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El evangelio terapéutico

Artículo
03.10.2017

Lo que puede ser el capítulo más famoso de toda la literatura occidental describe el atractivo de un «evangelio terapéutico». 

En este capítulo titulado «El Gran Inquisidor», Fyodor Dostoevsky se imagina a Jesús volviendo a una España del siglo dieciséis (The Brothers Karamazov [Los hermanos Karamazov], II:5:v), pero Jesús no es recibido por las autoridades de la iglesia. El cardenal de Sevilla, cabeza de la Inquisición, arresta y encarcela a Jesús condenándolo a la muerte. ¿Por qué? La iglesia ha cambiado su rumbo. Ha decidido suplir los anhelos humanos instintivos, en lugar de llamar a los hombres al arrepentimiento. Ha decidido adaptar su mensaje a las necesidades emocionales, en vez de hacer un llamado a la libertad alta, santa y difícil de la fe que opera a través del amor. El ejemplo y mensaje bíblico de Jesús son considerados como algo muy difícil para las almas débiles, y la iglesia ha decidido hacerlo más fácil. 

El Gran Inquisidor, representando la voz de esta iglesia equivocada, cuestiona a Jesús en la celda de su prisión. Él se pone del lado del tentador y hace las tres preguntas que el tentador hizo a Jesús en el desierto siglos atrás. Él dice que la iglesia dará pan terrenal en lugar de pan celestial. Ofrecerá magia y milagros religiosos en lugar de fe en la Palabra de Dios. Ejercerá un poder y autoridad temporal en vez de servir al llamado a la libertad. «Nosotros hemos corregido tu obra», le dijo el inquisidor a Jesús. 

El evangelio del inquisidor es un evangelio terapéutico. Está estructurado para dar a las personas lo que quieren, no para cambiar lo que quieren. Se enfoca exclusivamente en el bienestar del hombre y la felicidad temporal. Rechaza la gloria de Dios en Cristo. Abandona el camino estrecho y difícil que lleva a la profunda prosperidad humana y el gozo eterno. Este evangelio terapéutico acepta y oculta la debilidad humana, buscando aliviar los síntomas más evidentes de angustia. Hace que las personas se sientan mejor. Ve la naturaleza humana como algo que no necesita cambio, porque esta es muy difícil de cambiar. No quiere que el Rey de Reyes venga. No busca hacer que las personas amen a Dios, a partir de la verdad de quién es Jesús, cómo es, y lo que hace. 

 

El evangelio terapéutico contemporáneo 

Las necesidades instintivas más evidentes del siglo veintiuno de los americanos de clase media son diferentes a las que Dostoevsky describió. Damos por sentado la provisión de alimentos y la estabilidad. Encontramos el sustituto de nuestro milagro en las maravillas de la tecnología. Las necesidades emocionales de la clase media son menos importantes. Expresan un sentido de egoísmo más lujurioso y refinado: 

  • Quiero sentirme amado por quien soy, ser digno de lástima por lo que he vivido, sentirme íntimamente comprendido y ser aceptado incondicionalmente; 
  • Quiero experimentar un sentido de significado personal, ser exitoso en mi carrera, saber que mi vida tiene sentido, tener un impacto; 
  • Quiero ganar autoestima, afirmar que estoy bien, poder afirmar mis opiniones y deseos; 
  • Quiero ser entretenido, sentir placer en las diferentes circunstancias que deleitan mis ojos y hacen cosquillas a mis oídos; 
  • Quiero tener un sentido de aventura, emoción, acción y pasión para experimentar una vida emocionante y movida. 

La versión de la clase media moderna del evangelio terapéutico está inspirada a partir de esta familia particular de deseos. Podemos decir que la audiencia objetivo consiste en las necesidades sicológicas, en lugar de las necesidades físicas que comúnmente surgen en condiciones sociales difíciles. (El evangelio contemporáneo «salud y prosperidad» y la obsesión con los «milagros» expresa algo más que la vieja versión del evangelio terapéutico del Gran Inquisidor). 

En este nuevo evangelio, los grandes «males» que deben ser remediados no hacen un llamado a ningún cambio fundamental de dirección en el corazón humano. En lugar de eso, el problema radica en mi sentido de rechazo de otros; en mi experiencia nociva de la vanidad de la vida; en mi sentido nervioso de auto-condenación y desconfianza; en la amenaza intermitente del aburrimiento si mi música es apagada; en mis quejas exigentes cuando veo un camino largo y difícil por delante. Estas son las necesidades emocionales significativas de hoy a las que ese evangelio pretende servir. Jesús y la iglesia existen para hacerte sentir amado, significativo, valioso, entretenido y con energía. Este evangelio alivia los síntomas de la angustia. Te hace sentir mejor. La lógica de este evangelio terapéutico es la siguiente: Jesús existe para mí, para satisfacer mis deseos individuales y aliviar mis dolores psíquicos. 

El punto de vista terapéutico no es algo malo en sí mismo. Por definición, una mirada médico-terapéutica se enfoca en los problemas de sufrimiento físico y la depresión. En la intervención médica literal, una terapia trata con una enfermedad, un trauma o deficiencia. Tú no llamas a alguien al arrepentimiento por su cáncer de colon, su pierna rota o por tener beriberi. Tú buscas sanarle de una manera u otra. 

Pero en el evangelio terapéutico de hoy, la forma médica de ver el mundo está metafóricamente extendida hacia estos deseos sicológicos. Estos son definidos como un problema médico. Si te sientes mal, la terapia te hace sentir mejor. La definición de la enfermedad se deriva del corazón humano. Tú no eres el agente de tus problemas más profundos, sino simplemente una persona que ha sufrido y una víctima de necesidades no satisfechas. La oferta de una cura pasa por alto al Salvador sin pecado. 

El asunto no tiene que ver con arrepentimiento por incredulidad, terquedad y maldad. Los pecadores son llamados a hacer un giro en su vida para comenzar una nueva vida que es la verdadera vida. Dicho evangelio motiva el amor propio. No hay nada en su lógica interna que te lleve a amar a Dios y a cualquier otra persona más que a ti mismo. Este evangelio terapéutico puede mencionar frecuentemente la palabra «Jesús», pero se ha convertido en uno que satisface tus necesidades en lugar de salvarte de tus pecados. Corrige la obra de Jesús. El evangelio terapéutico trastorna el verdadero evangelio. 

 

El evangelio eterno 

El verdadero evangelio son las buenas nuevas del Verbo hecho carne, el Salvador sin pecado, el resucitado Señor de señores: «yo soy el primero y el último; y el que vivo, y estuve muerto; mas he aquí que vivo por los siglos de los siglos» (Ap. 1:18). Este Cristo pone el mundo al revés. El Espíritu Santo renueva nuestro sentido de necesidad emocional como el efecto principal de la obra interior de su presencia y poder. Ya que el temor del Señor es el principio de la sabiduría, sentimos necesidades totalmente diferentes cuando tomamos en cuenta a Dios y cuando entendemos que permanecemos o caemos ante su mirada. Mis anhelos instintivos son reemplazados (algunas veces rápidamente, siempre gradualmente) por la conciencia creciente de la verdad y las necesidades de vida o muerte: 

  • Sobre todas las cosas necesito misericordia: Señor, ten misericordia de mí; por tu nombre, perdona mi iniquidad porque es muy grande. 
  • Quiero aprender sabiduría y desaprender la auto-preocupación: «nada de lo que desees se compara con ella». 
  • Necesito aprender a amar a Dios y a mi prójimo: «el objetivo de nuestra instrucción es el amor que viene de un corazón puro, una buena conciencia, y una fe sincera». 
  • Anhelo que el nombre de Dios sea honrado, que su reino venga, que su voluntad sea hecha en la tierra. 
  • Quiero que la gloria de Cristo, su misericordia y bondad sean vistas en la tierra, que llenen la tierra como el agua llena el mar. 
  • Necesito que Dios me cambie de lo que soy por instinto, elección y práctica. 
  • Quiero que me libere de mi auto-justicia excesiva, que elimine mi lujuria por la auto-vindicación, para poder sentir mi necesidad de las misericordias de Cristo y así aprender a tratar a los demás amablemente. 
  • Necesito la gran e íntima ayuda de Dios para querer y hacer aquellas cosas que permanecen eternamente; en lugar de desperdiciar mi vida en vanidades. 
  • Quiero aprender a enfrentar los momentos difíciles y el sufrimiento en esperanza, teniendo mi fe simplificada, profundizada y purificada. 
  • Necesito aprender a adorar, a deleitarme, a confiar, a dar gracias, a clamar, a refugiarme, a esperar. 
  • Quiero la resurrección a la vida eterna: «gemimos dentro de nosotros, esperando con ansias una adopción como hijos, la redención de nuestro cuerpo». 
  • Necesito a Dios mismo: «Muéstrame tu gloria»; «Maranatha, ven Señor Jesús». 

Que así sea, Padre de misericordias. Que así sea, Redentor de todo lo que está en tinieblas y quebrantado. 

La oración expresa los deseos. La oración expresa tu sentido de necesidad. Señor, ten misericordia de nosotros. Las canciones expresan nuestro gozo y gratitud por los deseos cumplidos. Las canciones expresan nuestro sentido de quién es Dios y todo lo que él da. Sublime gracia del Señor que a un infeliz salvó. Pero no hay oraciones ni canciones en la Biblia que tengan la orientación de las necesidades terapéuticas actuales que sentimos. Imagínate, «Padre nuestro que estás en los cielos, ayúdame a sentir que estoy bien así como soy. Protégeme este día de tener que hacer algo que encuentre aburrido. Aleluya, soy indispensable, y lo que estoy haciendo tiene un verdadero impacto en otros, y por eso me siento satisfecho con mi vida». ¡Ten misericordia de nosotros! En lugar de eso, en nuestra Biblia escuchamos miles de clamores, de necesidades y gritos de deleite que nos llevan a considerar nuestras verdaderas necesidades y nuestro verdadero Salvador. 

 

Buenos bienes, malos dioses 

Las necesidades emocionales, correctamente entendidas y cuidadosamente interpretadas, se convierten en buenos dones pero malos dioses. Dale prioridad a lo más importante. Busca primero el reino del Padre y su justicia, y cualquier otro buen don será añadido a tu vida. 

Es fácil ver esto en el caso de los tres dones particulares ofrecidos por el evangelio terapéutico del Gran Inquisidor. Es bueno tener una fuente confiable de alimento, «pan para mañana» (Mt. 6:11). Todas las personas en todos los lugares buscan alimento, agua y ropa (Mt. 6:32). Nuestro Padre sabe lo que necesitamos. Pero primero busca su reino. No vives solamente del pan, sino de cada palabra que sale de su boca. Si adoras tus necesidades físicas, morirás; pero si adoras a Dios, el dador de todo buen don, estarás agradecido por lo que él da; aún tendrás esperanza cuando tengas alguna necesidad; y es seguro que disfrutarás del banquete eterno. 

También es algo bueno tener un sentido de maravilla y misterio, pero aplica la misma advertencia y la misma estructura. Dios no es un mago de Oz, que crea experiencias maravillosas por el bien de la experiencia. Jesús dijo, «no» cuando se le tentó a hacer un espectáculo de él mismo en medio de la multitud del templo. La fidelidad diaria de Dios es maravilla sobre maravilla. Dale prioridad a lo más importante. Luego apreciarás la gloria a pequeña y gran escala. Al final verás todas las cosas, lo que es (Ap. 4) y lo que ha sucedido (Ap. 5), como maravillas. Conocerás al Dios incomprensible, creador y redentor, cuyo nombre es Maravilloso. 

Igualmente, el orden político es un buen don. Debemos orar para que las autoridades gobiernen bien, y así vivamos en paz (1 Ti. 2:2). Pero si sólo vives para una sociedad, siempre serás decepcionado. Una vez más, busca primero el reino de Dios. Trabajarás por un justo orden social, disfrutándolo hasta el punto que esto se puede disfrutar, y tendrás una razón para soportar la injusticia. Al final, conocerás el gozo inalterable el día en que todas las personas doblen sus rodillas ante el reino del verdadero Rey. 

Claro, Dios da buenos dones, pero también da el mejor don, el inexpresable Don de dones. El Gran Inquisidor quemó a Jesús en la hoguera para borrar al Don y al Dador. Él escogió darle a las personas cosas buenas, pero descartó las más importantes. 

Las cosas ofrecidas por el evangelio terapéutico contemporáneo son un poco complicadas de interpretar. El olor a egoísmo y obsesión propia está muy relacionado con esa lista de deseos «Yo quiero ____________». Pero aún esto, cuidadosamente reestructurado y reinterpretado, apunta en dirección hacia un buen don. Todo el paquete de las «necesidades emocionales» está sistemáticamente mal alineado, pero las piezas pueden ser bien entendidas. Cualquier «evangelio diferente» (Gá. 1:6) se hace a sí mismo verosímil al ofrecer piezas de la realidad unidas en una estructura que contradice la verdad revelada. La tentación que Satanás presentó a Adán y Eva fue algo verosímil solo porque incluyó muchos elementos de la realidad, continuamente apuntando en dirección hacia la verdad, pero realmente guiando hacia algo diferente a la verdad: «Mira, un árbol hermoso y deseable. Y Dios ha dicho que esta prueba revelará el bien y el mal, con la posibilidad de vida o muerte dependiendo de tu elección. Tú eres quien escoge; puedes llegar a ser sabio así como Dios es sabio. Ven ahora y come». Tan cerca, pero al mismo tiempo tan lejos. Casi, pero exactamente lo contrario. 

Considera los cinco elementos que hemos identificado con el evangelio terapéutico: 

  1. «¿Necesitas amor? Eso es bueno, saber que eres conocido y amado. Dios, quien ve los pensamientos e intenciones de nuestro corazón, también establece su amor firme en nosotros. Sin embargo, todo esto es muy diferente del deseo instintivo de ser aceptado por quien soy. El amor de Cristo se manifiesta deliberada y personalmente a pesar de quien soy. Eres aceptado por quien Cristo es, por lo que Él hizo, hace y hará. Dios verdaderamente te acepta, y si Dios está contigo, ¿quién puede estar contra ti? Pero al hacer esto, él no afirma ni aprueba cómo eres sino que establece cambiarte y convertirte en un tipo de persona muy diferente. En el verdadero evangelio te sientes muy conocido y amado, pero tu gran «necesidad de amor» ha sido derrocada. 
  1. «¿Necesitas significado en tu vida?». Esto es algo bueno para que las obras de tus manos sean establecidas eternamente: oro, plata y piedras preciosas, no madera, heno y hojarasca. Es bueno cuando lo que haces con tu vida es verdaderamente importante, y cuando tus obras te siguen hasta la eternidad. La vanidad, la inutilidad y la insignificancia muestran que la maldición del pecado impacta también nuestra vida de trabajo, no solo cuando nos retiramos o cuando morimos o en el día del juicio. Sin embargo, el verdadero evangelio invierte el orden de las cosas determinadas por el evangelio terapéutico. El deseo por el impacto y el significado –una de las «pasiones juveniles» comunes entre nosotros– es simplemente idolatría cuando actúa como el Director de Operaciones del corazón humano. Dios no llena tu necesidad de significado; él llena tu necesidad de misericordia y te libera de tu obsesión por el significado personal. Cuando te conviertes de tu esclavitud a Dios, entonces tus obras comienzan a convertirse en algo bueno. El evangelio de Jesús y el fruto de la fe no son adaptados para «llenar tus necesidades». Él te libera de la tiranía de las necesidades emocionales, te hace nuevamente para que temas a Dios y obedezcas sus mandamientos (Ec. 12:13). En la divina ironía de la gracia, solo eso hace que lo que llevas a cabo con tu vida tenga un valor duradero.   
  1. «¿Necesitas autoestima, autoconfianza y auto-afirmación?». Ganar un sentido de confianza e identidad es algo bueno. El libro de los Efesios está lleno de varias docenas de «declaraciones sobre la identidad», porque a través de ello el Espíritu motiva una vida de fe valiente y amor. Tú perteneces a Dios –estás entre los santos, escogidos, hijos adoptados, hijos amados, ciudadanos, esclavos, soldados; eres parte de la obra, esposa y morada– y todo esto porque estás en Cristo. Ningún aspecto de tu identidad es de referencia propia, ni alimenta tu «autoestima». Tu opinión de ti mismo es mucho menos importante que la opinión de Dios sobre ti, y la auto-evaluación exacta se deriva de la evaluación de Dios. La verdadera identidad depende de Dios. El verdadero conocimiento de ti mismo está conectado a la alta estima por Cristo. La confianza en Cristo está relacionada a no confiar en ti porque no se trata de ti. Dios en ninguna manera sustituye la falta de confianza en uno mismo y el querer agradar a la gente por la auto-afirmación. De hecho, afirmar tus opiniones y deseos como tales te hace un necio. Solo cuando eres libre de la tiranía de tus opiniones y deseos eres libre de afirmarlos de manera precisa, y luego expresarlos de forma apropiada.  
  1. «¿Necesitas placer?». De hecho, el verdadero evangelio promete una experiencia de gozo eterno, bebiendo del río de los deleites (Sal. 36). Esto describe la presencia de Dios. Pero como hemos visto en cada caso, esto es el reverso de nuestros anhelos instintivos, no su satisfacción directa. El camino al gozo es uno de sufrimiento, resistencia, pequeñas obediencias, disposición a identificarnos con la miseria humana, disposición a abandonar nuestros deseos e instintos más persuasivos. No necesito estar entretenido, pero definitivamente NECESITO aprender a adorar con todo mi corazón. 
  1. «¿Necesitas emoción y aventuras?». Participar en el reino de Dios es participar en la mayor historia de acción y aventura jamás contada. Pero la paradoja de la redención una vez más pone el mundo al revés. La verdadera aventura toma el camino de la debilidad, las luchas, la resistencia, la paciencia, las pequeñas bondades bien hechas. El camino a la excelencia en la sabiduría no es atractivo. Otras personas pueden tomar mejores vacaciones y tener un matrimonio más emocionante que el tuyo. El camino de Jesús trae más que una emoción. Él necesitó la perseverancia mucho más de lo que necesitó las emociones. Su reino puede no llenar nuestros anhelos de hazañas y búsqueda de emociones, pero «no hay gozo ni tesoros duraderos como los que conocen los hijos de Sión». 

Decimos «sí» y «amén» a todos los buenos dones, pero lo primero es lo más importante. El evangelio terapéutico contemporáneo en sus muchas formas toma nuestros «anhelos» en sentido literal. Se agarra de las golosinas. Elimina la adoración al Dador, cuyo gran don es la misericordia hacia nosotros por lo que queremos por instinto, elección, cultura y hábito. Él nos llama al arrepentimiento radical. Bob Dylan describió la alternativa terapéutica en una frase extraordinaria: «piensas que él es solo un niño vagabundo que busca satisfacer los deseos de su imaginación» (tomado de «When you Gonna Wake Up?»). Las cosas secundarias son exaltadas como siervos del Número Uno. 

Obtén primero lo más importante. Obtén el evangelio de la encarnación, crucifixión, resurrección y gloria. Vive el evangelio del arrepentimiento, la fe y la transformación a la imagen del Hijo. Proclama el evangelio del gran día cuando la vida y la muerte eterna serán reveladas, el gran día de Cristo. 

 

¿Cuál evangelio? 

¿Cuál evangelio vivirás? ¿Cuál evangelio predicarás? ¿Cuáles necesidades despertarás y motivarás en otros? ¿Cuál Cristo será el Cristo de tu gente? ¿Será el cristito que entretiene las necesidades emocionales? ¿O el Cristo que pone el mundo al revés y hace nuevas todas las cosas? 

El Gran Inquisidor era muy tierno de corazón hacia las necesidades emocionales del ser humano, muy simpático hacia las cosas que todas las personas buscan en todo lugar con todo su corazón, muy sensible a la dificultad de cambiar a alguien, pero al final demuestra ser un monstruo. Hay un dicho en los ministerios de misericordia que dice así: «si no buscas llenar las necesidades físicas de las personas eres un despiadado, pero si no le das a las personas el Cristo crucificado, resucitado y que vuelve victorioso los dejas sin esperanza». Jesús alimentó con pan a los hambrientos y ofreció su cuerpo quebrantado como el pan de vida eterna. En última instancia, es cruel dejar a las personas en sus pecados, cautivas de sus deseos instintivos, en desesperación, bajo maldición. El evangelio terapéutico actual suena como algo tierno en primera instancia porque parece que resuelve asuntos tan importantes como el dolor y la decepción, pero al final es cruel y no tiene a Cristo. No fomenta el verdadero conocimiento de uno mismo. No escribe nuevamente el guion del mundo. No crea oraciones o canciones. 

No debemos ser menos sensibles, pero sí tener mucho más discernimiento. Jesucristo transforma la necesidad humana a través de la oración. Él es el inexpresable Don de dones, la canción creada. Y Él nos da a todos buenos dones, ahora y por la eternidad. Que toda rodilla se doble y todo lo que respira alabe al Señor. 

 

Este artículo fue traducido por Samantha Paz y Daniel Puerto.