Membresía

Limpiando las listas: la lista de cuidado (parte 2)

Artículo
30.08.2017

¿Cómo podemos quitar con amor a los miembros de los roles que desempeñan en nuestras iglesias sin causar división ni herir sentimientos entre los miembros que permanecen? Un pastor puede estar preocupado debido a que la lista de miembros de su iglesia está inflada porque contiene el nombre de personas que no están realmente involucrados en la iglesia. Pero es difícil predecir cómo las mismas personas que él quiere proteger – los creyentes activos – responderán cuando recomiende recortar la lista.

En más de una reunión de miembros de nuestra iglesia los ancianos nos encontramos con miembros que de repente se sintieron heridos o incluso molestos cuando presentamos a un amigo suyo para ser removido de la membresía. Invariablemente, el miembro afectado dijo: «Ustedes están actuando demasiado rápido, no tienen todos los datos».

Hace varios años una mujer llamada «Kate», que había sido miembro fructífero y activo, se sintió descontenta con nuestra iglesia. Durante varios meses su actividad disminuyó y su comunicación se redujo. Los ancianos escuchamos informes de segunda mano de que estaba molesta por nuestra visión complementarista de los roles de hombres y mujeres o por el financiamiento de ciertos proyectos misioneros. Sin embargo, nunca dirigió directamente sus preocupaciones a ningún líder. Siempre que un líder le preguntaba, ella respondía con bromas y nada que corroborara tales rumores. Finalmente, ella pidió una reunión con nuestro pastor principal en la cual anunció su renuncia a la membresía. Una vez más, no expresó ninguna crítica en particular. Nuestro pastor informó a los ancianos, quienes entonces tomaron la decisión de plantear una moción a toda la congregación para aceptar su renuncia en la siguiente reunión de miembros regularmente programada. Ahí fue donde el asunto se enredó.

Después de que los ancianos presentaran la moción para aceptar la renuncia de Kate, un miembro levantó la mano y dijo: «Acabo de almorzar con Kate esta tarde y ella dijo que no quería renunciar». No  mostró ninguna evidencia adicional. La congregación se sentía atrapada entre las historias en conflicto. Era una posición muy incómoda para los ancianos porque planteó cuestiones de integridad. ¿Estaba alguien mintiendo? ¿Estaban los ancianos tratando de empujar a Kate fuera de la membresía? ¿Era esto amoroso? ¿Era correcto?

La situación de Kate implicaba una renuncia real, pero generalmente encontramos que los miembros activos tienden a objetar cuando un individuo está siendo disciplinado por no asistir. La falta de asistencia es uno de los pecados más difíciles (Hebreos 10:25-26) de disciplinar porque es algo común y no parece flagrante, como el adulterio o la fornicación. No mucha gente se opondrá a las acciones disciplinarias tomadas contra un adúltero sin arrepentimiento. Sin embargo, es el miembro que está en la periferia de la iglesia, el que no ha asistido en meses, el que ha estado deambulando en otras iglesias, pero que todavía se relaciona con algunos de sus viejos amigos en su iglesia; ése es el más difícil y, francamente, peligroso. ¡Él no está dentro ni fuera! Él está descontento, pero por alguna razón no se quiere ir.

Dos cosas buenas resultaron de la situación con Kate, las cuales han quitado mucha angustia tanto a los ancianos como a la congregación. Primero, nuestra iglesia ahora requiere un aviso escrito de la dimisión. Puede ser un correo electrónico, una carta o una nota adhesiva. Sin embargo, tener algo escrito elimina momentos embarazosos como el de Kate y su amiga que dijo que no quería renunciar en las reuniones de los miembros.

En segundo lugar, nuestra iglesia creó algo llamado una «lista de cuidado». Antes de recomendar que un individuo sea disciplinado anunciamos a la congregación en una reunión de miembros que él o ella está en la «lista de cuidado». Los ancianos dan una explicación como esta: «Guillermo no ha estado en la iglesia en cinco meses. El anciano Roberto y el asistente pastoral Benjamín han intentado contactar a Guillermo por teléfono y correo electrónico. Sin embargo, él no devuelve los mensajes a nadie. Así que lo estamos poniendo en la lista de cuidado. Si eres amigo de Guillermo, ponte en contacto con él. Dile que lo amamos y lo animamos a que vuelva a unirse a nuestra congregación. De lo contrario, retiraremos su nombre de la membresía durante nuestra próxima reunión de miembros regularmente programada, la cual ocurre cada dos meses en nuestra iglesia».

Observa que les indicamos el nombre (Guillermo), la razón por la que estamos preocupados (no asistencia), los pasos que ya hemos tomado (Roberto y Benjamín lo buscaron) y lo que la congregación debe esperar en dos meses (una moción para la disciplina). También le decimos a la gente que hable con nosotros después de la reunión si tienen alguna información inmediata. Entonces, los nombres de la lista de cuidados se anuncian, y ahí no se discute.

¿Por qué tomar toda esta precaución? Demasiadas veces, hemos visto a Satanás explotar la novedad o súbita moción de disciplina eclesial en nuestras reuniones. Los ancianos habrían trabajado con un miembro descontento durante meses y meses en vano, y a menudo lo habíamos hecho sin informar a la congregación de la lucha. Cuando la moción de disciplina fue luego llevada a la congregación, la información se sintió súbita para muchos. A veces, el cuerpo absorbía la noticia sin decir ni pío. Pero otras veces los tomaba por sorpresa. Incluso si la congregación se inclinaba a seguir la recomendación de los ancianos se podía sentir cierta renuencia. Las preguntas sin respuesta colgaban en el aire y todo el proceso parecía socavar la confianza de la congregación en los ancianos. Con la institución de la lista de cuidados, sin embargo, comenzamos a ir a la congregación con nuestras preocupaciones acerca de un individuo antes de pedir un acto formal de disciplina.

La lista de cuidados ha crecido para incluir otros casos y no solamente aquellos que tienen que ver con la disciplina. Ahora abordamos otros asuntos, como las necesidades de los miembros que resultan de problemas de salud o de finanzas. Incluso, a veces los miembros han pedido que sus propios nombres se coloquen en la lista de cuidados, de modo que la congregación sepa que están en una temporada de necesidad en la que necesitan recibir un cuidado especial.

No publicamos la lista de cuidados pero verbalmente decimos los nombres a los miembros de la iglesia en una reunión de miembros (en la cual quienes no son miembros no pueden participar). Esto evita que causemos una vergüenza innecesaria a algún miembro que está en la lista.

Esta simple idea ha tenido muchos beneficios. En primer lugar, se ha eliminado el efecto «shock» que Satanás parecía explotar regularmente. Segundo, ha protegido a los ancianos de acusaciones injustificadas. En tercer lugar, y lo mejor de todo, ha comprometido a toda la iglesia en oración por y súplica a su compañero de membresía para que vuelva a la iglesia y viva de acuerdo a la promesa que hizo con su pacto a la congregación. Me complace decir que después de años de trabajar con la lista de cuidados, los temas que en otro tiempo eran divisivos ahora se usan para unir, fortalecer y proteger tanto a la iglesia como las relaciones entre los líderes y la congregación.