Predicación expositiva

El Espíritu Santo, la oración y la predicación

Artículo
19.03.2019

Tengo una convicción creciente y es esta: la gran necesidad de la iglesia de hoy es la de una obra fresca y duradera del Espíritu Santo. Esta convicción, al menos para mí, no es simplemente acerca de la necesidad de que el Espíritu Santo descienda y nos reavive y empodere, sino que esta convicción está relacionada a nuestra necesidad de que él le revele el reino de Jesucristo tanto a los demás como a nosotros.

Si al igual que yo, esta convicción está surgiendo en tu corazón y mente con una energía y fuerza renovadas, puede ser bueno preguntar: «¿Cómo sabremos cuando la convicción realmente se ha afianzado en nosotros?» Es decir, «¿Qué es lo que demuestra que verdaderamente la hemos abrazado?».

UN COMPROMISO A ORAR

Recientemente, he estado meditando sobre este tipo de preguntas y pensando por lo menos en dos señales que podrían ser visibles.

Primero, esta convicción es abrazada cuando está presente un compromiso a orar, la persona que ora «la alcanza». De hecho, soy tentado a decir que solo aquellos que se presentan de manera regular ante Dios en oración son aquellos quienes realmente abrazan la convicción. A través de sus oraciones, demuestran una creencia de que solo Dios en y a través del ministerio del Espíritu Santo, es capaz de cumplir la obra de regeneración. Si somos personas que no oran, esto indica que aun pensamos que podemos hacer el trabajo solos. Ahora, si estoy en lo correcto, es decir, si la oración es una evidencia manifiesta de nuestra convicción entonces quienes desean que Dios haga una obra del evangelio fresca en nuestros días serán las personas que oran.

Es interesante, en puntos decisivos del evangelio de Lucas, se hace esta conexión dinámica. Al menos cuatro veces las personas reconocen quién era Jesús, por la proximidad a alguien orando:

  • Justo antes de que Pedro reconociera que Jesús era el Cristo, Jesús ora a solas. (9:18-20).
  • Pedro, Juan y Santiago subieron a orar a una montaña y luego la voz de Dios bajó del cielo para revelarles no solo quién era Jesús sino lo que sus seguidores debían hacer a la luz de su conocimiento. (9.28-36).
  • Durante su bautizo, Jesús está orando cuando lo cielos se abren, desciende el Espíritu Santo y una voz del cielo afirma a Jesús como su Hijo. (3:21-22).
  • Los santos ancianos, Simeón y Ana, reconocen a Jesús por lo que él es a través del ministerio del Espíritu Santo y en el contexto ordinario de ofrecer oraciones regulares.

Estos cuatro escenarios son importantes y creo que son otorgados a nosotros por diseño. Nos enseñan que cuando las personas vienen a Cristo y comienzan a seguirle, lo hacen a través de la obra fresca y persistente del Espíritu Santo por medio de la oración. Cuando abrazamos genuinamente la convicción de nuestra necesidad del Espíritu, nos entregamos a la obra de la oración.

UN COMPROMISO CON LA EXPOSICIÓN BÍBLICA

Segundo, cuando se abraza la convicción por un ministerio fresco y duradero del Espíritu Santo, la oración no es la única cosa presente, también surge un compromiso con la exposición bíblica.

Mientras la iglesia recupera el sentido de nuestra gran necesidad, las personas y los predicadores anhelarán una exposición simple y pura de la proclamación de la Palabra de Dios. Dicho de otra manera, la persona de oración es la misma que se entregará al texto bíblico y lo hará por necesidad.

EL ESPÍRITU SANTO Y LA PREDICACIÓN TRABAJAN UNIDOS

Ahora estoy al tanto, por muchos lectores, de que la relación entre nuestra convicción del Espíritu Santo y la predicación no es entendida fácilmente. Después de todo, muchos de nosotros hemos sido llevados, por error, a creer que debemos escoger entre un compromiso con el Espíritu Santo o uno con la Palabra de Dios. Uno puede buscar «credibilidad de la calle» o «madurez espiritual», pero no ambas cosas. Estas mismas personas nos han hecho creer que uno puede asistir a una iglesia que es «dirigida por el Espíritu» o una que está «enfocada en la Palabra», pero que no podemos asistir a ambas. Esta sabiduría convencional ha sido arraigada en nosotros, pero es una noción falsa pensar que tenemos que seleccionar entre la relevancia en nuestros vecindarios o la relevancia en aquellos que ya creen.

Para ser franco, estoy cansado de todo esto. Cansado de aquellos que establecen una discusión sobre esto como si el Espíritu y la Palabra fueran extraños uno al otro. La dicotomía es falsa y es tiempo de que aprendamos como dejarla. En cambio, lo que diría es que la persona que reconoce la necesidad de la iglesia de un ministerio fresco y duradero del Espíritu será la misma que se dedica no solo a la oración sino a la exposición bíblica. Esto es así porque el ministerio del Espíritu Santo siempre ha estado dinámicamente relacionado al ministerio de la Palabra.

OBSERVANDO LA ESCRITURA COMO NUESTRO EJEMPLO

Un texto, aunque muchos pudieron haber sido seleccionados, es suficiente para ilustrar el punto. Observa Hebreos 3, especialmente el versículo 7, que comienza de esta manera: «Por lo cual, como dice el Espíritu Santo…».

Hay dos sorpresas maravillosas en estas palabras. Primero, observa que el escritor se refiere a la autoría del Espíritu Santo cuando cita el Salmo 95. Esto es sorprendente y se supone que debemos darnos cuenta. Él no dijo «como dice la Biblia», o «como dice el salmista», o hasta «como dice la Escritura». En su lugar él escribe: «como dice el Espíritu Santo».  

El significado de esto es importante: si quieres escuchar la voz del Espíritu Santo lo encontrarás dinámicamente relacionado a textos bíblicos. Es decir, el Espíritu Santo ya está presente como el autor en palabras que fueron establecidas en la Escritura hace mucho tiempo. Pienso que fue John Piper quien publicó un tweet diciendo: «si quieres escuchar a Dios hablarte hoy, ve a tu habitación, cierra la puerta y lee la Biblia en voz alta». Yo estoy de acuerdo. La Palabra de Dios es la voz del Espíritu. Por tanto, nuestra convicción de que la gran necesidad de la iglesia es la de una obra fresca y duradera del Espíritu Santo significa que, por necesidad, es hecho el mismo compromiso con la exposición bíblica.

La segunda sorpresa de Hebreos 3:7 es una de gramática: ¡el verbo está en presente! Dice: «como dice el Espíritu Santo…». La importancia de esto no debe perderse. El salmo 95, entregado originalmente a personas ancianas que vivían en un tiempo diferente, se dice que es la Palabra viva y presente de Dios para aquellos de una generación más reciente, y lo mismo es verdad para nosotros hoy. Hebreos 3:7 establece una relación constante y dinámica entre el ministerio actual del Espíritu Santo y la exposición de la Palabra de Dios.

CONCLUSIÓN

Y ahí lo tienes. Es necesario una convicción por una obra renovadora del Espíritu Santo, y nos daremos cuenta de que esa convicción está siendo establecida en nuestros huesos y médula cuando se encuentren presentes los compromisos de la oración y la predicación. En los últimos días, esta convicción ha estado creciendo en mi propia alma con una fuerza y vitalidad frescas. Sé que esto es auténtico porque la oración y la predicación cada vez están teniendo efectos más prácticos en mi vida y quiero que te suceda lo mismo a ti.