Evangelio

Ignora los esquemas espirituales que dicen «Hazte rico rápido»: Un llamado al evangelismo paciente

Artículo
09.07.2019

Casi todo el mundo conoce la historia de Adoniram Judson. Pero entre las partes más desfavorables y que más honran a Dios de su historia está lo que sucedió mientras iba camino al campo misionero: él rompió sus relaciones con la Iglesia Congregacionalista porque cambió sus convicciones sobre el bautismo. Su amigo y compañero obrero, Luther Rice, había cambiado de la misma manera. Rice volvió a los Estados Unidos para levantar fondos para Judson en las iglesias bautistas, quien ahora era un misionero sin iglesia enviadora. Bajo la iniciativa de Rice, las iglesias bautistas de los Estados Unidos apoyaron a Judson por décadas, sin siquiera haberlo conocido. Rice volvió a casa en el año 1812, pero la única y primero visita de Judson de vuelta no fue sino hasta el año 1845, más de 30 años después.

En otras palabras, estas iglesias sostuvieron fielmente el ministerio de un hombre que nunca conocieron. Sólo conocieron a Judson por su reputación y las cartas que llegaron varios meses después de los eventos actuales. Él nunca visitó con historias conmovedoras sobre convertidos regulares.

¿Cómo es que una iglesia hace que sus miembros inviertan en la Gran Comisión de esa manera? Es una pregunta que muchos líderes de iglesias se hacen a sí mismos. Sabemos que los cristianos están llamados a llevar el evangelio a las naciones, aunque a veces es un desafío hacer que las personas se motiven sobre la obra evangelizadora en lugares lejanos.

Tal vez esta es la razón por la que los pastores asumen que lo que los miembros de sus iglesias necesitan es más emoción sobre los resultados espirituales de las misiones. Ellos necesitan la emoción de ver a hombres y mujeres salir de una cultura donde el cristianismo es totalmente extraño, y entrar al reino de la luz. Así que, ¿por qué no utilizar cualquier medio posible para motivar a las iglesias con esas imágenes?

ESQUEMAS ESPIRITUALES DE HAZTE RICO RÁPIDO

El resultado es historia tras historia de conversiones dramáticas y movimientos de masa. Las iglesias rara vez celebran las obras lentas y difíciles que aún no muestran fruto. Al hacerlo, creamos de manera involuntaria versiones de testimonios sobre hacerse rico rápidamente que muestra como simplemente a través de dar poco y un poco de oración adicional, tú también puedes ver todo un grupo de personas no alcanzadas ser completamente salvas.

En nuestros esfuerzos por movilizar rápidamente a las iglesias en las misiones, me temo que estamos socavando de manera involuntaria la habilidad de las iglesias de invertir pacientemente en las cosas espirituales de largo plazo. Me temo que estamos entrenando iglesias que hubieran traído a casa a William Carey o Adoniram Judson debido a su ineficiencia evangelística durante los primeros siete u ocho años.

No sólo eso, sino que cuando las personas aprenden a esperar ese tipo de historias del extranjero, comienzan a clasificar la salud y el crecimiento de su propia iglesia con la misma rúbrica. ¿Te encuentras persiguiendo planes de bala de plata para atraer a las personas a tu puerta? ¿Tu gente encuentra difícil creer que su propio testimonio fiel en sus familias, lugar de trabajo, o vecindario pueda dar fruto cuando nadie de los que están a su alrededor ha venido a la fe durante el último año? ¿Ellos (y tú) buscan avivamientos y manifestaciones—eventos que se van y vienen rápidamente—en lugar de la presencia fiel de una congregación que proclama la Palabra de Dios año tras año? Estas cosas pueden ser una consecuencia de la manera en que has enseñado a tu iglesia a pensar sobre la conversión en el extranjero.

INVIERTE PACIENTEMENTE

Jesús dejó muy claro que la efectividad de sembrar la palabra no puede ser medida con exactitud inmediatamente. La parábola de la semilla nos muestra que toma tiempo darnos cuenta si una conversión es sustancial o efímera (Mateo 13). Algunas veces, dijo el pastor Charles Bridges: «la semilla puede estar debajo de la tierra hasta que llegamos, y luego brota» (The Christian Ministry [El Ministerio Cristiano], 75).

Debemos entrenarnos y a nuestras congregaciones para celebrar y premiar la perseverancia fiel en el ministerio. Ver el fruto de nuestro trabajo es un regalo del Señor, uno que aun el apóstol Pablo no siempre recibió. También debemos crecer en confiar que, aunque no podamos ver el fruto en esta vida, la Palabra del Señor no retornará vacía sino que cumplirá su propósito (ver Isaías 55:11).

LA IGLESIA LOCAL COMO FONDO ESPIRITUAL MUTUO

Una de las mejores maneras de una iglesia crecer en paciencia es buscar evidencias de gracia que permanece. Nada me ha dado más confianza en la efectividad a largo plazo de la Palabra de Dios, que verlo en la vida de las personas de mi propia iglesia. Los hombres que una vez perseguían el pecado son ahora pastores que crecen en misericordia; las personas egoístas ahora aman servir. Ninguna de estas cosas sucedió rápidamente. Así como sucede en el mercado financiero, las inversiones espirituales más gratificantes frecuentemente toman largo tiempo para madurar.

La vida constante, que se santifica lentamente de la iglesia debería entrenarnos sobre cómo invertir para el cielo. Esto enseña a las iglesias a ser pacientes aún cuando desean escuchar reportes de conversiones en masa en Mongolia, Irak o el interior del Amazonas. Les enseña a ser pacientes en persistir en oración y testimonio para con sus vecinos. Les enseña a los futuros misioneros que el trabajo de un misionero requiere disciplina y paciencia llenas de un servicio silencioso y poco impresionante.

Conforme tus misioneros vuelven a casa y dan reportes de su trabajo en el campo, motívalos. Déjales saber que no necesitan tener una historia de conversión increíble para probar que son dignos de la ayuda de tu iglesia. Y también déjales saber que deben mostrar que el obrero es digno de su salario, que deben estar dispuestos a confiar en el Señor con sus labores. Ellos pueden plantar o regar, pero sólo Dios puede dar el crecimiento.

Las iglesias sanas promoverán entre sus miembros la determinación obstinada de ver al perdido venir a la fe. Con el tiempo, esto tendrá como fruto, misioneros que permanecerán e iglesias pacientes y con suficiente oración para apoyarlos.