Evangelio

La comunidad persuasiva

Artículo
17.02.2017

Si el Señor lo permite, en un futuro próximo tendremos en español el libro de Mark Dever y Jamie Dunlop The Compelling Community (La comunidad persuasiva). Hasta entonces, quisiera anticipar algunas reflexiones personales basadas en conceptos clave del libro, el cual será de tremenda bendición para las iglesias hispanas.

EN BUSCA DE LA RELEVANCIA PERDIDA

¿Cómo pueden nuestras iglesias locales ser persuasivas? ¿Cómo puede ser tu iglesia local atractiva para la gente? ¿Le queda alguna esperanza a la iglesia para ser relevante y convincente en una sociedad posmoderna? Más de uno ya le ha puesto a la iglesia evangélica fecha de caducidad.

Pastor, ¿qué harás para que tu congregación sea una comunidad atractiva? ¿Crees que podrás competir en el variado mercado de lo que este mundo ofrece? Mi deseo es que atesores en tu corazón esta primera verdad: El poder de Dios en el evangelio —y solamente en el evangelio— es lo único que puede hacer a una iglesia verdaderamente atractiva.

La iglesia local es el punto focal del plan de Dios para reflejar su gloria a las naciones. La iglesia está llamada a reflejar al mundo la gloria de Dios. Y puesto que la más sublime expresión de la gloria de Dios se revela en el evangelio, la iglesia local está llamada a reflejar el evangelio. Como diría Mark Dever: «La iglesia: El evangelio hecho visible».

Nuestras iglesias pueden y deben ser atractivas, porque el evangelio es atractivo, y porque la gloria de Dios es atractiva. Y, como no, no puede haber nada más atrayente que Dios mismo. Cuando comparamos la grandeza del evangelio con todos los demás artificios que se usan para hacer la iglesia relevante; todo lo demás sabe a poco, simplemente no satisface. Aparte del evangelio, cualquier otro fundamento será como un castillo de arena; quizá aguante y tenga apariencia de éxito por un tiempo, pero al final se disolverá como la niebla. Recuerda esto siempre: Solamente el evangelio hará a tu iglesia atractiva de verdad, tanto a los ojos de los hombres como a los ojos de Dios. Vale, seguramente no será atractiva para todo el mundo, pero ciertamente será atractiva para los que ha de ser atractiva.

UNA COMUNIDAD SOBRENATURAL = UNA COMUNIDAD ATRACTIVA

Nuestras iglesias están llamadas a ser comunidades sobrenaturales. La iglesia llega a ser una comunidad atractiva, cuando se convierte en una comunidad sobrenatural. ¿Puede haber algo más relevante, diferente, llamativo, fascinante, o interesante que lo sobrenatural? Hace poco leí un post en Facebook del ministerio HeartCry, que tiene mucha razón: «Es la distinción de la iglesia con respecto al mundo lo cual nos hace relevantes; cuanto más grande es la diferencia, mayor es nuestra relevancia». Y es aquí donde está el quid de la cuestión: la iglesia es atrayente en la medida que refleja algo sobrenatural, algo que no es de este mundo.

UNA COMUNIDAD QUE ATRAE AL REFLEJAR UN AMOR SOBRENATURAL

En una época en la que todos opinan sobre cómo hacer a la iglesia relevante, nos conviene confiar solamente en las palabras de Jesús en Juan 13:34-35: «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros». En estas palabras el Señor nos enseña que el amor entre los hermanos de la iglesia local es lo que llamará la atención del mundo. Nuestro amor unos por otros es lo que nos hace verdaderamente relevantes ante los ojos de la gente. El fundamento de nuestra atracción como iglesia es un amor fuera de lo común que ninguna otra comunidad puede reflejar: el amor de Cristo en el evangelio (esto es lo que significa «como yo os he amado»).

Debemos anhelar iglesias locales caracterizadas por relaciones de amor fraternal sobrenaturales. A causa del evangelio, los cristianos deben mostrar realidades que van en contra de las leyes naturales de este mundo.  En el evangelio, Dios nos ha amado con un amor que excede los términos de nuestra sociedad; un amor sin igual que como comunidad evangélica nos toca reflejar. Por esto es tan importante que los pastores ayudemos a nuestros miembros a cultivar relaciones que serían impensables, imposibles, aparte del amor sobrenatural del evangelio. Escuché a mi hermano Giancarlo Montemayor decir recientemente: «¿Qué daría más gloria a Dios una iglesia de vaqueros o una iglesia de indios y vaqueros juntos?». Al amarnos con el amor del evangelio, el cual perdona las ofensas y elimina las diferencias, nos convertimos en comunidades que revelan el evangelio. Deberíamos ser comunidades que sin el evangelio dejaríamos de existir. No somos comunidades unidas por el evangelio y algo más.

LA IGLESIA REFLEJA UN AMOR SOBRENATURAL CUANDO ES CONSCIENTE DE UN PERDÓN SOBRENATURAL

Lucas 7:36-50 nos cuenta la historia de la mujer pecadora; un relato de un perdón sobrenatural. Jesús aceptó la invitación de Simón el fariseo para comer en su casa. Entonces, una mujer pecadora, sabiendo que Jesús estaba ahí, vino y trajo un frasco con perfume. Nos dice el verso 38: «y estando detrás de él (de Jesús) a sus pies, llorando, comenzó a regar con lágrimas sus pies, y los enjugaba con sus cabellos; y besaba sus pies, y los ungía con el perfume».

Esta mujer se sentía profundamente indigna y sucia, pues estaba colocada detrás de Jesús, a sus pies, llorando. Podemos imaginar el sentimiento de esta mujer, que regaba con sus lágrimas los pies del Hijo de Dios, y los enjugaba con sus cabellos, y los besaba, y los ungía con el perfume. Era una mujer arrepentida, quebrantada de corazón, que sintió todo el peso de sus muchos pecados sobre sus hombros.

Simón el fariseo dijo dentro de sí: «Este, si fuera profeta, conocería quién y qué clase de mujer es la que le toca, que es pecadora». Aquí vemos una reacción lógica y natural para aquella sociedad y para la nuestra. Es una actitud común, lo que este mundo piensa, lo que este mundo puede ofrecer. Al fin y al cabo Simón tenía razón, se trataba de una mujer pecadora, despreciable según la ley, que había hecho de la transgresión de los mandamientos de Dios su práctica habitual. Era conocida por ello. Pero esta historia nos muestra algo excepcional, algo extraño para la época, una realidad llamativa y diferente, el perdón del Hijo de Dios. El Señor Jesús le dijo a esta mujer: «Tus pecados te son perdonados». ¡Esto es diferente! ¡Esto es atractivo! Este tipo de perdón no es de este mundo. Fue una gracia extraña para los términos de aquella sociedad. El amor de Dios en el evangelio es algo sobrenatural.

Y aquí vemos la implicación práctica para tu iglesia y la mía: Ser consciente de un perdón sobrenatural es lo que impulsa un amor sobrenatural. El perdón sobrenatural de Dios es lo que produce un amor sobrenatural dentro de la iglesia, entre los hermanos, ya que al que mucho se le perdona, mucho ama. El perdón divino es el motor del amor de la iglesia.

Como Mark Dever y Jamie Dunlop lo expresan en su libro The Compelling Community: «Nuestro amor es proporcional a nuestro entendimiento del perdón». Y por este motivo, una de las tareas principales de nosotros como pastores es predicar a nuestros hermanos cómo hemos sido perdonados en la Cruz. Pastor, tu deber es enseñar frecuentemente a tu iglesia la maravillosa forma en la que ha sido perdonada, y al mismo tiempo estarás creando una comunidad atractiva para las personas de vuestro entorno.

La persona que experimenta el perdón de sus muchos pecados, responderá con amor a Dios y amor por sus hermanos. El evangelio nos muestra de qué manera hemos sido perdonados, y ese asombroso perdón nos hace irradiar un amor que persuade a los que nos rodean. Es por tanto el evangelio, y solo el evangelio, lo que hace que una iglesia sea amorosa de un modo sobrenatural, y por ende persuasiva. El poder atrayente de la iglesia emana de la Cruz.

CONCLUSIÓN

¿Pueden nuestras congregaciones ser atractivas todavía para este mundo en el que vivimos? Que no te quepa le menor duda. De hecho, según Dios, ¡no hay nada más atractivo que una iglesia verdaderamente evangélica! ¿Qué haremos para ser una comunidad atrayente? Predicaremos y reflejaremos el precioso evangelio de Cristo. ¿Acaso podría ser de otra forma?