más libres como humanos cuando afirmamos las estructuras de autoridad legítimas que Dios diseñó, y las honramos. Justicia es reconocer esto en humildad, y no ver estas estructuras como crueles o injustas, sino como expresiones de la bondad de Dios para con nosotros.

¡Esto importa!

El género es central para nuestra personalidad y cómo Dios nos hizo. Afecta

  • cómo actuamos como esposo y esposa
  • cómo somos padres
  • cómo vivimos juntos como miembros de una iglesia local
  • nuestro testimonio al mundo
  • cómo tratamos la autoridad de la Escritura. La gimnasia requerida para obtener de un «No permito que la mujer enseñe al hombre y ejerza autoridad sobre él» un «Permito …». Es devastador para la autoridad funcional de la Escritura en la vida de la iglesia local. Y nuestro paisaje denominacional está lleno de trágicos ejemplos de lo que ocurre cuando torcemos la Escritura de esta manera (PCUSA, episcopal, metodista, etc.).

Por último, mujeres, si luchan con ver el valor de sus trabajos, con cómo Dios puede usarlas, recuerden la historia de nuestra iglesia. Recuerden que Celestia Farris, principal lavandera de la Oficina de Gravado, ¡fue quien empezó la Sociedad Bíblica Dominical Capitol Hill que unos años después se convirtió en esta iglesia!

¿Alguna pregunta o comentario?

[1] Usado para tener una discusión sobre la palabra kephale en Ef. 5. … Es cierto que algunos eruditos solían discutir sobre eso, y algunos todavía lo hacen. El problema es este. La palabra griega kephale algunas veces significa «fuente» cuando se usa como objeto impersonal. Pero el significado predominante, si no exclusivo, en lo que se refiere a objetos personales es el de «autoridad sobre». Léxicamente, «fuente» no es una lectura viable. Por ejemplo, en Efesios 5:23, «el marido es cabeza (¿o fuente?) de la mujer, así como Cristo es cabeza (¿fuente?) de la iglesia», luego le sigue el versículo «como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas estén sujetas a sus maridos en todo». Pablo está claramente conectando la sumisión de las mujeres a sus maridos con el marido siendo la cabeza de la mujer. Este asunto tiene que ver con las buenas y correctas estructuras de liderazgo y autoridad. Lo mismo ocurre en 1 Co. 11.

[2] Aunque, por supuesto, Pablo en Filemón señalará que la esclavitud no debe ser una institución permanente. La esclavitud no viene de la creación, sino de la caída, mientras que el matrimonio es una ordenanza de la creación.

[3] Otros cognados (como el sustantivo) no son útiles, porque vienen de una raíz diferente, con un significado diferente. Ve el capítulo de Baldwin en la obra Women in the Church [Las mujeres en la iglesia] de Kostenberger y Schriener.

[4] Para encontrar un uso de este tipo, tienes que ir cerca del año 390 A.D, o después. Dado que el significado de las palabras cambia con el tiempo, sería completamente absurdo concluir lo que a veces significa una palabra con más de 400 años después, y definir lo que significó siglos antes. Tomemos la palabra «leer». La mayoría la usa hoy, y quiere decir que le dieron al documento «una breve ojeada», una «lectura rápida». La palabra en realidad significa «examinar algo detenidamente» o «buscar cuidadosamente». Pero debido al uso moderno, la palabra está cambiando su significado. Así que, si te encuentras con una oración de hace 200 años que decía, «Yo leí el edicto del rey que declaraba la guerra a sus súbditos» obviamente no quiere decir, yo «lo leí a la ligera», sino yo «lo estudié detalladamente».

[5] La única manera de evitar esto es alegar que «enseñar y ejercer autoridad» es una hendíadis (un concepto comunicado por dos palabras, literalmente hen (uno) dia (a través) dyos (dos) significando «enseñanza autorizada». En otras palabras, una mujer puede hacer todo lo que un anciano no ordenado puede hacer (Ejemplo: Keller, incluiso J.D. Grear parece). Pero luego, en 1 Ti. 3:2, 4-5, y 5:17, Pablo diferenció a la enseñanza de la autoridad. Son ideas relacionadas y contrapuestas, pero aún así, ideas claramente distintas. Ve a Kostenberger en Women in the Church [Las mujeres en la iglesia], también. Adicionalmente, las hendíadis generalmente están lado a lado, y aquí, están separadas por 5 palabras en el griego.

[6] http://www.postandcourier.com/tilldeath/partone.html

[7] ¿Habrá abuso doméstico – tanto físico como emocional – en un mundo caído y pecador? Trágicamente, sí. ¿Intentarán algunos abusadores justificar sus acciones al gravemente aplicar de forma incorrecta la idea del liderazgo bíblico? Lo que es aún más trágico, sí. ¿El abuso doméstico – o uso errado de la Palabra de Dios para justificarlo – es siempre legítimo a los ojos de Dios o de cualquier iglesia verdadera? Absolutamente, no. ¿Es el uso errado y pecaminoso de una idea verdaderamente bíblica una razón para descartar dicha idea de la vida cristiana? No.